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14 diciembre 2012

Los enamoramientos de Javier Marías


Mi madre tiene ochenta y dos años. Ella dice que no puede leer mucho, que se cansa y le duelen los ojos, pero el caso es que no damos la ida con la venida aportando novelas, que luego nos critica y explica con agudeza. Yo acababa de leer esta novela de Javier Marías, y como habla de los muertos que regresan o que se resisten a irse, pensé que quizás le interesaría en su especial y constante proceso de duelo. Resulta que no estaba en su casa, sino en la peluquería de abajo. No le llevaba el libro todavía, hasta que ella diera su visto bueno, pero me fui para allá, y me la encontré en pleno proceso de acicalamiento. Hablamos de esto y de lo otro, y voy y le digo que si quiere leer "Los enamoramientos" de Javier Marías. Sorpresa: ya lo ha leído. Esto me recuerda que los hermanos debemos hacer un cuadrante para poner qué novelas le hemos pasado y no insistir varios con la misma. A continuación, la crítica: no le ha gustado mucho, y la razón es que el escritor "se enrolla mucho", que a ella le gusta que vayan al grano. Me quedo de piedra, porque se acaba de leer "El cuarteto de Alejandría"  de Lawrence Durrell o las "Leyendas" de Bécquer sin emitir la menor crítica de que no vayan "al grano", y luego confiesa que le encantan las descripciones, por ejemplo, así que me imagino que debe de ser otra cosa, en la cual tal vez coincido con ella.
Reconozco que es la primera novela que leo de Javier Marías, y que no me ha defraudado, en el sentido de que escribe muy bien, tiene una trama interesante, incluso en algunos momentos muy tensa, y que la novela se desliza fácilmente para un lector avezado. Supongo que este escritor escribe sólo para lectores avezados, avisados y avispados, no para lectoras incansables de ochenta y dos años. Los problemas son estos, me parece: el exceso de digresiones y explicaciones enrevesadas, que a mí no me desagradan, pero que hacen perder fuerza a lo narrado (esto es lo que mi madre, lectora implacable pero inocente llama "no ir al grano"). Por otra parte, todos los personajes parecen más o menos el mismo, o sea, el mismo narrador (escritor, diría yo) que nunca pierde su voz ni su psicología. Y más aún, que todos los personajes saben muchísima literatura, aunque se vaya justificando por las profesiones, aunque no por las edades. A mí me ha parecido un alarde de artificiosidad bien construida, pero falto de hechizo y encanto. 
Voy a ver si me hago con otra novela de Marías, la leo y luego se la dejo a mi madre, a jugar al juego de las coincidencias, yo como lectora pedante, ella como lectora inocente.
Por cierto, sobre muertos que vuelven sin tener que volver, y los efectos perniciosos sobre los vivos, que se toman la cosa como una ofensa, hay un cuento maravilloso de doña Emilia Pardo Bazán, el cual se puede leer en este enlace:


12 noviembre 2010

Libros dormidos

 Estatua homenaje a Cao Xue Qin 
dedicado a su memoria



A veces compro un libro sin tener conciencia de lo que contiene en realidad, simplemente porque hay algo en él que me atrae. Se queda en la estantería de los libros que esperan, y yo les llamo los libros dormidos. Despiertan un día, sin esperarlo yo, parece que me llaman y me dicen que ya es hora de que los atienda. Me ha pasado en muchas ocasiones. Unas veces me equivoqué, pocas, es cierto, y otras, la mayoría, tengo la sensación de que ese libro era para mí desde siempre y sólo esperaba que yo tuviera la tranquilidad y el buen ánimo de abrir sus páginas y recorrerlo.

Eso me pasó, así mismo como lo cuento, con una novela china: "Sueño en el Pabellón Rojo" del escritor chino del siglo XVIII Cao Xue Qin. El libro durmió durante un año en ese lecho incómodo de los libros en espera. Lo único que me había llevado hasta él era su procedencia, pues soy aficionada a la literatura oriental. Me detuvo y me contuvo que la novela estaba desarrollada en dos tomos de mil y pico páginas cada uno. ¿Quién se atreve en plena vorágine de trabajo a zambullirse en tres mil páginas de lectura? ¿Y el miedo a que fuera un pestiño y que tuviera tres mil páginas de pestiño en mi biblioteca, con lo ajustado que está el espacio, total para nada? Exponerse a una decepción en estos casos resulta muy peligroso.


Portada del primer tomo en la edición
castellana de Círculo de Lectores
y Galaxia Gutemberg.

Este verano, después de un curso agotador, y después de una no menos agotador mes de julio, presidencia de tribunal de oposiciones por medio, el libro dormido me llamó y yo acudí. Verano sin viaje, verano de pareo y chancla en el campo, de lecturas y películas. Donde pone "lectura", pone en realidad "una de las novelas más hermosas que he leído en mi vida". La fascinación por la historia de la famila Jia, con su joven protagonista Baoyu y la melancólica Daiyu, la noble Anciana Dama, las muchachas refinadas de la servidumbre, la inteligente Xifeng, el discurrir del tiempo y de las estaciones -le han llamado el Proust chino-, la crueldad de una sociedad feudal despiadada, con la exquisitez de un siglo XVIII, que también en China se inclinaba hacia lo rococó, todo ello, más una escritura tersa, limpia, demorada, me fascinó por completo. Realmente, no quería que se terminara, y pienso que no se ha terminado, que es de esas novelas que volveré a leer, como vuelvo a los lugares que amo.

Se considera esta novela una de las cuatro grandes novelas clásicas chinas. Su autor tiene el prestigio que un Cervantes tiene entre nosotros. Es estudiado y documentado en las universidades. Parte de su novela ha sido objeto de una adaptación televisiva de gran éxito. Él, que perteneció a la más alta nobleza de la dinastía Qing, murió en la pobreza extrema, después de malvivir en una choza a las afueras de Pekín.

P.S. Como soy una exagerada, puse tres mil páginas, y eso quizás asuste a posibles lectores, así que ahora, para tranquilizar, sobre todo a Thorton, digo que son sólo dos mil cuatrocientas, contando las notas del final, que también hay que ir leyendo para aclarar algunos conceptos históricos y literarios.

24 febrero 2010

Rubén Castillo se asoma al infierno

Parecía que no me iba a atrever nunca, pero al fin me decido a comentar mi lectura de la novela "Las grietas del infierno" de Rubén Castillo, estupendo escritor y buen amigo, que por cierto, este año ha ganado la edición del Premio Gerald Brenan de Cuentos. Teniendo en cuenta que la leí a finales del verano, dirá la gente que por qué no he dicho nada antes. Porque me daba un poco de miedo el tema del que trata la novela. Porque es una amenaza concreta en el caso que Rubén novela, pero que puede ser extendida a la enseñanza en general y a otro tipo de casos. Porque refleja el inevitable temor del que enseña institucionalmente, que sabe de lo perversos, crueles e inocentemente malvados que pueden llegar a ser las criaturas que educamos. O que tratamos de educar. Y por qué no, extensible a cualquier profesión, siempre que trate con humanos, que es que no tenemos arreglo. Así en esta novela todos esos temores, con fundamento real o fantaseados, tienen su cabida, desde una historia que se cuenta sobre testimonios de diferentes personajes, en la que asistimos, impotentes, a la destrucción de un ser humano.

No queda claro nunca, y esto es un acierto, en tanto que nos inquieta y nos perturba durante toda la lectura, si hubo verdad en aquello de lo que el profesor Pablo Conesa fue acusado, o si fue, como en aquella terrible película protagonizada por Audrey Hepburn y Shirley Maclaine, una conspiración maliciosa contra una persona que no supo defenderse, debilitada por su propia sensibilidad y su carácter emotivo y silencioso. 

