05 septiembre 2006

La playa


No me puedo quejar. No me he movido de media losa en todo el verano, pero he podido ver el mar durante unos días y bañarme a mi modo: a las ocho y media de la mañana y a las siete de la tarde. Esta playa no era así hasta hace unos años. Era una playa de piedras y rocas con erizos. Recuerdo que un vecino se comía a los pinchosos animalillos con una cucharilla, después de partirlos por la mitad y rociarlos de limón. Luego les dio a los prohombres aguileños por convertir aquello en una "verdadera playa" e hicieron el espigón que se ve. Cada vez hay más arena y menos agua, pero así parece más turístico y atractivo, dicen ellos. A mí me gustaba más antes, cuando había que entrar con cangrejeras y con mucho cuidado. De todos modos, hay pocas cosas más placenteras para mí que el baño mañanero o al atardecer. Prefiero el sol benigno que se levanta o que se acuesta, el agua más fresca y la playa más solitaria.

01 septiembre 2006

Últimas canciones de Richard Strauss

Un verano recogido, dedicado a requerimientos familiares sobre todo, se convierte en un verano lector y musical. Siempre, siempre, el gran consuelo de la música.

Otros muchos temas y compositores han sido gozados este verano, que ya se va yendo, con el regalo de unos días preotoñales, frescos y pacíficos, pero el gran descubrimiento ha sido este maravilloso disco que recoge en dos partes lieder de Richard Strauss, cantados por una de las voces femeninas que prefiero, la de la soprano Jessye Norman.

Los cuatro últimos lieder forman la primera parte. Fueron compuestos en el último año de vida del compositor, que los concluyó a los ochenta y cuatro años, justo un año antes de morir. Parecen el punto final melancólico y por fin conforme a toda una vida de creatividad. Las canciones, los lieder, tienen siempre un algo de más personal que el resto de los géneros. Es un género “menor” en el que el creador puede dejar los rastros inmediatos, urgentes, puntuales, de su carácter y de su vida. Son a la sinfonía lo que el poema a la novela. No sé si la comparación será afortunada y quizás puristas de uno y otro arte se echarían la mano a la cabeza, pero yo lo siento así. Y siento además que hay un tiempo de entrar a la andadura del gran relato y el tiempo de sentir el deslumbramiento momentáneo de un poema, como se puede disponer el corazón para seguir la grandiosidad de una sinfonía o dejarse llevar por el encanto súbito de una canción. Estas de Richard Strauss son un sueño melancólico. Van ganándote el terreno sentimental con su suave tristeza y no es extraño que produzcan la armonía de lo psíquico y lo físico, cuando sientes que se escapa una lágrima solitaria al tiempo que te sientes llevada a un mundo diferente, interior, donde se siente y se comprenden otras cosas.

Andersen en España

Soy aficionada a leer relatos de viajes por España realizados y escritos por extranjeros. La mayoría de estos viajeros escritores son europeos del siglo XIX, cuando España se puso de moda como país romántico, exótico, lleno de la pasión y pintoresquismo, lo que era de un enorme atractivo para aquellos hombres soñadores. Resultaba cómoda la evasión por medio del viaje, pero cercana. No tenían que irse muy lejos para encontrar algo completamente diferente a su aburrida vida cotidiana: en España no había aburrimiento, porque lo mismo te podían asaltar unos bellos ojos negros que una cuadrilla de bandoleros. Conocía yo muchos viajeros de esa época por sus relatos y por sus dibujos, grabados y cuadros, pero no sabía que Andersen, algo tardíamente, se había sentido seducido por el exotismo y la pasión. Me sorprendió mucho encontrar, editado en un económico libro de bolsillo, el testimonio de su paso, que fue extenso e intenso, por nuestras tierras, incluso por mi propia ciudad. Lo compré pensando que, ya que este verano por circunstancias varias, no iba a poder salir de mis lugares habituales, ni siquiera dentro de España, sobre la que llevo una exploración minuciosa y pausada, me iría de viaje con un compañero incomparable, con el bueno de Andersen, que siempre, desde que yo era una niña y hasta hoy, ha gozado de mis simpatías. No me ha defraudado. Es un viaje positivo, entretenido, con pequeños hallazgos que me recuerdan mi propia forma de viajar y conocer las ciudades: más de la gente y del ambiente, más de la naturaleza íntima del lugar, antes que los grandes monumentos y los lugares comunes. No puede escapar, lógicamente, de estos tópicos viajeros, porque supongo que pensaba él que a sus lectores le interesarían las raíces históricas y aquellas maravillas arquitectónicas, las ruinas, los vestigios árabes y lo popular tópico, porque Andersen viene ya influido por anteriores viajeros y por un concepto romántico del viaje hispano, pero no puede evitar que su viaje tenga otro color y otro sentido: la observación de una gente que le resulta cómica o agradable, una mirada irónica que sólo se pierde ante lo que él ve como belleza exótica de las mujeres, sobre todo de las más humildes.

Me ha resultado curiosa su excursión a Tánger, ciudad que conozco muy bien y que reconozco en su relato. Ahí es donde encuentra el verdadero exotismo y el interés por lo extraño, porque España, se percibe continuamente, se ha vuelto más civilizada, ya no implica tanta extrañeza y peligro. El viaje lo realiza en 1862, bajo Isabel II, un momento en el que el país, aunque no por completo, se ha europeizado en cierto modo.

