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17 enero 2013

Pessoa y el ganchillo

He encontrado un precioso poema de Fernando Pessoa donde el motivo poético es una mujer que hace crochet, o sea, ganchillo. Es un maravilloso poema de extraño tema. Pocas veces los hombres, y menos los artistas, se han ocupado de mirar las labores femeninas. Pessoa lo hizo, es una excepción, y la labor de la mujer que está a su lado y a la cual observa ensimismado, le trae una reflexión humana muy interesante.
Las labores llamadas femeninas han existido desde la Prehistoria; agujas e instrumentos de costura se encuentran continuamente en yacimientos arqueológicos. Se llaman “femeninas” por extensión, porque no podemos saber si esas agujas halladas en el origen de la Humanidad eran manejadas por hombres y mujeres sin diferenciación. Tejer, coser, bordar, no han sido labores que exclusivamente hayan hecho las mujeres, pero se les llama “labores femeninas”, supongo que porque mayoritariamente, y como necesidad de las pobres o afición de ociosas, las han hecho las mujeres. 

 Detalle de una Cortina de crochet "Pavo real"

Supe en Ceuta de un caso curioso. Una de las conserjes de mi instituto, que me estaba haciendo unas fotocopias de patrones, me dijo que un guardia civil de la frontera, que se aburría muchísimo en las guardias nocturnas, había pedido a su mujer que le enseñara a hacer ganchillo. El hombre se entretuvo así y obtuvo como resultado éste. “Una colcha preciosa que le hizo a su mujer, doña Fuensanta, no se puede usted imaginar qué preciosidad de colcha”. Yo más bien me imaginaba los bigotes del guardia civil tejiendo en el silencio de la noche, arrullado por las olas del Tarahal, o escuchando los tremendos temporales de viento y oleaje, en su garita de frontera, y también la cara que pondría su compañero en la guardia cuando lo viera tejiendo sus lanas, tan hacendoso, haciendo sus aplicaciones para la colcha tan preciosa.
Después de este divertido episodio, la reflexión de Pessoa queda aquí: tejer es la vida misma, o más bien los entretenimientos que nos buscamos para llevar adelante nuestra vida.


Sin impaciencia,
sin curiosidad,
sin atención,
veo el crochet que con ambas manos combinadas
haces.

Lo veo desde lo alto de un monte inexistente,
malla tras malla formando un paño...

¿Cuál es la razón de que te dé entretenimiento
a las manos y al alma esa cosa tan fina
por donde se puede meter un fósforo apagado?

Pero también
¿cuál es la razón que me sirve para criticarte?

Ninguna.
Yo también tengo un crochet.

Fechado desde cuando comencé a pensar...
mallas sobre mallas formando un todo sin todo...
un paño que no sé si es para un vestido o para nada,
un alma que no sé si es para sentir o vivir...
Te miro con tanta atención
que ya ni reparo en ti...

Crochet, almas, filosofías...
todas las religiones del mundo...
todo cuanto nos entretiene en la velada de sernos...
Dos marfiles, una vuelta, el silencio...

Este poema pertenece al libro "La Tabaquería".

03 febrero 2010

Ungaretti y Pavese

Como se sabe ya de hace tiempo, en el instituto en el que al parecer trabajo coordino una actividad de lectura en voz alta, a la que hemos dado en llamar "Lecturas compartidas". Cada martes, en la hora del recreo, en la biblioteca, alguien se presta a compartir una lectura con todos los que quieran escucharlo. Leen profesores, profesoras, gente que viene de fuera, amigos y amigas, alumnos y alumnas. Lo pongo así, en masculino y femenino, porque mi norma es ir alternando adultos con chicos, hombres con mujeres, para que todo el mundo esté suficientemente representado, de modo que nos vamos haciendo un panorama de los gustos literarios de la gente.

