30 septiembre 2009

Emoción escénica


Entre tanto libro y tanta investigación, y sin parar de subir ejercicios y reflexiones al blog de Artes Escénicas, hoy no puedo resistir la tentación de contar algo muy emotivo que ha ocurrido en una de mis clases. Si mis alumnos fueran discípulos del Método, podría entenderlo, pero no lo son. Son solamente adolescentes sensibles estudiando algo de teatro, un poco orientados ya hacia la interpretación.
Estábamos realizando improvisaciones sobre una escena de Antígona en la primera hora -tenemos dos seguidas-, precisamente de la escena en que Antígona pide ayuda a Ismene para llevar a cabo su propósito de enterrar a su hermano Polinice. Han subido al escenario, y, sin que nadie les indicara nada, han ocupado el espacio de un modo proporcional y significativo, lo cual ya es mucho, unos sentados en el suelo, otros en sillas, otros sobre una mesa que hay allí. Les he dirigido unos ejercicios de relajación y concentración, y les he dado la indicación de que pensaran en uno de los dos personajes y que comenzaran a improvisar un pequeño monólogo explicando sus razones en el momento en que estuvieran preparados. Pasaban los minutos y nadie se atrevía, hasta que un chico ha empezado a improvisar sobre el papel de Ismene. Luego otro largo silencio. Una chica se convierte en Antígona. Dos no han podido hacerlo. Otros han ido interviniendo explicando su pensamiento, su sentimiento, su situación, tanto en Antígona como en Ismene. Hasta que me he dado cuenta de que una de las chicas estaba llorando. Luego hemos hablado de esto y nos ha explicado que se ha conmovido, que a ella también le habían pasado cosas y que por eso lloraba.

Bueno, seguimos la clase en la segunda hora. Poemas de Catulo que leemos en latín -en latín sin entender nada, claro, sólo antendiendo a la sonoridad y a pronunciar cuidadosamente lo que está escrito- y en español para vocalizar y entonar. Ahora ya los que lloraban de emoción eran dos. ¿Qué pasa, muchachos? Nada, que se emocionan con la poesía. Les he dicho: "Si yo cuento esto, nadie me va a creer, con la idea que la gente tiene de los jóvenes". Una me responde: "Di que somos artistas, así a lo mejor se lo creen". Se pueda creer o no, han llorado con la literatura de un mundo antiguo que parece que ya no les pertenece.

28 septiembre 2009

Amok y otros cuentos de Stefan Zweig


Tengo cierta devoción por este escritor, al que vuelvo con frecuencia. La editorial Acantilado viene publicando espaciadamente su obra, y no les debe ir mal, porque continúan con el empeño. Reconozco que yo contribuyo a ello.
"Amok" es el título de uno de los cuentos que forman este volumen. Me consta que se trata de un extraño relato de pasión que tuvo un extraordinario éxito, pero lo cierto es que en este volumen hay cuentos que a mí me gustan más que el titular. Por ejemplo, me gustó muchísimo el titulado "Un vago", quizás porque se refiere al oficio de enseñar y al mucho más duro de aprender, y al trato que los educadores-profesores-maestros podemos dispensar a cierto tipo de alumnos, a veces sin pensar en las consecuencias y esperando que la lucha por la vida haga su parte. A veces llevados por superficiales convencionalismos sociales, porque no entramos en la profundidad del ser que tenemos enfrente.
Por retratar un personaje de una perfecta inocencia, me gustó mucho el cuento llamado "Episodio en el lago Leman", una historia que bien pudo estar inspirada en un suceso real. Zweig fue un incansable viajero y se encontró, sin duda, con muchas historias interesantes a lo largo de su vida, azarosa y con mal final, como se puede comprobar aquí.
Imágenes terribles y misteriosas llegan a través del relato llamado "La calle del claro de luna" y una triste historia de amor imposible en "Leporella".
Los cuentos tienen la gran ventaja sobre otras formas narrativas de que se leen de una vez y se obtiene esa sensación de algo redondo, sugerente, inmediato, casi como en la poesía, y al menos esa era la teoría de don Mariano Baquero, creo que con mucha razón. Leer estas pequeñas obras maestras de un escritor como Zweig proporciona hermosos ratos de buena literatura.

