A Lino lo convertí en literatura en un cuento de mi colección "Mixtura", y es de las cosas de las que nunca me arrepentiré. Si está en algún sitio, con su gabán y sus barbas valleinclanescas, que me perdone y me sonría un poco. Él era un artista. Lo comprenderá. Que recuerde también la corrida de toros incruenta en la que yo era espectadora atentísima, la única vez en que he asistido, porque era un ingenuo espectáculo en su honor. Las trenzas que se ofrecen a los dioses cuando la niña se hace una joven, yo se las ofrezco a Lino. A su sonrisa y a su dulce acento lisboeta.
05 marzo 2008
Antonio Lino, el portugués
A Lino lo convertí en literatura en un cuento de mi colección "Mixtura", y es de las cosas de las que nunca me arrepentiré. Si está en algún sitio, con su gabán y sus barbas valleinclanescas, que me perdone y me sonría un poco. Él era un artista. Lo comprenderá. Que recuerde también la corrida de toros incruenta en la que yo era espectadora atentísima, la única vez en que he asistido, porque era un ingenuo espectáculo en su honor. Las trenzas que se ofrecen a los dioses cuando la niña se hace una joven, yo se las ofrezco a Lino. A su sonrisa y a su dulce acento lisboeta.
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