El último martes fue un verdadero regalo. José Ángel Rasilla es un profesor de Literatura, que fue antes profesor de italiano en la Escuela de Idiomas, un profesor vocacional y dedicado, con un gusto literario exquisito, que nos ofreció cuatro poemas, dos de Cesare Pavese y dos de Ungaretti. Los leyó en italiano y luego en español, en traducción propia. Nos ilustró sobre la vida de estos dos poetas y nos hizo reír con sus bromas, pues José Ángel goza y hace gozar de un excelente sentido del humor, lo que siempre es muy de agradecer en las personas y más aún en los profesores.
Como me gustaron tanto, creo que los voy a incluir en mi cuaderno de poesía, si nadie tiene nada en contra.

CESARE PAVESE

VERRÁ LA MORTE E AVRÀ I TUOI OCCHI

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi-
questa morte che ci accompagna
dal mattino alla sera, insonne,
sorda, come un vecchio rimorso
o un vizio assurdo. I tuoi occhi
saranno una vana parola,
un grido taciuto, un silenzio.
Così li vedi ogni mattina
quando su te sola ti pieghi
nello specchio. O cara speranza,
quel giorno sapremo anche noi
che sei la vita e sei il nulla
Per tutti la morte ha uno sguardo.
Verrà la morte e avrà i tuoi occhi.
Sarà come smettere un vizio,
come vedere nello specchio
riemergere un viso morto,
come ascoltare un labbro chiuso.
Scenderemo nel gorgo muti.

(Vendrá la muerte y tendrá tus ojos 
esta muerte que nos acompaña 
desde el alba a la noche, insomne, 
sorda, como un viejo remordimiento 
o un absurdo defecto. Tus ojos 
serán una palabra inútil, 
un grito callado, un silencio. 
Así los ves cada mañana 
cuando sola te inclinas 
ante el espejo. Oh, amada esperanza, 
aquel día sabremos, también, 
que eres la vida y eres la nada. 

Para todos tiene la muerte una mirada. 
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. 
Será como dejar un vicio, 
como ver en el espejo 
asomar un rostro muerto, 
como escuchar un labio ya cerrado. 
Mudos, descenderemos al abismo.)


THE NIGHT YOU SLEPT

Anche la notte ti somiglia
la notte remota che piange muta,
dentro il cuore profondo, e le stelle passano stanche.
Una guancia tocca una guancia – è un brivido freddo,
qualcuno si dibatte e t’implora, solo,
sperduto in te, nella tua febbre.
La notte soffre e anela l’alba,
povero cuore che sussulti.
O viso chiuso, buia angoscia, febbre che rattristi le stelle,
c’è chi come te attende l’alba scrutando il tuo viso in silenzio.
Sei distesa sotto la notte come un chiuso orizzonte morto.
Povero cuore che sussulti, un giorno lontano eri l’alba.


(También la noche se te asemeja,
la noche remota que llora,
muda, en el corazón profundo,
y las estrellas pasan cansadas.
Una mejilla toca una mejilla-
es un estremecimiento frío, alguien
se debate y te implora, solo,
perdido en ti, en tu fiebre.
              
La noche sufre y anhela el alba,
pobre corazón sobresaltado.
¡Oh rostro tapado, oscura angustia,
fiebre que entristece las estrellas,
hay quien, como tú, espera el alba
escudriñando tu rostro en silencio!
Estás tendida bajo la noche
como un cerrado horizonte muerto.
Pobre corazón sobresaltado,
en un tiempo lejano eras el alba.)   


         

GIUSEPPE UNGARETTI

    VEGLIA 
     
    (Cima Quattro il 23 dicembre 1915) 
    Un’intera nottata 
    Buttato vicino 
    A un compagno 
    Massacrato 
    Con la bocca 
    Digrignata 
    Volta al plenilunio 
    Con la congestione 
    Delle sue mani 
    Penetrata 
    Nel mio silenzio 
    Ho scritto 
    Lettere piene d’amore. 
    Non sono mai stato Tanto Attaccato alla vita.
     
