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25 noviembre 2009

Violencia contra las mujeres

 

He ido esta tarde, como todos los años, a la concentración que la Comisión 8 de marzo convoca en la plaza de Santo Domingo. Me he dejado la cámara en casa, así que se perdonará que las fotos sean testimoniales, de pancartas de años anteriores, pero que han estado también presentes esta tarde, lo cual me hace pensar en la necesidad de la repetición reivinidicativa cuando los problemas no se ha solucionado, ni tienen visos de solucionarse en bastante tiempo. Es cierto que se ha avanzado mucho. Una compañera me dice allí que se va a las Jornadas feministas de Granada; hace treinta años también acudió y quiere saber qué ha cambiado. Le digo que para empezar hace treinta años ni se hablaba de violencia contra las mujeres, por ejemplo, por lo que este colectivo tiene que estar orgulloso de su labor, tantas veces machacada, denigrada, ridiculizada por los grandes patriarcas intelectuales de este país y de otros países. En fin, ladran, luego cabalgamos.
El último que ha ladrado ha sido un estético y poco ético profesor de rancio abolengo patriarcal, de esos que saben mucho y sobre todo lo dicen con la voz muy campanuda, y que además pone cara interesante para hacerse la foto. Un perfecto varón en el uso de todos sus poderes, que se atreve a tachar de necedades todo lo que no haya salido de su cráneo privilegiado. Mejor le habría ido si hubiera dedicado sus energías a estudiar, por ejemplo, el autismo.  Con todo, no quiero poner ningún enlace a su hilarante artículo en El País, simplemente por no darle más cancha, que ya ha tenido bastante por el momento. Bueno, un mérito hay que reconocerle: su atrabiliario artículo ha desatado una tormenta de rechazos de hombres y mujeres de toda España, y un debate abierto sobre los límites de los cabestros. De vez en cuando hay que poner un rancio en el centro para que nos acordemos de cómo eran los rancios y no nos descuidemos.

Yo sólo digo, a propósito de esta violencia contra las mujeres, que es estructural y sistemática, que el sistema está basado en ella, pues es imposible que la mitad de la población haya podido someter a la otra mitad durante tanto tiempo, y aún continuar, sin ejercer violencia. ¿O alguien cree que el colonialismo (político, cultural o de género) es echar agua de colonia al que se quiere colonizar? Pues es que no. Lo que se echan son palos, muertes, en el peor de los casos, y en el caso más liviano, desprecio, ninguneo, ocultación, o sea, violencia. Las causas las conocemos, su extensión y alcance, también. Hay leyes, pero nunca las cosas se arreglan con leyes, aunque ayuden. Es un cambio de mentalidad social lo que tendría que suceder, y eso sólo se hace con educación, después educación y luego más educación. Eso para el futuro. Para el presente, protección a las víctimas, rechazo social del violento, colaboración ciudadana y punición del maltratador.



09 diciembre 2008

GOMORRA

Este hombre de mirada aguda y certera es el escritor Saviano, que no tuvo mejor ocurrencia que escribir, como su propio oficio indica, no de los pajaritos ni de lo bonito que es el campo, sino sobre la mafia napolitana, o sea, la Camorra. Escribió una dura novela, y luego se la hicieron película. Con tanto éxito, que la Camorra le empezó a envidiar sus beneficios, y con el avieso interés de quitárselos, se dedicó a vender copias piratas de la película, además de decirle al osado escritor que mucho cuidado, que con la mafia no se juega, de modo que él, con su mirada aguda y certera, se ha tenido que esconder quién sabe dónde para que no lo tiren al mar con un obús de mortero atado a las piernas, por ejemplo, o cualquier otra cosa aún más desagradable. Y ha pensado el hombre que la mafia cuanto más lejos mejor, así que ha abierto una página en internet para explicar lo de Gomorra y Camorra. Y además, los italianos de bien, hasta las narices ya de matones y extorsionadores, han creado un portal contra la mafia, que aqui está.
Además, se organizó una lectura pública en bibliotecas italianas de la susodicha novela de denuncia, para demostrar a la Camorra que la lectura también podía ser un desafío popular. Que ya les vale, como a otros de por aquí, tan parecidos a la Camorra napolitana, cada vez más, pero menos organizados, según va pareciendo.
La semana pasada se nos ocurrió ir a ver la película, que no la ponían en el Rex, al lado mismo de nuestra casa, sino dos o tres calles más allá. Como de otras películas, no puedo decir que nos gustara. A mí me impresionó, quizás porque soy yo muy impresionable. Aparte esto, me interesó ver la vida del pueblo más humilde de Nápoles, en crudo, en una obra cinematográfica coral, donde todos los personajes encajan, donde todos tienen su papel, su situación, su manifestación de la naturaleza humana. Nos gustó el paisaje urbano, por su terribilidad ruinosa; nos emocionó el dolor de esas personas y sus intentos de supervivencia; nos indignó el oportunismo y la sumisión, el miedo de la gente. Pero, ¿qué haríamos si nos encontráramos en ese medio? Yo no lo sé. Me cuenta mi compañero José Ángel que vivió en Nápoles, que en la puerta de su casa dispararon a un hombre a las piernas como aviso, como primer aviso antes de una acción más fatal. El hombre murió desangrado porque nadie se atrevió a socorrerlo. Cuando llegó la ambulancia, ya había muerto. Eso es miedo. Quizás el mismo miedo que en Azpeitia. Matar es muy fácil y tú puedes ser el próximo. Silencio. No mirar, no oír. Susurrar. Enterrar a los muertos como si no hubiera pasado nada.
Una espléndida recuperación del realismo italiano. Una película para reflexionar sobre la violencia a que se puede someter a un pueblo.

