14 enero 2018

Asesinato en el Orient Express



Como soy una señora mayor, me gusta ir al cine. ¡Cómo va a ser lo mismo sentarte en la oscuridad, con una pantalla enorme, que ver una película en la tablet, en el ordenador o en la pantalla de la televisión! No hay posible comparación. Pero éste no es el momento de defender la sala de cine. Escribo por otra cosa. Porque me fui al cine que todavía hay al lado de mi casa, el cine Rex, a ver Asesinato en el Orient Express. Me fui sola porque nadie tenía fe en esa película, y lo mío realmente era un ejercicio de melancolía. 
Siendo una cría, entre los doce y los catorce años más o menos, leí casi todas las novelas de Agatha Christie, por no aventurarme a decir todas. Mis amigas y vecinas María Bárbara y Amparo tenían una buena colección de ellas, y en la biblioteca de mi padre había también unas cuantas. En las tardes interminables del verano nos juntábamos en casa de las dos hermanas y hacíamos una pila de novelas. Cada una tomaba una y se la leía, dejándola luego en otro montoncillo. De ese modo sabíamos que una de nosotras las había leído y podíamos pedir opinión. Leíamos una o dos novelas cada tarde, cada una a lo suyo, en silencio, y cuando terminábamos de leer una cerrábamos el libro con un suspiro y al montón. Una rara costumbre la de leer novelas juntas en las tardes de verano.
De todas aquellas novelas, Asesinato en el Orient Express era una de las más celebradas y comentadas entre nosotras. Era misteriosa la historia, envuelta en lujo y ensoñación. Hércules Poirot estaba en ella especialmente fino. El viaje en tren era subyugante, y la idea de la venganza (o justicia, según se mire) siempre es atractiva en las novelas. Este recuerdo juvenil me llevó a ver la nueva versión cinematográfica.
También, tengo que decirlo, porque Keneth Branagh, que no siempre está acertado, me gusta por su teatralidad, la dirección de actores y la magnífica ambientación y puesta en escena de sus películas.
La verdad es que la película no me defraudó. Como la novela, es una historia que comienza como alta comedia, con personajes de la alta sociedad, refinados y despreocupados, en un ambiente de lujo, que pasa a convertirse en una novela policíaca, cuando Rachett es asesinado y Poirot entra en escena como detective, y que termina revelándose como tragedia. La secuencia novelesca está perfectamente reflejada, la transición es imperceptible; quiero decir que sin advertirlo te encuentras ya en otro lugar, en un espacio narrativo diferente que se acepta sin discusión. Todo lo inverosímil del argumento se deshace gracias al ritmo narrativo y a la excelente presencia de los personajes. Es un verdadero artefacto literario que se convierte en un artefacto cinematográfico. Obra de la señora Christie, obra del señor Branagh.
Visualmente la película es espectacular. Ese tren detenido en los montes yugoslavos por un alud de nieve, en la mitad de un puente de vértigo, resulta impresionante, vértigo que se aprovecha para una conversación de Poirot con una de las pasajeras, y por tanto, sospechosa, al borde de la puerta abierta del vagón de equipajes, a un paso del precipicio. Creo que por innecesario, fue el detalle que más me gustó de la película.
Nada hay que añadir a las interpretaciones cuando se examina el reparto. Un despliegue de viejas y nuevas glorias: Michelle Pfeiffer, William Dafoe, Penélope Cruz, Johny Depp, Judi Dench, y el propio Branagh, en el papel de Poirot, por cierto, un Poirot inusitado, diferente al que siempre hemos imaginado, hacen un magnífico trabajo.
Por si alguien se anima a realizar ese novelesco viaje, el de verdad, en un tren de lujo desde París a Estambul, aquí facilito el enlace:


Sólo puedo decir que pasé un rato muy agradable, y eso es todo lo que las señoras mayores le pedimos al cine. No todos los críticos están de acuerdo con las señoras mayores, pero qué le vamos a hacer.