A veces, cuando veo una persona sin hogar en una plaza pública, sobre todo cuando observo en ella algo de lo que pudo ser un día, que quizás provenga de un grupo social afortunado, de una familia acomodada, en fin, que intuyo que no tenía en principio las condiciones sociales previas para estar en la calle, me pregunto cómo ha llegado a esa situación y qué cosas han ocurrido en su vida para terminar de ese modo. En ocasiones, he podido enterarme de casos muy penosos y he sentido que nadie está libre de una degradación semejante, que pendemos de un hilo, de un error, incluso del error o la mala intención de otro. Inquietud. Malestar. Atisbos del infierno. En todo ello se resume el sentimiento que provoca la novela de Rubén Castillo. Ante tanta degradación y tanto abandono, que no recuerdo yo en toda la novela ni una palabra de aliento, ni un apoyo incondicional auténtico, excepto una visita, que nada soluciona ni nada aporta a la regeneración del hombre hundido, pues ocurre ya en un punto casi irreversible, sólo se puede sentir amargura. Incluso, en estos tiempos en que el acoso sexual se castiga por la ley, pero más aún se sanciona en la sociedad, llegué a plantearme si correspondía esa caída tan drástica a la acción del protagonista, incluso si todo fuera cierto. Con todo, se queda en la ambigüedad del juicio. El narrador oculto no nos da la posibilidad de juzgar. 

He leído por ahí los comentarios de alumnos de un instituto, un poco enfadados por no saber la  verdad finalmente. Lo comprendo. Los adultos podemos asumir el desasosiego de no saber, porque estamos muy acostumbrados ya a nuestra ignorancia, pero los jóvenes, que de inmediato se ponen de parte del débil, cuando no son malvados, ni perversos, y sobre todo cuando leen una historia y el débil es el protagonista, quieren saber, que se lo digan de una vez, quién era el malo y quién era el bueno.  Si son un poco despabilados, se darán cuenta de que el novelista, por mucho que se haya querido ocultar tras los testimonios de personajes varios, se decanta también por el débil, que es el protagonista, y al fin y al cabo, es quien paga más duramente. Como Rubén no lo va a decir, ¿a que no?, lo digo yo. Es una muy interesante novela, para leer con calma y presencia de ánimo, que si no te pones de los nervios, sobre todo si te dedicas a esto de desasnar críos.

01 febrero 2010

Leer teatro


Novelas, cuentos, poemas, ensayos y divulgación, todo esto es lo que la gente lee, cuando tiene esa afición. Al final, podríamos resumirlo diciendo que la gente se distrae, reflexiona y aprende con la narrativa, se emociona y reflexiona con la poesía, y se informa y aprende con el ensayo. Si hay más cosas que se pueden obtener con cada género de los nombrados, que se vayan añadiendo. En total, disfrutamos las personas que somos lectores, más o menos voraces, con lo escrito. Sin embargo, es rarísimo que alguien te diga que lee teatro con cierta frecuencia; a continuación empiezas a sospechar que pertenece a ese extraño mundo, que actúa, dirige o escribe dramas. No suele leerse teatro si no se está en esa fregada. Además, los libros que contienen una obra dramática no son libros, son casi libricos de papel de fumar, casi folletos, casi nada. Se pierden en las bibliotecas. A no ser que su autor haya alcanzado un gran renombre, con lo cual al cabo del tiempo se publican las obras completas. Y en esto también los que escriben teatro son diferentes: su obra parece efímera, liviana, aparece y desaparece rápidamente con pocos lectores. Con suerte habrá tenido espectadores y oyentes. Para que un autor dramático tenga muchos lectores tiene que pasar mucho tiempo y considerarse que ha traspasado las fronteras del guión y llegado a las puertas gloriosas de la literatura. Es justo lo contrario que el novelista. Puede tener muchos lectores de golpe y luego ser olvidado; una novela es ya considerada de antemano literatura. Un poeta es más constante, pero su difusión es selectiva y limitada, con la ventaja también de ser considerado literatura en el mismo momento. Al dramaturgo le cuesta mucho más. Se lee a Shakespeare por el común de los mortales que saben leer y tienen afición, pero no todos lo hacen; el siglo de Oro español tiene lectores, pero tampoco para hacer un club. No digo nada de los dramaturgos del siglo XIX o incluso de los del XX.Ya los leerá alguien a finales del siglo XXI.
En principio el teatro, la literatura dramática, no pasa de ser un guión para otra construcción artística que puede realizarse o no en un acto teatral. El autor pondrá toda su imaginación a trabajar y su proceso de visualización  imaginativa quedará reducido a una cosa breve, que puede ser bonita también, que se llaman acotaciones. Todo lo demás es diálogo. Sin más. A poca gente le gusta leer con tan poca carne, con tan poca guía, con tan poca referencia. Yo, que estoy y no estoy en el mundo extraño del teatro, defiendo la lectura de textos dramáticos. Explico cómo se debe hacer, según yo creo y lo hago.
Imaginad que vivís en una casa cuyas paredes son muy finas, o que os habéis colado en un jardín sin que nadie lo sepa, o cualquier otra circunstancia en la que podáis oír lo que habla una gente a la que no veis. Por las voces sabéis si son hombres o mujeres, si tienen esta u otra edad. Por lo que dicen conocéis su situación y sus relaciones. Seguís día a día sus palabras y sus silencios, y de todo ello deducís una historia completa y sois capaces hasta de ponerles rostro y mirada, de imaginar sus muebles y los objetos que manejan, de afinar en el conocimiento de sus pasiones. Eso es leer teatro. Simplemente palabras escuchadas en otra habitación. Además, con un poco de imaginación y gusto, cualquier lector de teatro se convierte en el mejor director de escena. Si quien lo ha escrito es literato, si sabe construir y modular los diálogos, se puede disfrutar mucho de la lectura. Es una recomendación. Más allá de Shakespeare y Calderón.

12 enero 2010

Los sentimientos y las vidas de Pedro García Montalvo


Portada del libro sobre P.G. Montalvo 


Aunque se vea tan serio en esa foto, se ha de tener en cuenta que corresponde a un momento de su juventud, donde toda seriedad parece poca y uno se puede permitir dar imagen de severidad intelectual. No obstante, Pedro es serio, porque piensa, y por la misma razón tiene un gran sentido del humor, que llena siempre de ternura y piedad por todos los que, como él mismo, somos humanos, y, por tanto, precarios y necesitados. En fotos actuales, que se ven dentro de este libro homenaje, Pedro ha perdido ese aire de icono intelectual y ha entrado en una dimensión de humanidad amplia, profunda y comprensiva. En el barrio lo conocemos, sus amigos lo disfrutamos, y sus lectores, que son muchos, lo adoran. Porque en su literatura trasciende todo esa amplia y comprensiva humanidad por la cual, con todos nuestros conflictos y nuestras luchas, con todos nuestros pecados pequeños y grandes, siempre somos salvados. Si no recuerdo mal, Pedro tiene esa teoría generosa de la salvación universal, que es muy de agradecer cuando somos los juzgados, y que hace que se revuelva dentro el niño justiciero que desea que los malos queden fritos en una cazuela de aceite hirviendo, como las brujas de los cuentos. Pasó la infancia, y ahora ya sabemos que no hay cazuelas de freir malos, y Pedro nos lo recuerda. 
Este libro es un sencillo recorrido por su literatura donde se entreveran declaraciones personales de Pedro García Montalvo, pequeños fragmentos ilustrativos de sus palabras, tomados de sus obras, y opiniones de escritores y críticos, como Santiago Delgado, Andrés Trapiello, Pascual García, Eloy Sánchez Rosillo y otros. Las ilustraciones son fotos referidas al mundo literario y personal de Pedro. Son muy tiernas aquellas que nos traen a Pedro de niño, en el colegio, haciendo el papel de un sabio médico en una función escolar, o la preciosa fotografía de su pequeña familia, cuando era un escritor joven recién casado, donde la belleza juvenil de Encarna ilumina la escena, con sus dos niños, que hoy son unos hombres cabales y buenos. De sus amistades, encontramos fotos con el pintor Ramón Gaya, con su inseparable Eloy o con el escritor leonés Trapiello.
De textos y palabras, no puedo decir sino que son de Pedro García Montalvo, cuya prosa es un lujo de limpieza y poesía contenida. Algunas claves de su novelística se descubren en sus declaraciones; casi todas las conocíamos quienes hemos seguido paso a paso su trayectoria literaria, pero siempre da gusto recordarlo en sus palabras.
El libro va acompañado de un dvd que reproduce más o menos lo contenido en el libro, con bellas tomas de ciudades y parajes, con imágenes del propio Pedro contando sus vivencias como escritor y como persona.
Esta Navidad hemos disfrutado en nuestro campo de Ulea de este precioso regalo que nos hicieron y por ello quiero dar las gracias a los que lo hicieron posible y a la generosidad de Pedro y Encarna, con los que nos une una entrañable y ya larga amistad.

