31 octubre 2009

Hipatia en el Ágora


En 1997 hice la última revisión, pasándolo desde el manuscrito que venía elaborando desde un par de años antes de una obra de teatro, a la que llamé "Hipatia. Una oración fúnebre". Las fuentes que consulté en su momento no eran muchas, pero realmente no me interesaba la fidelidad histórica de lo que contara, pues se trataba más bien de aprovechar lo histórico para una representación de la ambigëdad identitaria en las mujeres que habían sobrepasado los límites del patriarcado, renunciando a su papel reproductor y dedicando su vida a tareas de pensamiento o creación.
Como de Hipatia se sabe poco, cada creador y cada soñador puede dar la versión que quiera, sueñe o cree, de modo que Hipatia es personaje que se modula desde la casi inexistencia de datos. Las feministas la hemos convertido en un icono de la dedicación a tareas no incluidas en el proyecto de vida diseñado por el sistema para toda mujer, y, debido a su terrible muerte a manos del fanatismo, en protomártir de la intransigencia, la intolerancia y el patriarcado feroz en que se convierten las religiones monoteístas. En otra línea, casi todas las versiones sobre este personaje apuntan a algo muy parecido.

En primer lugar, había escrito un monólogo, siguiendo la línea de los tres monólogos femeninos a los que llamé "La celada fuente", que tenían como títulos "Corina de Tanagra", "Christine de Pizan" y "María en Éfeso", que fueron estrenados en 1988 por el Sur Grupo de Teatro, dirigidos por César Bernad, en el Teatro Romea de Murcia, y posteriormente publicados por la Universidad de Murcia, libro actualmente descatalogado. Una vez escrito el monólogo, me pareció que el tema psicológico podía extenderse en un drama y en eso lo convertí. Nunca lo publiqué, pero algunos amigos míos pueden dar fe de esta creación.


Anoche fui en busca de la Hipatia soñada por Amenábar, director al que tengo bastante aprecio. Desde luego, no encontré a mi Hipatia, pero creo que tampoco a la Hipatia de Amenábar, que es un personaje blando y desdibujado, sin carácter. Quizás lo que Amenábar ha querido decir es otra cosa. Es decir, Hipatia le ha servido para vertebrar en una película de masas, muy vistosa, pero algo aburrida a veces, y provista de unas cuantas ingenuidades, unas ideas más o menos evidentes en la historia. A mi parecer la primera idea que rige la historia es la intolerancia violenta, tema muy del día, y yo diría que de milenios y milenios de cultura humana. En segundo lugar, muestra el triunfo de la ignorancia y la superstición sobre el pensamiento racional. Y en tercer lugar, y no sé si esto lo habrá hecho notar alguien, es una meditación sobre una de las causas más crueles del derrumbamiento del mundo clásico: la esclavitud. Si el Cristianismo triunfó sobre otras corrientes religiosas de la época, que las había pululando por el ambiente como moscas, fue, entre otras condiciones no menos importantes, porque era la religión de los esclavos, la que prometía la igualdad de todos los seres humanos ante Dios. No sé cómo habría sido la historia si hubiera triunfado, por ejemplo, el culto de Mitra, dios solar que en cierto modo contribuyó a la iconografía paleocristiana, pero que limitó su extensión al ejército. Sabido es que propietarios de esclavos, sobre todo en zonas rurales, los manumitían al convertirse al cristianismo, lo que creó los problemas consecuentes de paso de un sistema a otro; tras los desórdenes provocados por la ruptura del sistema acechaba el feudalismo como alianza entre los señores de la guerra y la protección de las poblaciones amenazadas por el desorden. Pese a esta manumisión colectiva en la Baja Edad Media, habría que plantearse si realmente se abolió la esclavitud, visto que los esclavos se convirtieron en siervos de la gleba, unos casi esclavos, y fueron pasando los siglos y aquí están y siguen, que no hay más que mirar una plantación de frutas tropicales en América del Sur, o las maquilas de las multinacionales, o las fábricas chinas, modelos de esclavitud moderna, o directamente el secuestro y venta de niños y niñas en China, o en Marruecos, o las bandas organizadas para la explotación sexual en régimen esclavista, que no está en países lejanos, sino ahí mismo, en cualquier carretera española. Siempre, siempre, la dominación extrema de una clase de seres humanos por otra es el cáncer de cualquier sistema, pero mientras tanto, se mantiene el negocio. Los cambios son muy lentos y siempre se encuentra un modo de seguir manteniendo la esclavitud.
Otra idea expuesta es la asociación de los poderes, el religioso con el temporal, ya contraviniendo las palabras del fundador, "al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios". No está ausente, en términos generales, la abstracción que el intelectual puede hacer de los sucesos presentes en su tiempo. Mientras todo se agita alrededor, los "académicos" viven en sus elucubraciones y trabajos abstractos. De otro modo no podrían hacer su tarea, es cierto, pero parece que no calibran en ningún momento el cambio que su mundo está sufriendo. Hipatia sólo lo reconoce en un momento, cuando dice a Orestes que Cirilo, el patriarca de Alejandría, ya ha vencido.
Ingenuidades y anacronismos marcan la película. ¿Nadie le ha dicho a Amenábar que en el mundo antiguo no había cristales en las ventanas, por muy bonito que sea romperlos a mazazos? ¿Le han inspirado esas escenas aéreas juegos de ordenador y playstation, como Imperium? ¿Es intencionado que Cirilo el patriarca de Alejandría parezca un terrorista islámico suicida? ¿Alguien le ha supervisado los diálogos, donde Hipatia y sus discípulos hablan como personajes de un cómic? Son detalles que convierten a la película en un producto de masas, asimilable por jóvenes y población media, no demasiado ilustrada, pero que le restan gravedad y enjundia. Por eso triunfa y yo me alegro. Al menos, es uno de los nuestros. Los americanos lo habrían hecho mucho peor, desde luego.

