01 febrero 2010

Leer teatro


Novelas, cuentos, poemas, ensayos y divulgación, todo esto es lo que la gente lee, cuando tiene esa afición. Al final, podríamos resumirlo diciendo que la gente se distrae, reflexiona y aprende con la narrativa, se emociona y reflexiona con la poesía, y se informa y aprende con el ensayo. Si hay más cosas que se pueden obtener con cada género de los nombrados, que se vayan añadiendo. En total, disfrutamos las personas que somos lectores, más o menos voraces, con lo escrito. Sin embargo, es rarísimo que alguien te diga que lee teatro con cierta frecuencia; a continuación empiezas a sospechar que pertenece a ese extraño mundo, que actúa, dirige o escribe dramas. No suele leerse teatro si no se está en esa fregada. Además, los libros que contienen una obra dramática no son libros, son casi libricos de papel de fumar, casi folletos, casi nada. Se pierden en las bibliotecas. A no ser que su autor haya alcanzado un gran renombre, con lo cual al cabo del tiempo se publican las obras completas. Y en esto también los que escriben teatro son diferentes: su obra parece efímera, liviana, aparece y desaparece rápidamente con pocos lectores. Con suerte habrá tenido espectadores y oyentes. Para que un autor dramático tenga muchos lectores tiene que pasar mucho tiempo y considerarse que ha traspasado las fronteras del guión y llegado a las puertas gloriosas de la literatura. Es justo lo contrario que el novelista. Puede tener muchos lectores de golpe y luego ser olvidado; una novela es ya considerada de antemano literatura. Un poeta es más constante, pero su difusión es selectiva y limitada, con la ventaja también de ser considerado literatura en el mismo momento. Al dramaturgo le cuesta mucho más. Se lee a Shakespeare por el común de los mortales que saben leer y tienen afición, pero no todos lo hacen; el siglo de Oro español tiene lectores, pero tampoco para hacer un club. No digo nada de los dramaturgos del siglo XIX o incluso de los del XX.Ya los leerá alguien a finales del siglo XXI.
En principio el teatro, la literatura dramática, no pasa de ser un guión para otra construcción artística que puede realizarse o no en un acto teatral. El autor pondrá toda su imaginación a trabajar y su proceso de visualización  imaginativa quedará reducido a una cosa breve, que puede ser bonita también, que se llaman acotaciones. Todo lo demás es diálogo. Sin más. A poca gente le gusta leer con tan poca carne, con tan poca guía, con tan poca referencia. Yo, que estoy y no estoy en el mundo extraño del teatro, defiendo la lectura de textos dramáticos. Explico cómo se debe hacer, según yo creo y lo hago.
Imaginad que vivís en una casa cuyas paredes son muy finas, o que os habéis colado en un jardín sin que nadie lo sepa, o cualquier otra circunstancia en la que podáis oír lo que habla una gente a la que no veis. Por las voces sabéis si son hombres o mujeres, si tienen esta u otra edad. Por lo que dicen conocéis su situación y sus relaciones. Seguís día a día sus palabras y sus silencios, y de todo ello deducís una historia completa y sois capaces hasta de ponerles rostro y mirada, de imaginar sus muebles y los objetos que manejan, de afinar en el conocimiento de sus pasiones. Eso es leer teatro. Simplemente palabras escuchadas en otra habitación. Además, con un poco de imaginación y gusto, cualquier lector de teatro se convierte en el mejor director de escena. Si quien lo ha escrito es literato, si sabe construir y modular los diálogos, se puede disfrutar mucho de la lectura. Es una recomendación. Más allá de Shakespeare y Calderón.