27 noviembre 2008

Funny Games, no tan divertidos




No lo había contado todavía, porque hay que dejar pasar unos días para asentar las cosas que no son urgentes, inmediatas. El fin de semana pasado nos fuimos al campo de Ulea (hay fotos para ver en una presentación a la izquierda abajo) y nos fuimos con la intención de descansar. Descansamos, sí, y dormimos como... iba a decir como niños, pero no es verdad, no nos despertábamos cada dos horas y nos poníamos a llorar. Vale, que allí se duerme muy bien. Pero a punto estuve de hundirme el proyecto de inconsciencia onírica con la visión de la película que no me acuerdo qué día de la semana dieron con el diario Público. Era "Funny Games", completamente inadecuado para gente con los cables pelados. Empezamos a verla después de comer y yo me dije que iba a durar bien poco con los ojos abiertos, y no sé cómo lo hizo el director que consiguió que me sentara, me pusiera las gafas de ver -tengo otras de no ver- y estuviera hora y media pegando botes y soltando exclamaciones que no son para escritas; si guardaba silencio y me estaba quieta era peor aún. Eso quería decir que la cosa ya superaba todo lo previsible, en negror moral, en cinismo, en violencia gratuita, si es que hay alguna violencia que no lo sea.




Después de ver esta película estuve preocupada un tiempo. Yo sé que casos así han existido y seguirán existiendo, por desgracia. "A sangre fría", novela de Capote y película posterior con igual título, es un caso parecido en cuanto a lo apariencial; el ataque salvaje a una familia por un par de asesinos crueles. Esta película, sin embargo, no basada en un caso real, pero posible, tiene mucho de parábola sobre la violencia oculta en nuestra sociedad como un cáncer destructivo. Si en la novela de Capote, que es interesante leer de nuevo, así como ver la película antigua, y ver la magnífica biografía del escritor, se trataba de un análisis de la miseria moral norteamericana, ésta del director austríaco Haneke, con un remake norteamericano también en 2007, es en realidad una parábola sangrienta, y como toda parábola con su sistema de referencia, en este caso en la violencia generalizada en nuestro mundo actual. Y yo me pregunto: ¿en qué mundo no? Lo cual me lleva a un tema que en algunos momentos de mi vida he mirado con atención: la inquietante existencia de psicópatas, tema en el que Vicente Garrido, excelente criminólogo, es un experto. Hay que asustarse: un millón de psicópatas conviven con las personas "normales", y no todos son delincuentes, pero están ahí y no dejan de serlo. Mira a tu alrededor y observa si hay una persona sin empatía, alguien que no repare en hundir la vida de los demás para conseguir sus objetivos, alguien que obvie el dolor de los otros, alguien que calcule sus beneficios en número de muertos. No sigo, porque al leer los periódicos encuentro que son psicópatas todos los poderosos de la tierra, y me asusto aún más de lo que ya lo estoy.
Dije una vez que el siglo XIX había sido neurótico, que el XX habia sido esquizofrénico y que el XXI será -ya es- psicópata. ¿Nunca será el ser humano normal, equilibrado, incluso con sus gotas de sana locura?