A Encarna le digo desde aquí que el libro puedo dejárselo en la librería, o en la farmacia del barrio, o donde ella me diga, pero que también se lo puedo dar el viernes por la mañana con un café, a no ser que ella prefiera iniciar la aventura de la búsqueda por esos mundos de las bibliotecas. En cualquier caso, la llamaré, a ver qué decide.

27 septiembre 2009

El relámpago inmóvil, de Pedro García Montalvo

Conozco a Pedro desde hace muchos, muchisimos años. Nuestros recuerdos comunes se remontan a la infancia, a esas tardes de sábado o domingo en la Glorieta, cuando nuestra madres se sentaban en corro para charlar de sus cosas, mientras los niños, de edades varias, jugaban, correteaban, se caían, lloraban, pedían globos y otras fruslerías infantiles, perseguían palomas y todas esas actividades que es el trabajo de los niños en una Glorieta. Sírvame este recuerdo de excusa si sobrepaso los límites contenidos de la crítica y caigo en el entusiasmo. Para que nadie piense que me arrebata la amistad, daré razones de peso que puedan convencer a cualquiera al hacer la reseña y recomendar su última novela, "El relámpago inmóvil", publicada por Destino, y desde hace poco en las librerías. Estoy completamente segura de que no me ofuscará la amistad y el conocimiento, sino que diré aquello que su lectura imparcial me dicta.


En un libro publicado por Pre-textos, "Nosotros los solitarios", entre muchos cuentos de mayor o menor valor, se incluía uno de Pedro García Montalvo que sobresalía entre todos: "La creación del mundo", donde un personaje secundario que aparece en otras novelas suyas, un escritor deforme llamado Aníbal Paredes y al que los amigos llaman Toulouse, pasea su mirada por un café, modesto, silencioso, observador de todo y de todos, mientras trata de recuperar una idea olvidada. En su mente se fragua la creación sin que nadie lo advierta. Toulouse crea el mundo en cada mirada y en cada palabra, y su amigo Mízar lo descubre con admiración encantada.

Al pasar unos días después de coronar felizmente, al sol de la plaza de Tirso de Molina, "El relámpago inmóvil", he recordado ese cuento, que para mí es uno de los más hermosos que Pedro haya escrito nunca. Tiende la gente a hacer comparación entre las obras del mismo autor, como yo acabo de hacerlo, y siempre la última novela, la última obra, es comparada con la inmediatamente anterior o con alguna que tuvo mucha fortuna. No es lo apropiado, pues la obra de arte es en sí misma; sin embargo, cuando el artista es Toulouse, el modesto escritor que observa y que crea el mundo, la obra es en sí misma y además pertenece a un conjunto del que no puede escapar, del que no puede ser aislada. Acertado seudónimo el de Toulouse; cada línea de ese artista plástico es una maravilla en sí, pero pertenece indefectiblemente a toda una línea creativa de mundo.

Imaginemos a un imposible dios crítico, fuera de la creación, que estuviera viendo cómo el otro dios creaba el mundo en siete días. "Qué bien te ha quedado la luz". "Lo de separar las aguas de la tierra ¿no te ha quedado un poco raro? Podrías haberlo hecho más regular.¿no?". "Los animales del agua están bien, pero te han salido mejor los del aire, sin ninguna duda". "Sí, sí, esos animalillos bípedos sin pelo ni plumas ni escamas están curiosos, pero como la luz, nada, eso sí que te salió bien", y asi, comparando cada parte de lo creado con otra parte, sin ver que todo forma una armonía, una concordancia, que diría David Bohm. Valga la absurda broma para decir que Pedro va creando un mundo, el mundo, novela a novela, con cuidado exquisito, y en cada una está todo lo anterior y anuncia lo siguiente por necesario; y en cada una está su persona y no está, porque, como creador, se oculta delicadamente.