Luego me entero en una suerte de epílogo de que se sintió defraudado por un simple hecho: ver burlada su vanidad de escritor famoso en toda Europa. En España no lo conocía nadie prácticamente, ni siquiera los intelectuales, que hicieron caso omiso de su presencia. No era lo que solía ocurrirle en otros países, donde era agasajado por príncipes, nobles, intelectuales y políticos.

Como simple curiosidad transcribo aquí algo sorprendente para nuestros días:

De San Sebastián dice: Es una ciudad genuinamente española, con un paisaje maravilloso. En el verano florecen los jazmines silvestres en las montañas, el aire está lleno de fragancias. San Sebastián es la meta de las excursiones de muchos franceses. Se nota que aquí está uno entre los descendientes de las primitivas tribus del país, los fornidos iberos, en su lengua vasca: escauldunac.”

De Madrid: “Vienen en verano, el sol los derretirá; vienen en invierno, recibirán la caricia de los témpanos de hielo, se les helarán los dedos y el aguanieve les penetrará por la parte superior del cuero de las botas los chanclos, y en caso de quedarse en Madrid, ¿qué habrán visto de España? Madrid no tiene carácter de ciudad española, y mucho menos de capital de España.”

El libro se cierra con una frase preciosa:

LA VIDA ES EL MÁS MARAVILLOSO DE LOS CUENTOS

21 agosto 2006

Una vuelta a la prisión

De ahora en adelante me he propuesto viajar más, como decía la Yourcenar, simplemente por conocer las cuatro paredes de la prisión. De momento, como demuestra este mapa que cada uno puede crear en el sitio recomendado, se ve que me he movido en una loseta de la celda. Con lo grande que es el mundo y el poco caso que le hago. Cambiaré, cambiaré. Para octubre, si todo va bien, sorpresa.

Contra la guerra

La guerra de EEUU e Israel contra el Líbano nos ha dejado un verano sangriento y terrorífico. Una vez más los países más militarizados de la tierra, con mayor poder de destrucción, aplican la ley del embudo. Piden el desarme cuando ellos están armados hasta los dientes. En realidad piden el sometimiento, la humillación y la anulación de los otros. Quieren para ellos el control económico absoluto de toda fuente de energía y de todos los recursos del planeta. Quieren estar solos en este mundo. Si los pueblos no consienten en ser exactamente como ellos, serán destruidos. La historia demuestra que no es tan fácil como se planea en sus despachos. Destruyen pero no pueden destruirlo absolutamente todo. Matan niños, ancianos, mujeres y hombres no combatientes. Siembran el dolor, la destrucción, el hambre y la pobreza por donde pasan. Hay muchos testimonios gráficos de todo este horror que aún no ha terminado. Recomiendo esta página bostoniana contra la guerra. También podéis contar ataúdes como el que cuenta ovejas, pero esta vez no vendrá el sueño tranquilizador, sino la pesadilla.

Contar ataúdes

Contra la guerra

Japonés






ESTE ES MI NOMBRE ESCRITO EN JAPONÉS


Si quieres probar a cambiar el tuyo a esta hermosa grafía sigue el enlace:

Nombre en japonés

09 agosto 2006

TARÁS BULBA



Relectura de un clásico en un viejo libro, el mismo ejemplar que leí hace muchos años. Me lleva la curiosidad de saber qué ha cambiado en mí en treinta –el libro es del año 74 del siglo pasado– y lo cierto es que descubro que los cambios han sido drásticos. Sé mucho más de narrativa, veo claramente los aspectos técnicos, analizo sobre la marcha los aspectos ideológicos, las impresiones plásticas, la poesía escondida tras una escena o las palabras de un personaje. La impresión general que saco es que se trata de un relato extremadamente violento, con la violencia ingenua e inconsciente de los niños y de los pueblos primitivos, que tiene su encanto épico. Al mismo tiempo, reconozco en la historia la base fundamental de la violencia: la defensa y conquista del territorio en sentido lato, en cuanto representa la propia identidad, construida sobre unos cuantos principios sencillos de comprender y viscerales: la amenaza del “otro”. Los cosacos se sienten amenazados por los polacos sin un motivo real y presente. Atacan porque les han llegado noticias de que la religión ortodoxa está siendo humillada por los polacos católicos. Ellos se consideran los “cristianos”, como si los otros no lo fueran. Un profundo antisemitismo recorre el libro. Tres grupos son los “otros” en toda la historia: la mujer, el judío, el polaco. El polaco es el potencial enemigo porque constituye un grupo de mayor civilización, refinamiento y, por tanto, pérdida de la vida salvaje, libre y violenta de los cosacos; contra éste enemigo se lanza el ataque. El judío representa la inteligencia y la habilidad para hacer dinero y para salir de atolladeros por medio del ingenio; no son enemigos en cuanto están aceptados como grupo marginal, como chivo expiatorio y sector social en el que se puede descargar la violencia física y psíquica en cualquier momento. La mujer es, como en todo sistema patriarcal, de dos categorías: la madre, que no tiene más destino que sufrir las inclemencias de los varones –un momento dramático es cuando Tarás lleva a sus dos hijos adolescentes a la guerra a pesar del dolor de la madre– y, por otra parte, la mujer joven y hermosa, la mujer fatal, cuyos encantos arrastran a los hombres a la muerte y al deshonor, como en el caso de Andrés, enamorado de una bella polaca por cuya causa traiciona a los suyos.
La historia sigue teniendo al fondo de todo el mismo encanto primitivo que tenía hace treinta años.