04 enero 2018

El Hostal del Inglés de F.J.Segura Garrido



Para mí, como para mucha gente, fue un grato descubrimiento el de Francisco José Segura como escritor, y más aún, como escritor de novela negra. La chica olvidada, su primera novela que ha sacado ya su segunda edición, tenía una trama tan trepidante, un asunto tan sensible y cruel, y una escritura tan rápida y torrencial, que, contradiciendo a su título, se convertía en algo inolvidable. Sus potentes imágenes perduran en la memoria mucho tiempo después de su lectura.
Esta segunda novela de Segura Garrido es literariamente más sosegada, pero argumental y estructuralmente igual de apasionante. El comisario Campillo, protagonista de lo que promete ser saga, toma cuerpo y peso, y a pesar de sus modos rudos y poco ajustados a derecho, se le toma un respetuoso cariño, principalmente por su inagotable afán de justicia.
Sé que una novela es buena cuando, como lectora, podría contarla, es decir, explicar el argumento, pero me cuesta seguir todos los hilos técnicos que el autor ha desplegado, y mucho más las múltiples emociones que me ha suscitado. Esto quiere decir que el autor ha sido muy hábil en su abracadabra. Me detengo, reflexiono y adelante, porque hay que hilar fino con una novela que parte de un gran amor para llegar a la ruina absoluta, que saca las vergüenzas ocultas a una dictadura que nos mantuvo amordazados cuarenta años y lo que colea, donde el deterioro personal corre parejo con el deterioro de la naturaleza, y la hermosura de la costa cartagenera acompaña la delicadeza de un amor profundo y trágico. Toda la novela está teñida de la melancolía de la pérdida. Es una elegía narrativa por una naturaleza profanada, por un amor destruido, por un pueblo amordazado.
Por decirlo en breve y sin estropear el interés de la trama, El Hostal del Inglés trata de la reavivación en la transición española de un viejo crimen sin resolver ocurrido durante la dictadura, parece ser que basado en hechos reales sobre los cuales el autor aventura la posible solución de un caso sepultado en el silencio. Naturalmente, el inspector Campillo es el encargado de resolverlo pese a todas las dificultades que el sector resistente del antiguo régimen opone. Con lo cual, un nuevo tema de fondo aparece ante los que leen: el cierre en falso de la anterior etapa política y sus desmanes. Desde instancias superiores se quiere cubrir todo lo anterior con una gruesa capa de olvido. Las viejas estructuras persisten y resisten, y se hacen fuertes en esa especie de ley del silencio. Hasta aquí llega esa pretensión y quienes tienen los ojos abiertos lo ven cada día.

El ritmo narrativo ha ganado en madurez y en reposo en relación a la anterior novela, La chica olvidada, que era apasionante desde la primera línea a la última, pero que adolecía de presentarse como un torrente desatado en el que ambos, lector y autor, hubieran perdido el control de los acontecimientos. En esta ese aspecto cambia, sin perder el buen ritmo, el interés y la intriga. Además de que esto nos permite disfrutar de unos personajes perfilados que se reconocen en sus tipos al momento, y de unos diálogos que son uno de los mayores logros de la novela, por su naturalidad y la descripción indirecta de los tipos populares.
Por lo cual, y una vez más, hay que felicitar a Francisco José Segura Garrido por su trabajo creativo y desearle el éxito que se merece.
Un buen regalo para los amantes de la novela negra sería el conjunto de las dos novelas publicadas hasta el momento. No hay que perder de vista a este talento emergente.


29 diciembre 2017

Vampiros y otros relatos, de Mariano Sanz Navarro



Desde que era una joven lectora me ha gustado el tema literario de los vampiros. No sé si encuentro en esos relatos, algunos ya clásicos, una profunda aspiración humana a la inmortalidad, aunque sea a costa de parecer un murciélago sangriento, en ocasiones espléndido, en ocasiones mustio y animalesco, o por sus connotaciones eróticas, o por simple divertimento, pues si vamos a las creencias, yo no me creo que existan más vampiros que algunos que actúan a la luz del día y chupan la sangre, metafóricamente, de los seres humanos, unos en público a grandes masas desprevenidas y otros en privado a personas cercanas incautas. Quizás esa metáfora constituya el atractivo. Ya que nos van a exprimir, fantaseemos. Confieso que no lo sé a ciencia cierta. 

También hay que reconocer que el tema de los vampiros es considerado un género menor dentro de un género menor también, el de terror. Por eso me extrañó que Mariano Sanz Navarro, un escritor bastante serio, aunque haga gala de humor e ironía, dedicara un libro a este género. Los amigos siempre sorprenden con aspectos desconocidos de su personalidad, en este caso gratamente.