Cuando leí la última frase de la novela, -y no la pongo completa para no romper el encanto- "cuando estaba con ellos la hermosura completa del mundo, y de la vida", las palabras no se me antojaban extrañas, sino familiares, y me parecía que mi mente iba directa al pensamiento de Pedro, y casi que se lo oía decir en silencio, con la mirada y la actitud, pues ese es su hallazgo, el triunfo de lo bello, del amor, de la hermosura completa del mundo sobre aquellas zonas oscuras que lo amenazan siempre.

Que Pedro cultiva una prosa magnífica no es ningún descubrimiento mío; basta con leer en voz alta un párrafo tan solo para comprobarlo, como ocurrió durante las lecturas públicas de su obra en el Museo Ramòn Gaya. El silencio de nuestra mente lectora nos puede confundir a veces, pero es bueno y aun excelente lo que sigue siéndolo leído en voz alta. Que Pedro traza personajes de gran viveza y estilo tampoco es un secreto ni un descubrimiento. Lo sabemos desde sus primeros cuentos y desde su primera novela. Tampoco lo es que dispone como nadie el paisaje urbano, incluidas sus gentes, ni que practica una narración clásica y reposada. Todo eso es importante, claro; es lo que sustenta su mundo creado y hay que decirlo, pero sólo eso. Todo lo demás es emoción y es pensamiento. Echarle una cuadrícula para entrar en tecnicismos narrativos es como querer apresar la luz con una red. Nada más digo de ese pequeño dios criticón que juzga si las aves del cielo o los peces del mar quedaron mejor o peor parados en su creación.

Para seguir el mundo que Pedro García Montalvo va creando, hay que leer esta novela y hay que leerla con amor, no con redes, porque el amor es su gran sustento y su triunfo. Del tema de la novela y de otras observaciones que he hecho hablaremos más adelante.



23 septiembre 2009

Las Benévolas de Jonathan Litttell

Anoche, aunque estaba ya medio dormida, hice un soberano esfuerzo para ver Documentos TV, pues anunciaban que trataría sobre un verdadero monstruo, Aribert Heim, cuya biografía puede leerse, si hay estómago, en este enlace. Lo vi y volví a sentir el mismo horror y la misma repugnancia que he sentido siempre hacia los crímenes genocidas, se den donde se den y se torture, destruya y humille al pueblo que sea. Dicen: "Es la naturaleza humana". Mentira. Es la naturaleza inhumana. En el reportaje había quien decía, creo que el militar que reveló, no se sabe si con verdad o con mentira, el secuestro y muerte de Heim, el repulsivo doctor muerte de Mathausen, pues este hombre, a cara cubierta decía que había que hacerlo, que los nazis no eran seres humanos. Por desgracia sí lo eran. Degradados y pervertidos, pero eran seres humanos. Y quizás hay un error cuando se dice que alguien, sea inocente o culpable, no es un ser humano. Negar la humanidad al otro es considerarlo un ser inferior, un objeto, algo que se puede destruir. Tentación da de negársela a criminales tan extremados, pero por el bien de todos, es mucho mejor seguir considerándolos humanos. No faltan tampoco ganas de destruir seres tan degradados como este Heim, pero yo preferiría que hubiera dicho: "Queremos venganza" o "Queremos justicia", tal como decía el director del centro Wisenthal para la captura de los criminales de guerra.
Según el reportaje, España fue refugio de nazis en el régimen franquista. Leon Degrelle, de la unidad Valonia, fascista belga y asesino consumado, murió tranquilamente en la Costa del Sol escribiendo libros sobre sus asquerosas hazañas. Después, España no ha colaborado demasiado en la captura de nazis, ni siquiera en época democrática. Yo pensé que era lógico, mientras veía el reportaje, puesto que se echó un velo de vergüenza y de intereses políticos sobre los propios crímenes franquistas, y así estamos todavía. Si no buscamos a los nuestros, ¿cómo querían que buscáramos a los ajenos?

