12 noviembre 2010

Libros dormidos

 Estatua homenaje a Cao Xue Qin 
dedicado a su memoria



A veces compro un libro sin tener conciencia de lo que contiene en realidad, simplemente porque hay algo en él que me atrae. Se queda en la estantería de los libros que esperan, y yo les llamo los libros dormidos. Despiertan un día, sin esperarlo yo, parece que me llaman y me dicen que ya es hora de que los atienda. Me ha pasado en muchas ocasiones. Unas veces me equivoqué, pocas, es cierto, y otras, la mayoría, tengo la sensación de que ese libro era para mí desde siempre y sólo esperaba que yo tuviera la tranquilidad y el buen ánimo de abrir sus páginas y recorrerlo.

Eso me pasó, así mismo como lo cuento, con una novela china: "Sueño en el Pabellón Rojo" del escritor chino del siglo XVIII Cao Xue Qin. El libro durmió durante un año en ese lecho incómodo de los libros en espera. Lo único que me había llevado hasta él era su procedencia, pues soy aficionada a la literatura oriental. Me detuvo y me contuvo que la novela estaba desarrollada en dos tomos de mil y pico páginas cada uno. ¿Quién se atreve en plena vorágine de trabajo a zambullirse en tres mil páginas de lectura? ¿Y el miedo a que fuera un pestiño y que tuviera tres mil páginas de pestiño en mi biblioteca, con lo ajustado que está el espacio, total para nada? Exponerse a una decepción en estos casos resulta muy peligroso.


Portada del primer tomo en la edición
castellana de Círculo de Lectores
y Galaxia Gutemberg.

Este verano, después de un curso agotador, y después de una no menos agotador mes de julio, presidencia de tribunal de oposiciones por medio, el libro dormido me llamó y yo acudí. Verano sin viaje, verano de pareo y chancla en el campo, de lecturas y películas. Donde pone "lectura", pone en realidad "una de las novelas más hermosas que he leído en mi vida". La fascinación por la historia de la famila Jia, con su joven protagonista Baoyu y la melancólica Daiyu, la noble Anciana Dama, las muchachas refinadas de la servidumbre, la inteligente Xifeng, el discurrir del tiempo y de las estaciones -le han llamado el Proust chino-, la crueldad de una sociedad feudal despiadada, con la exquisitez de un siglo XVIII, que también en China se inclinaba hacia lo rococó, todo ello, más una escritura tersa, limpia, demorada, me fascinó por completo. Realmente, no quería que se terminara, y pienso que no se ha terminado, que es de esas novelas que volveré a leer, como vuelvo a los lugares que amo.

Se considera esta novela una de las cuatro grandes novelas clásicas chinas. Su autor tiene el prestigio que un Cervantes tiene entre nosotros. Es estudiado y documentado en las universidades. Parte de su novela ha sido objeto de una adaptación televisiva de gran éxito. Él, que perteneció a la más alta nobleza de la dinastía Qing, murió en la pobreza extrema, después de malvivir en una choza a las afueras de Pekín.

P.S. Como soy una exagerada, puse tres mil páginas, y eso quizás asuste a posibles lectores, así que ahora, para tranquilizar, sobre todo a Thorton, digo que son sólo dos mil cuatrocientas, contando las notas del final, que también hay que ir leyendo para aclarar algunos conceptos históricos y literarios.

26 comentarios:

Fernando Manero dijo...

Admiro esa audacia que te lleva a hacerte con libros con el fin de afrontar el desafío de descubrirlos a modo de apuesta no exenta de riesgo. Pero también deduzco que tienes un olfato especial para encontrar lo que buscas, a sabiendas de que lo haces con algún conocimiento de causa de por dónde va la obra que colocas en lista de espera, y que tarde o temprano formará parte de tu tiempo y de tu espacio. En cualquier caso, es un reto maravilloso, una experiencia abierta a la sorpresa y a la fascinación insospechada. También quizá a la decepción, pero en ello radica el derecho a ser libres para equivocarnos en algo tan digno como es la lectura. Mucho me temo que esas sensaciones van a quedar en el recuerdo de la época, terminal ya como la nuestra, en la que habia buenos lectores, enamorados del libro impreso, que entendían las páginas por explorar al ritmo deseado como un encuentro maravilloso con la imaginación del escritor, disfrutada además por las ventajas que procura la privacidad. Asi se construye ese bagaje que nos hace aventureros sin salir de casa, que nos sumerge en profundidades insólitas y nos lleva a montañas de imaginación sobre las que se edifican las satisfacciones, las muchas satisfacciones, que los libros que queremos proporcionan, y que, a la postre, adoban nuestra cultura.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Te aseguro que te he leído con absoluto interés y tomando muy buena nota de este autor chino tan antiguo y prestigioso.
Como habrás adivinado por mis palabras, no lo conozco. Es más, ni me sonaba; pero expones de forma tan apetecible esas más de tres mil páginas... Una de las "novelas más hermosas que has leído en tu vida". Esa frase incita, Fuensanta, incita mucho.

