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04 septiembre 2009

Pena de muerte

Vuelvo hoy a recordar a Fedor Dostoievsky. Me lo imagino en el patíbulo, a punto de ser fusilado por conspiración y traición, junto con otros jóvenes que no habían cometido más delito que rebelarse, algo muy propio de la juventud y muy propio también de personas con conciencia y con valor. Era inocente, por supuesto. Lo suyo, digamos, era delito allí y en aquel momento justo. Un montón de jóvenes inocentes habrían sido ajusticiados en aquel día si no hubiera llegado un indulto del zar de todas las Rusias. Entre ellos, habría sido ajusticiado uno llamado Fedor, que luego fue un genio literario. El que los demás no lo fueran no le quitaba importancia a la ejecución. Un ser humano no es más valioso que otro. El joven Fedor (Dostoievsky) como escritor tenía una ventaja sobre los demás; simplemente, tenía el don de la palabra y podía luego reflejar todo el horror de la situación en sus novelas. Nunca se repuso de aquel trance, pero seguramente la literatura le ayudó en algo. En el capítulo primero de "El Idiota" su protagonista cuenta una ejecución que ha visto en Francia, por ese sistema tan "humano" que es la guillotina, y expone el verdadero horror de la pena de muerte. No nos engañemos, no hay ningún método humano para asesinar. Matar es matar, como dice la campaña de Amnistía Internacional.

Hoy me he acordado, porque cuando estaba terminando mi comida, después de una mañana de trabajo, he vuelto al horror. En Texas asesinaron legalmente a un inocente. Un hombre de treinta y cinco años, doce años después de que se le atribuyera un crimen, fue ejecutado. Unos años después se descubre, con nuevas pruebas, que el incendio que le atribuían fue accidental. O sea, que el hombre fue ajusticiado siendo inocente. Dicen los periódicos que he visto luego que esta es una nueva baza para los abolicionistas. Pues sí, realmente lo es. Se trata de una de las razones de peso para estar en contra de la pena de muerte: la irreversibilidad del castigo y la posibilidad del error judicial, que no es la primera vez que ocurre ni será, por desgracia, la última. Hay más razones, naturalmente, como la falta de eficacia en la ejemplaridad y el enterarse de que en los países donde existe la pena de muerte esto no influye en absoluto en las tasas de criminalidad. Sin embargo, a mí me sigue pareciendo éste un argumento un tanto cínico, porque querría decir que si se redujera la criminalidad sí sería ético asesinar legalmente. Pues no, no es ético. Matar es matar.
Si consideramos los sentimientos individuales, podemos pensar que alguien realmente quiera ver muerto a un asesino, sobre todo si su crimen le ha tocado en lo más sensible; yo entiendo los deseos de venganza, incluso si hipócritamente se disfrazan de deseos de justicia. Lo que no entiendo es que la sociedad, la justicia que la representa se arrogue el derecho de eliminar a los individuos, por culpables y malvados que sean. Ni un individuo puede tomarse la justicia por su mano ni la sociedad puede saltarse la ética humana más elemental para asesinar. Ni a culpables ni a inocentes. El estado de Texas tiene todos los récords en este sentido. Una vergüenza para ellos.
El horror, el horror.

14 noviembre 2008

¿Asistirías a una ejecución pública?


Pienso que cuando un ser humano asiste a un acto cualquiera, consagra con su presencia la validez ética de tal acto. Por eso no asisto a corridas de toros, por ejemplo, ni por curiosidad, ni por acompañar a un extranjero, ni por ninguna razón más o menos plausible.

A Dostoievski lo iban a fusilar y a última hora, con los ojos ya vendados, apareció un soldado con el indulto del zar. Él ya era epiléptico de antes, pero creo que su equilibrio al borde del abismo le cambió la vida y el pensamiento por completo.

Apaleamiento, ahorcamiento, decapitación, por hacha o por guillotina, lapidación, empalamiento, electrocutamiento, descuartizamiento, tormento y ejecución de los cien tajos, evisceración, envenenamiento por inyección letal, fusilamiento... No hay ninguna forma humana de ejecución, pues lo terrible no es la forma, sino el signficado. Y como dice Amnistia Internacional, "Matar es matar".

Así lo explica Dostoievski. Os dejo el texto, tomado del extracto de Amnistía en Cataluña. La foto la he cogido de una página que ahora no recuerdo. El grabado es terrible. Al final, la pregunta.

-¿Y allí existe la pena de muerte?
-Sí, yo lo vi en Francia, en Lyon. Schneider me llevó con él.
-¿Los cuelgan del cuello?
-No, en Francia les cortan el cuello.

[...]

-¡Naturalmente! ¡Naturalmente! ¡Un suplicio como este! El condenado era un hombre inteligente, sereno fuerte, entrado en años, de apellido Legros. Y lo que le digo a usted, créalo o no, es que lloraba cuando subía al patíbulo y estaba blanco como el papel. ¿Es posible tal cosa? ¿No es eso horrible? A ver, ¿quién llora de terror? Yo nunca hubiera creído que un hombre hecho y derecho pudiera llorar de terror; y no digo un niño, sino un hombre que nunca antes había llorado, un hombre de cuarenta y cinco años. ¿Qué le sucede en ese momento al alma?¿A qué convulsiones llega? ¡Es un insulto al alma, ni más ni menos! Está escrito: "No matarás". ¿Quiere eso decir que porque ha matado hay que matarle a él? No; eso no está permitido. Hace ya un mes que lo vi y es como si lo tuviera delante de los ojos. He soñado con ello cinco veces.

[...]

