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21 octubre 2010

Un día otoñal

Con mi abuela Bibiana.

Con mi abuela María.

El fotógrafo amigo hizo esta composición.

Chinorra era yo por entonces.

Mi debut en el teatro, en el Concha Segura de Yecla.

¡Qué cosas!

¡Qué risa!

Amantes de los libros. 
Consecuencias de ese gran amor por los libros, 
ya se contarán otro día.

 Con Carmencita en el parque de Yecla.
Carmencita murió un año después. 
Podría haber sido ella la superviviente a esta foto, 
pero fui yo, y esto no me alegra, sólo me hace pensar
en el destino insoslayable. (Y, por supuesto, como diría Lady Murasaki, en la impermanencia del ser).

Hoy me permito un poco de melancolía, con un tinte ligero de gozo, más unas gotas de vanidad. Son unas pocas fotos, pero muy antiguas. Tienen todas entre cincuenta y ocho y cincuenta y cinco años. Esos tres años, quitando el hecho de convertirme en una princesa destronada a la temprana edad de once meses y medio, fui muy feliz, tanto como no he vuelto a ser nunca más. Ah, la infancia, el primer y único paraíso. El verdadero jardín.

Y otro día hablaremos del gobierno, que hoy estoy melancólica y feliz. Que nada me estropee el día.

24 enero 2010

Media maratón internacional de Santa Pola

Hoy he ido de madre de la Pantoja. A ver cómo mi niña, que ya no es tan niña, corría la media maratón. El cinéfilo también ha ido de padre de la niña y de abuelo de los nietos, y hasta de suegro del marido de la maratonista. Amaia decía que su madre había ganado, porque era verdad. Ha ganado un montón de todo, de cuerpo atlético, de simpatía, de confianza en sí misma, de alegría, de superación personal, y además, que ha ganado, que Amaia lo dice y ya está. Después todos hemos ganado un pedazo de arroz a banda que no se lo saltaba un maratonista avezado. Y aquí dejo las fotos para quien las quiera ver. Mi hija iba tan rápida que no he podido pillarla con la cámara hasta que no ha llegado a la puerta del restaurante.

Una media maratón es la mitad de una maratón completa, o sea, 21 kilómetros más o menos. Helena los ha corrido en algo menos de dos horas, que no está nada mal. Los tres primeros eran unos gamos, tres personas africanas, según me han dicho, que tenían unas piernas increíblemente largas y que daban zancadas de dos metros. Eran profesionales y han ganado en su categoría. Estos de la foto eran los populares.



También valía correr con silleta y niño dormido. No se detienen, a no ser que el niño se despierte, y llegan a la meta, que piano piano, se va lontano, pero no iban piano, que iban a toda marcha y parece ser que la silleta les sirve de liebre.

Y por supuesto, en silla de ruedas. Vivan los valientes. Habia atletas de medio mundo, de todos los tamaños y de todos los colores. Siete mil personas a la carrera. No sé cuántas mirando, que nos cansábamos sólo de verlos. Ambiente muy festivo.


Así iban los corredores. De los siete mil que eran, setecientos eran mujeres, que dicen que no es mal número para lo que suele ser. Apunta el cinéfilo que estos y estas serán los supervivientes si la salvación está en correr. A mí me va a pillar de pleno como sea eso.


Se permitía correr con todo tipo de caprichos indumentarios, jocosos y patrióticos, como este friki de paraguas en la mollera y bandera nacional al viento. He visto pelucas de todos los colores fosforitos y vestuario deportivo de lo más variado.


No sé cómo puede esta muchacha, que es mi hija, tener en brazos a la pequeña después de correr veintiún kilómetros a marcha rápida y encima ganar, según versión propia de "mi mami es la mejor", y no hay más que decir. Quiero decir que no están aquí todo lo guapas que ellas dos son, pero no hay otra foto mejor que poner.  Como vuelva a ganar otra maratón y se vaya a las cochimbambas a correr, me voy otra vez de madre de la Pantoja. Me ha gustado. Sobre todo el arroz a banda.