Es el caso que Vampiros y otros relatos de Mariano Sanz Navarro, publicado por Murcialibro este año que ya se acaba, contiene notables cuentos de vampiros, pero también otros que no lo son propiamente. Estos pertenecen a la segunda parte del título: "...y otros relatos". Sin embargo, todos tienen en común dos aspectos que caracterizan a los relatos clásicos de vampiros: la melancolía y el misterio. 
 
Los relatos que son propiamente de vampiros en este libro son tres, los tres contados en primera persona desde el punto de vista del afectado de vampirismo, un enfoque que los envuelve de calidez humana dentro de la frialldad del tema. Ellos en realidad creen ser personas normales que tienen una “rareza”, algo que no los aparta del mundo ni del género humano. Los puedes comprender y apiadarte de ellos. En el primero, "¿Vampiros?", un profesional que viaja a Sudamérica es atacado por un murciélago chupasangres. Su deriva hacia el vampirismo es negada una y otra vez a pesar de la evidencia y de las muchas referencias literarias y cinematográficas que le vienen a la memoria. Tal parece que le rebate a un oyente imaginario el hecho de que es un vampiro. 

Un dibujo del rostro del escritor.



El segundo relato es entrañable y tierno. ¿Cómo resistirse a un ser que nace con rasgos animalescos y resulta ser un híbrido extraño que se asombra de un verdadero vampiro al que considera “Un tipo raro”. Y el tercero, “Experiencias”, es sin duda el más misterioso. No siempre el vampiro es un tipo gótico. Hay que estar alerta; los vampiros modernos salen por la noche… a bailar en las discotecas. Este relato me hizo acordarme de una película australiana de culto, “Lo que hacemos en las sombras”, la película de vampiros más divertida de la historia del cine. Sólo que el relato de Mariano Sanz Navarro no es divertido, es muy triste en realidad.

Los relatos que vienen a continuación son variopintos, pero realmente interesantes. Homenajes literarios, como “La desaparición del doctor Pasavento” o “El Médano del Loro”, relatos de costumbres, que no renuncian al misterio, como “Leo”, ni a la crudeza de ciertos hechos, como “Broc”. Pero para los melancólicos irredentos, tenemos un paquete especial de recuerdos y anécdotas populares. “Cochise” relata la venganza de un desheredado, “Los feos”, recuerdos de un tiempo lejano de infancia, “Jueves al mediodía” la remembranza del mercado semanal en un lugar emblemático de nuestra ciudad, con un atento observador adolescente. Y así unos cuantos más que harán pasar un buen rato a quien se acerque a su lectura.
Personalmente, recomiendo el descubrimiento de Mariano Sanz Navarro como narrador de piezas breves. Es que no quiero decir cuentista, no vaya a ser que me lo tome a mal. Le tengo muchísimo aprecio, como persona y como escritor.

19 julio 2017

Piquete de ejecución para un fascista, por Edda Ciano





Encontramos en el trastero del campo este libro, Piquete de ejecución para un fascista, de Edda Ciano, viuda de Galeazzo Ciano e hija de Mussolini. Seguramente, perteneció el libro a mi suegro, que era muy aficionado a leer sobre la historia más o menos reciente de Europa.

La idea primera era deshacernos de todos esos libros que iban apareciendo en trasteros y armarios, en un ejercicio de limpieza general de los espacios y de las mentes. Sin embargo, al ver este libro, en esa edición tan antigua y pasada de moda a la mirada de quien está acostumbrada a las ediciones actuales, me llamó la atención la portada con las no muy claras fotografías del piquete de ejecución y del cadáver del conde Ciano, junto a la silla derribada en la que había sido fusilado.

Salvé de la purga el libro con un pretexto un poco tonto: que cierto amigo había estado en un momento muy interesado en esta historia del proceso de Verona y en la muerte del conde Ciano, por lo que deberíamos entregarle el libro a él. Digo pretexto tonto porque si de verdad estuvo interesado en tal tema, seguro que lo tendría y lo habría leído. Pero, bueno, cualquier excusa es buena para salvar y leer un libro.

