
Muchas circunstancias, no todas agradables, me han tenido apartada por un poco de tiempo, desde mi enfermedad, que duró poco por fortuna, hasta el incordio de haber pasado lo que se llama una valoración docente, que consiste en que un inspector te persiga durante días haciéndote preguntas reiterativas y pidiéndote documentos. Esto llega a ponerte la autoestima por los suelos, porque parece que no haces nada de lo que tendrías que hacer y que todas las cosas que hago son algo así como tonterías. Yo por mi parte pienso que tal intento de valoración de esta labor es como querer cazar elefantes con un cazamariposas. No se puede captar el hecho complejísimo que es la enseñanza a base de preguntas y papeles. Pero depende de lo que el inspector considere para que se emplee a fondo con sus cuestionarios o lo haga todo más liviano. El que me ha tocado a mí no puedo decir que adolezca de liviandad. Cada vez me decía a mí misma que había hecho una locura solicitándola, y que casi renunciaba, pero ya que se había molestado al equipo directivo, a los compañeros de Departamento, y hasta a los alumnos, pues que adelante y que ya veríamos. Espero que la percepción de ser un desastre de profesora sea algo solamente mío y que el inspector no piense lo mismo, que si no es así, voy dada. En fin.
Mientras tanto, una lectura ligera, pero muy hermosa. Esta novelita juvenil de una de las autoras que más admiro: Irene Nemirovsky. De ella he leído hasta el momento, me parece, todo lo que ha ido saliendo a las librerías. Me la descubrió mi amiga Alicia Poza, que tuvo la deferencia de regalarme "El baile", un cuento agrio y descarado que me impresionó. A partir de ahí, la "Suite francesa", su mejor obra sin duda, me convirtió en una incondicional. Esta obra está inacabada, sencillamente porque la escribía con prisa refugiada en el bosque, esperando que de un momento a otro la detuviera la Gestapo, como así ocurrió. Nacida en Kiev, en 1903, hija de un adinerado banquero, la familia inició un periplo europeo que culminó en Francia, donde les
sorprendió la entrada de los alemanes. Irene Nemirovsky ya estaba casada y tenía dos hijas. Su marido, Michel Epstein, no pudo creer lo que estaba pasando y tanto se aireó por todas partes, inquiriendo por judíos detenidos, que al final lo detuvieron a él mismo y lo mataron. Irene sabía que detrás iba ella y sólo pudo alcanzar a dejar a sus dos hijas a buen recaudo, junto con una maleta que contenía sus escritos de la "Suite francesa". Ya adultas, las hijas rescataron esos manuscritos de su madre, muerta en el campo de concentración de Auschwitz, el17 de agosto de 1942.
Sobre una de sus obras, "David Goldberg" escribí un artículo crítico cuyo enlace aquí dejo. Sobre esta que he leído ahora, sólo diré que es una novela juvenil, la primera. Cuando la presentó por correo a un editor, el buen hombre pensó que era original de algún autor consagrado que se presentaba bajo ese seudónimo, por lo que su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró con una frágil jovencita como autora de esa pequeña joya. La novelita es una verdadera delicia, algo retórica en su lenguaje, aún no tan depurado como en obras posteriores, pero de desarrollo impecable y encantador. Su tema, una meditación sobre la naturalidad del arte como don; su argumento, bien sencillo. Un niño de la calle es recogido por una dama de gran poder, belleza y riqueza, porque es poeta natural. La vuelta a sus orígenes viene al final, cuando él ya no puede ser la persona que era. Una breve y delicada lectura para un fin de semana.
Mientras tanto, una lectura ligera, pero muy hermosa. Esta novelita juvenil de una de las autoras que más admiro: Irene Nemirovsky. De ella he leído hasta el momento, me parece, todo lo que ha ido saliendo a las librerías. Me la descubrió mi amiga Alicia Poza, que tuvo la deferencia de regalarme "El baile", un cuento agrio y descarado que me impresionó. A partir de ahí, la "Suite francesa", su mejor obra sin duda, me convirtió en una incondicional. Esta obra está inacabada, sencillamente porque la escribía con prisa refugiada en el bosque, esperando que de un momento a otro la detuviera la Gestapo, como así ocurrió. Nacida en Kiev, en 1903, hija de un adinerado banquero, la familia inició un periplo europeo que culminó en Francia, donde les
sorprendió la entrada de los alemanes. Irene Nemirovsky ya estaba casada y tenía dos hijas. Su marido, Michel Epstein, no pudo creer lo que estaba pasando y tanto se aireó por todas partes, inquiriendo por judíos detenidos, que al final lo detuvieron a él mismo y lo mataron. Irene sabía que detrás iba ella y sólo pudo alcanzar a dejar a sus dos hijas a buen recaudo, junto con una maleta que contenía sus escritos de la "Suite francesa". Ya adultas, las hijas rescataron esos manuscritos de su madre, muerta en el campo de concentración de Auschwitz, el17 de agosto de 1942.Sobre una de sus obras, "David Goldberg" escribí un artículo crítico cuyo enlace aquí dejo. Sobre esta que he leído ahora, sólo diré que es una novela juvenil, la primera. Cuando la presentó por correo a un editor, el buen hombre pensó que era original de algún autor consagrado que se presentaba bajo ese seudónimo, por lo que su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró con una frágil jovencita como autora de esa pequeña joya. La novelita es una verdadera delicia, algo retórica en su lenguaje, aún no tan depurado como en obras posteriores, pero de desarrollo impecable y encantador. Su tema, una meditación sobre la naturalidad del arte como don; su argumento, bien sencillo. Un niño de la calle es recogido por una dama de gran poder, belleza y riqueza, porque es poeta natural. La vuelta a sus orígenes viene al final, cuando él ya no puede ser la persona que era. Una breve y delicada lectura para un fin de semana.