Apunte musical. En la meta los altavoces tenían una música de lo más variado. He podido escuchar, no en este orden, pero más o menos:

El coro de los gitanos de Il Trovatore.
Bienvenidos de Miguel Ríos
Dancing Queen
Aleluya de Haendel
Coro de soldados de Fausto
Canon de Pachelbel
Música disco variada

Para gustos eclécticos y bien formados. El caso es que en llegando corredores a la meta, todo parecía que acomodaba.

06 enero 2010

Los Reyes Magos



Los Reyes Magos están enterrados en la Catedral de Colonia. Yo he visto las tumbas, pero lo que haya dentro no lo sé. En realidad, no se sabe nada de ellos, sólo lo que dice Mateo en su Evangelio:

Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del Rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?
Mateo 2,1-2

Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
 Mateo 2,11


Lo demás lo pone la leyenda y la Catedral de Colonia: que eran tres, que se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar, nombres sospechosamente medievales, que cada uno era de una raza, como representación de la gente del mundo... Y que son seres mágicos, que lo decía mi madre, para explicarnos cómo podía ser que les diera tiempo a poner tantos juguetes a todos los niños y niñas, conociéndolos a todos por su nombre y llevando cuenta en un enorme libro del comportamiento de cada criatura para dejar juguetes o carbón, según correspondiera. Sabiendo lo que sé, ahora mismo, digo que mi Rey ha sido, es y será, Melchor, porque es el más viejo y el menos exótico. Mi madre decía que le dejaba su café y sus mantecados y una copita de anís, porque era viejecico y estaría cansado de tanto viaje. Al día siguiente no quedaba ni rastro de café ni de anís ni de mantecados, así que eso lo confirmaba todo.





Un año me pusieron los Reyes un muñeco al que llamé Miguelito. Era un bebé de goma. Los Reyes lo habían vestido con los restos de tela que habían quedado del ajuar de mi último hermano nacido, con su jersey azul, su pañal, su camisita y su faja, como un bebé de verdad de los de entonces. Miguelito no tenía los ojos azules, como el de mi vecina, ni era rollizo; más bien se parecía a uno de mis hermanos, de ojos castaños y no tan gordo como los bebés de mi vecina, y creo que por eso lo eligieron los Reyes para mí. También se habían preocupado sus Majestades de Oriente de ponerlo en un moisés con faldetas de organdí, con su colchoncito y su almohada, sus pequeñas sábanas y una toquilla. Eran muy laboriosos los Reyes de entonces. Miguelito sobrevivió a todas las batallas infantiles durante muchos años.





Otro año me pusieron una cocinita de petróleo que podía encenderse de verdad, aunque nunca conseguí que mi madre me diera el combustible para hacerlo. En casa de mi abuela me pusieron los cacharritos, una campanita y un mortero diminuto de bronce. Todo esto me convirtió en una cocinera voluntariosa y en una madre de las del montón. La cocinita no era como ésta, que es la que han dejado los Reyes para Amaia.







Cuando dejé de creerme lo de los Reyes, ya estaba así de mayor.





Un día, mis hermanos encontraron por mi habitación, abandonado ya a su suerte, al pobre Miguelito. Decidieron que había muerto y le hicieron un solemne entierro. Yo no me enteré en el momento, porque estaba en otras cosas. Mi hermano Alejandro me contó luego que él había oficiado de cura y que lo habían enterrado detrás de un aparador en una caja de madera que en su momento contuvo fruta confitada. En la siguiente limpieza general, lo encontró mi madre, más amarillo que un limón en su cajita de madera. Yo ya no sabía dónde ponerlo, y no quise saber dónde lo puso mi madre finalmente. Desapareció de mi vida. Sic transit gloria mundi. Y todo lo que hay. Qué le vamos a hacer.