05 noviembre 2009

Otra idea de don Juan




El catálogo de mujeres conquistadas por don Juan, según Da Ponte, para el Don Giovanni de Mozart.


El don Juan que estos días se representa, con mayor o menor fortuna, con más o menos empeño popular, en los escenarios españoles y latinoamericanos es puro folclore ya, incluso folclore del que hay que mantener con un esfuerzo, dado el estado social en que vivimos.

Sin embargo, hay otras versiones de don Juan. A la primera que voy a explicar yo la llamaría antropológica, por sus raíces primitivas, y también histórica, pues es mito que se ha ido formando nada menos que en las mismas corrientes de pensamiento que dominaban a cada sociedad.

Don Juan es personaje mítico relacionado con el culto a los muertos. Este culto es el rasgo de espiritualidad humana más antiguo que se conoce y, junto con la magia propiciatoria, está en el origen de las religiones. La conciencia y la memoria hacen del hombre un ser excepcional en este sentido; el ser humano recuerda a los seres que le han precedido y los honra, por lo tanto este culto se considera fundacional, o sea, sagrado. Quien lo desprecie o actúe de modo irrespetuoso está poniendo en peligro todos los fundamentos sociales humanos. Para la configuración del mito de don Juan es imprescindible la figura del sacrilegio. En las Cantigas de Alfonso X encontramos un soldado temerario y descreído que da una patada a una calavera en un cruce de caminos y la desafía a volver del más allá para cenar con él. Naturalmente, la calavera acepta tan cortés invitación, acude a cenar con el soldado y de paso se lo lleva de los pelos al infierno, que es lo suyo. Posiblemente desde tiempos más remotos existía ya el relato del sacrílego castigado por su falta de respeto a los muertos. Lógicamente, este culto, para el tiempo de don Alfonso, está ya en la órbita de las tradiciones cristianas y no primitivas.

Todo esto podría ser así, tan simple, y don Juan no sería sino una figura de terror gótico, pero la cosa se complica, pues si hay algo tan sagrado como el culto a los muertos es el pacto de fratría de preservación de la transmisión de los genes. Para resumirlo, el pacto tácito de la fratría dice así: si tú respetas a mis mujeres, como respetas mis posesiones, yo respetaré a tus mujeres y tus posesiones. Con un proceso de sacralización de la mujer en tanto en cuanto posesión masculina, se sella el pacto, y ya para el siglo XVII el convenio ha llegado a su paroxismo máximo. Dos grupos de mujeres se instituyen: las madres (y potenciales madres) y las putas. Las putas son de todos y de nadie. Las madres, y las potenciales madres, pertenecen siempre a un clan masculino dominado por el padre, luego por los hermanos, y por el marido finalmente. Los grandes dramas de honor del siglo XVII son el reflejo literario de este estado de cosas. Otra vez, Calderón y sus crueldades escénicas de perfecta factura, de potente poesía, y de lamentable ideología. En este contexto se forja el mito de don Juan definitivamente y se une al sacrilegio de la deshonra de los muertos, el sacrilegio de la deshonra de las madres y potenciales madres; desde Tirso a Da Ponte, pasando por Moliére, la historia se repite con ligeras variantes. Don Juan es doblemente sacrílego porque rompe y pisotea dos convenios importantes y muy enclavados en la cultura humana: el culto a los muertos y el pacto de fratría entre varones. Don Juan es un asocial, es un marginal, aunque sea aristócrata y caballero. Esta vena de radicalismo contra lo establecido es lo que lo convierte en un héroe romántico y lo dota del tirón morboso que aún tiene en el imaginario cultural. Adornado además de múltiples gracias de galán, de un perfecto arte de amar, de la seducción, del arrojo, de la temeridad, todo ello proveniente de su ruptura social, don Juan multiplica su seducción, no sobre las mujeres, sino sobre la sociedad. De añadidura, al final todo vuelve a lo suyo, pues don Juan es castigado y la gente de orden puede dormir tranquila. Hasta que llega el Romanticismo, en que don Juan es rescatado de nuevo para la escena, con una última configuración del mito, antes de entrar en agonía gracias a los tiempos modernos y el cambio radical del concepto de lo sagrado. Pero el don Juan Romántico lo dejamos para otro día, que ahora me voy a soñar un rato con el Comendador. Que ya no tengo edad de don juanes.

31 octubre 2009

Hipatia en el Ágora


En 1997 hice la última revisión, pasándolo desde el manuscrito que venía elaborando desde un par de años antes de una obra de teatro, a la que llamé "Hipatia. Una oración fúnebre". Las fuentes que consulté en su momento no eran muchas, pero realmente no me interesaba la fidelidad histórica de lo que contara, pues se trataba más bien de aprovechar lo histórico para una representación de la ambigëdad identitaria en las mujeres que habían sobrepasado los límites del patriarcado, renunciando a su papel reproductor y dedicando su vida a tareas de pensamiento o creación.
Como de Hipatia se sabe poco, cada creador y cada soñador puede dar la versión que quiera, sueñe o cree, de modo que Hipatia es personaje que se modula desde la casi inexistencia de datos. Las feministas la hemos convertido en un icono de la dedicación a tareas no incluidas en el proyecto de vida diseñado por el sistema para toda mujer, y, debido a su terrible muerte a manos del fanatismo, en protomártir de la intransigencia, la intolerancia y el patriarcado feroz en que se convierten las religiones monoteístas. En otra línea, casi todas las versiones sobre este personaje apuntan a algo muy parecido.

En primer lugar, había escrito un monólogo, siguiendo la línea de los tres monólogos femeninos a los que llamé "La celada fuente", que tenían como títulos "Corina de Tanagra", "Christine de Pizan" y "María en Éfeso", que fueron estrenados en 1988 por el Sur Grupo de Teatro, dirigidos por César Bernad, en el Teatro Romea de Murcia, y posteriormente publicados por la Universidad de Murcia, libro actualmente descatalogado. Una vez escrito el monólogo, me pareció que el tema psicológico podía extenderse en un drama y en eso lo convertí. Nunca lo publiqué, pero algunos amigos míos pueden dar fe de esta creación.


