15 enero 2009

Muñoz Barberán en el Almudí

A poco más de un año de su muerte, el Ayuntamiento de Murcia ha querido hacer un homenaje al pintor murciano Manuel Muñoz Barberán, cronista oficial que fue de la ciudad, tanto en su obra investigadora, como a través de su obra pictórica. Bajo la dirección, muy acertada, de Martín Páez, se ha organizado con sumo gusto y cuidado esta exposición retrospectiva, con cuadros provenientes de colecciones institucionales y de particulares. La exposición se ha titulado "Muñoz Barberán y la ciudad de Murcia". El pintor era lorquino, y un lorquino enamorado de su ciudad de origen, pero desarrolló toda su vida, desde la más temprana juventud en la ciudad de Murcia, aquí se casó, aquí tuvo sus hijos y aquí murió. Aquí fue honrado con numerosos premios y reconocimientos, aquí fue nombrado cronista oficial de la ciudad. Ya se sabe que Murcia está bajo el generoso emblema de la Matrona del Almudí, la cual aparta a sus propios hijos para alimentar y acoger a los ajenos.


En nuestro paseo del sábado, también vimos esta exposición, que por otras razones, fue tan emotiva como la de los grabados de Goya. En primer lugar, porque sé que al pintor le hubiera encantado saber que en la planta baja estaba su admiradísimo aragonés, mientras su obra se exponía en la sala de la planta primera. Habría llorado de la emoción, estoy segura. En segundo lugar, porque a través de estos cuadros, que no había visto desde hacía tantos años, algunos nunca, porque fueron pintados antes de nacer yo, recuperé recuerdos de una Murcia que ya no existe, pero que fue la ciudad de mi infancia y juventud. De los cuadros de recreaciones históricas de la ciudad, ni yo, ni él, ni nadie puede haber visto nada. A través de sus investigaciones sobre la arquitectura de la ciudad, recreó viejos edificios que cayeron, calles que dejaron de existir, mercados que nunca vio.

De entre todos los cuadros de la exposición, he elegido como muestra algunos de los que me llevan a la recuperación de mi infancia, sobre todo éste tan misterioso de un rincón del Jardín Botánico, que estaban al final de un gran descampado, el cual yo recorría cada mañana para ir a mi colegio en el Malecón. Cuando llegaba a este rincón, sólo tenía que bordearlo y subir las grandes escalinatas. Entre los árboles y el muro del paseo, corría una pequeña acequia en la que mi libro de literatura sufrió un remojón en un momento de descuido adolescente. Nunca volvió a ser el mismo. Bajo esos árboles, conversaciones de amigas, primeros amores, juegos, confidencias. Todo un mundo de recuerdos.



Y traigo también la airosa Torre de la Catedral, porque está unida para mí a recuerdos infantiles muy gratos. Algún domingo subía a la Torre con mi padre a escuchar dar las doce de la mañana en todo lo alto. Sonaba la campana Nona y nos atronaba los oídos. La ciudad se veía pequeña y lejana desde la altura. Más pequeña era yo, pero allí arriba la gente me parecia muy graciosa, tan diminuta, y mi padre, claro, como a cualquier niña, muy alto, mucho más que cualquier otro padre, porque era el mío y me había subido allí para oír sonar la Nona.

Si me asomaba a uno de los ventanales del salón donde un tiempo estuvo su estudio, podia ver toda la calle de Juan de la Cierva, y al fondo, muy al fondo, la calle que llevaba a San Andrés, y más al fondo, el Convento de las Agustinas. Dicen los viejos murcianos que antes llovía más. Yo dudo que sea cierto, cientifica y estadísticamente hablando, pero algo de verdad poética habrá en eso, porque hay muchos cuadros, sobre todo acuarelas, de Muñoz Barberán en los que la ciudad está bajo un cielo gris y llueve o amenaza lluvia. O es verdad lo que dicen los viejos o es verdad que le gustaba tanto ver llover y los días nublados que en cuanto uno asomaba se ponía a pintarlo. Lo de las acuarelas tiene su lógica. Si está el ambiente húmedo, no hace falta tanta agua para pintar. En el Levante siempre se ha tenido espíritu ahorrativo con el agua.