09 diciembre 2009

Marcelo y el Greco

No lo anuncié como otras veces, por falta de tiempo, pero es el caso que parte de este largo puente lo he pasado en Toledo, en estrecha comunidad familiar, para entendernos, con un casi adolescente y una pequeñaja de cuatro años, que, cómo no, aparecía misteriosamente en todas las camas, en todas las sillas, por todas partes, siempre presente y mágica, como un duende o un ratoncillo, preguntando dónde estaba la cocina de la habitación, mientras el grandullón de su hermano se quejaba de ella, de Toledo, de sus warhammer abandonados, de sus deberes sin hacer, de todo, menos de la comida y del Greco, que parece que le gusta mucho. Y la prueba está aquí, en esta foto, en la que hace la intención de convertirse en uno de sus retratos, para lo cual le sobra un poco de redondez y de buen color en la cara.


Aquí se puede apreciar el enorme parecido con cualquier cuadro del Greco que ha logrado Marcelo, y, como es consciente de que le sobra un poco de buena vida para lograr la perfección, ha prometido no comer chuches, estudiar un poco más y salir a caminar para perder un poco de lustre y parecerse más a los personajes del ilustre inmigrante griego.
Los padres de este místico muchacho, lo mismo que los abuelos, soportando y disfrutando de la murga del adolescente y persiguiendo a la enana por doquier. Para demostrar su querencia al Greco, hizo unas cuantas fotos él solito de algunos detalles de la Asunción, los que más le impresionaban, a cuyo fin yo misma le presté mi cámara.
Estos fueron los motivos del cuadro que más le gustaron, me parece, porque no hizo ningún comentario al respecto, sólo los fotografió. 





Luego descubrió que el Greco era un inmigrante y que se alquiló -o compró- su casa en un barrio no muy céntrico, en la Judería, donde ya no quedaban judíos porque habían hecho la gracia de echarlos, y esos eran españoles, pero los convirtieron en inmigrantes en el Norte de África y en el Este de Europa, para desgracia suya y vergüenza nuestra. Era el Greco, sin embargo, un inmigrante legal, porque en la época no se hacían distingos, y mira por dónde, por no ponernos pesados con esas cosas, nos encontramos con el Greco y con un tesoro pictórico exquisito para toda nuestra historia posterior. Aunque al fondo de ese callejón está la casa del pintor, no la pudimos ver, porque la tienen en obras, pero nos paseamos por los alerededores.

También hicimos otro descubrimiento importante: que el San Esteban del Entierro del Conde de Orgaz se parecía a él, pero algo mayor y, otra vez, con menos carnes.  El colorcillo de las mejillas sí coincide. Pues algo que tenemos ganados en la carrera de grequización, si es que esa palabra existe, y si no, pues nada, me la acabo de inventar.

Y pensar que de cría a mí me daba miedo la pintura del Greco, y más tarde en mi juventud pensaba que no me gustaba nada, que era algo así como incompatible con las Meninas. Apenas hace unos años empezó a gustarme, a maravillarme, a dejarme suspensa y sin palabras, como adentrándome en otro mundo desconocido. Marcelo me lleva una gran ventaja en esto, porque a él ya le parece de lo más grande.


Mientras tanto, Amaia, la duende, aprovechaba cualquier servilleta de bar, cualquier papelucho que había a mano para dibujar, uno, la casa y la yaya, dos, la casa y las flores, tres, un monstruo, cuatro, una composición abstracta sobre fondo rojo, y cinco, la casa y Marcelo. El sol, siempre presente. Mira que si luego es una greca... porque las casas son algo larguiruchas, la verdad.