    Vigilia 
     
    Una entera velada 
    tendido al costado 
    de un compañero 
    masacrado 
    con su boca 
    desencajada 
    vuelta al plenilunio
    con la congestión 
    de sus manos 
    penetrada 
    en mi silencio 
    he escrito 
    cartas llenas de amor. 
    No me he sentido nunca
    tan
    aferrado a la vida.   
     
    PER SEMPRE
Senza niuna impazienza sognerò
Mi piegherò al lavoro
Che non può mai finire,
E a poco a poco in cima
Alle braccia rinate
Si apriranno mani soccorrevoli,
Nella cavità loro
Riapparsi gli occhi, ridaranno luce,
E, d’improvviso intatta
Sarai risorta, mi farai da guida
Di nuovo la tua voce,
Per sempre ti rivedo…




    (De este último no tengo la traducción, pero sé que está dedicado a su mujer, que había muerto)

27 enero 2010

El otro Jorge Manrique





Un capricho mío en poesía es el otro Jorge Manrique. Siempre que se vaya a un manual de literatura, por extenso que sea, y se busque Jorge Manrique en sus páginas, se encontrará que hay en realidad registrados dos poetas. Al uno se le nombra y no se dice más. Del otro se hace un extenso estudio. Incluso se dice que este poeta ni se nombraría y habría quedado para siempre en la penumbra si no fuera por la aparición del otro. Un poeta, del que dicen que es adocenado, que sigue la línea de la poesía amorosa y burlesca de los Cancioneros de la corte de los Reyes Católicos, y un poeta excelso que escribe las Coplas a la muerte de su padre.  Yo siempre creí en esa dos seres que convivían en Jorge Manrique, pues lo decían todos los más sabios del lugar. Hasta que entendí algo: que no puede ser. Que si el hombre era bueno, era bueno para todo, incluso como poeta de Cancionero. Así que me fui al Cancionero y miré. Reconocí que en las formas era un poco retorcidillo, como solían serlo estos poetas cortesanos que necesitaban lucirse ante las damas y hacer rabiar a los demás poetas con sus juegos de ingenio formal; pero también reconocí que era el mismo poeta de las Coplas, o al menos uno muy parecido. Mi idea no es científica, es intuitiva y caprichosa.



Incluso descubrí un poeta que parecía un romántico desesperado, pues con los convencionalismos formales de aquella poesía cortesana, expresaba un dolor íntimo, unas contradicciones y desazones ante el mundo, y un amor a Thanatos, que no encontraba en otros poetas de su mismo estilo. De modo que seleccioné algunos para mi cuaderno. Le llamé "el otro Jorge Manrique".
Aquí dejo algunos de esos poemas doloridos en su fondo. Por cierto, que lo mismo que a Garcilaso, que se lanzó al asalto de una fortaleza sin ninguna protección, a este poeta soldado lo considero un suicida encubierto. Me solían decir que los escritores españoles, quitando a Larra y a Ganívet, no tenían a bien suicidarse, como es más común en otros países, pero nunca contaron a Garcilaso y a Jorge Manrique entre los suicidas. No podían por sus principios suicidarse directamente,  pero sí podían realizar hazañas temerarias e inútiles de las que ellos sabían que saldrían con los pies por delante, y eso es lo que hicieron. Ambos tienen mucho en común, a pesar de las apariencias, pero sobre todo esa desazón íntima ante la vida, ese malestar continuo que los marca como melancólicos. Y suicidas encubiertos.

"...el capitán don Jorge Manrique se metió con tanta osadía entre los enemigos, que por no ser visto de los suyos, para que fuera socorrido, le firieron de muchos golpes, é murió peleando cerca de las puertas del castillo de Garci Muñoz". (Crónica de Hernando del Pulgar)

SIN DIOS, SIN VOS Y SIN MÍ

(Una versión ligeramente modernizada)

Yo soy quien libre me vi,
yo, quien pudiera olvidaros;
yo soy el que por amaros
estoy, desque os conocí,
sin Dios, sin vos y sin mí.