-Lo bueno es que apenas se sufre cuando la cabeza sale volando.
-¿Sabe usted? -prosiguió el príncipe acalorado- acaba usted de hacer ese comentario y hay mucha gente que piensa lo mismo que usted, por esto se ha inventado la máquina, la guillotina. Pero a mí se me ha ocurrido una idea: ¿y si eso es peor todavía? Eso le parecerá a usted ridículo, absurdo, y sin embargo con un poco de imaginación puede ocurrírsele a uno esa idea. Piense usted, por ejemplo, en el tormento. En él hay dolor físico, heridas, tortura corporal, y todo eso desvía al espíritu del sufrimiento espiritual, de modo que se sufre solo de las heridas hasta el instante mismo de la muerte. Ahora bien, el dolor principal, el más agudo, puede que resulte no de las heridas, sino del hecho seguro de que dentro de una hora , luego dentro de diez minutos, luego dentro de medio minuto, luego ahora mismo, tu alma saldrá volando de tu cuerpo, y ya no serás un ser humano, y que todo eso es cierto. En el momento en que pones la cabeza bajo la cuchilla y oyes cómo se desliza hacia tu cabeza, ese cuarto de segundo es el más horrible. Tenga usted en cuenta que eso no es sólo mi imaginación, que otras muchas personas han dicho lo mismo. Y lo creo tanto que voy a decirle a usted cuál es mi opinión. Matar a quien ha cometido un asesinato es un castigo incomparablemente peor que el asesinato mismo. El asesinato a consecuencia de una sentencia es infinitamente peor que el asesinato cometido por un bandido. Un hombre que es asesinado por unos bandidos de noche, en un bosque, o algo por el estilo, tiene hasta el último momento la esperanza de salvarse. Ha habido casos en que a un hombre a quien le han cortado el cuello tiene esperanzas todavía, o sale corriendo, o pide que se apiaden de él. Pero en este otro caso, por el contrario, esa última esperanza, que permite que la muerte sea diez veces menos penosa, es eliminada con toda certeza: la sentencia está ahí, y la horrible tortura está en que sabes con certeza que no te escaparás, y no hay en este mundo tortura más grande que esa. Lleve a un soldado a una batalla, póngale delante de un cañón y dispare, él seguirá teniendo esperanza; pero si a ese mismo soldado se le lee una sentencia de muerte cierta, se volverá loco o romperá a llorar. ¿Quién dice que la naturaleza humana puede soportar esto sin perder la razón? ¿A qué viene tamaña afrenta, cruel, obscena, innecesaria e inútil? Quizá exista un hombre a quien se le ha leido una sentencia de muerte, se le ha dado tiempo para meditar esa tortura y se le ha dicho de pronto: ¡Hala, vete, se te perdona! Quizá un hombre como ése pueda hablar de ello. De una tortura y de un horror como ése habló Cristo. ¡No, no se debe tratar a un hombre de ese modo!


¿ASISTIRÍAS A UNA EJECUCIÓN PÚBLICA

SI TUVIERAS OPORTUNIDAD?

02 noviembre 2008

Lapidación



No he escrito hasta ahora sobre este asunto, porque, con el corazón en la mano, cada vez que pensaba en ello, era como si me cayera una de las piedras que han matado lentamente, con un enorme sufrimiento a esta muchacha somalí, Asha.
Hoy leo una entrada conmovedora en La pistola de Larra.
Pienso que hay que escribir sobre esto, extender los comentarios, difundirlo, no dejarlo en la trastienda de la vergüerza, porque es una profunda vergüenza, una gran indignación, un dolor lacerante, lo que nos agita cuando se lee una noticia como ésta.
Cuando en Nigeria se dictó sentencia contra Amina Lawal, que iba a ser lapidada, la comunidad internacional se movilizó y consiguió que no fuera ejecutada por ese modo de ejecución bárbaro, inhumano y salvaje -si es que alguno no lo es- de la lapidación. Este tipo de ejecución no aparece en el Corán, sino que más bien habría que buscarlo en la Biblia. El rastro más patente y conocido es el del Evangelio, donde Cristo dice que el que esté libre de pecado tire la primera piedra, lo cual nos da a entender que las ejecuciones por blasfemia y pecado de adulterio eran castigados de ese modo. El Corán, que tanto recoge de la Biblia y de los Evangelios, precisamente esta forma de ejecución no la recoge. Se trata, desde luego, de una tradición pre-islámica adoptada por los islamistas fanáticos e integristas, pero no admitida por la ortodoxia musulmana, como ocurre ocn la ablación, que tiene sus orígenes en el animismo africano, aunque se practique en algunos países musulmanes.
En el triste caso de Asha, se unen preocupaciones y dolores de distinto significado, pero todos en el sentido del respeto a los derechos humanos:
  1. Las formas de violencia física extrema que no son más que los puntos álgidos de una violencia estructural contra las mujeres, en un efectivo intento de mantenerlas en su papel dentro de una sociedad patriarcal.
  2. El mantenimiento en multitud de países de la pena de muerte y de formas de ejecución inhumanas, si es que hay alguna que no lo sea.
  3. El hecho de que la comunidad internacional no haya podido intervenir en este caso, debido a la situación de Somalia, un país sin estado y sin ley, controlado por las milicias, los señores de la guerra, fanáticos islamistas.
  4. El espeluznante hecho de que finalmente Amnistía Internacional haya comunicado que no se trataba de una mujer, sino de una niña de trece años, aunque en la página de Amnistía no haya ningún comunicado al respecto.
  5. Las consecuencias que esta terrible noticia puede tener en la mentalidad occidental, pues alienta la islamofobia indiscriminada, que no es nada bueno para nadie.