27 enero 2010

El otro Jorge Manrique





Un capricho mío en poesía es el otro Jorge Manrique. Siempre que se vaya a un manual de literatura, por extenso que sea, y se busque Jorge Manrique en sus páginas, se encontrará que hay en realidad registrados dos poetas. Al uno se le nombra y no se dice más. Del otro se hace un extenso estudio. Incluso se dice que este poeta ni se nombraría y habría quedado para siempre en la penumbra si no fuera por la aparición del otro. Un poeta, del que dicen que es adocenado, que sigue la línea de la poesía amorosa y burlesca de los Cancioneros de la corte de los Reyes Católicos, y un poeta excelso que escribe las Coplas a la muerte de su padre.  Yo siempre creí en esa dos seres que convivían en Jorge Manrique, pues lo decían todos los más sabios del lugar. Hasta que entendí algo: que no puede ser. Que si el hombre era bueno, era bueno para todo, incluso como poeta de Cancionero. Así que me fui al Cancionero y miré. Reconocí que en las formas era un poco retorcidillo, como solían serlo estos poetas cortesanos que necesitaban lucirse ante las damas y hacer rabiar a los demás poetas con sus juegos de ingenio formal; pero también reconocí que era el mismo poeta de las Coplas, o al menos uno muy parecido. Mi idea no es científica, es intuitiva y caprichosa.



Incluso descubrí un poeta que parecía un romántico desesperado, pues con los convencionalismos formales de aquella poesía cortesana, expresaba un dolor íntimo, unas contradicciones y desazones ante el mundo, y un amor a Thanatos, que no encontraba en otros poetas de su mismo estilo. De modo que seleccioné algunos para mi cuaderno. Le llamé "el otro Jorge Manrique".
Aquí dejo algunos de esos poemas doloridos en su fondo. Por cierto, que lo mismo que a Garcilaso, que se lanzó al asalto de una fortaleza sin ninguna protección, a este poeta soldado lo considero un suicida encubierto. Me solían decir que los escritores españoles, quitando a Larra y a Ganívet, no tenían a bien suicidarse, como es más común en otros países, pero nunca contaron a Garcilaso y a Jorge Manrique entre los suicidas. No podían por sus principios suicidarse directamente,  pero sí podían realizar hazañas temerarias e inútiles de las que ellos sabían que saldrían con los pies por delante, y eso es lo que hicieron. Ambos tienen mucho en común, a pesar de las apariencias, pero sobre todo esa desazón íntima ante la vida, ese malestar continuo que los marca como melancólicos. Y suicidas encubiertos.

"...el capitán don Jorge Manrique se metió con tanta osadía entre los enemigos, que por no ser visto de los suyos, para que fuera socorrido, le firieron de muchos golpes, é murió peleando cerca de las puertas del castillo de Garci Muñoz". (Crónica de Hernando del Pulgar)

SIN DIOS, SIN VOS Y SIN MÍ

(Una versión ligeramente modernizada)

Yo soy quien libre me vi,
yo, quien pudiera olvidaros;
yo soy el que por amaros
estoy, desque os conocí,
sin Dios, sin vos y sin mí.

Sin Dios, porque a vos adoro;
sin vos, pues no me queréis;
pues sin mí ya está de coro
que vos sois quien me tenéis.

Así que triste nací,
pues que pudiera olvidaros;
yo soy el que por amaros
estoy, desque os conocí,
sin Dios, sin vos y sin mí.

CANCIÓN

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida,
que eres tú sola el remedio.

Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
y con tu venida espero
no tener vida conmigo.

NI MIENTO NI ME ARREPIENTO

Ni miento ni me arrepiento
ni digo ni me desdigo,
ni estoy triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venzo ni porfío,
ni espero ni desespero.

Conmigo sólo contiendo
en una fuerte contienda,
y no hallo quien me entienda,
ni yo tampoco me entiendo.
Entiendo y soy lo que quiero,
mas no entiendo lo que quiera
quien quiere siempreque muera
sin querer creer que muero.

Ahora a ver qué decís, si merece seguir este capricho en mi cuaderno o no. Digo que su lenguaje y sus formas están demasiado tocadas por la época y las modas, pero que hay un fondo, un algo de dramático, una melancolía que acepta a veces y a veces le hace rebelarse, que me sigue gustando. Si al menos con la elección de estos poemas, desvelo algo de lo que he sido y quizás de lo que sigo siendo, quizás merezca la pena.

