
14 febrero 2010
Amor de segundas de don Carlos María

09 febrero 2010
La historia continúa a peor
08 febrero 2010
Una historia terrible del siglo XIX
06 enero 2010
Los Reyes Magos
Los Reyes Magos están enterrados en la Catedral de Colonia. Yo he visto las tumbas, pero lo que haya dentro no lo sé. En realidad, no se sabe nada de ellos, sólo lo que dice Mateo en su Evangelio:
Un año me pusieron los Reyes un muñeco al que llamé Miguelito. Era un bebé de goma. Los Reyes lo habían vestido con los restos de tela que habían quedado del ajuar de mi último hermano nacido, con su jersey azul, su pañal, su camisita y su faja, como un bebé de verdad de los de entonces. Miguelito no tenía los ojos azules, como el de mi vecina, ni era rollizo; más bien se parecía a uno de mis hermanos, de ojos castaños y no tan gordo como los bebés de mi vecina, y creo que por eso lo eligieron los Reyes para mí. También se habían preocupado sus Majestades de Oriente de ponerlo en un moisés con faldetas de organdí, con su colchoncito y su almohada, sus pequeñas sábanas y una toquilla. Eran muy laboriosos los Reyes de entonces. Miguelito sobrevivió a todas las batallas infantiles durante muchos años.

Cuando dejé de creerme lo de los Reyes, ya estaba así de mayor.