Todo esto me trae a la memoria, y ya quisiera yo que no fuera así, una lectura de este verano, "Las Benévolas" del escritor francés Johathan Littell, premio Goncourt por esta novela terrible e impresionante, hasta el punto de que no podía leerla antes de acostarme para poder dormir. Una pesadilla. Las Benévolas son las Euménides, transformación de las Erinnias, diosas griegas que atormentan a Orestes con remordimientos por haber asesinado a su madre. Cuando Orestes logra el perdón, las diosas Erinnias se convierten en las Euménides. Lo que yo no sé muy bien es por qué Littell utiliza esta imagen, ya que después de leer el libro, muy extenso, y lleno de barbaridades criminales, no se puede pensar en las Euménides, y más bien se desearía venganza, cuando no pueda ser justicia. El personaje principal, oficial de la SS, va pasando por los puntos claves del régimen nazi durante la guerra y participa con más o menos entrega en todos los crímenes de su grupo. El recorrido es horripilante, pero creo que merece la pena, si se prepara bien la lectura, así como diciendo que habrá que aguantar el tirón y haciendo el esfuerzo de contener la respiración de vez en cuando. Creo que no he leído nada más fuerte en mi vida.

Antes se me ocurrió leer un libro previo a esta novela que escribió J.Littel a la misma vez o en un descanso, pues él mismo confiesa que a veces no podía seguir adelante con la historia. "Lo seco y lo húmedo" es un finísimo análisis del lenguaje nazi, precisamente a través de los escritos de Leon Degrelle en su feliz estancia en España, bien protegido como criminal de guerra. Jonathan Littell realizó este estudio para dotar a su personaje y a sus compinches del lenguaje adecuado. Hay que decir que lo que parece un estudio lingüístico se convierte a poco en un estudio psicopatológico. Interesantísimo estudio, desde luego.



A mi amiga no le puedo recomendar una cosa así. Lo pongo ahora a propósito del documental de anoche y así le voy dando tiempo para la lectura positiva y pacífica de Bohm.

21 septiembre 2009

Cosas que hacer en Madrid cuando estás viva


¿Qué hice en Madrid? Quizás podría decir: nada. Porque en definitiva, parecería que había ido a callejear por allí, y si ése era el objetivo, misión cumplida, y hasta las últimas consecuencias, porque nos hemos dado unas pasadas de andar de romper dos pares de zapatos.
Ese, sin embargo, no era el objetivo. Realmente la finalidad era comprar libros que me hacían falta en una librería teatral que ya no existe, pues cerró hace poco y yo no lo sabía. Cerró "La Avispa", que era una librería de referencia para el mundo del teatro. Nos enteramos en una papelería que estaba en la misma calle San Mateo. No lo sabíamos porque la cosa ha sido reciente, hace un mes y medio más o menos. A cambio, encontré esta otra, "La Celestina", que aún no tiene página web, y que a lo mejor no debería tenerla, pues es una librería de viejo y de nuevo, a la antigua usanza. Está en la calle Príncipe, cerca del Teatro de la Comedia (que está de obras). Allí conseguí libros estupendos e interesantes sobre teoría teatral y circo. Uno de ellos, me lo leí prácticamente entero en tres horas de tren de vuelta a Murcia.


Se podría pensar que es un libro especializado que sólo puede interesar a gente de la escena, pero no es sólo eso, pues se trata de un reportaje realizado por Alfonso Grosso y Manuel Barrios sobre el circo de Ángel Cristo, con todos esos personajes curiosos, híbridos, ambulantes y vitales, que pueblan las carpas circenses. Todo destila una gran melancolía, pues el circo es un espectáculo ya contaminado de teatro y estética esnob, muy bello, sí, pero ya no en su esencia, como la conocimos de niños. Dice un viejo payaso en el libro que el circo es fundamentalmente tres cosas: payasos, trapecistas y domadores. Recuerdo un circo que se anunciaba con estas tres palabras: "Razas, fieras y sensaciones". Qué mayor atracción para público curioso.