25 enero 2010

Un cuaderno de poesía


Soy una lectora irregular de poesía. Con la novela o el teatro, soy una devoradora y siempre tengo algo que decir, incluso si se trata de un menor o si no ha sido totalmente de mi gusto. Con la poesía me pongo yo muy tonta, que para mí quiere decir, muy melindrosa y remirada.  No todo me agrada, no todo me dice algo. Por lo general tengo un libro de poesía rodando por la casa, y de vez en cuando leo algo, un poema o dos.  Luego hago mi selección, generalmente caprichosa y estricta.Cuando viajo me gusta llevarme algunos poemas conmigo. Pero como más que por poetas procedo a la selección por poemas, para llevarme mis compañeros entrañables, tendría que acarrear libros y libros, con lo cual la maleta se quedaría sin espacio para lo que se necesita en un viaje. Así que encontré la solución cuando mi hermano el archivero me regaló un bonito y pequeño cuaderno, que yo convertí en mi cuaderno de poesía. En él pego o copio mis poemas del alma. Ahora hace tiempo que no lo reviso, y ya no sé si los poemas que contiene merecen seguir allí, viajar y ver mundo, o tendría que renovarlo con gustos míos más actuales.



Ahora el libro está abierto por la primera página. Es un poema de Kavafis que siempre he apreciado mucho y que tiene una anécdota. No sé en qué ocasión estaba yo con mi hermana Pilar y con un amigo y tampoco recuerdo por qué me llamaron frívola, era algo acerca de un amante de Lord Byron. Entonces yo les dije: "Mirad a ver si los frívolos no sois vosotros al llamarme a mí frívola". Yo entonces no había leído a Kavafis,  que era muy joven entonces, así que ese amigo, que era y sigue siendo muy culto, me dijo que esa idea era del tal poeta. Yo le juré que no lo había leído, pero no sé si me creyó. Da igual. Cuando un pensamiento es verdad, se le puede ocurrir a más de una persona.
El poema dice así:

NOBLE BIZANTINO ESCRIBIENDO VERSOS EN EL EXILIO

Que los frívolos me llamen frívolo.
A los asuntos serios siempre estuve
atento. E insistiré,
nadie conoce mejor que yo
a los Padres de las Escrituras, o los cánones de los Sínodos.
Botoniates en cada una de sus dudas,
en cada dificultad con los problemas eclesiásticos,
me consulta, antes que a nadie.
Mas desterrado aquí (para alegría de la perversa
irene Dukaina), e increíblemente aburrido,
no encuentro extemporáneo distraerme
componiendo algunas estrofas de seis u ocho versos,
que me transporten en su mitología
con Hermes, y Apolo, y Dionisos,
o con los héroes de Tesalia y del Peloponeso;
y componer yambos perfectísimos,
como -permitidme decirlo- los eruditos
de Constantinopla no los escribirían.
Probablemente mi perfección es causa de su censura.

Después de tantos años desde que descubrí a qué poema se refería mi amigo y de quién era, y lo recorté de una fotocopia para pegarlo en mi cuaderno de poesía, a mí me sigue gustando, pese a todos los epígonos culturalistas que la poesía de Kavafis ha generado en nuestro país, con mayor o menor fortuna. Pues sí, sigue gustándome. Me he hecho más sencilla, es verdad, pero tiene algo este poema que me fascina.
Que la gente sabia me ayude a conservarlo o a desterrarlo. Si lo destierro, se aburrirá más todavía el pobre. Si lo conservo, volveré a tener mis conversaciones con él.

24 enero 2010

Media maratón internacional de Santa Pola

Hoy he ido de madre de la Pantoja. A ver cómo mi niña, que ya no es tan niña, corría la media maratón. El cinéfilo también ha ido de padre de la niña y de abuelo de los nietos, y hasta de suegro del marido de la maratonista. Amaia decía que su madre había ganado, porque era verdad. Ha ganado un montón de todo, de cuerpo atlético, de simpatía, de confianza en sí misma, de alegría, de superación personal, y además, que ha ganado, que Amaia lo dice y ya está. Después todos hemos ganado un pedazo de arroz a banda que no se lo saltaba un maratonista avezado. Y aquí dejo las fotos para quien las quiera ver. Mi hija iba tan rápida que no he podido pillarla con la cámara hasta que no ha llegado a la puerta del restaurante.

Una media maratón es la mitad de una maratón completa, o sea, 21 kilómetros más o menos. Helena los ha corrido en algo menos de dos horas, que no está nada mal. Los tres primeros eran unos gamos, tres personas africanas, según me han dicho, que tenían unas piernas increíblemente largas y que daban zancadas de dos metros. Eran profesionales y han ganado en su categoría. Estos de la foto eran los populares.