Anoche fui en busca de la Hipatia soñada por Amenábar, director al que tengo bastante aprecio. Desde luego, no encontré a mi Hipatia, pero creo que tampoco a la Hipatia de Amenábar, que es un personaje blando y desdibujado, sin carácter. Quizás lo que Amenábar ha querido decir es otra cosa. Es decir, Hipatia le ha servido para vertebrar en una película de masas, muy vistosa, pero algo aburrida a veces, y provista de unas cuantas ingenuidades, unas ideas más o menos evidentes en la historia. A mi parecer la primera idea que rige la historia es la intolerancia violenta, tema muy del día, y yo diría que de milenios y milenios de cultura humana. En segundo lugar, muestra el triunfo de la ignorancia y la superstición sobre el pensamiento racional. Y en tercer lugar, y no sé si esto lo habrá hecho notar alguien, es una meditación sobre una de las causas más crueles del derrumbamiento del mundo clásico: la esclavitud. Si el Cristianismo triunfó sobre otras corrientes religiosas de la época, que las había pululando por el ambiente como moscas, fue, entre otras condiciones no menos importantes, porque era la religión de los esclavos, la que prometía la igualdad de todos los seres humanos ante Dios. No sé cómo habría sido la historia si hubiera triunfado, por ejemplo, el culto de Mitra, dios solar que en cierto modo contribuyó a la iconografía paleocristiana, pero que limitó su extensión al ejército. Sabido es que propietarios de esclavos, sobre todo en zonas rurales, los manumitían al convertirse al cristianismo, lo que creó los problemas consecuentes de paso de un sistema a otro; tras los desórdenes provocados por la ruptura del sistema acechaba el feudalismo como alianza entre los señores de la guerra y la protección de las poblaciones amenazadas por el desorden. Pese a esta manumisión colectiva en la Baja Edad Media, habría que plantearse si realmente se abolió la esclavitud, visto que los esclavos se convirtieron en siervos de la gleba, unos casi esclavos, y fueron pasando los siglos y aquí están y siguen, que no hay más que mirar una plantación de frutas tropicales en América del Sur, o las maquilas de las multinacionales, o las fábricas chinas, modelos de esclavitud moderna, o directamente el secuestro y venta de niños y niñas en China, o en Marruecos, o las bandas organizadas para la explotación sexual en régimen esclavista, que no está en países lejanos, sino ahí mismo, en cualquier carretera española. Siempre, siempre, la dominación extrema de una clase de seres humanos por otra es el cáncer de cualquier sistema, pero mientras tanto, se mantiene el negocio. Los cambios son muy lentos y siempre se encuentra un modo de seguir manteniendo la esclavitud.
Otra idea expuesta es la asociación de los poderes, el religioso con el temporal, ya contraviniendo las palabras del fundador, "al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios". No está ausente, en términos generales, la abstracción que el intelectual puede hacer de los sucesos presentes en su tiempo. Mientras todo se agita alrededor, los "académicos" viven en sus elucubraciones y trabajos abstractos. De otro modo no podrían hacer su tarea, es cierto, pero parece que no calibran en ningún momento el cambio que su mundo está sufriendo. Hipatia sólo lo reconoce en un momento, cuando dice a Orestes que Cirilo, el patriarca de Alejandría, ya ha vencido.
Ingenuidades y anacronismos marcan la película. ¿Nadie le ha dicho a Amenábar que en el mundo antiguo no había cristales en las ventanas, por muy bonito que sea romperlos a mazazos? ¿Le han inspirado esas escenas aéreas juegos de ordenador y playstation, como Imperium? ¿Es intencionado que Cirilo el patriarca de Alejandría parezca un terrorista islámico suicida? ¿Alguien le ha supervisado los diálogos, donde Hipatia y sus discípulos hablan como personajes de un cómic? Son detalles que convierten a la película en un producto de masas, asimilable por jóvenes y población media, no demasiado ilustrada, pero que le restan gravedad y enjundia. Por eso triunfa y yo me alegro. Al menos, es uno de los nuestros. Los americanos lo habrían hecho mucho peor, desde luego.

Para quien quiera leer bien el Monólogo de Hipatia, bien el drama "Oración fúnebre", aquí dejo los documentos. El monólogo fue publicado el curso pasado por una revista literaria, llamada "Ágora", qué curiosidad, pero el drama es inédito.

19 octubre 2009

Jardiel también contaba



«Si queréis los mayores elogios, moríos»

Esta es la frase que se inscribió sobre la lápida de su tumba, con todo el amargo humor que debió desarrollar en sus últimos años. Ahora, ni siquiera resulta cierta, porque la verdad es que Jardiel Poncela anda un poco olvidado de los teatros españoles.
Yo lo he recuperado gracias al impagable blog de lecturas

Mis libros, administrado con generosidad por Rubén Castillo, y he venido a recuperarlo, no tanto con su teatro como con sus cuentos, tal y como recomendó el lector implacable llamado Ru por los que más le quieren (o sea, por Marta). Gracias, Ru (bén).
Lo leí con gran placer y muchas sonrisas, más algunas risotadas, este mes de agosto pasado, y tanto me quedé con él que lo he acarreado en la mochila por ver si hacía algo para honrarlo debidamente, no sé, leerlo tres veces más, leerlo con la ti, leerlo del revés, comérmelo a mordiscos, cualquier cosa que cuadrara con el humor del susodicho. Al final, lo conseguí. Formado el grupo de Teatro de Profesores del IES Floridablanca, me ofrecí cortésmente a adaptar algunos de esos cuentos a la escena. Nadie diga que no resulta bastante surrealista, y hasta absurdo. Y, oh, milagro, aún me acuerdo de hacerlo, y me sale medio bien y todo. Ya ensayamos uno, a base de improvisaciones, nos reímos como posesos, nos divertimos un montón, y hala, a seguir adelante con el siguiente. Gracias a Jardiel, que sigue dando mucha risa no sin un fondo de amargura traviesa. Ahora toca refinar el producro, o sea, reírnos aún más y ponernos serios con los que no se aprenden el papel. Cuando estrenemos, os invitamos a todos. Prometemos un recuerdo entrañable para este hombre que tanto se divirtió y tanto sufrió.
Una magnífica página para saber más sobre él, su vida, su humor, sus obras y sus extrañas relaciones literarias, más sus sufrimientos al final de su vida, es ésta.

Por cierto, la Sociedad General de Autores que aparece en la esquela del dramaturgo no es la misma de ahora. La de ahora puede que me meta un paquete por hacer de mi capa un sayo con los cuentos de don Enrique. Si tal obraron con los de Zalamea y Fuenteovejuna, ¿qué no harán conmigo? Tendré que ponerme en contacto con los herederos, que es lo que hacía Shakespeare cuando adaptaba cuentos de por ahí. Salvando las distancias en todos los casos.

13 octubre 2009

Artemisia Gentileschi



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Artemisia Gentileschi

(1593-1653)

Artemisia Gentileschi es considerada la primera artista plástica conocida que vivió de su pintura; por ello ha encontrado su lugar en la Historia del Arte, a pesar de la dificultad que ha supuesto para las mujeres a lo largo de los siglos. Con anterioridad hubo otras mujeres pintoras, como Sofonisba Anguissola (que pintó en España, por cierto) y Lavinia Fontana en el S. XVI, y se sabe igualmente de la existencia de mujeres pintoras en la Grecia clásica, como Helena la Egipcia, pero en todos los casos actuaban más como artistas circunstanciales y no como profesionales que vivían de este trabajo. No es éste el caso de Artemisia Gentileschi, que pudo ganarse la vida con su trabajo artístico y recibió encargos en igualdad de condiciones con los hombres pintores de su época.

Artemisia nació en Roma y era hija del pintor Orazio Gentileschi. Su padre se mostró dispuesto a enseñar a su hija el oficio sin importarle su condición de mujer; recibió de él una formación sólida y completa. Como seguidor de Caravaggio, hizo también de su hija Artemisia seguidora de este pintor barroco, de modo que se verá influenciada por la obra del maestro tenebrista, si bien en ella este estilo toma otros matices y otros significados.

Fue su mismo padre quien la animó a recibir enseñanzas del pintor Agostino Tassi, amigo y colaborador suyo. Pero precisamente esta relación marcará negativamente su vida, pues cuando Artemisia sólo contaba 19 años su propio padre denunció a Tomassi por violar a su hija. Esta denuncia no resolvió el problema -tras una denuncia se solía arreglar un matrimonio de reparación, o sea, se casaba a la chica con el violador-, sino que el asunto fue a parar a los tribunales, donde Artemisia fue incluso torturada para confirmar su denuncia.Solía ocurrir que las mujeres que acusaban a un hombre de una violación eran sometidas a tortura para comprobar que decían la verdad, lo cual era una estupenda medida disuasoria de la denuncia. Finalmente su maestro fue condenado a un año de prisión y al exilio, pero el asunto afectó profundamente a Artemisia, que para huir de aquella situación al poco tiempo decidió casarse con un rico florentino, pues la violación tenía como única reparación social el matrimonio o el convento.

No dejó de pintar por ello, siempre animada por su padre y por su fuerte personalidad creativa. Su estilo siguió la línea marcada por la influencia de Caravaggio, de la que el mejor ejemplo es el magnífico cuadro de Judith decapitando a Holofornes, en el que algunos especialistas han querido ver una muestra del resarcimiento contra el sexo masculino después de la humillación que había vivido.