Antes, entre el tren de ida y los tiempos muertos de hotel y café, había terminado de leer, con muchísimo gusto, con más aún por estar en la ciudad donde todo se desarrolla, esta preciosa novela, de Pedro García Montalvo, la cual acabé con un suspiro de emoción y con estas palabras: "El triunfo del amor", que me salieron del alma. Ya comentaré este libro más despacio, porque lo merece, aunque no se lo recomiende a Encarna, que a ella ya le viene bien recomendado. Sólo puedo añadir que las últimas páginas las leí sentada en una terraza, al solecillo, tomando un café y viendo ante mí la estatua del que yo llamé "el Admirable", aunque podría llamarle con otros muchos adjetivos terminados en "able", amable, afable e inefable, el fraile Tirso de Molina.


Como lo mío era un objetivo teatral, fuimos a ver "La cena de los generales" de José Luis Alonso de Santos, en el teatro Español. Pasamos un rato muy divertido con sus buenas gotas de amargura. No era para menos. El argumento lo requería: recién acabada la Guerra Civil, Franco quiere cenar en el Palace con sus generales, pero todos los cocineros están en la cárcel por republicanos; los camareros son de derechas y están trabajando, al chef principal lo han fusilado, y el maître se las arregla para sacar de la cárcel al equipo y preparar la cena. Sancho Gracia hacía muy bien el honrado y cachazudo maître, un personaje conciliador, bueno y humano. Un montaje discreto y gracioso, aunque adolece de cierta dejadez en la dirección. Los actores en su mayoría estaban muy bien. Sólo faltaba un poco de coordinación. Daba la impresión de que cada uno había desarrollado por su cuenta la idea de su personaje y que el director había dejado hacer, no había tomado las riendas. Creo que se trata de un exceso de nombre y profesionalización, comprensible cuando se es Miguel Narros.




Parecía que con una no bastaba, así que nos fuimos a ver "Don Carlos", de Schiller, y ésta ya no nos gustó tanto, al menos no era lo que esperábamos, porque nos la esperábamos moderna, pero no confusa. Preciosa escenografía y buena actuación de Carlos Hipólito y de Angels Bassas, en los papeles de Felipe II y la princesa de Éboli respectivamente, pero nada más. Por allí entró, con un par de nínfulas, el Ansón. Supongo que a él sí le gustaría. Por lo de confusa, me imagino. Mucho de gratuito tenía el montaje. Demasiado arroz para tan poco pollo, o sea, mucho despliegue para poco arte. A eso se va al teatro, a aplaudir o a criticar. Esta vez, nos tocó criticar.



De noche, como somos mayores y ya necesitamos tranquilidad, en vez de aprovechar La noche en blanco, que estaba el centro de Madrid que parecía una feria, nos íbamos a tomar cerveza al pub La Marypepa, que es tranquilo, con música de los setenta, bien escogida, y con unas buenas cervezas Urquell y Guinnes. Estupendo. No sé si éramos nosotros o el pub, pero nos encontrábamos allí de maravilla.


En realidad, esta entrada no tendría que ir aquí, sino en el blog Placeres
ya que no dábamos la ida con la venida. Aquí comimos otra vez, en el restaurante japonés Naomi, de la calle Ávila, cuyo descubrimiento debo a un bloguero ilustre desaparecido temporalmente, Un profe cualquiera, a quien le doy las gracias y le ruego se digne aparecer de vez en cuando, que se le echa de menos. O por lo menos que siga recomendando restaurantes, que éste ha sido todo un éxito.


Callejear, callejear, por Lavapiés, por la Latina, por las grandes avenidas y por los callejones, y encontrar tiendas que creíamos desaparecidas del mapa, buscando unos zapatitos rosas de tacón para Amaia... Los pies molidos, pero la sonrisa en los labios, sobre todo ante espectáculos callejeros como estos: el invencible Spiderman y la mesa de las cabezas cortadas. Comentarios más jocosos otro día.





P.D. Encarna, el libro del Circo no hace falta que lo leas, aunque sé que en tu gran humanidad te daría gusto conocer las vidas de esas gentes.