También valía correr con silleta y niño dormido. No se detienen, a no ser que el niño se despierte, y llegan a la meta, que piano piano, se va lontano, pero no iban piano, que iban a toda marcha y parece ser que la silleta les sirve de liebre.

Y por supuesto, en silla de ruedas. Vivan los valientes. Habia atletas de medio mundo, de todos los tamaños y de todos los colores. Siete mil personas a la carrera. No sé cuántas mirando, que nos cansábamos sólo de verlos. Ambiente muy festivo.


Así iban los corredores. De los siete mil que eran, setecientos eran mujeres, que dicen que no es mal número para lo que suele ser. Apunta el cinéfilo que estos y estas serán los supervivientes si la salvación está en correr. A mí me va a pillar de pleno como sea eso.


Se permitía correr con todo tipo de caprichos indumentarios, jocosos y patrióticos, como este friki de paraguas en la mollera y bandera nacional al viento. He visto pelucas de todos los colores fosforitos y vestuario deportivo de lo más variado.


No sé cómo puede esta muchacha, que es mi hija, tener en brazos a la pequeña después de correr veintiún kilómetros a marcha rápida y encima ganar, según versión propia de "mi mami es la mejor", y no hay más que decir. Quiero decir que no están aquí todo lo guapas que ellas dos son, pero no hay otra foto mejor que poner.  Como vuelva a ganar otra maratón y se vaya a las cochimbambas a correr, me voy otra vez de madre de la Pantoja. Me ha gustado. Sobre todo el arroz a banda.

Apunte musical. En la meta los altavoces tenían una música de lo más variado. He podido escuchar, no en este orden, pero más o menos:

El coro de los gitanos de Il Trovatore.
Bienvenidos de Miguel Ríos
Dancing Queen
Aleluya de Haendel
Coro de soldados de Fausto
Canon de Pachelbel
Música disco variada

Para gustos eclécticos y bien formados. El caso es que en llegando corredores a la meta, todo parecía que acomodaba.

23 enero 2010

Canciones italianas

Para que todo el mundo sepa una verdad acerca de mi liosa persona, incluso caótica podría decirse, declaro en este sábado, un día antes de la media Maratón de Santa Pola, que yo sé por qué lo digo, y ya lo sabrán los demás; también a punto de salir para el Campo de Ulea con dos niños, una compra y un marido paciente... ¿por dónde iba yo? Ya, ya sé, una declaración. Que soy una gran aficionada a las canciones italianas. En Italia se compusieron innumerables canciones muy hermosas a lo largo del siglo XX. El pueblo italiano es cantarín, su idioma es propio para el canto, de hecho casi todas las óperas están en italiano, pues sólo a ellos se les pudo ocurrir contar historias dando gorgoritos. Lo del alemán me lo explico menos. Hasta Mozart lo comprendió y compuso sobre libretos en italiano. Cuando se pasaron a su idioma, les salió Wagner, que es otra cosa.
Pero yo no hablo hoy de música culta, sino de música popular. Esas canciones, y si son de raíz napolitana mejor que mejor, son las que me gustan. Y entre toda aquella gente melódica italiana, mi amor es para  uno solo, el más grande, el napolitano Modugno. Para que se sepa y se aprecie, dejo este vídeo de una canción que no todo el mundo conoce, pues a Modugno lo tenemos siempre volando por el blu dipinto di blu, como si fuera una cometa. Para mí hay cantantes que cantan con la cabeza, otros con el corazón y otros con toda su alma, que, como se sabe, sale de lo más profundo y orgánico del ser humano. Modugno es de estos; canta con todo su cuerpo, o sea, con toda su alma. Si se escucha con atención, se verá que la letra está en dialecto napolitano. Es esta una canción de amor, de amor a la vida. Señoras, señores, para todos y todas, Notte chiara.