Sin Dios, porque a vos adoro;
sin vos, pues no me queréis;
pues sin mí ya está de coro
que vos sois quien me tenéis.

Así que triste nací,
pues que pudiera olvidaros;
yo soy el que por amaros
estoy, desque os conocí,
sin Dios, sin vos y sin mí.

CANCIÓN

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida,
que eres tú sola el remedio.

Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
y con tu venida espero
no tener vida conmigo.

NI MIENTO NI ME ARREPIENTO

Ni miento ni me arrepiento
ni digo ni me desdigo,
ni estoy triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venzo ni porfío,
ni espero ni desespero.

Conmigo sólo contiendo
en una fuerte contienda,
y no hallo quien me entienda,
ni yo tampoco me entiendo.
Entiendo y soy lo que quiero,
mas no entiendo lo que quiera
quien quiere siempreque muera
sin querer creer que muero.

Ahora a ver qué decís, si merece seguir este capricho en mi cuaderno o no. Digo que su lenguaje y sus formas están demasiado tocadas por la época y las modas, pero que hay un fondo, un algo de dramático, una melancolía que acepta a veces y a veces le hace rebelarse, que me sigue gustando. Si al menos con la elección de estos poemas, desvelo algo de lo que he sido y quizás de lo que sigo siendo, quizás merezca la pena.

25 enero 2010

Un cuaderno de poesía


Soy una lectora irregular de poesía. Con la novela o el teatro, soy una devoradora y siempre tengo algo que decir, incluso si se trata de un menor o si no ha sido totalmente de mi gusto. Con la poesía me pongo yo muy tonta, que para mí quiere decir, muy melindrosa y remirada.  No todo me agrada, no todo me dice algo. Por lo general tengo un libro de poesía rodando por la casa, y de vez en cuando leo algo, un poema o dos.  Luego hago mi selección, generalmente caprichosa y estricta.Cuando viajo me gusta llevarme algunos poemas conmigo. Pero como más que por poetas procedo a la selección por poemas, para llevarme mis compañeros entrañables, tendría que acarrear libros y libros, con lo cual la maleta se quedaría sin espacio para lo que se necesita en un viaje. Así que encontré la solución cuando mi hermano el archivero me regaló un bonito y pequeño cuaderno, que yo convertí en mi cuaderno de poesía. En él pego o copio mis poemas del alma. Ahora hace tiempo que no lo reviso, y ya no sé si los poemas que contiene merecen seguir allí, viajar y ver mundo, o tendría que renovarlo con gustos míos más actuales.



Ahora el libro está abierto por la primera página. Es un poema de Kavafis que siempre he apreciado mucho y que tiene una anécdota. No sé en qué ocasión estaba yo con mi hermana Pilar y con un amigo y tampoco recuerdo por qué me llamaron frívola, era algo acerca de un amante de Lord Byron. Entonces yo les dije: "Mirad a ver si los frívolos no sois vosotros al llamarme a mí frívola". Yo entonces no había leído a Kavafis,  que era muy joven entonces, así que ese amigo, que era y sigue siendo muy culto, me dijo que esa idea era del tal poeta. Yo le juré que no lo había leído, pero no sé si me creyó. Da igual. Cuando un pensamiento es verdad, se le puede ocurrir a más de una persona.
El poema dice así:

NOBLE BIZANTINO ESCRIBIENDO VERSOS EN EL EXILIO

Que los frívolos me llamen frívolo.
A los asuntos serios siempre estuve
atento. E insistiré,
nadie conoce mejor que yo
a los Padres de las Escrituras, o los cánones de los Sínodos.
Botoniates en cada una de sus dudas,
en cada dificultad con los problemas eclesiásticos,
me consulta, antes que a nadie.
Mas desterrado aquí (para alegría de la perversa
irene Dukaina), e increíblemente aburrido,
no encuentro extemporáneo distraerme
componiendo algunas estrofas de seis u ocho versos,
que me transporten en su mitología
con Hermes, y Apolo, y Dionisos,
o con los héroes de Tesalia y del Peloponeso;
y componer yambos perfectísimos,
como -permitidme decirlo- los eruditos
de Constantinopla no los escribirían.
Probablemente mi perfección es causa de su censura.