10 julio 2009

Invitada especial


Estoy un poco perdida últimamente. En realidad, lo que estoy es encontrada, o sea, en cosas muy mías. En el campo no hay internet. Tampoco hay televisión. Radio para las noticias y móvil para la comunicación con familia y amigos, muchos libros, ordenador para escribir, útiles de dibujo y sudokus. Eso es todo. Estos primeros diez días de julio han sido, sobre todo, para recibir invitados especiales, entre ellos, una invitada especialísima. Mi madre ha pasado una semana completa con nosotros, lo cual es bastante excepcional, porque siempre está muy ocupada y a veces hasta preocupada. Todos sus hijos -que somos nada menos que nueve- tenemos ya más años que Matusalén, pero ella sigue ocupándose y preocupándose por todos. Puedo decir que ha sido una semana muy buena y tranquila, dedicada a cuidarla y a charlar con ella. Ahora no está como en este precioso retrato de cuando tenía algo más de veinte años, pero sigue siendo una mujer con mucho estilo y encanto. Y con algunos achaques, naturalmente.


25 mayo 2009

La mujer completa: Padres


Leí hace años en un libro de antropología, cuyo título siento no poder dar ahora, porque lo he olvidado y me es difícil recuperarlo, que en ciertas remotas islas habia una tribu que tenía una curiosa costumbre. Si alguien identifica el libro o la tribu, que me informe, que me encantaría recuperar la información. La costumbre consistía en que cuando una mujer se ponía de parto, el marido, padre de la criatura, se ponía de parto también; por sugestión cultural sufría los dolores del parto, y cuando la criatura había nacido era cuidado por las mujeres del mismo modo que la recién parida. Curioso. La explicación profunda que daba el antropólogo era que el hombre no quería ser padre, sino participar como madre en el nacimiento y crianza. A veces, cuando veo algún documental de animales, y sale un león del cual las leonas se tienen que guardar mucho junto a sus cachorros, porque va el amigo dispuesto a cargarse la camada para que la hembra lo admita y los que se transmitan sean sus genes, o veo el número de casos en que el maltratador de una criatura es el padrastro, entiendo un poco esa costumbre tan extraña. Es verdad que no son casos de verdaderos padres, pero me pregunto si un hombre no puede ser padre si no es biológico. Y también me asombra el escaso número de hombres que siendo biológicos no ejercen en su totalidad como padres.


Recorto una cita de Germaine Greer en el libro "La mujer completa":

"La anticoncepción continúa siendo un asunto de mujeres. Los sociobiólogos están convencidos de que los hombres aprovechan cualquier oportunidad para transmitir sus genes; los sociólogos han llegado a la conclusión de que los sistemas patriarcales de control sobre las mujeres se establecieron a fin de que los hombres pudieran estar seguros de su legítima paternidad. Sin embargo, una espectadora ingenua debe concluir que los hombres sienten mayor preocupación por evadir la paternidad que por reivindicarla. Si realmente les importara si su hijo o hija lleva sus genes o no, habrían utilizado la prueba del ADN para comprobar si alguno de sus retoños había encontrado cobijo en el hogar de otro hombre. Pero, de hecho, la han utilizado con el propósito inverso, a saber: eludir su responsabilidad con respecto a las criaturas de mujeres con las que saben que han tenido una relación sexual".

Es cierto, creo yo que no se conocen muchos casos de hombres reclamando la paternidad de una criatura, y sí muchísimos contrarios. Según las legislaciones de algunos países, los hombres siguen dominando la situación en este sentido: pueden ejercer de padres o eludir sus responsabilidades. Las pruebas de ADN sólo se pueden hacer con el consentimiento del donante. En España, si un padre reclamado se niega a donar materia orgánica para hacerlas, se le adjudica el hijo sin más historias, y no está mal pensado, pues es un modo de que no se nieguen si tienen dudas razonables.
Por otra parte, los hijos habidos dentro del matrimonio, siguiendo el código napoleónico, y si nadie reclama lo contrario, siguen siendo de oficio del marido, que es el padre oficial de la criatura, lo sea biológico o no.