Para compensar, una plácida y soleada mañana de domingo en el Malecón, el paseo más clásico de la murcianía. Éste era el lugar al que yo llegaba después de subir las escalinatas de ese rincón primero del Botánico. Al otro lado, cercano al río, estaba mi colegio. El recreo lo pasábamos debajo de una enorme higuera del diablo, aunque también encontrábamos refugio para nuestros juegos y conversaciones bajo un gran limonero, podado y repodado para que pudiéramos sentarnos a su sombra a tomar el almuerzo. Desde allí oíamos el sonsonete de las aguas del río.



13 enero 2009

Goya en el Palacio del Almudí: Los desastres de la guerra


El sábado nos fuimos a dar un paseo por Murcia. Hacía un frío como sólo habíamos sufrido en otros lugares. No nos parecía nuestra ciudad. El cielo gris, la gente bien abrigada por las plazas y calles por donde suele ir desabrigada y sonriente, como presumiendo de no tener invierno. Y la guerra como fondo. Nos fuimos al Palacio del Almudí, y por el camino nos ocurrieron pequeñas, mínimas aventuras ciudadanas que ya contaré en su momento. Eso tiene salir de vez en cuando de nuestro piso de ermitaños.



En el noble y sólido Palacio del Almudí, que domina el Plano de San Francisco, había dos exposiciones. La de la planta alta, vaya, queda para otro escrito. La de la planta baja, llamada Salón de las Columnas era una exposición conmemorativa de la Guerra de la Independencia, proveniente del Museo de Reprografía de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid. Los madrileños pueden ver allí, cualquier día hábil del año, los Desastres de la Guerra de Goya. Los murcianos, o vamos a la capital, o nos compramos un libro con ellos, o aprovechamos esta oportunidad, que no será única, pero sí rara.

Nunca puedo reprimir el gesto de horror cuando veo estos grabados. Yo no he visto directamente una guerra y, si fuera posible, si el destino quisiera que así fuera, no me gustaría verla, ni sufrirla, y en realidad, desearía que nadie en el mundo la tuviera que sufrir. Sé cómo se empozaban los ojos de mi padre, que la vivió siendo un adolescente, casi un niño, cuando contaba los horrores de la Guerra Civil. Sé que esas imágenes lo acompañaron hasta la cercanía de la muerte, y que para él, un hombre vital, humorista, creativo, aquella fue la experiencia de las experiencias, el conocimiento de la terribilidad humana.

No es más soportable que las fotografías, las que vemos cada día en los medios sobre las guerras, ahora algunas tan recientes y espantosas, la visión artística de un hombre sensible, al que tampoco faltó el humor, como sabemos por otros grabados; frente a la fotografía de reportaje, hay un valor añadido en los grabados: la unión directa entre el ojo, el corazón y la mano. Línea directa del sentimiento, de la rebelión del artista, entre estos sentidos y sentimientos. Goya no podía detener aquella masacre. Sólo podía dar testimonio. Que luego la química de sus óleos y barnices, como dicen, le hicieran perder el juicio, además del oído, o se lo ensombrecieran y se lo enturbiaran, puede ser verdad, pero quizás fue todo lo contemplado, el desmesurado valor de artista y hombre para realizar las planchas de estos trágicos grabados, lo que le empozó la mirada para siempre. Y le trastornó la mente. Este grabado, al que Goya subtitula "Enterrar y callar", es la pura imagen de la desolación y el abismo del dolor. Enterrar y callar, eso hace el pueblo inocente cuando sufre los desmanes de los poderosos.

"Para esto habéis nacido", subtitula este otro no menos terrible. No es posible que un ser humano, nacido en esta tierra, que recibimos por casa mientras vivamos, nazca para el horror, para el dolor innecesario, provocado por seres humanos como él. No es tolerable. Esto es lo que hay, pero lo digo sin resignación, sino con rebeldía. Habrá que parar la violencia en algún lugar, poco a poco, quizás, pero habrá que pararla. No hemos nacido para esto.


11 enero 2009

Tolstoi: objeciones contra la guerra

Hace tiempo, pero no tanto, leí un magnífico libro, cuyas circunstancias concretas han pasado ya a la historia sangrienta de la humanidad, pero cuyos principios siguen vigentes, porque lo estarán mientras los seres humanos contribuyan a aumentar las páginas de la dicha cruel historia.

Se trata de "Objeciones contra la guerra y contra el militarismo", de León Tolstoi. En él se refiere siempre a guerras vigentes en su momento, la ruso-japonesa, y la de España contra EEUU, la llamada guerra de Cuba. Este libro recoge una serie de artículos sobre estas guerras y sobre el militarismo, con reflexiones que, como digo, aún son válidas y que podrían ser la base primera del pacifismo de nuestro tiempo. Fueron publicados por Lipari Ediciones.