Después de tantos años desde que descubrí a qué poema se refería mi amigo y de quién era, y lo recorté de una fotocopia para pegarlo en mi cuaderno de poesía, a mí me sigue gustando, pese a todos los epígonos culturalistas que la poesía de Kavafis ha generado en nuestro país, con mayor o menor fortuna. Pues sí, sigue gustándome. Me he hecho más sencilla, es verdad, pero tiene algo este poema que me fascina.
Que la gente sabia me ayude a conservarlo o a desterrarlo. Si lo destierro, se aburrirá más todavía el pobre. Si lo conservo, volveré a tener mis conversaciones con él.

04 enero 2010

Píos deseos para empezar el año


 La catedral de Murcia iluminada en la Navidad

Píos deseos para empezar el año

Jaime Gil de Biedma

Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
-o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul...
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud


Cada año nos hacemos propósitos al comienzo de un año nuevo. Pues yo este año no he pensado en eso, ni por asomo. Como ya hablaré de mi retiro espiritual de estas vacaciones, con que diga ahora mismo que a lo más que aspiro es a lo mismo que aspiraba Gil de Biedma, pues ya es bastante. Sólo que tendría que hacer algunas salvedades. La casa ya la levanté, mal que bien, en el campo de Ulea. A estar sola nunca me acostumbraría, pero más casta ya no puedo ser, más que nada por falta de tiempo para tener malos pensamientos y peores obras, así que esa parte me la ahorro. Todo lo demás, suscrito queda. Quiero seguir contemplando los paisajes de mi vida desde el otro lado, pasada la cumbre. Para mí, deseo el orden de la sabiduría, la meditación de la noche, esa mirada al mundo, mejor y menos intensa. También quiero para mí la ironía final del pensamiento abstracto, que, como casi todo, es placer juvenil; lo miraré con esa distancia risueña que él propuso. ¿Y qué más? Nada más. Lo de siempre. Que haya alegria y paz, y amistad, y un poco de consuelo para los golpes de la vida. Son mis píos deseos para comenzar este año. ¿Alguien puede pedir más?


13 noviembre 2009

Qué semana


Hoy es viernes, lo cual para nadie es una novedad. Todas las semanas, al final, tenemos un viernes para empezar el fin de semana y terminarla con mejor o peor fortuna. Dentro de un par de horas desaparezco, sin echarme polvos de la madre Celestina ni nada, por mi propio pie, o sea, por las cuatro propias ruedas de mi coche-furgón, rumbo al campo, con dos abuelos, él y yo, y dos niños, él y ella, dentro. Fin de semana familiar, haciendo de canguros de nuestras dos joyas.
Pero antes de irme, hago un repaso a la semana, que no ha sido muy diferente a otras, y sin embargo, he tenido más conciencia de la cantidad de medicación que me habrían dado de niña si hubiera nacido en estos tiempos, por hiperactiva.

Para empezar, he hecho Tai Chi dos tardes, en el gimnasio, con el maestro Won. Este es el tercer año que practico tan sabio ejercicio oriental, al que se llama "meditación en movimiento", pero que quizás tiene más que ver con hartar de tortas al personal adverso que con la meditación, sólo que visiblemente suavizado, estilizado y refinado. Ya controlo bien la secuencia de diez movimientos (es lo más fácil), hago con cierta fluidez la de veinticuatro, y me peleo con la de cuarenta y ocho. Estoy contenta, porque a este ritmo, a los ochenta años, si llego, seré una estupenda practicante de tai chi chuan (de la chen ya ni hablo), pero no me quejo, que todo aprendizaje oriental es lento.