Y lo he leído. Lo he hecho con sentimientos contradictorios de principio a fin. Es difícil separar al ser humano que fue Ciano, un hombre joven, en la plenitud de su vida, que es fusilado en un juicio al parecer no muy ortodoxo ni legal, del conde Ciano, ministro fascista italiano. Ni es fácil distinguir el límite entre una mujer viviendo una tragedia personal y con la intención de salvar primero la vida de su marido, después al menos su buen nombre y su memoria, de una muchacha arrogante, de mucho carácter, en la cumbre del poder, de la riqueza y el lujo, viviendo totalmente de espaldas a la vida cotidiana de todo un pueblo, de espaldas a la represión y a la tortura. Si se mira desde el punto de vista de lo político, se piensan muchas cosas; por ejemplo, que es un juego al que ellos jugaban con todas sus ambiciones, en una Europa convulsa y belicosa, juego que perdieron, tanto Ciano como sus rivales, y hasta el propio Mussolini. Y, por tanto, mirando con los ojos fríos de la Historia ninguna piedad surge. Fascista contra fascista, ellos mismos se arreglan, así como suscitan poca piedad los mafiosos acribillados por mafiosos.Tampoco por Edda Ciano, que habla de Hitler, por ejemplo, como si fuera un señor afable y magnífico anfitrión, de Himmler como un ser encantador y extravagante, y así sucesivamente con todos los asesinos nazis. Desde luego, sus simpatías estaban claras. Así también cuando habla de los bienes robados a los judíos, que según ella, todos fueron adquiridos legalmente, mediante documento de compra, y que al término de la guerra, sus propietarios reclamaron y tuvieron que devolverlos por orden judicial, lo que a ella le parece una gran injusticia. O esta señora no se enteraba de nada o era una gran cínica; yo me inclino por lo segundo, después de leer todos sus tejemanejes y las acciones que su padre le encargaba realizar en sus primeros años de gobierno. Después de leer sus declaraciones, no me cabe la menor duda de que nada se le escapaba a esta mujer.

Luego está la otra parte, la de una esposa que ve cómo su padre abandona a su suerte a su marido hasta la ejecución, después de un juicio que al parecer no era precisamente justo, y esto sí es muy creíble. Entonces surge la piedad por la mujer, el ser humano que ama, la madre de tres niños. Así como por ese hombre joven que es fusilado atado a una silla, que no muere de los primeros disparos y tiene que ser rematado en el suelo. Me ocurre lo mismo que con la muerte de su suegro, Benito Mussolini, que desde el punto de vista histórico miro con frialdad, como diciéndome que fue un raro caso de justicia histórica, pero que me conmueve en las imágenes de su cadáver desfigurado por la venganza salvaje de un pueblo que lo odiaba. Los mismos sentimientos contradictorios tuve cuando vi en la televisión la ejecución sumarísima de Ceaucescu y su esposa, y otros casos más recientes de muertes violentas.

En cualquier caso, este libro salvado de una pequeña biblioteca casi extinta, me parece un testimonio histórico y humano muy interesante. Ahora que todo ha pasado. ¿O todavía no del todo?

08 junio 2017

Habesha Kuru: orgullo etíope

 
¿Qué sabía yo de un país tan extraño y lejano como Etiopía antes de la llegada a nuestras vidas de la pequeña Werkines? Lo podría decir en unas cuantas palabras. Que los abisinios, como eran llamados los etíopes antiguamente, tenían fama de ser muy agraciados físicamente, de alta estatura y facciones hermosas y regulares. Que la reina de Saba, etíope o abisinia, visitó a Salomón y parece ser que su visita tuvo algo más que cortesía política entre dignatarios. Que como esta reina era abisinia, era bellísima; quizás sea la belleza inspiradora que en el Cantar de los Cantares declara: “soy negra pero hermosa, hijas de Jerusalén”. También sabía que Haile Selassie fue un importante rey de la moderna Etiopía, el admirado Rastafari, y que los etíopes fueron brevemente invadidos por los italianos. Y muy poco más. 

Pero hace seis años llegó Werkines desde ese remoto país. La traían mi hijo y mi nuera en un viaje largo y complicado después de pasar un mes en Etiopía. Fue como un embarazo y parto del corazón. Tenía entonces la pequeña diez meses y ya era una niña con un encanto especial. Ahora tiene siete años y su gracia no deja de aumentar; cada día más inteligente, viva y bonita, nunca deja de sorprendernos con sus acciones y sus razonamientos. Ella tiene una idea de que es etíope de origen. Que es negra es una evidencia maravillosa, aunque yo ya no la veo ni negra ni blanca ni de ningún color; simplemente es mi nieta Werkines, especial como todas las criaturas, igual que todas las criaturas. 