16 septiembre 2009

Primer libro: "Sobre la creatividad" de David Bohm


Querida Encarna, éste es el primer libro que te recomiendo. Ahora te hablo de él, que primero tengo que decirte que, con la mano un poco torpe aún, algo temblorosa e insegura, dibujé ayer estos libros, de los cuales reconocerás quizás el de arriba, ya preparado para su lectura -de hecho, ya he comenzado- y que no te recomendaré porque no hace falta. Tú ya me entiendes.

El que sí te recomiendo, y mucho, es éste:



Cuando comencé a leerlo hace un tiempo, alguien me lo pidió, alguien muy cercano, de modo que no tuve más remedio que dejarlo en el primer capítulo y pensar que más adelante. Ahora lo he recuperado y lo terminé ayer mismo. Cuando me quedaban seis páginas, Sancho me lo pidió también, y ahora ya sí que no, le dije que se esperara, que total me quedaba nada. Como ves, me lo quitan de las manos. Y no es para menos. Se trata del libro de un hombre bueno e inteligente, creo que más inteligente de lo normal, un físico cuántico, que ha sobrepasado los límites de sus investigaciones estrictas sobre partículas y agujeros negros, yendo hacia lo humano, en una clara preocupación por los derroteros que este mundo van tomando. Me refiero a David Bohm, un científico al que admiro mucho por todo lo dicho anteriormente, y cuya principal idea, a mi parecer, es el análisis del pensamiento fragmentario que ha dominado a la Humanidad desde sus orígenes, oponiéndolo a un posible pensamiento que podríamos haber desarrollado, holístico y completo, totalizador, el cuál se basaría en el limpio diálogo sin prejuicios y sin imposiciones. Para ello, tendríamos que ser creativos.
Parece fácil, ¿verdad? No lo es. David Bohm, que ha hablado profundamente con personas importantes del campo de la espiritualidad, como Jeddu Krishnamurti y el Dalai Lama, tiene un concepto de la creatividad alejado de lo que solemos pensar, pues considera esta cualidad uno de los principales rasgos de la constitución del ser humano, pero que ha sido relegada a un único campo, el de los artistas, por causa, precisamente, de ese pensamiento fragmentario que, digamos, nos ha torcido el camino. Muy buena parte del libro se dedica a demostrar, muy acertadamente, las relaciones en cuanto a creatividad entre arte y ciencia fundamentalmente, y de una manera colateral, entre arte, ciencia y religión. Su imagen del universo es su imagen del ser humano. Una idea muy atractiva, me parece a mí, y que supondría un cambio de conciencia, el cual no se puede imponer a nadie. Según él, ese cambio se va extendiendo desde pequeños grupos de pensamiento; les llama "microcultura". A su actitud le llama "optimismo tácito", porque es inteligente y consciente de las limitaciones y posibilidades actuales.

De un interesante artículo encontrado en una página web, dejo aquí esta cita sobre su modelo de universo, aplicable en un pensamiento totalizador al ser humano:

"Pribram, Bohm, Capra, y todos aquellos que perciben la urgencia imperativa de expandir y poner en práctica en su vida cotidiana la concepción del universo holográfico y del orden implícito son, como lo decía Leary: "agentes del servicio de inteligencia", ustedes y yo también. Comprender que el cerebro de cada uno interpreta, traduce, un modelo donde el todo está contenido en la parte, ocasionará un cambio extremadamente profundo en el comportamiento de cada uno, relativizando las diferencias de interpretación. Igualmente, se comprenderá mejor por qué la Tradición nos exhorta a " llegar a ser uno". Es la coherencia/ cohesión de nuestra luz que nos permite reconstituir el holograma-un¡verso con sus relieves y dimensiones. Ciertos rituales de nacimiento zíngaros repiten que: "el huevo, el pequeño huevo es redondo, es necesario comerlo sin quebrarlo, y tú te nutrirás de él si lo ves". Volvamos al huevo para asir mejor la realidad del "orden implícito".

Y para terminar dejo una frase del propio Bohm que seguro que te gustará, así como a otros muchos amigos que me visitan.

"Si pensamos tal y como lo hacemos ahora, crearemos el tipo de mundo que ya hemos creado. Si pensamos de otro modo, puede que creemos un mundo diferente y también gente diferente. Sólo pueden cambiar los dos a la vez".