La tarde del lunes la dediqué a ponerles a mis alumnos de Artes Escénicas una película ilustrativa de la Ópera de Pekín, "Adiós a mi concubina". De cinco a ocho, fuera de horario escolar. Vinieron sólo media docena, pero hay que ver lo que les gustó, contra lo que yo esperaba. A todo el mundo no le gusta esta película, pero a mí siempre me ha gustado, y eso que dura casi tres horas de gorgoritos en chino. Aparte bromas, la película es muy recomendable, pues a través de la historia de unos artistas de la Ópera se va observando la historia reciente y determinante de China. Dura, emotiva y muy estética. Para no dejar el continente asiático y seguir viendo cine, en la noche de no me acuerdo qué día, va mi Cinéfilo y pone "La ducha", de la misma nacionalidad, pero de estilo completamente distinto. Aprovechando que puedo hacer dos cosas a la vez, empiezo a hacerme un bolso de ganchillo con una lana que me sobró de no sé qué labor.
Y a todo esto, termino de leer una amena historia del Teatro, de cuyo primer capítulo sacó un resumen para ofrecerlo a mis alumnos, como parte de la Unidad Didáctica II. También programo las sesiones prácticas, pongo las notas de la Unidad Didáctica I, resuelvo el comentario de texto del examen y la cita comentada, y con el último aliento que me queda corrijo unos cuantos trabajos sobre Teatro Noh, Kabuki, Budismo Zen y Tantrismo, todo ello aplicado al teatro. No salgo de Asia. Menos mal que el texto que preparo sobre historia del Teatro es sobre Grecia y Roma. A propósito de eso, me voy a la librería Encuentros, que está en el corazón libre de mi barrio, y encargo a Puri que me traiga un montón de libros sobre Artes Escénicas. Como ella es diligente, va y me los trae, y hoy paso a recogerlos. Qué susto, me los tengo que leer todos.
El miércoles voy a ver a mi madre. Por suerte, ella es tranquila y mi trabajo consiste sólo en ver el Pasapalabra y criticar a mis hermanos un poco. Cuando yo no voy, con otro hermano y/o hermana, me critican a mí. Es ya un clásico familiar.
Visito blogs amigos, dejo comentarios, todos los que me da tiempo y me provocan. A la izquierda está el rollo de blogs, tonto el último. Sólo hay que ir pinchando en donde haya un título chulo y, hala, de visita por el ciberespacio. De paso, me acuerdo de "El secreto de sus ojos" de Campanella, le hago un resumen de mi impresión, procurando no desvelar el final ni lo esencial del desarrollo. Me encantó esta película. Hago siete entradas seguidas en el blog de Artes Escénicas, para mis alumnos y para quien quiera ver lo que estoy haciendo. Contesto a una locatis que está muy enfadada porque los licenciados en Arte Dramático no pueden ser profesores de esta asignatura. Paciencia, todo llegará, pero para entonces, ésta que lo es habrá dejado el trabajo muy primorosamente terminado.

Adapto en un par de horas un cuento de Jardiel Poncela, "Una imaginación desbordante", para el grupo de teatro de profesores. Voy al ensayo, organizo improvisaciones, actuamos, nos reímos, planeamos puesta en escena. Ya está casi todo organizado, al menos en mente, la estética del espectáculo, los papeles, etc. Le doy la lata al director para que nos ponga focos en el escenario. Que sí, que no, que te quiero mucho, pero ahora no puedo. Bueno. Lecturas compartidas, con tablón nuevo y vistoso para poner los carteles. El de esta semana lo hago dos veces, porque el lector ha cambiado de opinión respecto a su lectura.


Una noche, que ya no sé cuál, me voy a un recital poético, porque lee sus poemas un amigo y además bloguero: Rafa, fisioterapeuta de mi centro, y además estupendo poeta. Además, leerá Soren Peñalver, consagrado, consagrado por los dioses de la poesía, amigo muy querido. Un lujazo. Me regalan las dueñas del bar Andestán, (Rafa me dijo que se llamaba Understand, y no veas para encontrarlo) como a todos los concurrentes, un rollito de papel, entre pétalos de rosa, con un fragmento de Ángel González. El destino sabe que es uno de mis preferidos. El fragmento dice así:

¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?