Recuerdo una ocasión en Ceuta en que una mujer musulmana, ya mayor, que tenía una hija demasiado joven para su edad, me explicó cómo había adoptado a la niña, que fue abandonada por su madre biológica. Y terminó diciéndome: “Dios tiene muchas maneras de dar hijos”. Esas palabras me han venido muchas veces a la memoria cuando veo a mi nieta Werkines.

Nunca pude imaginar que una de mis nietas fuera de origen africano ni que ello me llevara a interesarme tanto por su país de origen, Etiopía. Cuando llegó, leí algunos libros sobre África y sobre Etiopía concretamente, pero el libro que me ha llegado al corazón y más me ha enseñado sobre el país de origen de mi nieta es “HabeshaKuru”. La autora se esconde humildemente bajo este seudónimo, que a su vez es el título del libro y el nombre de su principal protagonista y narrador en primera persona. Habesha Kuru significa en amárico “orgullo etíope”. El niño que lleva ese nombre, llevado por circunstancias adversas de su corta vida, realiza un viaje con una farenji, una extranjera, y guías etíopes, un largo y enriquecedor viaje por su país. El niño es de una valentía e inteligencia excepcional, y parece ser que tal niño existe en la realidad. 
 
A lo largo de las páginas de este libro, escrito desde el corazón y el amor, se recorre el país, sus diferentes, contrastadas y hermosas regiones; se conoce a sus gentes, las diferentes etnias, costumbres y creencias religiosas, pues en Etiopía conviven pacíficamente hasta el momento, y esperemos que para siempre, cristianos ortodoxos, musulmanes y animistas. Desde la mirada del joven Habesha y de los adultos que lo acompañan la pobreza digna y esforzada de los etíopes, sus lacerantes desigualdades, la vida durísima de los que trabajan la tierra, los lagos o las minas, y la gran desprotección social de los niños, mujeres y ancianos. Pero uno de los temas candentes a todo lo largo del relato es la adopción internacional, asunto que a mí y a mi familia nos atañe particularmente. Sabemos que la adopción de niños etíopes por occidentales se debe a la pobreza y a la desprotección social de la infancia. Cuando un niño etíope encuentra en su corta vida circunstancias adversas, la orfandad parcial o total, su futuro se vuelve muy oscuro. Sin embargo, el asunto no se comprende en todos sus aspectos y plenamente hasta que se leen estas páginas sinceras y ecuánimes, donde ni las familias etíopes son gente que entrega a sus hijos innecesariamente ni los occidentales que los adoptan son gente que se aprovecha de la precariedad de las familias. Tanto en unos como en otros, hay amor. Y las cosas son como son. Es cierto que se pueden cambiar, y ése es el proyecto del pequeño Habesha Kuru, pero mientras tanto hay adopción, y de esto habría mucho que hablar, y eso es lo que hace la autora escondida en su libro.

El nombre de Werkines, que es nuestra particular adaptación del nombre etíope original, significa en amárico “tú eres una joya” o “tú eres de oro”. Y así es para nosotros nuestra nieta, una joya regalada por el destino, el de ella y el nuestro. 


No puedo decir que el libro esté bien escrito desde el punto de vista literario, pues adolece de algunos defectos estructurales y expresivos, pero lo he leído con pasión y amor, que es lo que transmite, porque en él late la verdad de alguien que ama profundamente Etiopía y que la conoce muy bien. Después de leerlo, sólo pido a la vida salud y tiempo para algún día, cuando ella esté dispuesta, poder acompañar a mi querida nieta a su tierra de origen.




01 diciembre 2016

Parece que fue ayer

"Oídme, practicantes del Dharma, la vida y la muerte es el asunto esencial. El tiempo pasa rápido como una flecha. A vosotros, que buscáis la Vía, humildemente os digo: tomad conciencia del momento presente".