Un día, mis hermanos encontraron por mi habitación, abandonado ya a su suerte, al pobre Miguelito. Decidieron que había muerto y le hicieron un solemne entierro. Yo no me enteré en el momento, porque estaba en otras cosas. Mi hermano Alejandro me contó luego que él había oficiado de cura y que lo habían enterrado detrás de un aparador en una caja de madera que en su momento contuvo fruta confitada. En la siguiente limpieza general, lo encontró mi madre, más amarillo que un limón en su cajita de madera. Yo ya no sabía dónde ponerlo, y no quise saber dónde lo puso mi madre finalmente. Desapareció de mi vida. Sic transit gloria mundi. Y todo lo que hay. Qué le vamos a hacer.
03 noviembre 2009
Don Juan en los escenarios
Hay ya algunas voces, tanto en la red como en la vida cotidiana, que piden la recuperación de las tradiciones relativas a Todos los Santos y las Ánimas. Con toda seguridad esto es debido a la cada vez mayor extensión de costumbres foráneas, como el Halloween, que convierte a los jóvenes por una noche en monstruos americanos, pidiendo por ahí dulces y aporreando todo lo que encuentran a su paso. El joven coquetea con la muerte porque la cree lejana y ajena. El joven se puede permitir jugar con la muerte, sin ser consciente de lo que dice en toda su sabiduría la Celestina: “Tan presto muere el carnero como el cordero. No hay joven que no pueda morir mañana ni viejo que no pueda vivir un año más”. Tampoco saben lo que dice Ortega acerca de la vida, a la cual define como un tiempo entre dos relatos; el primero, que es mítico pues sólo lo conocemos por el relato que nos hacen, el de nuestro nacimiento; el otro, que se convertirá en mítico, pero que nosotros no escucharemos jamás como relato, el de nuestra muerte, la de cada uno. El tiempo -tiempo, no otra cosa- que hay entre ambos relatos es nuestra vida. A mí me parece estremecedora la definición de vida de este pensador, porque es cierta por completo. De los dos acontecimientos que más nos atañen no somos conscientes nunca. A veces, tampoco del tiempo entre ambos.
Yo digo que querría que esta vida que se me ha dado, este tiempo entre dos relatos, fuera una especie de ensayo general, y volver a nacer habiendo ensayado muy bien mi papel, como si del Gran Teatro del Mundo -véase Calderón- se tratara. Quizás haber leído ya a Ortega y a otros, quizás tener recuerdo de los errores cometidos, quizás realizar otros proyectos de vida que se me ocurren a veces debido a un defecto congénito de imaginación desbordada.
Pues una de las cosas que en el relato de mi vida recuerdo con consciencia es una representación del Tenorio, cuando yo tenía unos cuatro años. Se representaba en Yecla, y mi padre hacía el personaje del Comendador, el padre de doña Inés, convidado fantasmal a la mesa de don Juan. A mí no me dio miedo verlo en ese traje y con el rostro completamente blanco, pero mi hermano, un año menor, dio un alarido de espanto. En eso veo que ya estaba destinada al gusto por el teatro, pues sabía que era mi padre disfrazado, no un fantasma. Es ésta una de las tradiciones que merecería la pena recobrar. En los escenarios españoles y americanos, sobre todo en México, desde el éxito total de la obra de Zorrilla, se tiene o se tenía costumbre de poner “El Tenorio”, y lo remarco así, obviando el título real de la obra, porque es “El Tenorio” como “La Celestina” o “El Quijote”, obras que son en su totalidad dominio de un personaje magistralmente creado. Que “El Tenorio”, como obra dramática, tiene defectos es algo que todos sabemos. Jamás en mi vida he leído una obra tan ripiosa y forzada. Sin embargo, cuando se oye en el teatro, si está bien interpretada, con voluntad de arte, ni se advierte lo forzado del verso, y lo que queda en la mente del espectador es el personaje y el misterio. En otras ocasiones, cuando se hace mal, queda bien. Quiero decir que es tan popular, tan de la gente, que en ese contexto del pueblo que celebra la muerte y el más allá con una función de teatro de aficionados, necesariamente ha de estar mal, pero entonces está bien. Con todos sus ripios y sus convenciones. Los fallos literarios de la obra y los excesos románticos han pasado a ser parte de la convención escénica en las representaciones populares.
22 octubre 2009
En Ceuta
Ha tenido que venir mi hermana Pilar a vivir a Ceuta, a trabajar aquí, a abrirse un mundo, como yo me lo abrí en su momento, para que yo decida que podría recuperar parte de lo que dejé atrás. Nunca es lo mismo, desde luego, pero hago lo que puedo: superponer las nuevas imágenes, aceptar los cambios y el fluir vital, dejarme cautivar de nuevo por una ciudad llena de vida, de una vida muy peculiar, quizás injustamente ignorada por los que viven al otro lado del Estrecho. Volver a pasear por el Revellín, recorrer el paseo Marítimo, con sus espectaculares atardeceres; subir al barrio de Hadú, donde tuve mi casa y fui feliz, muy feliz; tomar un té con hierbabuena en el cafetín de sólo hombres, donde el dueño es tan amable y nos cuida paternalmente; charlar con Cristóbal, tomando una cerveza en el bar de tapas de la Calle Real, al que conocí joven interino, soltero, y encuentro ahora director de un instituto de mil alumnos, padre de familia con hijo adolescente, comer con Nati, compañera de delicada belleza casi oriental, encontrar por la calle, casualmente, a mi amiga Aixa, que sigue siendo la misma, la dulzura personificada, recorrer la muralla Portuguesa, como hacía en otros tiempos. Fascinada por ese juego de espejos en el que Ceuta se refleja en sí misma y sólo sutiles cambios delatan que la ciudad no es la misma y sigue siendo la misma, del mismo modo que me ha sucedido a mí. Ha sido un día de cumpleaños muy peculiar, el más extraño y fascinante que haya tenido nunca. Un verdadero regalo.
22 junio 2009
Mi oscuro pasado

Pues nada. Valor y a ello, que a lo mejor es hasta un ejercicio catártico.
Este es mi carnet de la Falange, a los ocho años, sección

