
Pienso que cuando un ser humano asiste a un acto cualquiera, consagra con su presencia la validez ética de tal acto. Por eso no asisto a corridas de toros, por ejemplo, ni por curiosidad, ni por acompañar a un extranjero, ni por ninguna razón más o menos plausible.
A Dostoievski lo iban a fusilar y a última hora, con los ojos ya vendados, apareció un soldado con el indulto del zar. Él ya era epiléptico de antes, pero creo que su equilibrio al borde del abismo le cambió la vida y el pensamiento por completo.
Apaleamiento, ahorcamiento, decapitación, por hacha o por guillotina, lapidación, empalamiento, electrocutamiento, descuartizamiento, tormento y ejecución de los cien tajos, evisceración, envenenamiento por inyección letal, fusilamiento... No hay ninguna forma humana de ejecución, pues lo terrible no es la forma, sino el signficado. Y como dice Amnistia Internacional,
"Matar es matar".
Así lo explica Dostoievski. Os dejo el texto, tomado del extracto de Amnistía en Cataluña. La foto la he cogido de una página que ahora no recuerdo. El grabado es terrible. Al final, la pregunta.
-¿Y allí existe la pena de muerte?
-Sí, yo lo vi en Francia, en Lyon. Schneider me llevó con él.
-¿Los cuelgan del cuello?
-No, en Francia les cortan el cuello.
[...]
-¡Naturalmente! ¡Naturalmente! ¡Un suplicio como este! El condenado era un hombre inteligente, sereno fuerte, entrado en años, de apellido Legros. Y lo que le digo a usted, créalo o no, es que lloraba cuando subía al patíbulo y estaba blanco como el papel. ¿Es posible tal cosa? ¿No es eso horrible? A ver, ¿quién llora de terror? Yo nunca hubiera creído que un hombre hecho y derecho pudiera llorar de terror; y no digo un niño, sino un hombre que nunca antes había llorado, un hombre de cuarenta y cinco años. ¿Qué le sucede en ese momento al alma?¿A qué convulsiones llega? ¡Es un insulto al alma, ni más ni menos! Está escrito: "No matarás". ¿Quiere eso decir que porque ha matado hay que matarle a él? No; eso no está permitido. Hace ya un mes que lo vi y es como si lo tuviera delante de los ojos. He soñado con ello cinco veces.
[...]
-Lo bueno es que apenas se sufre cuando la cabeza sale volando.
-¿Sabe usted? -prosiguió el príncipe acalorado- acaba usted de hacer ese comentario y hay mucha gente que piensa lo mismo que usted, por esto se ha inventado la máquina, la guillotina. Pero a mí se me ha ocurrido una idea: ¿y si eso es peor todavía? Eso le parecerá a usted ridículo, absurdo, y sin embargo con un poco de imaginación puede ocurrírsele a uno esa idea. Piense usted, por ejemplo, en el tormento. En él hay dolor físico, heridas, tortura corporal, y todo eso desvía al espíritu del sufrimiento espiritual, de modo que se sufre solo de las heridas hasta el instante mismo de la muerte. Ahora bien, el dolor principal, el más agudo, puede que resulte no de las heridas, sino del hecho seguro de que dentro de una hora , luego dentro de diez minutos, luego dentro de medio minuto, luego ahora mismo, tu alma saldrá volando de tu cuerpo, y ya no serás un ser humano, y que todo eso es cierto. En el momento en que pones la cabeza bajo la cuchilla y oyes cómo se desliza hacia tu cabeza, ese cuarto de segundo es el más horrible. Tenga usted en cuenta que eso no es sólo mi imaginación, que otras muchas personas han dicho lo mismo. Y lo creo tanto que voy a decirle a usted cuál es mi opinión. Matar a quien ha cometido un asesinato es un castigo incomparablemente peor que el asesinato mismo. El asesinato a consecuencia de una sentencia es infinitamente peor que el asesinato cometido por un bandido. Un hombre que es asesinado por unos bandidos de noche, en un bosque, o algo por el estilo, tiene hasta el último momento la esperanza de salvarse. Ha habido casos en que a un hombre a quien le han cortado el cuello tiene esperanzas todavía, o sale corriendo, o pide que se apiaden de él. Pero en este otro caso, por el contrario, esa última esperanza, que permite que la muerte sea diez veces menos penosa, es eliminada con toda certeza: la sentencia está ahí, y la horrible tortura está en que sabes con certeza que no te escaparás, y no hay en este mundo tortura más grande que esa. Lleve a un soldado a una batalla, póngale delante de un cañón y dispare, él seguirá teniendo esperanza; pero si a ese mismo soldado se le lee una sentencia de muerte cierta, se volverá loco o romperá a llorar. ¿Quién dice que la naturaleza humana puede soportar esto sin perder la razón? ¿A qué viene tamaña afrenta, cruel, obscena, innecesaria e inútil? Quizá exista un hombre a quien se le ha leido una sentencia de muerte, se le ha dado tiempo para meditar esa tortura y se le ha dicho de pronto: ¡Hala, vete, se te perdona! Quizá un hombre como ése pueda hablar de ello. De una tortura y de un horror como ése habló Cristo. ¡No, no se debe tratar a un hombre de ese modo!
¿ASISTIRÍAS A UNA EJECUCIÓN PÚBLICA
SI TUVIERAS OPORTUNIDAD?