

Soy muy aficionada a las cuevas. Si estoy en algún lugar donde sepa que hay unas cuevas visitables, no me puedo ir de allí sin verlas. Para mí son como un refugio interior, y tanto me da que sean naturales o creadas por seres humanos. Siempre tienen un atractivo especial para mí. Como si volviera a cobijarme en el seno de mi madre. Estas de Brihuega, en la provincia de Guadalajara, tienen aspecto laberíntico y yo diría que orgánico. Fueron excavadas por los árabes, pero no hay demasiada información al respecto. Curiosamente, son propiedad privada, de los propietarios de la carnicería bajo la cual se inician. Entrar a ellas vale también un euro. Normalmente hay un chico que te guía, pero esa mañana no estaba, así que entramos nosotros solos. Desde arriba, el empleado que nos facilitó la entrada, de vez en cuando, decía: "!Eh, eh!", temeroso de que nos perdiéramos, con toda la razón.
Si pasáis por Brihuega, no dejéis de visitarlas. Vistas las fotos, no diga nadie que no tengo razón en lo de sentirse de nuevo en el seno materno y en que tienen un aspecto orgánico.
Si pasáis por Brihuega, no dejéis de visitarlas. Vistas las fotos, no diga nadie que no tengo razón en lo de sentirse de nuevo en el seno materno y en que tienen un aspecto orgánico.