Y pensar que yo tenía esto oculto y secreto, y ahora viene mi Manolico a sacarlo a relucir. Sólo me consuela un poco que en una pequeña ciudad de provincias, como era Murcia entonces, yo era la "socia" 7538, o sea, que había 7537 "margaritas" antes que yo. Mal de muchas, consuelo de mujeres con oscuro pasado. Para compensar, pronto sacaré las historias del bonito castillo -que lo era antes de verdad- de Lorca, historias proporcionadas por mi hermano el archivero archivador, descubridor de todo secreto y de todos los turbios pasados de la gente y de los castillos.
31 marzo 2009
Dos viejos amigos, unos ángeles y unos nazarenos

En el Palacio del Almudí,
José Antonio Molina Sánchez, longevo y lúcido, inaugura una exposición sobre el gran tema de su pintura, los ángeles, y en una pequeña pero bien montada sala que ha abierto el Museo Salzillo, Muñoz Barberán inaugura otra sobre uno de sus temas más queridos, las procesiones de Semana Santa. La comisaria de la exposición ha sido Pilar Muñoz, hija del pintor, y el resultado no ha podido ser más afortunado. Y no lo digo porque sea mi hermana ni la propietaria de un espacio digital estupendo, sino porque es la pura verdad. Desde el emotivo detalle de una vitrina a la entrada donde se exponen dos jarras murcianas de pinceles usados por el pintor y su maleta de pinturas, cuya tapa está decorada con un precioso paisaje de Lorca, hasta la selección de óleos, acuarelas y bocetos, pasando por una muestra de Muñoz Barberán como cartelista, todo está perfectamente cuidado.
De Molina Sánchez, sólo puedo decir que es un pintor refinado y sensible. Para mí, por otra parte, es algo más que un pintor. Es una figura de mi infancia, entrañable y querida. Recuerdo sus visitas a mi casa cuando yo era niña y que lo primero que le pedíamos al entrar, antes incluso de saludarlo y darle un beso era: "Haznos el pajarico" y entonces él abocinaba los labios, se los cubría con una mano y piaba tal que un gorrión mañanero de la huerta, de allí mismo donde tenía su hermosa casa en Murcia, donde tenía su estudio y de donde salían casi volando todos esos bellos ángeles de su pincel.
Mi padre, su gran amigo, sentía una enorme debilidad por las procesiones de Semana Santa, no en vano era lorquino y blanco. Cuando vino a Murcia, trasladó esa pasión -y nunca mejor dicho- a las de la ciudad que lo acogió como a un hijo. Formaba parte de su interés por el pueblo y todas sus manifestaciones folklóricas. Muchos Viernes Santos, al escucharse los primeros lamentos de las trompetas de escarnio y de los tambores de burla, se levantaba para acercarse a la Iglesia de los Salzillos a ver salir la procesión y a dibujar apuntes, que luego transformaba en cuadros de amanecer murciano. Por eso la exposición se llama muy acertadamente "Pasión y memoria".
Quizás este año me anime y me acerque yo también a rememorar amaneceres.

No puedo evitarlo, he querido saber qué harían las Cofradías murcianas con la cosa de los lacitos blancos. Busco y encuentro que han renunciado a ellos. Explicación ociosa y oficiosa, mía particular: no sabían dónde ponérselos, porque ya de por sí el traje de nazareno y de estante o andero lleva lacitos blancas por doquier, medias de repizco, o sea, bien caladas y bordadas, ligas con escarapelas, y otros adornos extraños que asombran a los foráneos. Bajo la túnica remangada, llevan enaguas con puntillas almidonadas. El buche que abulta la túnica morada va llena de caramelos, habas tiernas, huevos duros y monas de pascua. Dicen que antiguamente recorrían la Huerta con los pasos y que tenían que llevar provisiones para el recorrido, las que luego compartían con los que se asomaban a verlos pasar o los acompañaban. Un obispo intentó que nuestros nazarenos no fueran repartiendo habas, huevos y monas, además de caramelos, pero se le formó el pitote, con toda la razón.
06 febrero 2009
Yehudá Ha-Leví