Ejercer de madre no es fácil, desde luego, ya sabemos que la maternidad, pese a muchas leyes que se promulguen, no está lo bastante protegida, pero ejercer de padre tampoco lo es, más en en este caso por mentalidad social o falta de educación para ello. Funcionamos en el mundo familiar sobre modelos anteriores que se pueden cambiar, pero que pocas veces hacemos el esfuerzo de modificar.
Cuando una mujer se queda en casa para cuidar a su prole, está en muchos ambientes mal vista, y se le supone una vida cómoda y fácil, que compensa con el teléfono y el televisor. Cuando un hombre se queda en casa a cuidar de sus hijos, que es caso minoritario pero que empieza a darse, es un héroe para todo el mundo. Queda comprobado que ellos hacen el mismo uso del teléfono, del televisor, y además añaden internet.

"Un padre puede definir su propio papel en relación con la criatura. Puede actuar como el amante de la madre, o como el enemigo de ésta, o se puede situar en cualquier posición intermedia. Puede mostrarse autoritario, permisivo o veleidoso. Un padre puede elegir, así mismo, el estilo que desea imprimir a sus cuidados entre un espectro que abarca desde el padre adorable y extremadamente accesible hasta el padre controlador, crítico y distante".

El mayor problema es para las chicas respecto a la relación con el padre. Muchas niñas ven cómo su padre, que hasta el momento las trataba con cariño y cercanía, dejan de comportarse de ese modo cuando llegan a la adolescencia. En el fondo de este comportamiento late el miedo al incesto, pero ellas lo sufren como un demérito. Piensan que ya no las quieren y que ese modelo se repetirá en toda su vida. Ello les lleva al fracaso, lo cual confirma que han perdido toda gracia y atractivo, así como cualidades de todo tipo que antes tenían. Un ser humano, hombre o mujer, tiene que contar con el reconocimiento del padre para desarrolllarse en plenitud. Normalmente los padres realizan el acto del reconocimiento del hijo, pero no o en menor medida el de la hija. Un buen padre es el que ortorga reconocimiento. Las consecuencias del abandono del padre duran toda la vida, pero tienen su primera consecuencia en los estudios. Hay psicólogos que ponen ahí la causa de que niñas superdotadas retrocedan frente a sus compañeros conforme avanza la adolescencia.

Para terminar, transcribo las palabras de Germaine Greer, que me parecen muy significativas:

"Todas las personas adultas necesitan el contacto con la infancia para mantenerse en su sano juicio; ha llegado el momento de que todas y todos desempeñemos el papel de padre que otorga reconocimiento. A los hombres les tocará decidir si optan a favor o en contra de cumplir su papel en el cuidado de los niños y niñas, como siempre han hecho".


11 abril 2009

La crisis según Gardel

Hace un par de semanas, cuando estaba en la vorágine de término de trimestre, en la ciudad llovía y no tenía ni maldita la gana de ir a ponerme mística en el tai chi. Me enteré de que en la Cámara de Comercio de Murcia daban este ciclo de conferencias, y allá que me fui, un salón tan acogedor y tan calentito, que ni se notaba que la primavera este año nos estaba haciendo pirulas sin parar.
























Si no fuera por el tema, todos tan contentos. El tema era la crisis, concretamente, la capciosa pregunta de hasta qué punto los medios de comunicación contribuían al pánico y a que la grieta fuera aún más grande. Nada de nada, dijo Joaquín Estefanía, los medios, de hecho, también están sufriendo la crisis. Y debe de ser verdad, que en El País ya han quitado el suplemento para niños, El Pequeño País, que las mujeres y los niños, siempre primero. La conferencia fue interesante, eso es cierto, y no estaba Estefanía solo, sino acompañado de otros excelentes periodistas de muy diferentes signos políticos, porque eso fue lo primero que reconoció Estefanía, que los periódicos tienen color, y vaya que si lo tienen, que una no puede comprar Público o El País sin que la mire mal el que se está llevando La Verdad (local muy conservador), el ABC o La Razón. Dijo lo que todos sabemos, según una acreditada encuesta: que los españoles (y sólo algunas españolas, pues son mayoritariamente hombres los que compran el periódico) escogemos los medios de comunicación en función de nuestra ideología, al menos en radio y prensa. No tanto en televisión ni en prensa local. Que desde 2004 se había dado una polarización política muy dura con un desvío grande de los medios conservadores hacia la derecha, mientras los progresistas se mantenían como siempre, y que tienen un gran impacto en la valoración de candidatos a las elecciones y sobre la decisión de voto. Nada nuevo hasta aquí.

