05 septiembre 2007

"GUFI" FLORENTINOS (o sea, búhos)



No sabemos por qué, es decir, debido a qué asociación o acontecimiento temprano, nuestra pequeña Amaia, que aún no tiene los dos años, ha desarrollado un temor ya casi mítico por los búhos. No por los búhos en general, sino por el BÚHO, imagen en la que centra todos los temores y miedos, el miedo metafísico, la representación del mal y de lo oscuro.


No es que en Florencia haya más búhos representados que en cualquier otra parte, pero lo cierto es que el temor de Amaia, que ya nos hace reír a todos, nos hace advertir la presencia de un búho en cualquier parte -nombro búho como ella lo hace, la primera palabra completa que aprendió, encerrando en esa palabra cualquier animal de la misma familia, nocturno, oscuro, y al mismo tiempo poniendo en ella la noche, el temor reverencial ante lo desconocido.
Dos escultores -rivales sin motivo, porque la grandeza de uno de ellos impedía toda rivalidad, amigos y enemigos- en el Renacimiento italiano esculpieron un búho o lechuza, que yo escribo y viajo, pero no soy naturalista. Miguel Ángel dio forma a la primera imagen en mármol blanco, un pequeño búho acogido al hueco del brazo de la Noche en las Capillas Mediceas. Giambologna dio forma a los otros búhos, los de bronce, entre otros muchos animales trabajados para ornato de los jardines de los Médicis.
Quizás a la pequeña Amaia le produzca más espanto en su temprana infancia la representación de Giambologna, porque es oscura, redundante, realista. Pero a mí me sobrecoge la de Miguel Ángel precisamente porque en ella sucede el milagro del arte que yo llamo "un poco más allá". Es decir, la cosa está ahí representada tal como es, pero hay "un poco más allá", casi inefable, que convierte a lo representado en un arquetipo.

1 comentario:

El empecinado dijo...

Anoche me acordé de ti, porque iba paseando al perro por la huerta y un mochuelo me sobrevoló en círculo, y apenas a unos metros de altura, tres vueltas.Luego desapareció entre los limoneros.