Yehudá Ha-Leví nació en Tudela, en Navarra, en el 1075. Durante bastante tiempo se le conoció como el Castellano, pues se le creía nacido en Toledo. Fue autor de un Diván de poesía (colección de poesías de uno o de varios autores, en alguna de las lenguas orientales, especialmente en árabe, persa o turco), en el que se incluyen jarchas, pequeños poemas en castellano mozárabe muy primitivo, al final de largos poemas amorosos en árabe clásico o en hebreo, llamados moaxajas. Además de esta colección poética, que incluye poemas amorosos, filosóficos, religiosos de tendencia mística, y dedicatorias de amistad, escribió un tratado histórico-religioso llamado El Kuzarí.
Se formó culturalmente en la corte de los Banu Hud de Zaragoza, donde recibió educación bilingüe en árabe y en hebreo; también dominaba el castellano. Vivió en Toledo, Córdoba y Granada, y hacia el 1130 inició una peregrinación a Tierra Santa, de la que no regresó nunca. Su muerte está rodeada de misterio, y sólo se sabe que se detuvo en Alejandría y en El Cairo, protegido por las comunidades judías de esas ciudades. Dspués se pierde toda noticia sobre su persona.
Esta es mi pequeña antología personal. Si alguien quiere leer más sobre este autor o algunos poemas, en la página amediavoz podrá encontrar más.
El día en que la acaricié sentada sobre mis rodillas
y se vio reflejada en mis pupilas,
me besó entre risas los ojos;
pero no besó en ellos sino su imagen.
************
Despierta, amor mío, de tu duermevela,
me he de saciar de tu rostro al despertar;
si ves al que besa tus labios
soy yo, que adivino tus sueños.
************
Ofra lava sus vestidos en el agua de mis lágrimas
y los pone a secar al sol de su hermosura.
No necesita el agua de las fuentes, pues tiene la de mis ojos,
ni otro sol que el de su belleza.
***********
¿Por qué sales, oh sol, y por qué brillas?
Ya ha salido la hija de Abihail,
avergonzando al sol con su belleza
y disminuyendo los resplandores del rey del día.
No escogió para vivir el cielo,
sino que convirtió el mirto en su esfera.
************
Cuando vi en mi cabeza la primera cana
la arranqué con la mano.
"Has podido conmigo", me dijo, "porque estoy sola.
¿Qué harás cuando me siga un escuadrón?"
15 enero 2009
Muñoz Barberán en el Almudí


De entre todos los cuadros de la exposición, he elegido como muestra algunos de los que me llevan a la recuperación de mi infancia, sobre todo éste tan misterioso de un rincón

Y traigo también la airosa Torre de la Catedral, porque está unida para mí a recuerdos infantiles muy gratos. Algún domingo subía a la Torre con m

Si me asomaba a uno de los ventanales del salón donde un tiempo estuvo su estudio, podia ver toda la calle de Juan de la Cierva, y al fondo, muy al fondo, la calle que llevaba a San Andrés, y más al fondo, el Convento de las Agustinas. Dicen los viejos murcianos que antes llovía más. Yo dudo que sea cierto, cientifica y estadísticamente hablando, pero algo de verdad poética habrá en eso, porque hay muchos cuadro

Para compensar, una plácida y soleada mañana de domingo en el Malecón, el paseo más clásico de la murcianía. Éste era el lugar al que yo llegaba después de subir las escalinatas de

13 diciembre 2008
Quijote escolar

Este que veis aquí, maltratado por unas manos infantiles, pintarrajeado y hecho una verdadera baraja, pero amado y respetado, es el primer Quijote que yo leí. Tenía ocho años y era el curso que en tiempos se llamó "Ingreso de bachiller". Juzgad de las edades, los tiempos y las leyes educativas de entonces.
La maestra nos ponía a todas las niñas -yo era la más joven entre mis condiscípulas- en una fila a lo largo de una de las paredes del aula, de espaldas a la ventana, para que nos diera la luz sobre las páginas del libro. Nos iba indicando que leyéramos por orden de fila y si leíamos muy bien, nos adelantaba puestos. Supongo que no tenía ningún protocolo, ni objetivos, ni normas para decidir quién leía mejor y quién peor, y a juzgar por sus decisiones tenía que llevar en mente una cantidad enorme de matices en la lectura en voz alta que las niñas ignorábamos por completo. Con lo cual nos esforzábamos mucho por "leer bien" a nuestro ingenuo entender, y no siempre conseguíamos que la maestra nos adelantara puestos.

