17 diciembre 2009

Noches toledanas I






La próxima vez que alguien me diga que ha pasado una noche toledana, le diré que el dicho puede ya ir dejándose caer en desuso, porque para mí una noche toledana ya es otra cosa. Que no cunda el pánico, porque no voy a contar nada de orgías nocturnas ni de desenfrenos a la luz de la luna en la ciudad imperial. Mayormente porque la compañía no daba para eso y porque a esas horas hacía un frío, este sí, toledano. Que no estaba el ambiente para mucho escote.
Tres orígenes se suponen para el dicharajo: o los mosquitos del Tajo, tamaños como ninfas, que a lo mejor era eso lo que veía Garcilaso, o la salida de mozas a buscar novio en la noche de San Juan, que armaban un poco de lío en la calle, me imagino; o quizás, y dice mi fuente de información que es la más fundamentada, por un hecho histórico del tiempo de los moros, una traición acaecida en el año 800 en que un walí pasó a cuchillo a una pandilla de nobles que tenía invitados en su casa por un quítame allá esas pajas, que era bonita costumbre de la época.
Indudablemente, mi noche toledana no tiene nada que ver ni con mosquitos ninfa, ni con los novios de San Juan, ni con traiciones, sino con esto (que suenen redobles y que todo el mundo se espante):




Procedo a contar la aventura. Llegamos al hotel y comienzan los trámites que hay que hacer para que te admitan como huésped. Yo me entretengo por allí con folletos, tarjetas y anuncios de los que hay en todos los hoteles para que los viajeros encuentren los peores restaurantes y los entretenimientos más idiotas de la ciudad. Entre ellos, al menos cuatro anuncios de paseos nocturnos por Toledo, referidos a sucesos mágicos que parecen muy propios de tan vetusta ciudad. El que más me llama la atención es uno bien negro, lleno de signos cabalísticos, que anuncia momias, apariciones, cuevas, brujas, y misterios de los más misteriosos. Los demás folletos son en vistosos colores fosforitos. Le pregunto al recepcionista si el más siniestro será apropiado para un niño de doce años y el hombre se trasmuda patéticamente y me dice que no, que son más apropiados los de vistosos colores, porque ese en negro es una secta satánica. Madre mía, qué susto. No me lo puedo creer. Pues justo a ese es al que llamo, a ver qué dicen. Me dicen que claro que puedo llevar a un niño, pero ya no sé si fiarme, porque a lo mejor al niño lo quieren para un sacrificio humano o algo así, después de haberle dado a la abuela alguna pócima soporífera. Nada, que yo, erre que erre, me arriesgo a caer en las garras del mismo satanás, junto con mi pobre Marcelo, que también se arriesga. Dice que no le da miedo, toma ya. Allá él. Su padre, que no parece tenerlas todas consigo, y que es buen mozo para defendernos, dice que se viene también. Tres posibles víctimas, tres, que se van para un pub irlandés, donde hemos quedado con los demoníacos guías de Toledo, los cuales, después de tomar nota de que estamos allí, vaya una precaución, digo yo, nos invitan a una cerveza. Los satánicos es que son así, te invitan a una cerveza normal en un pub irlandés para disimular y luego sacarte el saín. Me dicen además que el niño no paga por el paseo nocturno; qué mosqueo. Y empieza a llegar gente muy normal, posibles víctimas también, algunos con un carricoche con niño dentro, que hay padres un poco alocados que llevan niños de teta a paseos misteriosos por Toledo. Eso sí, los llevaban forrados de lana. Por el frío, no por los colmillos, aunque no sé yo.


Dos de las presuntas víctimas
tan campantes ellos, como si no 
pasara nada.


