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19 octubre 2009

Jardiel también contaba



«Si queréis los mayores elogios, moríos»

Esta es la frase que se inscribió sobre la lápida de su tumba, con todo el amargo humor que debió desarrollar en sus últimos años. Ahora, ni siquiera resulta cierta, porque la verdad es que Jardiel Poncela anda un poco olvidado de los teatros españoles.
Yo lo he recuperado gracias al impagable blog de lecturas

Mis libros, administrado con generosidad por Rubén Castillo, y he venido a recuperarlo, no tanto con su teatro como con sus cuentos, tal y como recomendó el lector implacable llamado Ru por los que más le quieren (o sea, por Marta). Gracias, Ru (bén).
Lo leí con gran placer y muchas sonrisas, más algunas risotadas, este mes de agosto pasado, y tanto me quedé con él que lo he acarreado en la mochila por ver si hacía algo para honrarlo debidamente, no sé, leerlo tres veces más, leerlo con la ti, leerlo del revés, comérmelo a mordiscos, cualquier cosa que cuadrara con el humor del susodicho. Al final, lo conseguí. Formado el grupo de Teatro de Profesores del IES Floridablanca, me ofrecí cortésmente a adaptar algunos de esos cuentos a la escena. Nadie diga que no resulta bastante surrealista, y hasta absurdo. Y, oh, milagro, aún me acuerdo de hacerlo, y me sale medio bien y todo. Ya ensayamos uno, a base de improvisaciones, nos reímos como posesos, nos divertimos un montón, y hala, a seguir adelante con el siguiente. Gracias a Jardiel, que sigue dando mucha risa no sin un fondo de amargura traviesa. Ahora toca refinar el producro, o sea, reírnos aún más y ponernos serios con los que no se aprenden el papel. Cuando estrenemos, os invitamos a todos. Prometemos un recuerdo entrañable para este hombre que tanto se divirtió y tanto sufrió.
Una magnífica página para saber más sobre él, su vida, su humor, sus obras y sus extrañas relaciones literarias, más sus sufrimientos al final de su vida, es ésta.

Por cierto, la Sociedad General de Autores que aparece en la esquela del dramaturgo no es la misma de ahora. La de ahora puede que me meta un paquete por hacer de mi capa un sayo con los cuentos de don Enrique. Si tal obraron con los de Zalamea y Fuenteovejuna, ¿qué no harán conmigo? Tendré que ponerme en contacto con los herederos, que es lo que hacía Shakespeare cuando adaptaba cuentos de por ahí. Salvando las distancias en todos los casos.