El resto de su vida siguió pintando realizando importantes encargos en Roma, Nápoles, Génova e incluso en Inglaterra, adonde acudió para ayudar a su padre en la tarea de pintar los techos de la Casa de la Reina en Greenwich. En Inglaterra permaneció algún tiempo, incluso después de la muerte de su padre, hasta que finalmente regresó a Nápoles, donde moriría a los sesenta años.

Su obra es abundante, pero entre sus pinturas más destacadas habría que señalar “Susana y los viejos” de 1610, conservado en la Colección Schönborn, en Pommersfelden: Judith decapitando a Holofernes” realizada entre el 1614 y el 1620, y que puede contemplarse en la galería de los Uffizi en Florenci, y su famosa Alegoría de la pintura” de entre 1620 y 1630, conservada en el Museo de Tessé. Le Mans, en la que ella misma se autorretrata en actitud de pintar, aunque en una postura forzada que da al cuadro un carácter más teatral y exaltado, típicamente barroco.


He traído aquí la biografía de esta sorprendente artista porque leí hace poco un impresionante libro, una exquisita novela, una de los relatos más sensibles que he leído en mi vida. Su autora, Anna Banti, cuyo nombre es seudónimo de Lucia Lopresti, escribió este libro antes de la Segunda Guerra Mundial y perdió su manuscrito en el bombardeo de Florencia, con lo cual, acabada la guerra, se vio obligada a reconstruirlo, pero en ese momento incluyó en el relato su desoladora visión de lo que había visto en aquellos trágicos momentos. La conjunción de la vida de Artemisia, con todos sus tintes dramáticos, y el dolor de la escritora por la guerra, forman un delicado tapiz femenino. Artemisia Gentileschi era una desconocida, o al menos una olvidada, hasta que fue rescatada para la historia del Arte por Longhi, el gran especialista en arte barroco, casado con la que se llamaría para las letras Anna Banti. Merece la pena ver la pintura de Artemisia y merece la pena este precioso homenaje a su arte y a su valentía.

En la galería de los Uffizi me la encontré hace dos años y leí este libro con el gran placer de una recuperación, para mi historia personal y para la historia oculta de las mujeres de todo el mundo y de muchos siglos.


05 octubre 2009

Fotos y algo de música de la Cantata del Pernales




He montado algunas fotos de la grabación del disco en un estudio insólito, en medio de la Mancha, cerca de Sotuélamos. Nunca me habría podido imaginar que tal cosa existiera en tal sitio. Esto ocurrió en la primavera pasada. La de este fin de semana es la primera actuación. No salió mal del todo, pero no así las fotos, así que he puesto las del paseo -que yo no me di, porque estaba ensayando- por Riópar, un pueblo serrano precioso, que ya en otras ocasiones había visitado. El hotel, muy bien. Antes de la actuación, me hice un circuito de spa. No me extrañó nada, porque tengo yo mucha costumbre de ir al Balneario de Archena, que está a unos ocho kilómetros del campo. Un lujo, eso sí que es un lujo. La rondeña que canta Manolo Cano, después de mi pequeña introducción, es la primera pista del disco.

27 septiembre 2009

El relámpago inmóvil, de Pedro García Montalvo

Conozco a Pedro desde hace muchos, muchisimos años. Nuestros recuerdos comunes se remontan a la infancia, a esas tardes de sábado o domingo en la Glorieta, cuando nuestra madres se sentaban en corro para charlar de sus cosas, mientras los niños, de edades varias, jugaban, correteaban, se caían, lloraban, pedían globos y otras fruslerías infantiles, perseguían palomas y todas esas actividades que es el trabajo de los niños en una Glorieta. Sírvame este recuerdo de excusa si sobrepaso los límites contenidos de la crítica y caigo en el entusiasmo. Para que nadie piense que me arrebata la amistad, daré razones de peso que puedan convencer a cualquiera al hacer la reseña y recomendar su última novela, "El relámpago inmóvil", publicada por Destino, y desde hace poco en las librerías. Estoy completamente segura de que no me ofuscará la amistad y el conocimiento, sino que diré aquello que su lectura imparcial me dicta.


En un libro publicado por Pre-textos, "Nosotros los solitarios", entre muchos cuentos de mayor o menor valor, se incluía uno de Pedro García Montalvo que sobresalía entre todos: "La creación del mundo", donde un personaje secundario que aparece en otras novelas suyas, un escritor deforme llamado Aníbal Paredes y al que los amigos llaman Toulouse, pasea su mirada por un café, modesto, silencioso, observador de todo y de todos, mientras trata de recuperar una idea olvidada. En su mente se fragua la creación sin que nadie lo advierta. Toulouse crea el mundo en cada mirada y en cada palabra, y su amigo Mízar lo descubre con admiración encantada.

Al pasar unos días después de coronar felizmente, al sol de la plaza de Tirso de Molina, "El relámpago inmóvil", he recordado ese cuento, que para mí es uno de los más hermosos que Pedro haya escrito nunca. Tiende la gente a hacer comparación entre las obras del mismo autor, como yo acabo de hacerlo, y siempre la última novela, la última obra, es comparada con la inmediatamente anterior o con alguna que tuvo mucha fortuna. No es lo apropiado, pues la obra de arte es en sí misma; sin embargo, cuando el artista es Toulouse, el modesto escritor que observa y que crea el mundo, la obra es en sí misma y además pertenece a un conjunto del que no puede escapar, del que no puede ser aislada. Acertado seudónimo el de Toulouse; cada línea de ese artista plástico es una maravilla en sí, pero pertenece indefectiblemente a toda una línea creativa de mundo.

Imaginemos a un imposible dios crítico, fuera de la creación, que estuviera viendo cómo el otro dios creaba el mundo en siete días. "Qué bien te ha quedado la luz". "Lo de separar las aguas de la tierra ¿no te ha quedado un poco raro? Podrías haberlo hecho más regular.¿no?". "Los animales del agua están bien, pero te han salido mejor los del aire, sin ninguna duda". "Sí, sí, esos animalillos bípedos sin pelo ni plumas ni escamas están curiosos, pero como la luz, nada, eso sí que te salió bien", y asi, comparando cada parte de lo creado con otra parte, sin ver que todo forma una armonía, una concordancia, que diría David Bohm. Valga la absurda broma para decir que Pedro va creando un mundo, el mundo, novela a novela, con cuidado exquisito, y en cada una está todo lo anterior y anuncia lo siguiente por necesario; y en cada una está su persona y no está, porque, como creador, se oculta delicadamente.

Cuando leí la última frase de la novela, -y no la pongo completa para no romper el encanto- "cuando estaba con ellos la hermosura completa del mundo, y de la vida", las palabras no se me antojaban extrañas, sino familiares, y me parecía que mi mente iba directa al pensamiento de Pedro, y casi que se lo oía decir en silencio, con la mirada y la actitud, pues ese es su hallazgo, el triunfo de lo bello, del amor, de la hermosura completa del mundo sobre aquellas zonas oscuras que lo amenazan siempre.

Que Pedro cultiva una prosa magnífica no es ningún descubrimiento mío; basta con leer en voz alta un párrafo tan solo para comprobarlo, como ocurrió durante las lecturas públicas de su obra en el Museo Ramòn Gaya. El silencio de nuestra mente lectora nos puede confundir a veces, pero es bueno y aun excelente lo que sigue siéndolo leído en voz alta. Que Pedro traza personajes de gran viveza y estilo tampoco es un secreto ni un descubrimiento. Lo sabemos desde sus primeros cuentos y desde su primera novela. Tampoco lo es que dispone como nadie el paisaje urbano, incluidas sus gentes, ni que practica una narración clásica y reposada. Todo eso es importante, claro; es lo que sustenta su mundo creado y hay que decirlo, pero sólo eso. Todo lo demás es emoción y es pensamiento. Echarle una cuadrícula para entrar en tecnicismos narrativos es como querer apresar la luz con una red. Nada más digo de ese pequeño dios criticón que juzga si las aves del cielo o los peces del mar quedaron mejor o peor parados en su creación.

Para seguir el mundo que Pedro García Montalvo va creando, hay que leer esta novela y hay que leerla con amor, no con redes, porque el amor es su gran sustento y su triunfo. Del tema de la novela y de otras observaciones que he hecho hablaremos más adelante.