El interior del libro, además de una versión reducida -no adaptada en su lenguaje más que la imprescindible modernización de las grafías- contenía además una selección de los grabados de Doré y figuras aclaratorias de las palabras y de las expresiones. Yo decoré profusamente algunas de sus páginas, señal de que aquello era muy mío y necesitaba marcarlo de algún modo.

En la portada firmé con mi letra de ocho años, y como no me fiaba de haberlo hecho bien, o por gusto de ensayar mi recién estrenada firma, lo hice dos veces.
Luego leí otros Quijotes, ya completos, en otras ediciones. Sigo leyendo de vez en cuando capítulos sueltos, algunos años decido leer de nuevo la primera o la segunda parte. y a veces lo vuelvo a leer completo. Recuerdo muchos episodios divertidos o dolorosos, algunos de una inteligencia humana asombrosa, otros de una ternura y humor que no ha podido nunca ser superado.
El enigma, muy melancólico, es el siguiente. Teniendo en cuenta que la dómina de este blog hizo el ingreso de Bachiller precozmente, que leyó, como mandaba el plan de estudios oficial de esos años, este Quijote, ¿qué edad tiene la susodicha dómina? Prometo no revelar quién ha ganado y no confesar nunca, nunca, la verdadera edad. Como siempre, las normas del concurso, depositadas ante notario, son de una absoluta arbitrariedad. Abténganse, por favor, las personas que me conocen a fondo y las que me conocen de vista; las unas porque deberían ser respetuosas con las normas del concurso, las otras porque se equivocarán, por más o por menos. En todo caso, pueden decir algo jocoso.
04 diciembre 2008
Dedicatoria

