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02 abril 2009

Camisetas asesinas


Un disparo, dos muertes. Eso tiene que una mujer esté embarazada, que si le disparas matas a dos, no a una. Para soldados, un lujo, ¿no? Para los estados que los mantienen, un ahorro. La noticia total, además de en muchos periódicos españoles "antisemitas", en La Vanguardia.
¿Se va comprendiendo? La foto es la foto. La noticia es la noticia. Andando, que es gerundio.

17 enero 2009

Murcia con Palestina






Yo no sé calcular número de personas en una manifestación. Normalmente hago la media entre lo que dicen los organizadores y lo que dicen la policía local. Sé que había mucha, mucha gente. En Murcia se ha respondido a la convocatoria con fuerza. Había muchos jovenes, muchas familias, palestinos y musulmanes residentes en la ciudad. Yo, de verdad, no esperaba tanto. Al final, frente a la delegación del Gobierno, el profesor Jarauta ha leído un comunicado en español y posteriormente, un joven lo ha leído en árabe. Además de unos emotivos poemas en los dos idiomas. Dejo estas fotos de urgencia, que ahora me voy al campo de nuevo. Mañana escribiré algo más.

PAZ

13 enero 2009

Goya en el Palacio del Almudí: Los desastres de la guerra


El sábado nos fuimos a dar un paseo por Murcia. Hacía un frío como sólo habíamos sufrido en otros lugares. No nos parecía nuestra ciudad. El cielo gris, la gente bien abrigada por las plazas y calles por donde suele ir desabrigada y sonriente, como presumiendo de no tener invierno. Y la guerra como fondo. Nos fuimos al Palacio del Almudí, y por el camino nos ocurrieron pequeñas, mínimas aventuras ciudadanas que ya contaré en su momento. Eso tiene salir de vez en cuando de nuestro piso de ermitaños.



En el noble y sólido Palacio del Almudí, que domina el Plano de San Francisco, había dos exposiciones. La de la planta alta, vaya, queda para otro escrito. La de la planta baja, llamada Salón de las Columnas era una exposición conmemorativa de la Guerra de la Independencia, proveniente del Museo de Reprografía de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Los madrileños pueden ver allí, cualquier día hábil del año, los Desastres de la Guerra de Goya. Los murcianos, o vamos a la capital, o nos compramos un libro con ellos, o aprovechamos esta oportunidad, que no será única, pero sí rara.

Nunca puedo reprimir el gesto de horror cuando veo estos grabados. Yo no he visto directamente una guerra y, si fuera posible, si el destino quisiera que así fuera, no me gustaría verla, ni sufrirla, y en realidad, desearía que nadie en el mundo la tuviera que sufrir. Sé cómo se empozaban los ojos de mi padre, que la vivió siendo un adolescente, casi un niño, cuando contaba los horrores de la Guerra Civil. Sé que esas imágenes lo acompañaron hasta la cercanía de la muerte, y que para él, un hombre vital, humorista, creativo, aquella fue la experiencia de las experiencias, el conocimiento de la terribilidad humana.

No es más soportable que las fotografías, las que vemos cada día en los medios sobre las guerras, ahora algunas tan recientes y espantosas, la visión artística de un hombre sensible, al que tampoco faltó el humor, como sabemos por otros grabados; frente a la fotografía de reportaje, hay un valor añadido en los grabados: la unión directa entre el ojo, el corazón y la mano. Línea directa del sentimiento, de la rebelión del artista, entre estos sentidos y sentimientos. Goya no podía detener aquella masacre. Sólo podía dar testimonio. Que luego la química de sus óleos y barnices, como dicen, le hicieran perder el juicio, además del oído, o se lo ensombrecieran y se lo enturbiaran, puede ser verdad, pero quizás fue todo lo contemplado, el desmesurado valor de artista y hombre para realizar las planchas de estos trágicos grabados, lo que le empozó la mirada para siempre. Y le trastornó la mente. Este grabado, al que Goya subtitula "Enterrar y callar", es la pura imagen de la desolación y el abismo del dolor. Enterrar y callar, eso hace el pueblo inocente cuando sufre los desmanes de los poderosos.

"Para esto habéis nacido", subtitula este otro no menos terrible. No es posible que un ser humano, nacido en esta tierra, que recibimos por casa mientras vivamos, nazca para el horror, para el dolor innecesario, provocado por seres humanos como él. No es tolerable. Esto es lo que hay, pero lo digo sin resignación, sino con rebeldía. Habrá que parar la violencia en algún lugar, poco a poco, quizás, pero habrá que pararla. No hemos nacido para esto.