22 enero 2010

Un correo electrónico pasado

Por el mismo hecho de ser profesora en un centro educativo de esta región que es la mía y la de ustedes, que no en vano estamos bajo la protección de la Matrona del Almudí (*), pues la Consejería de Educación me pone un correo electrónico para enviarme comunicaciones y para lo que yo quiera. Pero es el caso que yo no quiero nada, y que de uvas a peras, o sea, unas dos veces al año, miro a ver si me han dicho algo interesante. Nada. Lo cual me desanima mucho y vuelta a esperar las peras o las uvas. Pero hoy, hoy ha sido un gran día, porque se me ha ocurrido mirarlo y me he encontrado tres mensajes. Uno de la Fábrica de Moneda y Timbre, que me pregunta si estoy yo contenta con sus servicios. Como no lo sé, no les contesto. Si es con las monedas y los sellos, pues más o menos me arreglo. Para decir eso, ni caso. Otro correo es para decirme que ya han puesto los teléfonos que les dije y no los del año de maricastaña que tenían. Y el tercero, la verdad, no sé cómo me lo había perdido. Por no mirar antes. ¡La felicitación de Navidad del Señor Consejero! ¡Qué ilusión! Una monada. En toda la línea de happiness total. Así es como tenemos que vivir, que es que no sabemos ni vivir, ni celebrar la Navidad, ni poner regalitos sobre la alfombra, ni agenciarnos un árbol de Navidad como es debido. Ni tener a los niños limpios ni entretenidos, ni nada de nada. que somos unos patanes todos. Pongo el enlace como medida pedagógica de educación de adultos, a ver si vamos aprendiendo, entre otras cosas, a felicitar la Navidad como es debido.


(*)Palacio del Almudí. En el exterior destaca un relieve de la Matrona de Murcia, obra de Hernando de Torquemada. Es la representación de una mujer, una matrona, que amamanta a un niño que está al lado del suyo propio y que viene a simbolizar y rendir homenaje a la Hospitalidad de la ciudad de Murcia. El pelícano que corona el relieve viene es símbolo de la abundancia.

19 enero 2010

Libros de teatro y libros de otras cosas


Este breve libro me lo regaló mi jefa de departamento. Dicho así suena muy mal, la verdad. Voy a probar otra vez. Este libro me lo regaló una amiga muy querida, que aunque mande mucho, respeta también mucho, así que creo que ahora suena mucho mejor. Gracias, Concha.
La recomendación del escritor, Gonzalo Hidalgo Bayal, la hizo un compañero, y sin embargo amigo, que es José Ángel. Gracias, José Ángel. Ha sido una estupenda recomendación y Concha hizo muy bien en hacerte caso. Yo lo leí con gusto doble; por una parte, está estupendamente escrito y tiene una estructura muy agradable, episódica y cronológica, según lo que el narrador va sabiendo de la triste trayectoria de un amigo de infancia y juventud, en aquellos años en que todos imaginábamos un mundo mucho mejor con Lennon y otros visionarios. Por otra parte, lo leí con el gusto nunca bien valorado de la añoranza, de la "extraña flor de la melancolía", que decía Leopardi. Infinidad de referencias que traen recuerdos juveniles de una generación marcada por el vislumbre de algo diferente aparecen en el relato. Me ha ocurrido leyéndolo que me parecía conocer al protagonista, aquel del cual habla el narrador, que su camino un poco perdido en esta vida era el derrotero de algunos que yo he conocido, e incluso, si lo miramos a fondo, el de cualquiera de nosotros, los que fuimos un día soñadores.


Bien distinto es este otro, que es de una autora muy de mi gusto, Irene Nemirovsky, y de la que leo todo cuanto se publica, por varios motivos, el principal de los cuales es que me parece ir de su mano viendo escenas y que me comenta como a una amiga lo que a cada personaje le ocurre, hasta el momento en que se marcha, una vez cerrado el libro, y yo me quedo pensando en todo lo que me ha dicho, comentado, analizado. En este caso, el título dice mucho. La referencia al alma es justa, pues si bien el protagonista, un médico de origen europeo oriental, se convierte en "maestro de almas", en falso analista y psicólogo, para salir de su miseria, ello le supone pervertir su alma, venderla, renunciar a su honradez profesional y aprovecharse de una clase rica y ociosa en el París de los años veinte.



Luego están los libros de teatro, que no paran de desfilar por mi escritorio, por mi mesilla, por la mesa del salón, debajo de las camas y por todas partes. Ya está, estos son. Pero no pienso comentarlos. Quien quiera saber de qué van que se dirija al blog de Artes Escénicas, pinche en bibliografía y mire por allí.

 
Y hay más, hasta quince leídos y anotados desde octubre, pero no pongo más, que me canso de tanta portada y de acordarme. Así que ustedes perdonen que tenga este blog un poco a la remanguillé.
Es que estoy como ausente.