Su contraportada dice lo siguiente:

"El talento literario de Tolstoi al servicio de la causa de la no violencia en la excelente versión castellana de Colombine:
"Los jefes militares por procedimientos de idiotización, perfeccionados a través de los siglos, forman ejércitos disciplinados con todos los hombres que proporcionan las quintas".
"El mundo moderno, vuestro mundo civilizado, es más feroz que Gengis-Khan. A todo hombre le pone un fusil en las manos; a todo hombre le da la orden de matar; y si el hombre arroja su arma y rehusa ser homicida, se le trata como si fuese un delincuente".

Después de analizar las causas de la violencia y la incompetencia de las instituciones de poder poner fin a la misma, Tolstoi resulta extremadamente convincente al concluir que, sólo de forma individual y utilizando la conciencia como instrumento, puede hacerse oposición a la violencia: "Renúnciese al ejército". "Hágase la guerra contra la guerra".

A propósito de la guerra entre España y EEUU, de 1898, y de la guerra entre Rusia y Japón de 1905, denuncia el escritor ruso las ambiciones coloniales de las grandes potencias, la utilización falaz por parte de los poderes públicos de conceptos como "nación" o "patria", la mezcla de intereses generales con intereses particulares en el inicio de las hostilidades".

Por mi parte, selecciono algunas frases esclarecedoras:

"Hay quien dice que en la presente guerra, ya que uno u otro pueblo ha de ser vencedor, la justicia demanda que Japón sea el vencido, ya que los japoneses fueron los primeros en agredir.
Los que así hablan, ¿están verdaderamente seguros de que Japón haya sido el agresor?
¿Cuál es el verdadero responsable, el que dispara el primer cañonazo o aquel que ha exasperado antes al adversario, impulsándolo a una desesperada violencia?"

"Pero todas las consideraciones sobre el por qué y el cómo de esta guerra, son para mí secundarias. Un sólo hecho me interesa: ¿esta guerra avanzará o retardará la hora de la paz humana? Indudablemente, la retardará, y eso es lo que debe constituir nuestra aflicción. Lo demás no debe importarnos".

"¿Olvidaremos, acaso, por el interés de Rusia, que toda batalla que se libra en un punto del universo despierta sobre el universo entero repercusiones terribles y que mucho más allá de adonde llegan las balas y los obuses, ella esparce sobre toda la tierra el contagio de la muerte...?"

"Mi conciencia me dice que el matar, sea cual fuere la forma de que se revista y el pretexto que lo encubra, es execrable; que la guerra es una vergüenza monstruosa, una aberración sanguinaria, y que todo el que prepara la guerra es digno de condenación".

"Saben todos lo principal: que las guerras provocan en el hombre las pasiones más bajas, más groseras, le depravan y le embrutecen. Todos conocen la futilidad de los pretextos que José de Maistre, Moltke y otros invocaron en favor de las guerras. Casi todos se basan en el sofisma de que en toda calamidad humana se puede encontrar un lado ventajoso, o en la afirmación arbitraria de que siempre hubo guerras, y las habrá siempre, como si las malas acciones de los hombres pudieran justificarse por las ventajas y la utilidad que procuran o porque fueron cometidas en todo tiempo".

Podría seguir trayendo frases y opiniones de Tolstoi, porque todo el libro es enjundioso y apasionado, pero lo dejo aquí. No estoy, por otra parte, muy segura de que el ataque de Israel sea verdaderamente una guerra, en el sentido concreto que se le da a la palabra.

09 enero 2009

Últimas lecturas: educación, mujeres, teatro

Aunque no lo parezca, pues la apariencia es que sólo organizo concursos lúdico-culturales-cibernéticos, pero no se fíe nadie de lo apariencial, que es velo pintado y shamsara, yo a lo mío, es decir, a seguir leyendo. Una de las cosas que más me gustan en esta vida. Como es natural, cada cual lee de lo que le preocupa, de lo que le ocupa y, a veces, de lo que por destino o azar cae en sus manos. De las lecturas que presento, ninguna es azarosa. Todas son sabias recomendaciones, que agradezco en el alma. Una es una relectura en un libro recuperado después de muchos años.