24 noviembre 2008

25 de noviembre: Artemisia Gentileschi


Mañana es 25 de noviembre, día mundial para la erradicación de la violencia contra las mujeres. Para decirlo sucinta y claramente, tal violencia no es puntual ni ocasional, sino que se trata de una violencia estructural. No se puede dominar y controlar a la mitad de la población mundial sin ejercer violencia, sea en forma civilizada, sutil, cultural, sea recurriendo a la violencia física cuando se considere necesario.

He traído aquí a esta pintora del siglo XVII porque fue una víctima de la sociedad patriarcal, que tan sólo salió adelante y vivió con fortaleza y creando gracias a su enorme energía y fuerza personal, y a que utilizó su arte como forma de superación de su dolor.

Artemisia Gentileschi nació en Roma en 1593, hija del pintor Orazio Gentileschi, que no tuvo inconveniente en educar a su hija y prepararla como pintora. Tan atento estaba y tan admirado de las facultades artísticas de su hija Artemisia, que la mandó a estudiar con el pintor y amigo suyo Agostino Tassi, el cual la violó, cuando la joven pintora tenía unos dieciocho años. Tanto su padre como ella decidieron denunciar al pintor por violación. Artemisia fue torturada salvajemente para que dijera la verdad acerca del suceso. Aunque su agresor fue finalmente condenado, Artemisia nunca olvidó aquello -naturalmente, ¿quién podría olvidarlo?- y la violación, la humillación ante los tribunales, que sólo mediante declaración hecha bajo tortura podía creer a una joven violada, influyó tremendamente en su pintura posterior. Tenebrista por influencia de Caravaggio, su pintura es sin embargo más suave y menos contrastada, pero sus temas aluden inevitablemente a la violencia, esta, por gracia del arte, dirigida hacia los hombres, como en el célebre cuadro "Judith y Holofernes", conservado en la Galería de los Uffizzi de Florencia, y otras versiones del mismo tema.

Artemisia siguió pintando, incansablemente; se casó con un rico florentino y viajó por Europa realizando encargos, a veces junto a su padre, como el gabinete de la reina en Greenwich, en Inglaterra. Vivió siempre de su trabajo como artista. Quizás es la primera mujer de la historia con dedicación absoluta a la pintura, de la cual hizo una profesión auténtica. Murió a los sesenta años.

La violencia masculina no pudo con su arte ni con su persona. Su violación, imaginamos, fue un suceso culminante en la cantidad de humillaciones que debió de sufrir por ser mujer en un mundo artístico dominado por hombres. Hoy es un buen día para recordarla. Ojalá llegue un día en que la violencia contra las mujeres no exista, sencillamente porque seamos iguales, estructuralmente iguales, con las mismas oportunidades y posibilidades vitales. Ojalá todas las Artemisias futuras, nazcan donde nazcan, puedan desarrollar su arte sin la violencia que condicione los temas que elijan para sus pinturas.

21 octubre 2008

El silencio tras el disparo


Anoche, en un alarde de tranquilidad, que no es frecuente en mí, me puse a ver esta película alemana que me había recomendado un amigo. El título, ya de entrada, me impresionó, porque me sugería ese terrible silencio que debe quedar tras el tiro que mata a un ser humano. Vista la película, vino la reflexión. ¿Es posible la rehabilitación de un terrorista? Supongo que depende mucho de los casos, pero en el que se presentaba en la historia, había dos cosas importantes: una, la complicación política, en plena guerra fría, con Alemania partida en dos, con Rusia y Occidente al acecho; y otra, que la muchacha deja de matar, pero en ningún momento hay arrepentimiento explícito. Hay cierto pavor inmediato ante la violencia ocasionada por ella misma, pero no consideración de lo que de verdad ha hecho. Nunca se llega a sentir cierta simpatía por ella como ser humano. Sigue siendo una asesina. Porque, como dice el eslogan de Amnistía Internacional, matar es matar. Me llamó la atención, por ejemplo, que su amiga, una muchacha problemática, desestructurada y alcohólica, termine en la cárcel, en la Alemania oriental de la época, mientras ella, protegida hasta cierto punto por el Estado, ande libre, aunque con identidad falsa. Hay en ello una denuncia social más fuerte que la del propio terrorismo. Por otra parte, la película es profunda, terrible. Da hasta un poco de angustia verla. A mí me angustió, y me mantuvo quieta en un sillón hora y media, que para mi hiperactividad es mucho.