El lunes, día 1 de diciembre, hizo exactamente un año de la muerte de mi padre. Era pintor y se subía a andamios como ese en el que está, en torno a los treinta años, pintando en una iglesia. Un cuadro de ánimas, por el cual algunos feligreses se ofendieron, porque las ánimas, qué iban a hacer las pobres, no llevaban ropa. Válgame, qué tiempos.
Mi padre tenía muy buen humor, a veces un poco sarcástico, siempre irónico. En Yecla, a donde fui en viaje sentimental, después de su muerte, me contó Miguel Ortuño, uno de sus mejores amigos, que mi padre se subía un tocadiscos, de esos que se llamaban picús, a los andamios de los altos techos de la Basílica donde estaba pintando, y que ponía ópera y canciones napolitanas de Mario Lanza y otros tenores de moda. Unas señoras beatas que iban todas las tardes creyeron que era mi padre el que cantaba y cuando bajó del andamio le alabaron mucho su bel canto. Mi padre captó enseguida la idea y no las sacó de su error; les dio las gracias con humildad, diciéndoles que era un simple aficionado, y les rogó que no se lo dijeran a nadie, porque se iba a llenar la Basílica de gente y al cura no le iba a gustar tanta romería de aficionados a la ópera. Se fueron tan convencidas, en el secreto con el pintor, y volvían todas las tardes a "escucharlo".
Si se dispone de unos minutos, recomiendo oír esta canción, encarecidamente.
Uno de mis mejores consuelos en aquellos días luctuosos fue la música. Para él la música era algo imprescindible. Le gustaban la ópera y las canciones. Yo heredé ese gusto de él. Y le gustaba Kiri Te Kanawa. Por eso, aparte mi afición, yo estaba tan contenta de ir a oírla en directo. Os puedo asegurar que fue una maravilla, pero que me estuve acordando mucho de mi padre. Hubiera dado cualquier cosa por que pudiera oír la delicada voz de esta mujer, que además, vista de cerca, con unos prismáticos, parece mucho más hermosa y joven que en las fotografías. La canción de Richard Strauss que os dejo aquí interpretada por la soprano neozelandesa es la que estuve oyendo durante meses, una vez tras otra, con lágrimas en los ojos, con el corazón encogido. No la cantó en el recital de anoche, pero esa canción la llevo yo dentro de mí. Se llama "Zueignung", es decir, "Dedicatoria". Dedicada a todas las personas sensibles. Dedicada al recuerdo de mi padre.
Ja, du weißt es, teure Seele,
Daß ich fern von dir mich quäle,
Liebe macht die Herzen krank,
Habe Dank.
Einst hielt ich, der Freiheit Zecher,
Hoch den Amethysten-Becher,
Und du segnetest den Trank,
Habe Dank.
Und beschworst darin die Bösen,
Bis ich, was ich nie gewesen,
heilig, heilig an's Herz dir sank,
Habe Dank.
DEDICATORIA
Sí, tú lo sabes, alma querida,
que me atormenta el estar lejos de ti.
El amor hace enfermar el corazón.
¡Te doy las gracias!
Una vez yo alcé bien alto, borracho de libertad,
la copa de amatista
y tú bendeciste la libación.
¡Te doy las gracias!
Y exorcizaste así los demonios
a fin que yo, como jamás antes lo había estado,
santificado, santificado, cayera sobre tu corazón.
¡Te doy las gracias!
06 noviembre 2008
Onégeses
Es que yo entonces era muy excesiva. Luego me moderé mucho. Y ahora soy así, como más normal. Pena que no tengo el texto digitalizado, que si no os ibais a enterar. Ah, y se me olvidaba decir, en plan autobombo y para más risa, que en el Buscón de la RAE aparece este nombre, Onégeses, con la única referencia a mi obra, porque debo de ser la única persona en el mundo que la ha usado en toda la historia de la literatura. Qué bien.
01 noviembre 2008
30 octubre 2008
Culto a los muertos

Cada cultura lo hace a su manera. En Marruecos, los entierran desnudos, en la tierra viva, en posición fetal y mirando a la Meca. Sobre la tumba, una sencilla piedra blanca con el nombre del difunto. Antiguamente a las mujeres no les ponían el nombre, a no ser que se hubiera ndistinguido por algo, por su belleza, o su inteligencia o su santidad. El criterio, por lo visto, era riguroso. Los marroquíes no les llevan flores a sus abuelos, sino mirto, o sea, arrayán, que es la planta del amor. Visten el luto de blanco purísimo y a un velatorio no van nunca sin un paquete de azúcar para la familia del difunto, porque piensan que no están para ir a comprar azúcar ni nada y que al menos té tendrán que tomar. La primera vez que vi un entierro en las calles de Tetuán no sabía qué demonios estaba pasando, porque iban todos a la carrera, sin perder ni un momento, cantando suras del Corán, con la caja de madera de pino, hecha de tablones, cubierta con una manta de colores. Al muerto lo sacan de la caja para enterrarlo, y no es por ahorrar, sino por el mandato de que el cuerpo toque la tierra.

Añade mi madre que el sábado iremos a Lorca a ponerle flores a la tumba de mi padre. Lloraremos de nuevo, porque aún no hace un año tan siquiera que nos dejó, y luego le pondremos alguna flor a éste, que era su padre, y a la otra que está a su lado, que era su madre. Cuando pusimos las lápidas, mi hermano dijo que debía ser algo sencillo: Manuel Muñoz Barberán, Pintor. Y al lado estaba su madre. Y dijo otro hermano: ¿Y a la abuela qué le ponemos, Bibiana Barberán Castillo, Telefonista? Porque ella fue la jefa de la central telefónica de Cehegín. Quedaba tan prosaico, que no le pusimos nada.
Y ya que estamos allí, mi hermano Manuel y yo, quizás con algún otro, iremos a ponerle una flor a este otro buen hombre, que era el bisabuelo de mi padre, enterrado en una tumba prestada por el Colegio de Abogados de Lorca, del que fue presidente en tiempos de Isabel II. El cual, con motivo de la proclamación de la Primera República firmó el siguiente llamamiento a la calma al pueblo de Lorca.