A las ocho en punto, nos recoge un caballero todo vestido de negro con cara de personaje del Greco, concretamente de uno de los que están mirando con estupor al Conde de Orgaz. Lleva un interesante abrigo negro y un maletín en la mano; ojos penetrantes y fina perilla. Qué estampa. Un servidor, seguro. Nos saluda muy misteriosamente y nos propone empezar la visita en el Corralillo de San Miguel. Ya empezamos con propuestas siniestras. Pues bajo estas vigas, junto a la iglesia de San Miguel, que es arcángel muy viajado y culto, nos cuenta el caballero unas historias de templarios y pilas bautismales sangrantes, y noches toledanas de las de verdad, con abundante cerveza del santo del mismo nombre, y apariciones de esos templarios de ultratumba, que ponen unos pocos pelos de punta, no todos, que  la totalidad queda para más adelante. Y el niño, que no ha pagado el paseo y que no sabemos con qué lo pagará, dice: "Yaya, eso es como el Monte de las Ánimas". Se refiere al de Bécquer, y le digo que sí, pero que no llame mucho la atención con pedanterías de niño sabio, no sea que en vez de sacarle el saín lo capten para la secta. Y no sigo, que es de noche y me está dando miedo. Mañana, con la luz del día, sigo contando, que yo soy como aquel personaje de Dostoievsky, que de noche creía en Dios y de día ya no.


18 comentarios:

Laura dijo...

Perdona Clares el atrevimiento pero
¡¡Aminatou a casa esta noche!! Besos y abrazos

Clares dijo...

Lo sé ya Laura, por eso me he animado a empezar a contar cosas más animadas. Es una gran alegría. Y no tengo nada que perdonar, amiga, era algo digno de comunicar.

supersalvajuan dijo...

Alatriste!!!

Joselu dijo...

Me uno a la alegría por el regreso de Aminatou. No se ha confirmado ninguna de mis previsiones. La racionalidad parece que se abre camino, y hasta Marruecos entra en razón.

Estupenda crónica de noche toledana, con adolescente incluido. Pero a esto le falta la continuación. Por cierto, me ha gustado el uso de la palabra saín que no es nada frecuente al menos por aquí donde vivo yo, y en Zaragoza tampoco. ¿Es popular en Murcia? Un cordial saludo.

Clares dijo...

El saín, amigo Joselu, es lo que le sacaba a los niños el Tío Saín, llamado en Albacete el Sacamantecas, y en otros sitios el Tío del Saco. El saín, qué horror, es la grasilla que, uno más otros menos, todos tenemos debajo del pellejo. Y esa grasilla decían que era buena para curar enfermedades, como bien cuenta doña Emilia en "Un destripador de antaño". De ahí que hubiera un Tío Saín dispuesto a sacarla a cualquier niño, o doncella, que también valía. Yo ya no valgo, porque la tengo en forma de colesterol, dicho a lo murciano, esturreá por todo el cuerpo. En Murcia, es palabra muy popular, por lo menos antes de la tele lo era.
Mañana continuará, y ya verás qué miedo pasas.

Clares dijo...

Mucho más que Alatriste, ya verás, Salva. Toda la literatura universal.

alfonso dijo...

bueno, nos dejas intrigados para que volvamos, pero si quieres mas noches toledanas llevate a mis dos enanos y veras que divertidas que pasas las madrugadas

Clares dijo...

Ay, Alfonso, que me has visto las intenciones astutas de escritora de historias de terror por entregas. Mañana, más. Lo de dormir, mejor dicho, no dormir, con dos enanos, ya lo tengo experimentado. Peor lo tenía Blancanieves, que dormía con siete.

PMM dijo...

Pues la ambientación está perfecta. Ahora toca esperar la segunda parte de esta novela por entregas. Toledo se presta para esto y para mucho más, además de para congelar a los visitantes, que ocmo tú o como yo se deciden a ir en invierno. Pero el frío en Toledo es más bonito (¿puede ser bonito el frío?)

Clares dijo...

Oooooh, PMM, la segunda parte es peor y de más miedo aún, y más congelada, porque conforme pasaban los minutos, Toledo se iba poniendo frío, frío, y nosotros como merluzas, temblando, que eso es lo que quería el caballero de negro.
El frío puede ser bonito, y hermoso, pero cuando es bonito se llama pescado congelado.

Miguel Ángel dijo...

Me ha entrado el remusguillo y la intriga, no nos dejes en ascuas, Clares, que el cuerpo no lo tenemos para muchos trotes con lo que ha caído y con lo que se avecina… Sácanos pronto de este sinvivir y adelanta, como en un adviento, lo que falta a esta historia toledana.