21 mayo 2009

Un niño prodigio, de Irene Nemirovsky


Muchas circunstancias, no todas agradables, me han tenido apartada por un poco de tiempo, desde mi enfermedad, que duró poco por fortuna, hasta el incordio de haber pasado lo que se llama una valoración docente, que consiste en que un inspector te persiga durante días haciéndote preguntas reiterativas y pidiéndote documentos. Esto llega a ponerte la autoestima por los suelos, porque parece que no haces nada de lo que tendrías que hacer y que todas las cosas que hago son algo así como tonterías. Yo por mi parte pienso que tal intento de valoración de esta labor es como querer cazar elefantes con un cazamariposas. No se puede captar el hecho complejísimo que es la enseñanza a base de preguntas y papeles. Pero depende de lo que el inspector considere para que se emplee a fondo con sus cuestionarios o lo haga todo más liviano. El que me ha tocado a mí no puedo decir que adolezca de liviandad. Cada vez me decía a mí misma que había hecho una locura solicitándola, y que casi renunciaba, pero ya que se había molestado al equipo directivo, a los compañeros de Departamento, y hasta a los alumnos, pues que adelante y que ya veríamos. Espero que la percepción de ser un desastre de profesora sea algo solamente mío y que el inspector no piense lo mismo, que si no es así, voy dada. En fin.
Mientras tanto, una lectura ligera, pero muy hermosa. Esta novelita juvenil de una de las autoras que más admiro: Irene Nemirovsky. De ella he leído hasta el momento, me parece, todo lo que ha ido saliendo a las librerías. Me la descubrió mi amiga Alicia Poza, que tuvo la deferencia de regalarme "El baile", un cuento agrio y descarado que me impresionó. A partir de ahí, la "Suite francesa", su mejor obra sin duda, me convirtió en una incondicional. Esta obra está inacabada, sencillamente porque la escribía con prisa refugiada en el bosque, esperando que de un momento a otro la detuviera la Gestapo, como así ocurrió. Nacida en Kiev, en 1903, hija de un adinerado banquero, la familia inició un periplo europeo que culminó en Francia, donde les sorprendió la entrada de los alemanes. Irene Nemirovsky ya estaba casada y tenía dos hijas. Su marido, Michel Epstein, no pudo creer lo que estaba pasando y tanto se aireó por todas partes, inquiriendo por judíos detenidos, que al final lo detuvieron a él mismo y lo mataron. Irene sabía que detrás iba ella y sólo pudo alcanzar a dejar a sus dos hijas a buen recaudo, junto con una maleta que contenía sus escritos de la "Suite francesa". Ya adultas, las hijas rescataron esos manuscritos de su madre, muerta en el campo de concentración de Auschwitz, el17 de agosto de 1942.
Sobre una de sus obras, "David Goldberg" escribí un artículo crítico cuyo enlace aquí dejo. Sobre esta que he leído ahora, sólo diré que es una novela juvenil, la primera. Cuando la presentó por correo a un editor, el buen hombre pensó que era original de algún autor consagrado que se presentaba bajo ese seudónimo, por lo que su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró con una frágil jovencita como autora de esa pequeña joya. La novelita es una verdadera delicia, algo retórica en su lenguaje, aún no tan depurado como en obras posteriores, pero de desarrollo impecable y encantador. Su tema, una meditación sobre la naturalidad del arte como don; su argumento, bien sencillo. Un niño de la calle es recogido por una dama de gran poder, belleza y riqueza, porque es poeta natural. La vuelta a sus orígenes viene al final, cuando él ya no puede ser la persona que era. Una breve y delicada lectura para un fin de semana.

15 mayo 2009

¿Cómo enseñamos la Literatura y la Lengua?

Hace un tiempo recibí por correo de parte de mi amigo Santiago Delgado, este libro de su autoría. Lo archivé y me dije que en cuanto tuviera un rato lo leería. Pensamiento vano. Entre el aprieto que siempre llevo y que me cuesta demasiado leer en la pantalla, lo iba dejando y casi que lo olvidé. No lo olvidé, en realidad, porque lo tenía en el escritorio, pero se me fue de la mente entre demasiadas cosas que hacer. Hasta que Rubén Castillo actuó de clarín y me lo rescató. Santiago tuvo la deferencia de regalármelo en papel, que es como se lee a gusto y se subraya y se manosea un poco, y hasta se huele. Lo leí el fin de semana pasado con mucho gusto. Quizás sea porque coincidimos en el punto de vista sobre la enseñanza de la Literatura, de la Lengua, del lugar que cada una debería ocupar en el desarrollo escolar, en la observación del desfase que hay entre la realidad y lo que solemos hacer en las aulas, donde a veces tenemos más en cuenta nuestros gustos e ideales literarios, nuestro convencimiento sobre la mucha necesidad que hay de conceptos gramaticales, y otras cosas, antes que poner nuestro saber al servicio de nuestros alumnos y ofrecernos más como guías que como instructores. Ellos son de hoy, de ahora mismo, y tienen el futuro para compartirlo con nosotros hasta un punto. Después los dejaremos solos y nos iremos. Ellos serán los encargados de transmitir aquello que sepan, que hayan disfrutado y apreciado, a gente que será como ellos son ahora.
La idea de Santiago, como la mía, y como la de un grupo de profesores, no necesariamente jóvenes, pero siempre entusiastas, es la de poner en primer plano la Literatura, no la Historia de la Literatura; partir del texto, no del autor, ni de la época, ni de las características del movimiento literario, que son cosas que vendrán luego, cuando se haya suscitado el suficiente interés o mediante trabajos de grupo o individuales. La finalidad nuestra debería ser siempre educar la sensibilidad literaria. Yo suelo decir que cuando trabajo un soneto de Garcilaso, por ejemplo, lo que pretendo conseguir no es que conozcan a Garcilaso, que podría ser otro autor y otra época, sino que no puedan soportar una puerta cerrada de golpe. Es decir, que ese soneto haya creado tanta armonía en su interior que las disrupciones sean sentidas como lo que son. No sé si lo conseguiré, pero yo no enseño poesía, enseño sensibilidad, buen gusto.
Respecto a la Lengua, la frase de Santiago es lapidaria:

"La Lengua no es un contenido, es un instrumento. El mejor instrumento para aprehender el mundo. Si confundimos la Lengua con la Gramática, también confundiremos las instrucciones de una medicina con la medicina misma. Quien quiera sanar, tome la medicina. Entender las instrucciones no cura".

La pena es que se trata de un libro difícil de conseguir, pues su publicación ha corrido a cargo de la Consejería de Educación, por lo que, según parece, no se vende en las librerías. Sería cosa buena que llegara al máximo de profesores de Lengua y Literatura, pues incluso en el caso de que no se estuviera de acuerdo en todo su contenido, aporta una visión diferente de estas enseñanzas de las que todo el mundo se queja, pero a las que nadie pone en marcha para un giro definitivo. Por eso, y si el autor no se enfada, que si se enfada lo quito al momento, subo aquí un enlace para que los interesados puedan echarle un vistazo. En papel, desde luego, se lee mejor y con más gusto, pues es un libro ameno, contrariamente a lo que suelen ser los libros de didáctica. Bien estaría que nos hablara de otra forma de enseñar y no enseñara, como decían los clásicos, mezclando lo útil con lo agradable. Santiago lo ha tenido bien en cuenta.




