Hoy he ido de madre de la Pantoja. A ver cómo mi niña, que ya no es tan niña, corría la media
maratón. El cinéfilo también ha ido de padre de la niña y de abuelo de los nietos, y hasta de suegro del marido de la maratonista. Amaia decía que su madre había ganado, porque era verdad. Ha ganado un montón de todo, de cuerpo atlético, de simpatía, de confianza en sí misma, de alegría, de superación personal, y además, que ha ganado, que Amaia lo dice y ya está. Después todos hemos ganado un pedazo de arroz a banda que no se lo saltaba un maratonista avezado. Y aquí dejo las fotos para quien las quiera ver. Mi hija iba tan rápida que no he podido pillarla con la cámara hasta que no ha llegado a la puerta del restaurante.
Una media maratón es la mitad de una maratón completa, o sea, 21 kilómetros más o menos. Helena los ha corrido en algo menos de dos horas, que no está nada mal. Los tres primeros eran unos gamos, tres personas africanas, según me han dicho, que tenían unas piernas increíblemente largas y que daban zancadas de dos metros. Eran profesionales y han ganado en su categoría. Estos de la foto eran los populares.
También valía correr con silleta y niño dormido. No se detienen, a no ser que el niño se despierte, y llegan a la meta, que piano piano, se va lontano, pero no iban piano, que iban a toda marcha y parece ser que la silleta les sirve de liebre.
Y por supuesto, en silla de ruedas. Vivan los valientes. Habia atletas de medio mundo, de todos los tamaños y de todos los colores. Siete mil personas a la carrera. No sé cuántas mirando, que nos cansábamos sólo de verlos. Ambiente muy festivo.
Así iban los corredores. De los siete mil que eran, setecientos eran mujeres, que dicen que no es mal número para lo que suele ser. Apunta el cinéfilo que estos y estas serán los supervivientes si la salvación está en correr. A mí me va a pillar de pleno como sea eso.
Se permitía correr con todo tipo de caprichos indumentarios, jocosos y patrióticos, como este friki de paraguas en la mollera y bandera nacional al viento. He visto pelucas de todos los colores fosforitos y vestuario deportivo de lo más variado.
No sé cómo puede esta muchacha, que es mi hija, tener en brazos a la pequeña después de correr veintiún kilómetros a marcha rápida y encima ganar, según versión propia de "mi mami es la mejor", y no hay más que decir. Quiero decir que no están aquí todo lo guapas que ellas dos son, pero no hay otra foto mejor que poner. Como vuelva a ganar otra maratón y se vaya a las cochimbambas a correr, me voy otra vez de madre de la Pantoja. Me ha gustado. Sobre todo el arroz a banda.
Apunte musical. En la meta los altavoces tenían una música de lo más variado. He podido escuchar, no en este orden, pero más o menos:
El coro de los gitanos de Il Trovatore.
Bienvenidos de Miguel Ríos
Dancing Queen
Aleluya de Haendel
Coro de soldados de Fausto
Canon de Pachelbel
Música disco variada
Para gustos eclécticos y bien formados. El caso es que en llegando corredores a la meta, todo parecía que acomodaba.