Ya dije que andaba leyendo con calma este valioso libro de una de las mujeres más sabias e inteligentes que este país ha dado al mundo. Necesariamente ha sido una lectura tranquila; el ritmo de pensamiento lo impone, y el tema, de máximo interés para mi vida, también. María Zambrano, entre 1965 y 1977, escribió una serie de artículos sobre educación y filosofía, que fue publicando en diferentes revistas españolas de la época. A propósito de estos artículos, también fue degranando manuscritos y breves reflexiones sobre este mismo hecho, como presentaciones, prólogos o notas sueltas. Todo ello, recogido en un volumen, forma el libro "Filosofia y Educación", con el subtítulo "Manuscritos", editados e introducidos por Ángel Casado y Juana Sánchez-Gey (Universidad Autónoma de Madrid), con un prólogo muy ilustrativo. Su lectura, además de ser una verdadera luminaria para la vida de cualquier persona sensible, es casi imprescindible para quienes nos dedicamos a la educación vocacionalmente. En un momento tan crucial para la educación en toda Europa y, sobre todo, en nuestro país, puede ser un alto en el camino para reflexionar y replantearnos nuestra labor, buscando en ella lo esencial, lo prístino y original, la fuente de la que mana la tarea educativa. Sólo cuando despojamos esta tarea de burocracia, de recursos tecnológicos junto con atrasos seculares, de libros de texto comerciales, de empeños de rendimiento semejantes a los mercantiles, y nos encontramos con el silencio de un aula, con la mirada de los adolescentes que nos toca salvar, en ese momento precioso, es cuando podemos comenzar a educar de verdad. Dejo unas citas para ilustrar lo dicho.

"Educar la adolescencia es salvarla, salvar su poder individualizador y creador del caos que le acecha. Y conviene recordar que a mayor poder creador corresponde mayor extensión de caos. El maestro no puede olvidarlo".

"El ejercicio de la atención es la base de toda actividad, es en cierto modo la vida misma que se manifiesta. No atender es no vivir. Mas se trata de un ejercicio complejo, de toda una educación, de la educación de todo el organismo y del ser humano y no solamente de la mente ni de los sentidos".

"No tener maestro es no tener a quien preguntar y más hondamente todavía, no tener ante quien preguntarse. Quedar encerrado dentro del laberinto primario que es la mente de todo hombre originariamente, quedar encerrado como el Minotauro, desbordante de ímpetu sin salida. La presencia del maestro que no ha dimitido -ni contradimitido- señala un punto, el único hacia el cual la atención se dispara. El alumno se yergue. Y es ese segundo instante cuando el maestro con su quietud ha de entregar lo que parece imposible, ha de transmitirle antes que un saber, un tiempo; un espacio de tiempo, un camino de tiempo. El maestro ha de llegar, como el autor, para dar tiempo y luz, los elementos esenciales de toda mediación".



Otro tema que me ocupa también, y a veces me preocupa, es la situación de las mujeres en nuestra sociedad, nuestras luchas por la autonomía y los plenos derechos, contra la violencia patriarcal y las limitaciones tradicionalmente impuestas. Me inquieta la creatividad femenina reprimida durante siglos y me alegra observar cómo, de manera lenta y firme, van saliendo a la luz artistas olvidadas, injusta y deliberadamente olvidadas. No es el caso de Montserrat Roig, escritora en lengua catalana traducida al castellano y muy leída en cierta época, pero quizás no lo bastante valorada en el panorama de la literatura del siglo XX. La he recuperado con esta novela profunda, sobre la vida de las mujeres en la segunda mitad del siglo pasado, con la narración diferida en su segunda parte a las mujeres que vivieron la guerra civil española. Además, para quien pueda interesarse, está toda la narración entreverada con reflexiones sobre el feminismo y críticas muy personales a este movimiento, en las cuales se adivinan los diferentes caminos que tomó el feminismo en esa época y que aún perduran en la nuestra.


De mujeres contemporáneas a mujeres mucho más alejadas en el tiempo y en el espacio. Siguiendo la estela de mujeres escritoras japonesas en la floreciente corte Heian, en el siglo XI, encontré esta publicación, inédita en español hasta el momento. Un libro delicioso y melancólico, no de una brillante dama ni escritora, sino de una mujer de la baja nobleza, espejo del fracaso, según los parámetros de la época. Se trata de una obra de una gran humanidad, sincera, delicada, como aquellas damas escritoras eran. Nada en ella es comparable a la autora de Genji Monogatari, la brillante escritora y cortesana Murasaki Shikibu, por la cual Dama Sarashina, cincuenta años más joven, muestra una admiración sin límites, hasta el punto de que la lectura de esa espléndida novela en su juventud, según cuenta ella misma, es el arranque de su vocación literaria, que la llevan a escribir los recuerdos de su vida desde niña y los sucesivos sueños y ensoñaciones, hasta el descubrimiento de algo consustancial al ser humano: la dura realidad y la melancolía como inseparable compañera.