25 febrero 2009

Historia de una maestra de Josefina Aldecoa

Hace tiempo que no escribo de lecturas. Parece que leo en secreto. En cierto modo, es verdad. Leer es una costumbre muy silenciosa y secreta. Cada día descubro esa intimidad de la lectura como uno de los grandes placeres de la vida. Sigo con mis libros, con variados temas de interés. Hay una imagen a la izquierda de las entradas que dice "Libro en la mesilla". Más o menos, dice la verdad, porque no es nunca un único libro el que está allí, junto a la cabecera de los sueños. Ahora mismo tengo uno de poesía, de Isabel Escudero, dos de ensayo, uno de Beauvoir y otro de Germaine Greer, unas memorias de Shonagon... Una mesilla superpoblada de ideas, sentimientos y narraciones.
Este que traigo aquí, me ha impresionado especialmente. Fue una recomendación de un grupo de profesoras y maestras, las Sofías. Siento esta novela como la vida de tantas y tantas mujeres, como la obra de tantas y tantas mujeres en la historia: ahí está, perfecto, fecundo, la gente lo trae, lo lleva, se lee, se vende y se regala, pero no reluce, no se comenta apenas. Hace su pequeña labor callada.
La novela de Josefina Aldecoa es la humilde historia de una mujer que dedica su vida a educar niños, como tradicionalmente han hecho las mujeres. Sanidad y Educación han sido las profesiones válidas para mujeres desde hace siglos, porque, como se dijo en algún momento, "son extensión de su función natural", cuidar y educar. Es la razón por la cual son labores consideradas de poca valía en la sociedad, malpagadas y mal consideradas. No sé si por eso las hacen las mujeres o si, por el contrario, las hacen las mujeres por eso.
Además de la educación, de la que envía una imagen totalmente distinta a la que tradicionalmente ha primado, la novela trata el tema de los sueños truncados por la realidad; del drama de la guerra; de la ignorancia intencionadamente mantenida en las pobres gentes; de la ternura y de la amistad que se transforma en ayuda mutua entre mujeres; de la obcecación masculina en un mundo gobernado por esa misma obcecación.
Lo más impresionante para mí es la naturalidad. Es de esas novelas que parece que se han esscrito ellas solas, a pesar de que se trata de un relato en primera persona. Esa magia de la narración que se desarrolla a sí misma, a pesar del narrador y a la par de él, con la naturalidad de lo que cuenta el pueblo, es algo difícil de encontrar, pero cuando ocurre, una se siente como ante un milagro.
Dejo unos párrafos de muestra, el primero sobre la vocación pedagógica.

"La escuela sería mi único recurso. Por entonces ya empezaba a sentir esa profunda e incomparable plenitud que produce la entrega al propio oficio. Me sumergia en mi trabajo y el trabajo me estimulaba para emprender nuevos caminos. Cada día surgía un nuevo obstáculo y, a la vez, el reto de resolverlo. Los niños avanzaban, vibraban, aprendían. Y yo me sentía enardecida con los resultados de ese aprendizaje que era al mismo tiempo el mío".

"Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía más que todo lo que ellos recibían de mí".

"Y aprendí una cosa más: que tan importantes eran esas lecciones como las otras, las oficiales, las obligadas por principio, porque todas guardaban relación entre sí, si pretendíamos educar de verdad a aquellos hombres y mujeres en ciernes".

"Lo que no se comparte no deja huella ni nostalgia. No se siente pesar por el bien perdido en soledad. Tampoco el dolor sufrido a solas sirve de referencia pesarosa".

"Pero ya entonces creía yo más en la justicia que en la caridad. Respetaba la labor de las monjas pero no era mi labor. Mi sueño iba por otros rumbos. Educación, cultura, libertad de acción, de elección, de decisión. Y lo primero de todo, condiciones de vida dignas,, alimentos, higiene, sanidad".

15 febrero 2009

Cada llave en su llavero


Bueno, esta vez ha sido fácil, porque todos los enigmáticos escritores no lo eran, que los conocía todo el mundo, pero la cosa estaba en adelantarse a los demás, como hizo el astuto

ERNESTO

El cual dijo todos los nombres, excepto uno, el número cinco, el cual lo desveló el no menos astuto

UN PROFE CUALQUIERA

Y por cierto, la llave apareció, que es esa que se puede ver en la foto, sobre un etéreo traje de hada de una brujilla. La llave corresponde a los cajones de una cómoda antigua de marquetería donde guardo las sábanas en el campo, así que ya se ve que ofrezco lo mejor que tengo.


En efecto, el número uno era el comienzo de
"Por el camino de Swan",
la primera novela de la larga serie que conforma "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust, el llamado por mí "galo neurótico", con todas las razones del mundo. Neurótico y todo, lo adoro y lo tengo entre mis neuróticos preferidos. Como además tengo la suerte de no tener que convivir con él, me puedo permitir la demasía de adorarlo hasta el embeleso. Lo tomé de la Biblioteca Proust de Alianza Editorial, que no tiene más defecto que ser un poco leísta. Los castellanos no lo notarán. Dedicado a SUPERSALVAJUAN.

El "ruso misterioso" era Dostoievsky, con su intenso comienzo de "Crimen y Castigo". Tengo que confesar que he leído hasta la última línea de este hombre, algunas obras varias veces, y que pienso que lo volveré a leer en cuanto me dé la añoranza. Lo extraje de la obra completa que publicó Aguilar, cuando los balcones de madera eran el último grito. Dedicado a MINERVA.

Puse en tercer lugar al "alemán de prolijo mapa", el Hans Castorp de "La Montaña Mágica" de Thomas Mann, viajando hacia el sanatorio donde tantas vivencias iba a encontrar y tantas discusiones filosóficas iba a mantener entre tos y tos de tísico. La leí tan joven que me enamoré, como era natural, y luego al volver a ella, me recaló en el alma como un amor viejo. Quizás también la recupere para una nueva lectura. Obra completa, tomo III, de Plaza y Janés. Dedicado a MATAPOLLOS.

Y siempre, siempre volveré a embarcarme con Melville en el barco que él me diga y con la tripulación que toque sin hacer demasiadas preguntas, más que nada porque no sea que me conteste y me suma en abismos de los que luego no pueda salir yo sola. Claro, era el comienzo de "Moby Dick", una de las obras más intensas de la literatura de todos los tiempos, aunque luego, poco a poco, se pueda ir quedando esta lectora entretenida y fascinada con otras obras suyas, como "Benito Cereno", o "Chaqueta Blanca", con marineros bonitos o con escribanos reticentes. Siempre con el aduanero Melville. Editorial Planeta, traducción de José María Valverde. Dedicado a LA PISTOLA DE LARRA.


El "germánico entusiasta", tanto que en un arrebato termina pegándose un tiro, y de paso a todo el Prerromanticismo, por si acaso, era "Los sufrimientos del joven Werther", de Goethe. Sí, profe cualquiera, era una vetusta traducción, pero magnífica. La de Rafael Cansinos Assens, en las Obras Completas, Editorial Aguilar, Tomo I. Creo que el gran maestro de la traducción, nunca bien ponderado erudito, quiso conservar ese aire romántico del Werther, y para mí que hizo bien. Nuevas traducciones he leído, pero nunca me saben igual que esta. Dedicado al buen amigo bloguero MIGUEL, que con tanta justeza escribe.


"Madame Bovary soy yo", dijo Flaubert, y hay que ver lo que dio que hablar con la frase. El comienzo es la entrada del que luego sería el marido de Emma Bovary en el colegio, hecho un pobre palurdo. Esta novela, y no lo digo por presumir, sino para hacer comprender mi devoción, la he leído hasta en francés. No es que los demás no despierten en mi tanto entusiasmo, es que en ruso, alemán e inglés no podría. Respecto a la célebre frase, nada más que puedo decir que lo comprendo, como se comprende a un amigo que te expone un problema que guarda una ligera semejanza con algo que a uno mismo le ha ocurrido. Pues claro, Gustave, te comprendo, ya sé que Madame Bovary eres tú y entiendo tu conflicto. Dedicado a EME, porque ella también es Madame Bovary. Lo tengo en un pequeño tomo de Editions Jean-Claude Lattés, de 1988. También la tengo en dos ediciones en español, pero en francés presumo más.



Y éste se lo voy a dedicar a MIGUEL ÁNGEL, porque sé que Tolstoi le gusta, si lo ha leído, se calla, pero le gusta, si no lo ha leído, le gusta sin saberlo. Sí. era el principio de "Ana Karenina", qué maravilla de novela, qué novelón, qué historia, qué finura y delicadeza para la narración. Otro de mis grandes entusiasmos que nunca pierdo, por tiempo que pase y por diferentes que sean las obras que lea de este genio. Editorial Cátedra, Letras Universales.