11 enero 2009

Tolstoi: objeciones contra la guerra

Hace tiempo, pero no tanto, leí un magnífico libro, cuyas circunstancias concretas han pasado ya a la historia sangrienta de la humanidad, pero cuyos principios siguen vigentes, porque lo estarán mientras los seres humanos contribuyan a aumentar las páginas de la dicha cruel historia.

Se trata de "Objeciones contra la guerra y contra el militarismo", de León Tolstoi. En él se refiere siempre a guerras vigentes en su momento, la ruso-japonesa, y la de España contra EEUU, la llamada guerra de Cuba. Este libro recoge una serie de artículos sobre estas guerras y sobre el militarismo, con reflexiones que, como digo, aún son válidas y que podrían ser la base primera del pacifismo de nuestro tiempo. Fueron publicados por Lipari Ediciones.

Su contraportada dice lo siguiente:

"El talento literario de Tolstoi al servicio de la causa de la no violencia en la excelente versión castellana de Colombine:
"Los jefes militares por procedimientos de idiotización, perfeccionados a través de los siglos, forman ejércitos disciplinados con todos los hombres que proporcionan las quintas".
"El mundo moderno, vuestro mundo civilizado, es más feroz que Gengis-Khan. A todo hombre le pone un fusil en las manos; a todo hombre le da la orden de matar; y si el hombre arroja su arma y rehusa ser homicida, se le trata como si fuese un delincuente".

Después de analizar las causas de la violencia y la incompetencia de las instituciones de poder poner fin a la misma, Tolstoi resulta extremadamente convincente al concluir que, sólo de forma individual y utilizando la conciencia como instrumento, puede hacerse oposición a la violencia: "Renúnciese al ejército". "Hágase la guerra contra la guerra".

A propósito de la guerra entre España y EEUU, de 1898, y de la guerra entre Rusia y Japón de 1905, denuncia el escritor ruso las ambiciones coloniales de las grandes potencias, la utilización falaz por parte de los poderes públicos de conceptos como "nación" o "patria", la mezcla de intereses generales con intereses particulares en el inicio de las hostilidades".

Por mi parte, selecciono algunas frases esclarecedoras:

"Hay quien dice que en la presente guerra, ya que uno u otro pueblo ha de ser vencedor, la justicia demanda que Japón sea el vencido, ya que los japoneses fueron los primeros en agredir.
Los que así hablan, ¿están verdaderamente seguros de que Japón haya sido el agresor?
¿Cuál es el verdadero responsable, el que dispara el primer cañonazo o aquel que ha exasperado antes al adversario, impulsándolo a una desesperada violencia?"

"Pero todas las consideraciones sobre el por qué y el cómo de esta guerra, son para mí secundarias. Un sólo hecho me interesa: ¿esta guerra avanzará o retardará la hora de la paz humana? Indudablemente, la retardará, y eso es lo que debe constituir nuestra aflicción. Lo demás no debe importarnos".

"¿Olvidaremos, acaso, por el interés de Rusia, que toda batalla que se libra en un punto del universo despierta sobre el universo entero repercusiones terribles y que mucho más allá de adonde llegan las balas y los obuses, ella esparce sobre toda la tierra el contagio de la muerte...?"

"Mi conciencia me dice que el matar, sea cual fuere la forma de que se revista y el pretexto que lo encubra, es execrable; que la guerra es una vergüenza monstruosa, una aberración sanguinaria, y que todo el que prepara la guerra es digno de condenación".

"Saben todos lo principal: que las guerras provocan en el hombre las pasiones más bajas, más groseras, le depravan y le embrutecen. Todos conocen la futilidad de los pretextos que José de Maistre, Moltke y otros invocaron en favor de las guerras. Casi todos se basan en el sofisma de que en toda calamidad humana se puede encontrar un lado ventajoso, o en la afirmación arbitraria de que siempre hubo guerras, y las habrá siempre, como si las malas acciones de los hombres pudieran justificarse por las ventajas y la utilidad que procuran o porque fueron cometidas en todo tiempo".

Podría seguir trayendo frases y opiniones de Tolstoi, porque todo el libro es enjundioso y apasionado, pero lo dejo aquí. No estoy, por otra parte, muy segura de que el ataque de Israel sea verdaderamente una guerra, en el sentido concreto que se le da a la palabra.