Pero mujer de dios, ¡qué abuela que se precie mete a un nietísimo en tamaña encrucijada!

Por si hiciera falta agua bendita, cuenta conmigo, que voy presto.

Clares dijo...

Te voy a decir, Miguel Ángel, que allí no hacía falta agua bendita, sino de todo bendito, hasta cerveza. ¿Conoces a algún exorcista? Es que yo soy la superyaya, en lucha siempre contra el mal y con esas, pues, a veces, me meto en la boca del lobo, y el crío no veas cómo disfruta mirando a ver por dónde salgo.

Fernando Manero dijo...

Pues, dentro de lo que cabe, la noche fue (más o menos) divertida, con misterio, algo de suspense, enigmática y pelín kitsch. Todo mezclado da un ambiente esotérico, que permite pasar un buen rato y descubrir las artes de que se dota el turismo en nuestros días para atraer al personal y hacerle ver que en cualquier sitio puede aparecer el diablo burlón y hacer las delicias de la concurrencia. Ay, Toledo. Si Don Gregorio Marañón levantara la cabeza. Hemos visto el planteamiento, algo del nudo, pero nos queda más nudo y el desenlace. Miedo me da cuando se invoca a Dostoievsky a la vera del Tajo. Un abrazo

Clares dijo...

Pues ya verás, Fernando, que hay más y mucho más kitsch, más espeluznante y con mucho más frío, con psicofonías y todo. La continuación, esta tarde, antes de que se haga de noche.

Caminante dijo...

AUTOBOMBO 2:
* diciembre 18, 2009. Pico Almanzor (2592m) J.O. Gredos: 1/5/2005
(Texto confeccionado -por mí- en su día y recuperado ahora. Las fotos son de Félix, Javier y Josele. Si las clicais... crecen. PAQUITA)

Son las siete cuando comenzamos a andar, vamos bien de tiempo. Los principios cuestan, al menos (...)

Porque no quiero que se te/os pase desapercibida mi crónica ... a mí me gusta. PAQUITA

Más: lo de Aminatu ya veo que lo sabes ¡qué factura cara tendrá que pagar su salud por todo ello!

- Viví en Toledo 4 años hace 30. Ya entonces las noches eran preciosas, caminar por sus callejas... perderse por ellas... de noche.

Isabel Martínez dijo...

Querida Clares, ya veo que caistéis víctimas del Toledo mágico. Dicen que allí vive escondido el Papa negro. Existe un Toledo mágico y de liturgias oscuras, el llamado Odelot (Toledo al revés). El punto de más energía de esta especie (las que llaman energías telúricas) es la Casa del Diamantista.

Y sí, en Toledo los mosquitos son como pájaros y los pájaros como avionetas. Cosas del Tajo.

Fantástica la primera foto, la de la calle del Ángel. Si vieras cuántas veces la subía y la bajaba mientras estuve allí. (Vivía frente a San Juan de los Reyes, al lado de un palacete donde reside la hermana de Antonio Hernández Mancha, esposa de un fiscal y madre de la modelo Eugenia Silva).

¡Qué lástima mi falta de tiempo! Llego tarde a estos relatos, pero aquí estoy, muy interesada en seguirlos y comentarte. Porque veo que te ha impactado la ciudad imperial (a mí, también). Lo que pueda te cuento, porque fueron muchos años de vida allí.

Un beso.

Clares dijo...

De hecho, Isabel, la página web de estos guías por el Toledo mágico, se llama www.odelotoledo.com, con ese palíndromo que tú dices. A mí, que sé escribir al contrario, es decir, que luego se puede leer lo escrito en un espejo, me dijo un amigo esotérico que no lo hiciera nunca, que eso era diabólico, y que jugar con la escritura podía traer malas cosas. Ya ves, a Leonardo le trajo nada más que desastres, jejeje.
Ya conocía Toledo, la primera vez con catorce años y con el mejor guía que podía llevar, mi padre, pero cada vez que voy vuelvo a enamorarme de esta ciudad y me encuentro con cosas que antes no había percibido. A ver si en tu blog nos cuentas cosas de Toledo.

黃小琥Tiger dijo...
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