Parece que me han adivinado el pensamiento. Allí estaba tambień, de hecho habíamos quedado, Eme, mi joven amiga bloguera.

Disfrutamos un montón de la poesía y de la amistad. Y de unas cuantas cervezas.

Y luego, a leer el periodico. Hace tiempo que ya no compramos El País. Nos hartó. Ni por sentimentalismo. Nos pasamos a Público, pero hete aquí que nos desaparece uno de nuestros preferidos, Rafael Reig, por dar demasiado la lata, dicen. Yo digo que porque no se casaba con nadie y ponía los puntos sobre las íes en un trabajo de periodismo pedagógico. Mi Cinéfilo dice que ya no lo compra más. ¿Entonces qué, nos pasamos al ABC? Qué disparate. Que lo compre yo si quiero. Bueno, al final lo compra quien antes llega al kiosco. También me entero de lo del Muro, pero, como dicen otros blogueros, para muros los que hay levantados piedra a piedra, en las fronteras de la UE, en Gaza, en la frontera de los EEUU con México, y otros muros invisibles pero igualmente efectivos, el del hambre, el de la injsuticia, el de la guerra. No sale muy bien leer periódicos; por un euro te dan el día. Pero yo sigo leyendo, indignada. Así vamos.
Seguro que se me escapan cosas de esta semana. Cocinar, recoger, lavadora, esas cosas domésticas tan bonitas, y menos mal que María me ayuda.
Hoy, esta mañana, un descanso. Un café con Encarna en la Placica, tan tranquilas. Siempre tiene que haber un remanso. La tengo últimamente abandonada de recomendaciones de libros. La semana que viene será. A ver si a la próxima le saco más provecho.

20 octubre 2009

Considerando en frío... un año más




Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué mas da! Emocionado... Emocionado.

Me dedico a mí misma este impresionante poema de César Vallejo, el poeta peruano al que siempre le he tenido admiración, y con el paso de los años más. Yo también nací muy pequeñita, tal como podéis ver en las fotos que me hicieron con mis abuelas. En la primera foto estoy en brazos de mi yaya María, abuela materna; en la segunda, en brazos de mi abuela Bibiana, paterna. Las dos han muerto ya, y milagro sería que vivieran, que tendrían si no ciento y pico años. Guardo un recuerdo feliz de las dos, y sé que mi infancia no habría sido la misma sin ellas. A ninguna de las dos las vi nunca vestidas de otro color que no fuera el negro. Tampoco se maquillaban ni llevaban tacones. Eran mujeres de otro tiempo. Vidas duras y a veces dolorosas.
El regalo del poema de Vallejo es porque mañana es mi cumpleaños, y quería celebrarlo un poco. Es una cifra nada signficativa que no voy a decir. Los que la sepan, que tengan la bondad y la prudencia de callarse. Hay un momento en la vida de una mujer en que la fecha de nacimiento se convierte en un verdadero tabú. Sólo os diré que el día que yo nací nacieron todas las flores, o sea, ya podéis ir calculando. Génesis, I. Y la de cosas que me ha dado tiempo a hacer y a aprender. Si ahora se me apareciera un genio de la botella y me dijera que podía pedir cualquier cosa, diría que ninguna en absoluto. Sólo seguir mi vida y llevarla hasta el final más o menos como ahora.



Estos, los padres de la criatura. Los que me enseñaron a no pedir nada al genio de la botella, sino la vida misma y lo que ella depare.