Para quien quiera leer bien el Monólogo de Hipatia, bien el drama "Oración fúnebre", aquí dejo los documentos. El monólogo fue publicado el curso pasado por una revista literaria, llamada "Ágora", qué curiosidad, pero el drama es inédito.

27 octubre 2009

Un poco de risa

Para pasar un buen rato con este vídeo que me acaba de llegar sobre un cómico italiano, Ennio Marchetto, cuya creatividad se plasma en el cambio de vestuario, realizado exclusivamente con papel. Lo usaré para que mis alumnos vean con sus propios ojos cómo todo se puede realizar con imaginación y pocos recursos. Si no logro esto, al menos se reirán un rato, que no es poco.

26 octubre 2009

Un regalo de Marcelo


Marcelo tiene ya doce años, aunque a él no le guste y prefiera seguir teniendo once. Acaba de llegar al instituto Floridablanca, de mi mano como aquel que dice, y parece que no le va mal de momento. Es trabajador y le gusta quedar bien, así que ha empezado bien su nueva vida de estudiante de Secundaria. Puedo dar fe de que me quiere mucho, y a las pruebas me remito. Como pasé mi cumpleaños fuera, no pudo hacerme un regalo ni felicitarme en directo. A mi vuelta, esta mañana lo he recogido como cada día que coincidimos en la entrada al instituto y durante el camino hemos ido hablando de nuestras cosas, a saber, de Naruto, un cómic manga, de las películas que nos gustan, como Tiempos Modernos o El gran dictador, de Chaplin, de sus profesores, de los deberes y las notas, de venirse con nosotros a comer lentejas, como cada lunes, en fin, cosas corrientes entre una yaya y su nieto.
Por la tarde, después de hacer los deberes, ha desaparecido de la casa diciendo que iba a comprar algo. Como su abuelo le había dado la "paga" de nieto, hemos pensado que se había ido a comprar el último manga Naruto. Pues no. Ha vuelto con este libro como regalo de cumpleaños para mí.
Nos hemos quedado estupefactos. ¿Le había aconsejado alguien? Decía que no. ¿Su madre? ¿Su padre? ¿Puri, la dueña de la librería Encuentros, donde solemos comprar? No, no, que no. Él ha entrado en la librería, se ha ido directamente a las novedades. Dice que le ha llamado la atención el color morado, que sabe que es mi preferido. Que ha leído el título y la contraportada, y que le ha parecido que a mí me iba a gustar ese libro. Con toda la razón, por otra parte. Mujeres exiliadas tras la guerra civil, mujeres escritoras de la república, exiliadas. Un acierto.



Ahora estoy orgullosa, es cierto, pero también algo melancólica. No sé qué fue de ese bebé al que llevé a retratar en Ceuta, con ocho meses, tan redondito y hermoso que la gente me paraba por la calle para bendecirlo, y que lució en un escaparate de fotos de niños junto a otros niños vestidos de fiesta de circuncisión y niñas con ropa nueva para las fiestas de Ramadán.
Es tan mayor ya que es capaz de ir a comprar un libro para regalármelo y encima acertar sin consejo de nadie.

Imágenes de Ceuta

Vista nocturna del foso de la muralla portuguesa, con un barco que vuelve a su punto de amarre con gran pericia marinera.



La hermosa plaza de los Reyes en todo el centro de la ciudad de Ceuta.




La casa modernista de los Dragones. Cuando yo vivía allí estaba de pena y encima sin sus dragones. Ahora la han restaurado y le han restituido sus impresionantes monstruos.



La Catedral, un edificio precioso donde algunas veces he oído estupendos conciertos.




Pequeño monumento mariano en el centro de la plaza de la Virgen de África.

CEUTA ES UNA CIUDAD DESCONOCIDA PARA LA MAYORÍA DE LOS QUE HABITAMOS EN LA PENÍNSULA IBÉRICA. QUE YO LE TENGA TANTO CARIÑO NO LE AÑADE NADA, PERO SÍ ME INCLINA A DARLA A CONOCER.