Habĺó de la crisis como de una verdadera enfermedad, pues su virus original ha mutado y se ha ido haciendo más agresivo y duro: crisis hipotecaria, crisis alimentaria, y finalmente estanflación. Cuando eso pasa a la economía real se convierte en paro y en inflación, todo lo cual lleva a la temida deflación. Sobre las causas apuntó a que había un poco de todo: sistema financiero, falta de crédito, parón económico. Sin embargo, apuntó que los medios no tienen por qué sembrar más alarma de la necesaria, pues ni es la primera vez ni será la última si el sistema se mantiene, y es algo que ha ocurrido a lo largo de la historia. Sí, añado yo, pero las personas sufren. Lo vamos viendo día a día en casos particulares tremendos.

Los medios de comunicación alimentan también el desequilibrio y el alarmismo. En Gran Bretaña se discute si poner límite al sensacionalismo en este tema; el problema es que no se pueden acotar temas, o se ponen límites a todo o a nada. Habló Estefanía de los rumores como medio de presión económica, trayendo el ejemplo de Caja Castilla La Mancha. No son la causa, pero influyen. Los rumores hicieron que se retiraran importantes fondos de esta Caja intervenida, por ejemplo.

Dijo también que los medios de comunicación sufrían a su vez la crisis económica y su propia crisis, debida al mundo de internet, que había reducido lectores. La reducción de publicidad, de la que fundamentalmente viven, también les ha afectado. Las subvenciones estatales los debiliitarían y les quitarían independencia. Si la prensa escrita se debilita, al ser un medio históricamente ligado a la democracia, la democracia se debilita también. No les queda más opción que adaptarse a la nueva situación, haciendo un periodismo riguroso y serio. No se les puede exigir exactitud, pero sí tendencia a la exactitud.

Pues hablando de crisis, el Cinéfilo (Calígrafo) tenía una abuela que se crió en la Argentina y volvió a España ya talludita. Allí quedaron dos hermanas casadas con alemanes-argentinos, de los cuales queda una larga descendencia de primos, a los que algún día habrá que visitar. Esta abuela cantaba una canción que se ha transmitido de generación en generación, y que habla precisamente de la crisis, de la del 29, claro. Hoy hemos descubierto que se trata de un tango de Carlos Gardel. Aún aplicable a la situación. Dejo la música y la letra.


YA VENDRÁN TIEMPOS MEJORES
Letra de Ivo Pelay
Musica de Francisco Canaro

Sé que te afligís y te lamentás
porque en tu cartera hay mal de ausencia,
sé que te amargás y te envenenás
porque te da citas la indigencia...
No perdás el pie y tenete fe
que tras el ciclón viene la calma,
y si ves que llueve
abrí tu paraguas
y esperá en la higuera
que bajen las aguas;
que esto de la crisis
es porque el que afana,
tiene el mango en cana
y nada más...

Ya vendrán tiempos mejores...
No te aflijas, Catalina...
Ya vendrán tiempos mejores...
Y tendrás tu permanente
tu colonia de la fina
y tu cine diariamente...
Y verás los amarillos
patinando en mis bolsillos,
pagaremos nuestras deudas,
y pondremos comedor...
Ya vendrán tiempos mejores...
No te aflijas, Catalina...
Cuando?...
Cuando no haya un cobrador...

Si tenés amor, vida y juventud
por qué siempre estás de condelencia?
Por qué te quejás, si tenés salud
y hay respiración en existencia?
Nunca te atorés si es que mal te ves,
y frená serena al paterío...
No ensuciés tu risa,
con melancolías,
ni manchés tu vida
con tintas sombrías,
y empañalo todo
si estás en la via,
pero tu alegría
no empeñés.