Es tópico que al recordar un evento de cualquier tipo, sobre todo si fue feliz, alguien diga: "Parece que fue ayer".Y realmente fue ayer, cuando tenemos una concepción amplia del tiempo. Todo es un presente continuado. El pasado es memoria, el futuro sólo imaginación. Cualquier suceso es ahora mismo, ya, en este momento. 
Hace cinco años dejé de escribir con asiduidad en este blog, un cuaderno de halago al ego, pero también un modo de expresión personal y de comunicación con otros seres afines por algún misterioso motivo que desconocemos. Y ahora vuelvo, con otra calma, con el único deseo de comunicar y de expresar. No a todos los amigos les gustará por igual, pero los verdaderos amigos lo comprenderán todo, y quizás incluso perdonarán los excesos o los comedimientos. los rechazos inevitables y las recomendaciones entusiastas. Cada persona es lo que es, pero si es consciente de lo que es, su vida se vuelve mucho más llevadera y su relación con el mundo más ecuánime y compasiva.
Cinco años y parece que fue ayer, pero de ayer a hoy han pasado muchas cosas. Cosas poco importantes, pero entrañables. Anécdotas en una vida pequeña, pero que ya se extiende por algo más de seis décadas. Algunos sucesos son hitos relevantes para esa pequeña vida, otros son simplemente el discurrir de los días, uno igual a otro y todos diferentes. Tengo como lema personal aquella frase de un maestro zen que exclamó: "¡Qué maravilla! Corto leña y acarreo agua!"
Voy a tratar de contarlo, poco a poco, para no cansar ni cansarme. A quien quiera leer. A quien quiera reír o enternecerse. Vamos allá. 


08 noviembre 2016

El comisario Soto

Buena cosecha de novelas negras por estas tierras del Sureste… un momento, ya me dijo el autor que ésta no era exactamente una novela negra, sino que él la llamaría más bien costumbrista, y que el editor (ediciones Raspabook), por el título le había puesto esa portada tan sugerente, pero que en realidad no se correspondía de un modo total con el argumento.
O sea, que no hablamos de la clásica novela negra, incluso diría que es una novela negra al revés. Yo la llamaría novela social con tintes melancólicos, y aunque al principio no tiene de negra más que el hecho de ser el protagonista un comisario, y ya no en activo, poco a poco se va poniendo negra hasta terminar negrísima. Y no digo más que no quiero anticipar finales de tramas y argumentos.
He disfrutado leyendo El comisario Soto porque me ha llevado a ambientes y espacios muy bien retratados y porque tiene una lectura muy agradable, fluida y sin altibajos. También por las razones que voy a explicar.
En primer lugar, porque el personaje central es una buena persona rodeada de personas banales, egoístas y hasta con puntas de maldad. Se puede adivinar el cansancio, el hastío, la contención ante lo estúpido y casi inhumano, cómo ese hombre resiste en un mundo de vidas vacías.  El comisario Soto es un hombre atormentado en su interior e impertérrito aparentemente.  Tras su recia presencia silenciosa, hay todo un mundo de turbiedades y de claridades -como cualquier ser humano inteligente-, un hombre dedicado a sus negocios con un pasado de policía que le permite conocer la miseria de los bajos fondos de la ciudad y que por su matrimonio y situación conoce la vacuidad de la alta burguesía. En medio de su vacío, encuentra el único refugio en el resultado de una noble acción antigua. Este asunto, con el que arranca la novela, nos habla de la esperanza, de la redención, de la importancia de una decisión a tiempo para salvar a alguien de un destino en que la miseria no hace sino cavar cada vez más hondo el pozo de la miseria. Pero lo cierto es que, junto a una melancolía muy acentuada, siempre estamos percibiendo algo oscuro, una masa de presagios que no podemos identificar. Esperamos y no nada bueno.
Mariano Sanz Navarro
Me ha gustado también mucho recorrer con él las calles de Barcelona, de esa Barcelona de posguerra que es también el espacio de un escritor muy de mi gusto, Juan Marsé. La fidelidad con que la ciudad se convierte en el receptáculo de vidas y pasiones es realmente asombrosa tanto en nuestro paisano, Mariano Sanz, como en el escritor catalán. Y esto de lo local y el espacio preciso es algo que yo siempre agradezco mucho. Barcelona está incluso en su historia como ciudad. Un gran acierto y una extraordinaria habilidad para dar vida a esa ciudad en un tiempo determinado.
Por último, aunque en la biblioteca de mi padre había bastantes obras de Mariano Sanz, yo sólo había leído de él algunos artículos de su blog y cuentos publicados en internet. Ha sido un placer leer una obra extensa y disfrutarla tanto.