He encontrado un
precioso poema de Fernando Pessoa donde el motivo poético es una
mujer que hace crochet, o sea, ganchillo. Es un maravilloso poema
de extraño tema. Pocas veces los hombres, y menos los artistas, se
han ocupado de mirar las labores femeninas. Pessoa lo hizo, es una
excepción, y la labor de la mujer que está a su lado y a la cual
observa ensimismado, le trae una reflexión humana muy interesante.
Las labores llamadas
femeninas han existido desde la Prehistoria; agujas e instrumentos
de costura se encuentran continuamente en yacimientos arqueológicos.
Se llaman “femeninas” por extensión, porque no podemos saber si
esas agujas halladas en el origen de la Humanidad eran manejadas por
hombres y mujeres sin diferenciación. Tejer, coser, bordar, no han
sido labores que exclusivamente hayan hecho las mujeres, pero se les
llama “labores femeninas”, supongo que porque mayoritariamente,
y como necesidad de las pobres o afición de ociosas, las han hecho
las mujeres.
Detalle de una Cortina de crochet "Pavo real"
Supe en Ceuta de un caso
curioso. Una de las conserjes de mi instituto, que me estaba
haciendo unas fotocopias de patrones, me dijo que un guardia civil
de la frontera, que se aburría muchísimo en las guardias
nocturnas, había pedido a su mujer que le enseñara a hacer
ganchillo. El hombre se entretuvo así y obtuvo como resultado
éste. “Una colcha preciosa que le hizo a su mujer, doña
Fuensanta, no se puede usted imaginar qué preciosidad de colcha”.
Yo más bien me imaginaba los bigotes del guardia civil tejiendo en el
silencio de la noche, arrullado por las olas del Tarahal, o
escuchando los tremendos temporales de viento y oleaje, en su garita
de frontera, y también la cara que pondría su compañero en la
guardia cuando lo viera tejiendo sus lanas, tan hacendoso, haciendo sus aplicaciones para la colcha tan preciosa.
Después de este
divertido episodio, la reflexión de Pessoa queda aquí: tejer es la
vida misma, o más bien los entretenimientos que nos buscamos para llevar adelante nuestra vida.
Sin impaciencia,
sin curiosidad,
sin atención,
veo el crochet que con ambas manos combinadas
haces.
Lo veo desde lo alto de un monte inexistente,
malla tras malla formando un paño...
¿Cuál es la razón de que te dé entretenimiento
a las manos y al alma esa cosa tan fina
por donde se puede meter un fósforo apagado?
Pero también
¿cuál es la razón que me sirve para criticarte?
Ninguna.
Yo también tengo un crochet.
Fechado desde cuando comencé a pensar...
mallas sobre mallas formando un todo sin todo...
un paño que no sé si es para un vestido o para nada,
un alma que no sé si es para sentir o vivir...
Te miro con tanta atención
que ya ni reparo en ti...
Crochet, almas, filosofías...
todas las religiones del mundo...
todo cuanto nos entretiene en la velada de sernos...
Dos marfiles, una vuelta, el silencio...
sin curiosidad,
sin atención,
veo el crochet que con ambas manos combinadas
haces.
Lo veo desde lo alto de un monte inexistente,
malla tras malla formando un paño...
¿Cuál es la razón de que te dé entretenimiento
a las manos y al alma esa cosa tan fina
por donde se puede meter un fósforo apagado?
Pero también
¿cuál es la razón que me sirve para criticarte?
Ninguna.
Yo también tengo un crochet.
Fechado desde cuando comencé a pensar...
mallas sobre mallas formando un todo sin todo...
un paño que no sé si es para un vestido o para nada,
un alma que no sé si es para sentir o vivir...
Te miro con tanta atención
que ya ni reparo en ti...
Crochet, almas, filosofías...
todas las religiones del mundo...
todo cuanto nos entretiene en la velada de sernos...
Dos marfiles, una vuelta, el silencio...
6 comentarios:
He visto a una musculosa damisela romper piedras con una maza, [en mi pueblo llaman a ese instrumento terrorífico “macho”]. Y he visto a un pastor preparar el biberón, darle de “mamar” al corderillo y luego arrullarlo. O sea, que eso de los “rolex” son tan artificiales como la vida misma… natural.
Un ¡hurra! por el guardia civil de los bigotes y un ¡bonico! por el poema de Pessoa.
Y otro ¡bravo! (o ¿tendría que ser brava?) para ti por esta entrada.
Viva el ganchillo!!!
Me encanta el crochet, el punto y todas las labores.
Pero fue mi hermano mayor el que me enseñó a coser a maquina. ¡Con poca edad él ya sabía!
Un abrazo desde mi Librillo.
No, ya ves, Miguel Ángel, que no es una cuestión de género, que manos tenemos todos y unos más habilidad que otros, pero en todo caso es cuestión de educación y libertad. Mi hijo ha aprendido este verano a hacer punto de calceta y ya va por la segunda bufanda para practicar y conseguir un punto uniforme, parejico, que decimos en Murcia. Es algo entretenido y útil. No digo nada de la costura, que soluciona muchos pequeños problemas domésticos.
Y vivirá, porque ahora hay un resurgir de estas labores "femeninas" vistas incluso como reivindicación de género.
Bienvenida a mi blog, Rosario. Me alegra que te haya gustado la entrada del crochet, y supongo que tú, como yo, eres de las que hacen labores, que no sé cómo te dará tiempo, con esa dedicación que tientes a tus pequeños alumnos. Y lo de tu hermano, es algo excepcional y precioso.
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