Habrá que buscarle un hueco cuando se pueda, quizás para el verano que viene.

Ay, y es que cuando despierte el gigante chino...

Un abrazo enorme.

Joselu dijo...

Tu crítica hace deseable la lectura de este libro. Las ediciones de Galaxia Gutemberg me suelen gustar, y hay algo en ellas que me atrae. Una reflexión que me sugiere la lectura de tu post es la de pensar qué presuntuosos somos los europeos pensando que el eje de la cultura mundial somos nosotros. Le has llamado el Proust chino, pero esto no tiene sentido: podría decirse que Proust es el Cao Xueqin europeo. Toda la historia la medimos eurocéntricamente. El cambio que está habiendo en cuanto a poderes mundiales tal vez alumbrarán otra manera de contarla. India, China, Japón no eran culturas ni literaturas que estuvieran esperando que llegaran los modelos europeos para fructificar. Hoy he recibido un comentario de un amigo que viaja siempre a China. Es su pequeño gran mundo. Quizás tendríamos que empezar a contar la historia de modo más real. Ya no digo humilde. El Mediterráneo no es la única cuna de la civilización. Saludos.

supersalvajuan dijo...

Me pido almohada cómoda!!!

Clares dijo...

Pues sí, Isabel, amiga, lo digo con todo el convencimiento del mundo, que es una de las novelas más hermosas que he leído en mi vida, y no he leído pocas, que he sido lectora incansable, y aún lo soy. Te la recomiendo, y mucho, pero tómatelo con calma, al menos al principio, que luego ya no podrás; quiero decir que estarás deseando volver al Jardín de la Vista Sublime, el paraíso de la familia Jhia, cada vez que puedas.

Clares dijo...

Sí, Fernando, hay que ser un lector de nuestra época, para sumergirse en ese montón maravilloso de páginas magistrales. Pero realmente el mérito es del libro, de los libros, y más aún de los libros dormidos que tienen paciencia para esperar a que nosotros despertemos.

Clares dijo...

La mejor almohada para ti, Supersalva, pues de todos modos, esta novela no es aún para ti.

Clares dijo...

Joselu, yo no le he llamado el Proust chino, sino que los críticos europeos, al encontrarse con esta joya ignorada por Occidente, sólo pudieron compararlo con Proust, y algunos con Cervantes. El encuentro en todos los casos era imposible. Proust no lo pudo leer, pero Cao Xue Qing sí pudo leer el Quijote, y en cierto modo es novela equivalente, al menos en la grandiosidad inagotable.
Creo que sería para ti también un gran descubrimiento.

Thornton dijo...

Hace unos meses fui a comprarlo en Expolibro y el ordenador dijo que, de momento, sólo se vendía a través del Círculo.
Lo tengo pedido a través de un hijo, pero lo que desconocía era el número de páginas, ¡3000 páginas!

Mantendré el pedido por la defensa que has hecho de él pero mucho me temo que formará parte de mi biblioteca virgen algún que otro tiempo.

Besos.

Clares dijo...

Yo de ti no lo dejaría dormir mucho tiempo. Tú que puedes, toma ejemplo de tu congénere, que está que no vive leyendo esta preciosa historia. Y no te asustes tanto, a lo mejor no son tres mil, sino sólo dos mil setecientas o así. Bueno, quizás menos, es que suelo exagerar un poco; ¿unas dos mil trescientas va bien?
Merece la pena, de verdad.

Diego J. dijo...

Me has despertado la curiosidad, amiga Fuensanta, de sumergirme en la literatura china, esa que, como dice Joselu, es la gran desconocida, pues el eurocentrismo, en efecto, preside nuestra cosmovisión.

Intentaré conseguir esa publicación para el verano, tiempo para abordar tantas lecturas pendientes, como "Entre costuras", de María Dueñas, novela que me han recomendado.

Un abrazo

cabopá dijo...

Magnifica recomendación, pero, tendré que dejarlo para cuando me llegue la edad del júbilo...
Te lo pediré Clares,creo que estaremos en esa edad juntas, bueno a la vez....
Besicos.

Pilar dijo...