14 septiembre 2009

Novedades

Mi tío Julián, hermano de mi padre, pero mucho mayor que él, tenía una tienda en Lorca, en la calle Corredera, que se llamaba "Las Novedades", Como se puede imaginar su mercancía no era demasiado novedosa, a no ser que consideremos que en una ciudad como Lorca en aquellos años todo fuera novedad. A mí aquella tienda me fascinaba de niña; ofrecía juguetes, pero también era tienda de regalos, bisutería, abanicos, mantillas de blonda, bufandas y guantes, todo un mundo de lujo provinciano. Desde aquellos tiempos remotos de mi infancia, la palabra "novedades" viene asociada para mí a la sorpresa, al deleite. Así que esto es lo que hay: novedades. Si no fuera por las novedades, qué sería la vida.

Primera novedad: me han concedido una media licencia por estudios, o sea, lo que se llama una licencia compartida, mitad de horario todo el año para que desarrolle un proyecto de investigación, dirigido por César Bernad, profesor de Interpretación de la Escuela Superior de Arte Dramático, para alegría y placer de mi persona. Mi cometido es completar y perfilar las Unidades Didácticas de la asignatura "Artes Escénicas" del Bachillerato de Artes Escénicas y Música. Ya lo digo, un placer. Usaré el blog "Artes Escénicas. IES Floridablanca" como portafolio de la investigación, de modo que si alguien quiere saber qué estoy haciendo en ese sentido, que acuda allí. Eso será a partir de la semana que viene.

Segunda Novedad: ¡por fin, me han quitado la férula! Tengo el brazo condolido, un tanto resentido, y aún poco hábil, pero es cuestión de tiempo y de rehabilitación. Iré al Balneario de Archena a mejorarlo con el agua sulfurosa y cálida. Mis amigas me han dicho que, puesto que mañana es la Romería, que haga promesa de subir de rodillas al Santuario de la Fuensanta, que el brazo seguro que se me cura; ahora bien, luego tendré que ir en Romería a otro santuario para que se me curen las rodillas, así que seguramente no lo haré.

Tercera novedad, que afecta a este blog: desde ahora mismo todas las lecturas que comente y en su caso recomiende, irán dirigidas a una persona, mi muy querida amiga Encarna, que ha prometido seguirlas escrupulosamente. Entiendo que escrupulosamente quiere decir que las leerá todas. Algunas ya le diré yo que no, porque a veces leo cosas muy duras y desagradables en su contenido, y ella es una de las personas más sensibles, delicadas y exquisitas, sin ningún tipo de afectación, por otra parte, que yo conozca. Los demás, si quieren hacer caso, que hagan, que en eso cada cual es muy libre, pero atentos, que todas son para Encarna. Va por ti, amiga.

Sin más novedades, porque la vida es dulce en su monotonía, unas fotos amables.


La pequeña Amaia se dirige a casa de su tío Sancho, a campo traviesa, con una elegante sombrilla china, que le hacía mucha falta dados los cuarenta grados a la sombra.




Mi madre, junto a la puerta del porche, donde más fresquito hacía, dedicada a uno de sus inveterados vicios, la lectura. A alguien me tenía que parecer y quiso el destino -y los genes- que fuera a ella. Marcelo dibuja en su caballete, pequeño artista, que a alguien se tenía que parecer, y quisieron los genes, el destino y la suerte, que no fuera a mí. Eso sí, me quiere mucho.

Y vergüenza me da decirlo, a mis años, pero éste es el muchacho que me ha traído loca todo el verano, y no he conseguido nada de él. Eso me pasa por académica. Juro que he intentado de todo por seducirlo y que se dejara atrapar, pero lo más parecido que he conseguido ha sido esto:


Para ser sincera, muy poco. Incluso yo diría que no es muy estable. Eso es lo que me fastidia de los jóvenes, y más si son de escayola y mayores que yo, porque éste zagal debe de tener un par de miles de años. Qué desgracia. Seguiré intentándolo.