Esto por último, pues dije que hablaría también de otra ocupación, el teatro. Este es el texto recuperado, leído hace años y revisitado ahora, por gusto y necesidad, como parte de la bibliografía dedicada a la asignatura de Artes Escénicas que imparto este año. Reconozco que se trata de un libro muy especializado, y por eso no lo recomiendo en principio, como una lectura para cualquier persona. Sí para quienes tengan interés en el hecho teatral y en especial en este excelente director de escena, este hombre de teatro, que es Peter Brook. En defensa de su lectura diré que es un texto, como todos los grandes textos, sencillo, asequible, sin complicaciones técnicas, pero que esconde una visión total del hecho dramático, buscando sus raíces antropológicas y multiétnicas. Contempla el teatro como un hecho humano, más que como un arte para una élite de iniciados. De Peter Brook podemos recordar la puesta en escena, cruel y directa, de "Marat-Sade" , sobre la obra teatral de Peter Weiss, o la larga representación del Mahabharata, el poema épico hindú.

En estas cosas me entretengo, cuando no estoy haciendo otras. En fin, en esto seguiremos si la vida sigue, que mientras hay cuento hay vida, según decía la bella Scherezada.

07 enero 2009

Un comunicado sobre Gaza

Esto me llega por un correo electrónico. No sé ni siquiera si será auténtico, es decir, firmado por los que dicen firmarlo, pero me ha parecido interesante ponerlo aquí para que pueda ser leído, y quizás provoque reflexiones. No pensaba escribir nada más, ni poner imágenes, ni horrorizarme más de lo que ya estoy, pero aquí lo tenéis. Y siempre, no a la guerra, no a la violencia.

GAZA: CRIMEN Y VEGÜENZA


Teresa Aranguren, José Saramago y otros.

3 de enero de 2009


No es una guerra, no hay ejércitos enfrentados. Es una matanza.

No es una represalia, no son los cohetes artesanales que han vuelto a caersobre territorio israelí sino la proximidad de la campaña electoral lo que desencadena el ataque.

No es la respuesta al fin de la tregua, porque durante el tiempo en el que la tregua estuvo vigente el ejército israelí ha endurecido aún más el bloqueo sobre Gaza y no ha cesado de llevar a cabo mortíferas operaciones con la cínica justificación de que su objetivo eran miembros de Hamas. ¿Acaso ser miembro de Hamás despoja de condición humana al cuerpo desmembrado por el impacto del misil y al supuesto asesinato selectivo de su condición deasesinato sin más?.

No es un estallido de violencia. Es una ofensiva planificada y anunciada hace tiempo por la potencia ocupante. Un paso más en la estrategia de aniquilación de la voluntad de resistencia de la población palestina sometida al infierno cotidiano de la ocupación en Cisjordania y en Gaza a un asedio por hambre cuyo último episodio es la carnicería que en estos días asoma en las pantallas de nuestros televisores en medio de amables y festivos mensajes navideños.

No es un fracaso de la diplomacia internacional. Es una prueba más de complicidad con el ocupante. Y no se trata sólo de Estados Unidos que no es referencia moral ni política sino parte, la parte israelí, en el conflicto; se trata de Europa, de la decepcionante debilidad, ambigüidad, hipocresía, de la diplomacia europea.

Lo más escandaloso de lo que está pasando en Gaza es que puede pasar sin que pase nada. La impunidad de Israel no se cuestiona. La violación continuada de la legalidad internacional, los términos de la Convención de Ginebra y las mínimas normas de humanidad, no tiene consecuencias. Más bien, al contrario, parece que se premia con acuerdos comerciales preferentes o propuestas para el ingreso de Israel en la OCSE.

Y qué obscenas resultan las frases de algunos políticos repartiendo responsabilidades a partes iguales entre el ocupante y el ocupado, entre el que asedia y el asediado, entre el verdugo y la víctima. Qué indecente la pretendida equidistancia que equipara al oprimido con su opresor. El lenguaje no es inocente. Las palabras no matan pero ayudan a justificar elcrimen. Y a perpetuarlo.

En Gaza se está perpetrando un crimen. Lleva tiempo perpetrándose ante los ojos del mundo. Y nadie podrá decir, como en otro tiempo se dijo en Europa, que no sabíamos.