A mí no me has tranquilizado, sino enfadado, porque yo paso temporadas con las lecturas. Muchas en las que la poesía ocupa principlamente mi tiempo, pero últimamente estoy hambrienta de historias, mejor de historiones como el que propones, que me ha abierto el apetito asiático. Mi tocho actual es "2666" de Roberto Bolaño, una nimiedad de 1000 páginas comparado con Cao Xue Quin, además escrito con la intención de ser cinco novelas; me tiene atrapada, un libro itneligente. Me apunto tu propuesta, gracias, la has puesto como un caramelo, mejor como una manzana de feria, tan bonita y tanto miedo da. Besicos

Ernesto dijo...

Buena me la has liado, tengo la lista de "pendientes" bastante llena, encima esas "3.000" páginas, pero has logrado seducirme y ansiar hacerme con ellas.
Por suùesto, está apuntado y además ya estoy pensando en cómo lo introduciré en el orden de lecturas (me temo que acabaré haciendo trampa)-

A pesar de todo, sabes que es un placer leer tus reseñas y dejarme llevar por tus comentarios.

Un beso mío y el desdén de mis lecturas pendientes (que ven peligrar su orden).

Clares dijo...

Hola, amigo Diego, como a todos, a ti también te recomiendo que leas esta preciosa joya de la literatura universal, pero también te digo que te lo tomes con calma, con mucha calma, con tiempo por delante para recrearte, incluso para buscar más información sobre esa época y esa gente. Yo he llegado a leer incluso un precioso catálogo que me dieron en Caixa Forum sobre cerámica china, porque te sumerges en un mundo fascinante con esta lectura.

Clares dijo...

No esperes tanto, Cabopá. Tu visión de la literatura narrativa no será la misma después de leer esta novela. Eres demasiado joven para esperar tanto tiempo a descubrir algo hermoso, pero, bueno, ya se sabe, cada libro tiene su momento.

Clares dijo...

Pilar, te la dejo en Navidad, cuando vuelvas a casa, vuelvas, etc. Tampoco hacen falta unas vacaciones, pues se va leyendo, como todo, sólo que con pena de que se acabe. Lo único que te ensoñisca un poco y te capta, de modo que te pasas la mitad del día pensando cuándo podrás tomarla otro rato.

Clares dijo...

Ah, y además, incluye cantidad de poesías clásicas chinas, con lo cual descubrirás también otro mundo.

Clares dijo...

Perdón, libros en espera de Ernesto, siento haber incitado a vuestro señor a la traición. Pero era necesario e inevitable, es que se trata de Cao Xue Qin, en fin, qué le vamos a hacer.

alfonso dijo...

a mi, aunque sean dos mil y pico me asustan demasiado.
lo apuntaré para el futuro

Manuel Márquez Chapresto dijo...

Buf, compa Fuensanta, menuda sugerencia. Por cierto, y para empezar, cuando ví la imagen que encabezaba tu reseña, antes de arrancar a leer, pensé que ibas a dedicar tus reflexiones a Lenin (talmente se me parece la imagen a la del ilustre soviético), pero ya veo que no. Me gustaría decirte que le echaré mano un día de estos, pero no lo tengo tan claro; eso sí, siempre incita el ver cómo otros (en este caso, tú) disfrutan con tanta intensidad de una pieza literaria. Dejémoslo en un "ya veremos"...

Un fuerte abrazo y buena semana.

Leandro dijo...

Más vale libros dormidos que libros durmientes

Miguel dijo...

Yo también tengo libros dormidos en mis estanterías. Y cuando se despierta alguno, a veces, es para hacerle volver a caer en el sueño, pero otras es para cantar victoria. Porque esto es, una victora, cuando encuentro un libro que me gusta y me hace disfrutar leyendo.
Me han entrado ganas de leer estas casi tres mil páginas...

Besos.

Clares dijo...

No te asustes, Alfonso, que eso te lo cepillas tú en dos o tres guardias tranquilas. Es broma, porque reconozco que hay que tener mucho cuajo (literario) para acometer una lectura semejante. Algún día, ya verás.

Clares dijo...

Miguel, si te han entrado ganas, no lo dudes, pero ya te digo, tómalo con calma, con paciencia china, diría yo, aunque una vez que se han leído las cincuenta primeras páginas, ya no podrás dejarlo, te llamará y te buscará el libro a todas horas. Es una delicia, de verdad.

Superwoman dijo...

Ya ni voy a poner eso de que me la apunto para cuando tenga tiempo: lo del tiempo libre parece que empezará a pasar cuando me jubile o algo así... pero lo cierto es que suena muy bien.
Ahora mismo estoy aquejada de un jet-lag inexistente, tendría que irme a dormir, pero no me duermo... pero estoy tan agotada que ni para leer me dan las neuronas.
Un supersaludo