Así celebraremos los días de los Santos, de los Muertos y de las Ánimas, rindiéndoles su culto.
Por todo lo cual pienso en otros muertos a los que no se les puede rendir culto. Yo sé dónde están cada uno de mis abuelos y mis tíos, y sé dónde está mi padre. A decir verdad, sé dónde dejaron sus cuerpos sin vida. A ellos ya les da lo mismo, pero no les da lo mismo a los vivos. El culto a los muertos es tan antiguo como el despertar de la inteligencia humana. Negarles sepultura y lugar determinado a los muertos es un pecado contra la humanidad. Eso es lo que se pretende subsanar con la Ley de la Memoria Histórica. Eso es lo que quiere hacer Garzón con los miles de muertos abandonados en las cunetas de España y los eriales junto a los cementerios. Los que reniegan de esta memoria tienen a sus muertos bien enterrados y cubiertos de flores estos días. Hay muchas familias españolas que tienen que ir a un barranco suponiendo que sus muertos están allí, pero sin saberlo a ciencia cierta. Un respeto también a esos vivos.
Antígona se la jugó hasta la muerte por echar un poco de vino y un poco de tierra sobre los restos de su hermano muerto en el lado equivocado. Al que había estado al lado de los vencedores ya se le habían hecho todos los ritos necesarios y se le habían rendido honores militares. Para un griego clásico, no recibir esos ritos funerarios era peor que ir al infierno; su alma vagaría en un lugar entre el cielo y la tierra, como una sombra en pena constante. Era el deber moral de Antígona rendir ese culto a su hermano muerto. Lo hizo y le costó morir de hambre y sed encerrada en una cueva. Hay actualmente en España muchas Antígonas tratando de echar un poco de tierra, unas gotas de vino, sobre los cuerpos fusilados de los vencidos. Que se les permita de una vez sin condenarlos al oprobio y a la vejación, sin poner en duda su honrado deseo. No es revancha, no es resentimiento, no es abrir viejas heridas. Es honrar a los muertos.
18 septiembre 2008
17 septiembre 2008
Enterrar y callar

16 septiembre 2008
Mesa de estudio de Muñoz Barberán

Pues alguien me ha pedido que suba algo de obra de mi padre. Para los que no me conocen diré que mi padre se llamaba Manuel Muñoz Barberán, que era pintor, pero también investigador histórico, además de tener sus puntas de escritor. Murió en diciembre de 2007 con ochenta y seis años. Como yo soy su hija, qué podría decir que ya no se imagine. Aquí dejo este emblemático cuadro suyo, su mesa de estudio. Si se amplía la foto, en el cristal de la ventana se puede ver un ligerísimo autorretrato. Esta es una de sus pinturas preferidas por mí. Cuando miro este cuadro, me parece que reviven las sensaciones del estudio de un pintor, con sus olores peculiares a óleos, a madera, a cola y esencia de trementina. Mi padre fumaba moderadamente, así que hay que añadir el aroma de los cigarrillos negros.
11 junio 2008
Zueignung
Dass ich ern von dir mich quäle,
Liebe macht die Herzen krank,
Habe Dank.
Einst hielt ich, der Freiheit Zecher,
Hoch den Amethysten-Becher
Und du segnetest den Trank,
habe dank.
Und beschworst darin die Bösen,
Bis ich, was ich nie gewesen,
Heilig, heilig an's Herz dir sank,
habe dank!
Hermann von Gilm