Teresa Aranguren, Pedro Martínez Montávez, Rosa Regás, José Saramago, Pilar del Río, Cármen Ruiz Bravo, Belén Gopegui, Constantino Bértolo, Santiago Alba.



05 enero 2009

Las babuchas doradas

Éste es el premio que dedico a toda la gente que ha intentado, y lo ha logrado, o se encontró "todo el pescado vendido", a los que han hecho trampa, a los que sabían que se podía hacer, pero no la hicieron, a los que no dijeron nada y a los que lo dijeron todo. Con la cámara que me han traído los Reyes de Oriente he hecho esta foto para ponerla aquí, en esta noche mágica para los niños y niñas de este país. Dentro de un rato prepararé la mesa del comedor con los regalos para los dos que me tocan, pero que nadie les diga que he sido yo y no los Reyes.

Estas babuchas proceden de Tetuán. Me las regaló Aixa. Tengo que dar más explicaciones porque yo conocí a tres mujeres con ese nombre: Aixina, Aixa la prima, y Aixa, la esposa de Sidi Ahmed. Aixa era la prima de Aixina y Aixa era la madrastra de Aixina, así que las tres estaban relacionadas. Pero fue Aixa la Tetuaní, la madrastra de mi querida amiga Aixina, quien me regaló estas babuchas. Y contando esto, me da una enorme nostalgia, y recuerdo el rostro de esa mujer encantadora, y que Sidi Ahmed celebraba la fiesta de los Reyes regalando juguetes a sus nietos, que era un hombre silencioso y risueño, notario musulmán, acogedor, abierto y tolerante, siempre con un gesto de bondad inteligente en su rostro enjuto. Todo esto recuerdo al ver este calzado tetuaní.
Quiero nombrar a la gente que ha comentado y jugado a estas adivinanzas pictóricas, porque yo he estado ausente y no he podido contestar como acostumbro.

Paso los enlaces sobre los cuadros a los que pertenecían los pies:

Sin duda, los primeros que descubrieron todo el busilis de la cosa fueron

Joselu y Matapollos

Siento que Matapollos no tenga un blog, ya se sabe, es la persona misteriosa de este espacio. Joselu lo sabía todo, todo, y Matapollos también, pero ya no le dio tiempo a decirlo; a cambio envió una preciosa imagen: El Patizambo de Ribera.




Luego llegó


Lo mismo, no pudo meter caña porque ya estaba todo dicho. Pero él también envió algo precioso. Unos pies de Elmer Batters, que son estos. Y algo más arriba. Porque el arte tiene muchos y misteriosos caminos, de pies a...


A decir verdad, la primera de todos fue EME, seguida de Supersalvajuan, pero ellos van a su aire, y seguro que sabían todo sobre los pies, pero bueno, ellos se lo toman con otro aire.

A partir de ahí, Fernando Manero y Miguel Ángel se sintieron fuera de juego. La próxima vez será, amigos. Habrá ojos, manos, codos, nucas, narices, barbillas y barbotas, rodillas, y cosas que no quiero nombrar. Ya nos veremos en esas.

La pistola de Larra, Oshimatoti, Minerva y Malbicho también pasaron por aquí mientras yo no estaba, y ya me hubiera gustado estar para saludarlos y desearles todo lo mejor.

Por fin, Ernesto volvió de sus vacaciones. Supongo que volverá con ánimos renovados para ofrecernos sus estupendos haikus y sus comentarios de la actualidad, además de algunas recomendaciones siempre interesantes. No dijo nada, y descubrió que se podía hacer trampa pinchando en las fotos, pero como es tan honrado no lo hizo, y declaró que se las sabía todas.

El lujo fue el comentario de Yolanda. Muchas gracias, amiga, eres una joya. Nos dejó un precioso poema de Neruda, que paso aquí para que todos lo disfrutemos.

El pie del niño aún no sabe que es pie,
y quiere ser mariposa o manzana.
Pero luego los vidrios y las piedras,
las calles, las escaleras,
y los caminos de la tierra dura
van enseñando al pie que no puede volar,
que no puede ser fruto redondo en una rama.
El pie del niño entonces
fue derrotado, cayó
en la batalla
fue prisionero,
condenado a vivir en un zapato.
Poco a poco sin luz
fue conociendo el mundo a su su manera,
sin conocer el otro pie
encerrado,
explorando la vida como un ciego.