Dedicado a Miguel Ángel: el Santo Sepulcro

Esta entrada es una simple recomendación y una dedicatoria. Sé que le gustará a Miguel Ángel especialmente, aunque quizás ya lo haya visto en vivo y en directo, pero también a la gente curiosa y viajera. Gracias a estos medios modernos, podemos ver cosas lejanas y admirarnos de los grandes monumentos del mundo, por ejemplo, la Iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. Tengo que darle las gracias a mi compañero José María Fernández Navarrete, que me mandó el estupendo enlace.

22 octubre 2009

En Ceuta




Desde el barco, llegando a Ceuta, el Peñón de Gibraltar se ve en la lejanía.


La montaña que limita Ceuta con Marruecos, por Benzú, que los ceutíes llaman la Mujer Muerta, los marroquíes Jebel Musa, y que es en realidad el gigante Abyla.

Atardecer en la playa del Chorrillo.


Desde la Muralla Portuguesa, el Puerto y, al fondo, el monte Hacho.
La corona de luces es el antiguo presidio, el castillo del Hacho.




Hacía doce años que no venía a esta ciudad en la que estoy ahora. A menudo pensaba en volver de visita y recuperar amigos y recuerdos. Eso en los tiempos modernos se llama actualización. No tenemos muchas oportunidades de actualizar lo pasado, de superponer imágenes del momento a imágenes del pasado. Lo hacemos continuamente, como un fluir, con lo que nos rodea, pero cuando cerramos una etapa de la vida, mudamos lugares y personas, actividades, paisajes y sensaciones, resulta difícil actualizar, porque el tiempo que tenemos concedido es limitado, siempre limitado. Incluso sentimentalmente somos limitados. Y sin embargo, alguna vez ocurre.
Ha tenido que venir mi hermana Pilar a vivir a Ceuta, a trabajar aquí, a abrirse un mundo, como yo me lo abrí en su momento, para que yo decida que podría recuperar parte de lo que dejé atrás. Nunca es lo mismo, desde luego, pero hago lo que puedo: superponer las nuevas imágenes, aceptar los cambios y el fluir vital, dejarme cautivar de nuevo por una ciudad llena de vida, de una vida muy peculiar, quizás injustamente ignorada por los que viven al otro lado del Estrecho. Volver a pasear por el Revellín, recorrer el paseo Marítimo, con sus espectaculares atardeceres; subir al barrio de Hadú, donde tuve mi casa y fui feliz, muy feliz; tomar un té con hierbabuena en el cafetín de sólo hombres, donde el dueño es tan amable y nos cuida paternalmente; charlar con Cristóbal, tomando una cerveza en el bar de tapas de la Calle Real, al que conocí joven interino, soltero, y encuentro ahora director de un instituto de mil alumnos, padre de familia con hijo adolescente, comer con Nati, compañera de delicada belleza casi oriental, encontrar por la calle, casualmente, a mi amiga Aixa, que sigue siendo la misma, la dulzura personificada, recorrer la muralla Portuguesa, como hacía en otros tiempos. Fascinada por ese juego de espejos en el que Ceuta se refleja en sí misma y sólo sutiles cambios delatan que la ciudad no es la misma y sigue siendo la misma, del mismo modo que me ha sucedido a mí. Ha sido un día de cumpleaños muy peculiar, el más extraño y fascinante que haya tenido nunca. Un verdadero regalo.

20 octubre 2009

Considerando en frío... un año más




Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué mas da! Emocionado... Emocionado.

Me dedico a mí misma este impresionante poema de César Vallejo, el poeta peruano al que siempre le he tenido admiración, y con el paso de los años más. Yo también nací muy pequeñita, tal como podéis ver en las fotos que me hicieron con mis abuelas. En la primera foto estoy en brazos de mi yaya María, abuela materna; en la segunda, en brazos de mi abuela Bibiana, paterna. Las dos han muerto ya, y milagro sería que vivieran, que tendrían si no ciento y pico años. Guardo un recuerdo feliz de las dos, y sé que mi infancia no habría sido la misma sin ellas. A ninguna de las dos las vi nunca vestidas de otro color que no fuera el negro. Tampoco se maquillaban ni llevaban tacones. Eran mujeres de otro tiempo. Vidas duras y a veces dolorosas.
El regalo del poema de Vallejo es porque mañana es mi cumpleaños, y quería celebrarlo un poco. Es una cifra nada signficativa que no voy a decir. Los que la sepan, que tengan la bondad y la prudencia de callarse. Hay un momento en la vida de una mujer en que la fecha de nacimiento se convierte en un verdadero tabú. Sólo os diré que el día que yo nací nacieron todas las flores, o sea, ya podéis ir calculando. Génesis, I. Y la de cosas que me ha dado tiempo a hacer y a aprender. Si ahora se me apareciera un genio de la botella y me dijera que podía pedir cualquier cosa, diría que ninguna en absoluto. Sólo seguir mi vida y llevarla hasta el final más o menos como ahora.



Estos, los padres de la criatura. Los que me enseñaron a no pedir nada al genio de la botella, sino la vida misma y lo que ella depare.