Galdós, nuestro gran escritor, el maestro de los narradores españoles, aunque generaciones nuevas quieran huir de él con una rebanada de pan y cremillas de nueces falsas en la mano. Que se tomen todos los petisuis que quieran y se relaman los bigotillos infantiles, pero Galdós siempre estará tras ellos esperándolos, y si no lo saben ver, peor para ellos. Era el comienzo de "Fortunata y Jacinta", la magistral obra de la dualidad, cuyo análisis no ha dejado de estar vigente. Y al que le duela, que se tome una aspirina. Dedicado a CLARA Y PEPE. Obra completa en Editorial Planeta.

Esta vez eran fáciles. Pero ¿habríais reconocido a doña Emilia Pardo Bazán, a Virginia Wolf, a Jane Austen, a Charlotte Brönte, a Georges Sand, a Georges Elliot, a Jean Rhys? Las mujeres son siempre más difíciles, porque son más desconocidas. Y esto que parece un dicho masculino, dadle la vuelta y miradlo por el otro lado.










13 febrero 2009

Concurso de Comienzos magistrales


Un amigo mío muy querido, magnífico escritor, decía que en una obra literaria lo más difícil es el comienzo. Según su particular fórmula, había que solucionar rápido esa angustia del papel vacío, poniendo cualquier tontería que se ocurriese, como por ejemplo: "Dónde están las llaves, matarile, rile, rile en el fondo del mar, matarile, rilerón", para comenzar, y después dedicarse uno tranquilamente a contar lo que le diera la gana. Supongo, dada la calidad de sus obras, y que ninguna de las suyas que yo conozco hasta ahora, comienza de ese modo, supongo, digo, que luego eliminaria la primera frase de las llaves, una vez que las hubiera encontrado. Que a lo mejor no es ningún truco de escritor, sino una simple argucia de despistado que se deja las llaves en cualquier sitio.
Pues a lo que vamos. Dejo el sitio solo. Me voy a cuidar chiquillos al campo. Que conste. No a descansar. Dejo a la gente al cuidado de esto, con un encargo. Mirar a ver si alguien sabe de qué obras maestras son estos comienzos. Naturalmente, daré unos premios, los premios... "Escribir y rascar, todo es empezar", que se me acaba de ocurrir. Aunque tampoco habría estado mal: "Premios Dónde están las llaves". Y como no tengo fotos de llaves, válgame que poca fotodiversidad tengo, he puesto una de un picaporte de una casa de Castelserás, provincia de Teruel, al lado de Alcañiz, que es donde vive mi amiga Wilma.
Para facilitar las cosas, doy una pista sobre el autor o la obra.

1. Galo neurótico.

"Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces, apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme: "Ya me duermo".
(Como pretexto para empezar, no tiene precio)

2. Ruso misterioso.

"Expiraba una tarde sumamente calurosa de comienzos de julio cuando un joven abandonó el cuartucho que alquilaba en el pasadizo S. y encaminó sus pasos, lentamente y como indeciso, hacia el puente K."
(Una excelente situación espacial para no perdernos)

3. Alemán de prolijo mapa.

"Un modesto joven se dirigía, en pleno verano, desde Hamburgo, su ciudad natal, a Davos-Platz en el cantón de los Grisones. Iba allí a hacer una visita de tres semanas".
(Otro joven en verano, pero este, como alemán, sabe perfectamente lo que hace)

4. Americano decidido.

"Llamadme Ismael. Hace unos años -no importa cuánto hace exactamente-, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo".
(Situación temporal irrelevante, pero si se decuida, ve la parte acuática del mundo por dentro)

5. Un germánico entusiasta.

"¡Qué alegría verme ya lejos de ahí! ¡Lo que es el corazón humano, mi óptimo amigo! ¡Dejarte a ti, cuyo era yo el inseparable, y estar alegre! Ya sé que me perdonas".
(Así, con tanta exclamación, es fácil empezar. Matarile, rile, rile).

6. Comienzo escolar francés.

"Estábamos en la hora de estudio, cuando entró el director seguido de un chico nuevo con atuendo provinciano y de un bedel que traía un gran pupitre. Los que estaban dormitando se espabilaron y todo el mundo se puso de pie, fingiendo que había sido interrumpido en su tarea".
(Para que digan de los escolares de ahora. Aquellos hasta se dormían)

7. Ruso sentencioso.

"Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas lo son cada una a su manera".
(Toma del frasco de las grandes sentencias, pero verdad de la buena)

8. Español puntilloso.

"Las noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo mío, y el otro, y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad".
(Por referencias que no quede)

Hasta aquí hemos llegado desde los comienzos. Siempre, siempre hay que saber cómo empezar, que bien acaba lo que bien empieza y la viceversa antonímica, o sea, que mal acaba lo que mal empieza. No dirá nadie que estos comienzos no son de antología. Siento decepcionar a los que esperaban algo así como "En un lugar de la Mancha", porque ése es tan de antología, que lo saben hasta los estudiantes dormidos.

06 febrero 2009

Yehudá Ha-Leví


Estos días, en medio de un trabajo intenso, que además tenía un exacto plazo de presentación, me sale al paso este libro, del 97, que de vez en cuando recupero para una lectura siempre nueva y placentera. Es buena poesía, así que el diálogo se renueva. "Ah, sí, este poema de amor que me trajo una imagen lejana de la judería de Córdoba... " o aquel otro, en el que reconoci la cercanía con el misticismo de Ibn Arabí, también llamado el Mursí. Hablo de un frecuente reencuentro con Yehudá Ha-leví. Supongo que los grandes lectores de poesía -yo realmente no lo soy, pues tengo muy escogidos mis poemas y autores- conocerán muy bien a este poeta español del siglo XI, pero no creo que sea muy conocido en general. Por eso, al releerlo, me ha parecido bien dedicarle unas líneas y copiar mi particular selección poética.

Yehudá Ha-Leví nació en Tudela, en Navarra, en el 1075. Durante bastante tiempo se le conoció como el Castellano, pues se le creía nacido en Toledo. Fue autor de un Diván de poesía (colección de poesías de uno o de varios autores, en alguna de las lenguas orientales, especialmente en árabe, persa o turco), en el que se incluyen jarchas, pequeños poemas en castellano mozárabe muy primitivo, al final de largos poemas amorosos en árabe clásico o en hebreo, llamados moaxajas. Además de esta colección poética, que incluye poemas amorosos, filosóficos, religiosos de tendencia mística, y dedicatorias de amistad, escribió un tratado histórico-religioso llamado El Kuzarí.
Se formó culturalmente en la corte de los Banu Hud de Zaragoza, donde recibió educación bilingüe en árabe y en hebreo; también dominaba el castellano. Vivió en Toledo, Córdoba y Granada, y hacia el 1130 inició una peregrinación a Tierra Santa, de la que no regresó nunca. Su muerte está rodeada de misterio, y sólo se sabe que se detuvo en Alejandría y en El Cairo, protegido por las comunidades judías de esas ciudades. Dspués se pierde toda noticia sobre su persona.

Esta es mi pequeña antología personal. Si alguien quiere leer más sobre este autor o algunos poemas, en la página amediavoz podrá encontrar más.


El día en que la acaricié sentada sobre mis rodillas
y se vio reflejada en mis pupilas,
me besó entre risas los ojos;
pero no besó en ellos sino su imagen.

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Despierta, amor mío, de tu duermevela,
me he de saciar de tu rostro al despertar;
si ves al que besa tus labios
soy yo, que adivino tus sueños.

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Ofra lava sus vestidos en el agua de mis lágrimas
y los pone a secar al sol de su hermosura.
No necesita el agua de las fuentes, pues tiene la de mis ojos,
ni otro sol que el de su belleza.

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¿Por qué sales, oh sol, y por qué brillas?
Ya ha salido la hija de Abihail,
avergonzando al sol con su belleza
y disminuyendo los resplandores del rey del día.

No escogió para vivir el cielo,
sino que convirtió el mirto en su esfera.

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Cuando vi en mi cabeza la primera cana
la arranqué con la mano.
"Has podido conmigo", me dijo, "porque estoy sola.
¿Qué harás cuando me siga un escuadrón?"