Lo dicho en anterior entrada, tengo este blog un poco abandonado por culpa de las Artes Escénicas, un proyecto del que estoy disfrutando mucho, pero que también me absorbe mucho tiempo y esfuerzo. Hoy me he dedicado la mañana, y voy a aprovecharla para hacer un resumen de lecturas. No incluyo entre ellas la novela de Rubén Castillo, "Las grietas del infierno", porque le han dado un importante premio y quiero dedicarle una entrada para él solo, que se lo merece.
El medio de los blogs comenzó siendo algo distinto a lo que ahora es: en realidad, su comienzo fue una página en la que un tipo ofrecía los mejores enlaces acerca de una noticia de actualidad, algo así como simplificar las tareas de búsqueda de información sobre un tema determinado. Y luego pasó lo que pasó, pero otro día entraré a fondo en esto de la historia de los blogs. Lo que ha quedado de aquello es que al nombrar un autor, un libro, una ciudad, una referencia cualquiera, se suele hacer, y hasta se debe, incluir enlaces que amplíen la información, y que el lector, si así lo quiere, recurra a esos enlaces indicados a recabar conocimientos más amplios y variados. Así lo suelo hacer cuando tengo tiempo y así lo voy a hacer en esta entrada.
En primer lugar, voy a darme el gusto de comentar un librito encantador, que compré en un baratillo de libros en Toledo (que yo no puedo viajar y no hacerme con alguna cosa encuadernada y que tenga hojas como los árboles), y ese delicioso librillo es "Por tierras de Murcia", en una edición facsímil de Editorial Maxtor. A Encarna, cuando termine los tochos que se está leyendo, le encantará. Se trata de un libro de memorias del paleontólogo Daniel Jiménez de Cisneros, caballero nacido en Caravaca de la Cruz, y abarcan sus experiencias infantiles y juveniles desde 1872 a 1892, con reflejo de todas las turbulencias políticas y sociales de tal época histórica y reflexiones personales muy sustanciosas. Al mismo tiempo, se va conociendo, a través de sus narraciones, entre Lorca, Caravaca y Cartagena, lo más interesante del sistema educativo de ese tiempo, el caciquismo, la miseria de los maestros y profesores, los contenidos y los métodos de enseñanza. Es un libro que se lee con gusto y con mucha ternura, con un estilo directo y entrañable. Destaco la anécdota de la criada, que estaba aterrorizada con los "facciosos", o sea, los Carlistas, y llegó toda contenta a la casa después de ver la entrada de estos "facciosos" en Lorca, diciendo que en realidad eran hombres. Como también habla de la llegada de la Primera República, pongo aquí el anuncio a los ciudadanos de Lorca de tal evento, por una comisión de próceres lorquinos, entre los que se encontraba mi tatarabuelo, don Carlos María Barberán, donde tranquilizan a la población y les piden un comportamiento cívico. Una curiosidad histórica.Algo muy diferente es un tebeo. Parece que el género tiene su destino en niños y jóvenes. Ya no es así; en realidad, hace mucho que no es así, pero no nos enteramos. El tebeo, el cómic, dicho a la americana, es un género literario gráfico más, con grandes creadores y grandes obras. En España tenemos uno de esos grandes creadores, Carlos Giménez, medalla de oro de las Bellas Artes y eterno candidato al Premio Príncipe de Asturias. Tiene un pequeño inconveniente para conseguirlo, y es que el artista es más bien rojeras, de hecho, más rojo que las candelas, así que se lo pensarán un par de veces, no sea que les salga con un discursito antimonárquico o tan comprometido como el de Gervasio Sánchez en su momento. Yo conocí a Carlos Giménez por el blog de Mameluco, un joven cordobés gran lector de tebeos, agudo como él solo, y muy culto. Este verano nos visitó en el campo de Ulea y nos hizo un espléndido regalo: "Todo Paracuellos", de Carlos Giménez. Se trata de una impresionante novela gráfica sobre los orfanatos e internados de Auxilio Social, puestos en marcha inmediatamente después de la Guerra Civil española, con la intención de recoger a las criaturas huérfanas de guerra o cuyos padres estuvieran en la cárcel. Como se comprenderá, parte de la misión era su reeducación, pues los consideraban los hijos de los malditos rojos, educados en el mal y en el pecado. La novela es dura, cruel, muy dolorosa, pero muy tierna también. Está basada en los recuerdos personales de Carlos Giménez, que fue uno de esos niños, y también en conversaciones y recuerdos de otros internos de Auxilio Social, que compartían esa triste memoria con el artista. El sector joven de la familia nos lo quitaba de las manos, de modo que yo fui la última en leerlo. Impresionante, con un dibujo magnífico y una estructura episódica, las historias son vistas desde el punto de vista de una criatura, el alter ego del novelista gráfico. Gracias, Mameluco, un regalo espléndido y un descubrimiento.