09 marzo 2009

Haiku por cortesía de Miguel Ángel

El año pasado realicé esta presentación para iniciar a un grupo de alumnos en la poesía del haiku, esa forma breve poética que tan bien practica, por ejemplo, nuestro amigo Ernesto. No sabía yo cómo poner presentaciones en mi blog, y el amigo Miguel Ángel ha tenido la cortesía de explicarme procedimiento tan sencillo como éste, que está en su blog bien explicado. Así que ahora, como prueba, pongo aquí la presentación. Si alguien la quiere para su trabajo o quiere mejorarla, que la pida, que yo sin más se la envío o lo hago colaborador de mis documentos y la comparto. Eso sí, no tiene la música original, una pieza de laúd japonés que le incluí. A ver si más adelante aprendo a poner sonido a esta cosa.
Si alguien desea informarse más ampliamente sobre esta forma poética, sólo tiene que seguir este enlace, y cómodamente, desde su casa, y ante su ordenador, enterarse:



06 febrero 2009

Yehudá Ha-Leví


Estos días, en medio de un trabajo intenso, que además tenía un exacto plazo de presentación, me sale al paso este libro, del 97, que de vez en cuando recupero para una lectura siempre nueva y placentera. Es buena poesía, así que el diálogo se renueva. "Ah, sí, este poema de amor que me trajo una imagen lejana de la judería de Córdoba... " o aquel otro, en el que reconoci la cercanía con el misticismo de Ibn Arabí, también llamado el Mursí. Hablo de un frecuente reencuentro con Yehudá Ha-leví. Supongo que los grandes lectores de poesía -yo realmente no lo soy, pues tengo muy escogidos mis poemas y autores- conocerán muy bien a este poeta español del siglo XI, pero no creo que sea muy conocido en general. Por eso, al releerlo, me ha parecido bien dedicarle unas líneas y copiar mi particular selección poética.

Yehudá Ha-Leví nació en Tudela, en Navarra, en el 1075. Durante bastante tiempo se le conoció como el Castellano, pues se le creía nacido en Toledo. Fue autor de un Diván de poesía (colección de poesías de uno o de varios autores, en alguna de las lenguas orientales, especialmente en árabe, persa o turco), en el que se incluyen jarchas, pequeños poemas en castellano mozárabe muy primitivo, al final de largos poemas amorosos en árabe clásico o en hebreo, llamados moaxajas. Además de esta colección poética, que incluye poemas amorosos, filosóficos, religiosos de tendencia mística, y dedicatorias de amistad, escribió un tratado histórico-religioso llamado El Kuzarí.
Se formó culturalmente en la corte de los Banu Hud de Zaragoza, donde recibió educación bilingüe en árabe y en hebreo; también dominaba el castellano. Vivió en Toledo, Córdoba y Granada, y hacia el 1130 inició una peregrinación a Tierra Santa, de la que no regresó nunca. Su muerte está rodeada de misterio, y sólo se sabe que se detuvo en Alejandría y en El Cairo, protegido por las comunidades judías de esas ciudades. Dspués se pierde toda noticia sobre su persona.

Esta es mi pequeña antología personal. Si alguien quiere leer más sobre este autor o algunos poemas, en la página amediavoz podrá encontrar más.


El día en que la acaricié sentada sobre mis rodillas
y se vio reflejada en mis pupilas,
me besó entre risas los ojos;
pero no besó en ellos sino su imagen.

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Despierta, amor mío, de tu duermevela,
me he de saciar de tu rostro al despertar;
si ves al que besa tus labios
soy yo, que adivino tus sueños.

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Ofra lava sus vestidos en el agua de mis lágrimas
y los pone a secar al sol de su hermosura.
No necesita el agua de las fuentes, pues tiene la de mis ojos,
ni otro sol que el de su belleza.

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¿Por qué sales, oh sol, y por qué brillas?
Ya ha salido la hija de Abihail,
avergonzando al sol con su belleza
y disminuyendo los resplandores del rey del día.

No escogió para vivir el cielo,
sino que convirtió el mirto en su esfera.

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Cuando vi en mi cabeza la primera cana
la arranqué con la mano.
"Has podido conmigo", me dijo, "porque estoy sola.
¿Qué harás cuando me siga un escuadrón?"