18 diciembre 2009

Noches toledanas II



Continúo, pues, con mi espeluznante relato toledano, para que nadie diga que se quedó sin saber el final. Nos quedamos en la entrada de la iglesia de San Miguel, después de escuchar horripilantes cuentos verídicos sobre apariciones de caballeros templarios. Olvidé contar antes que el caballero de negro nos hizo un examen previo de conocimientos sobre magia de varios colores, y visto que éramos unos ignorantes, pasó a comunicarnos que pertenecía a la Orden de los Caballeros de Toledo, lo cual no era ninguna novedad, que la única palabra que había que añadir a lo que yo ya sabía era Orden. De allí nos dirigimos a una visita que sólo estaba a unos pasos de la iglesia, a visitar unas cuevas no menos misteriosas que la parroquia que dejábamos atrás, no sin volver la cabeza varias veces por si nos seguía algún espectro. Doña Manolita o Doña Teresita o Doña lo que Fuerita tardó un poco en abrirnos la puerta, y cuando abrió le dijo al Caballero -ya lo pongo como propio- que había aún otro grupo dentro. Esperamos un poco más y cuando salieron aquellos desventurados, entramos nosotros a un bonito patio toledano con sus plantas en tiestos que era una alegría verlas. Y bajamos a las cuevas. Ya nos avisó el Caballero de que nos anduviéramos con ojo, que era leyenda que siempre salía uno de menos. El niño no se inquietó, el padre del niño tampoco, la gente tan tranquila, y yo pensando en estar bien localizada siempre conmigo misma -usted está aquí- para no quedarme.

Recorrimos las cuevas, que tienen la fama de horadar el Toledo subterráneo, y allí mismo nos contó el Caballero la leyenda del tesoro de Hércules, que era un refrito de paganos, moros y cristianos. Al niño, acostumbrado a los mangas, le gustó mucho. En esas cuevas hubo en su tiempo de todo: acusados de masones, tertulias literarias y hasta cabaret. Últimamente, lo ocupó un alfarero, y de ahí el cacharrerío en cajas de madera. Había un respiradero que el Caballero tachaba de punto mágico y energético donde los haya, que el que se ponía debajo se sentía electrizado, con la piel de gallina y eso. Era verdad, que los que se atrevieron a ponerse debajo estaban como erizados. Pero a lo mejor era el biruji que entraba por el respiradero. "No tenéis temor de Dios", pensé yo, "que si no os entra energía diabólica en el cuerpo, al menos os puede entrar un mal aire y coger cualquier plaga de las que corren por el mundo".


De ahí salimos aliviados con la cuenta hecha de los que habíamos entrado, estando todos los mismos sin falta. El Caballero nos llevó por callejas y vericuetos toledanos, a buscar la casa de una bruja que intervino en los amores de un caballero cristiano y una hermosa judía. La pena fue que el caballero  enamorado de la judía no supo con quién se jugaba los cuartos, y cuando se vino a dar cuenta resultó que le había vendido su alma al diablo sin saberlo; que lo tengo dicho, que hay que mirar la letra pequeña y no firmar cualquier cosa que nos pongan delante. Verdaderamente, esto es lo único que el diablo nos dejó ver de su persona, la placa de la calle que Toledo le dedica, que ya es mucho, porque no todas las ciudades tienen una calle para este interesante personaje.
Para el siguiente paso tuvo que explicarnos el Caballero de negro que ellos no eran guías turísticos, no, sino investigadores de lo misterioso, y que habían participado en montones de congresos y de jornadas,  y que sabían lo que no está escrito de fenómenos extraños. De eso sé yo también un poco, pero no me mandan a congresos, a lo mejor porque los fenómenos extraños que yo veo son de otro orden. Lo que nos contó era bastante extraño, es cierto. Una psicofonía. Nos la puso en el aparato que llevaba en el maletín. Se oía perfectamente la voz de una mujer y se entendía lo que decía. Estábamos a la puerta de una casona toledana de aspecto noble. La psicofonía quedó explicada, pero como esta entrada ya está siendo demasiado larga, a otra cosa, mariposa, que mañana a lo mejor me da tiempo de explicarla y acabar de una vez con el Caballero de la Orden de Toledo.





17 comentarios:

alfonso dijo...

¿pero hubo fantasmas o no?

Miguel Ángel dijo...

Desconocía los misterios que encierra Toledo hasta que El Norte de Castilla, viejo periódico de mi ciudad, ofreció a sus lectores una colección de libros de misterio, precisamente. Uno de ellos, creo que fueron en total veinte, versaba sobre una plaza de esa ciudad, que exactamente constituye el centro de la península ibérica, y en sus profundidades han ocurrido, ocurren y seguro que sucederán en el futuro, toda clase de extrañas aventuras, en conexión con una extraña casa al borde del acantilado sobre el Tajo.

Preveo que tú nos vas a terminar de relatar aún mayores aventuras, por lo que sigo expectante, con el ánima en vilo. Si el agua bendita fuera poco, puedo llegar de una carrera con una botella de “agua fuerte”, ya que la lejía mismamente podría resultar igualmente suave.

¡Qué lástima que Valladolid no tenga esas historias que poder relatar en una fría y oscura noche de invierno como la que actualmente tenemos! ¿Cómo amenizar la velada junto al fuego sin algo que poder relatar de cierta consistencia y trama horripilante?

Thornton dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Isabel Martínez dijo...

Querida Clares, algún día hablaremos tú y yo de Toledo, que por allí se asentaron mis huesos durante trece años.

Gracias por escribir tan bien y ser tan salerosa.

Clares dijo...

Alfonso, sólo vimos un fantasma, pero era tan seductor y tan buen narrador que propiamente parecía una persona entera, con su cuerpo y todos sus adminículos.

Sí.Miguel Ángel, una botella de lejía me voy a llevar para la próxima, o quizás una petaquilla con algún licor espirituoso, por el frío y porque exalta la imaginación que no veas.

No, no te preoucpes, Thorton, que sólo queda un capítulo. Y ahí está lo más interesante, así que no te lo pierdas.

Clares dijo...

Isabel, un placer leerte por aquí. Sí que tenemos que hablar, que en el cóctel de Thorton no nos dio tiempo apenas, y según el anfitrión, tenemos muchas cosas en común. A lo mejor, eso que tú dices, escribir bien y ser salerosas. Abrazos.

supersalvajuan dijo...

¿La tinaja tenía vino?

Clares dijo...

Nadie nunca se atrevió a mirar dentro para comprobarlo.

PMM dijo...

Me ha encantado lo de que "el niño no se asustó acostumbrado a leer manga" Ester relato va a hacer época.

Culturajos dijo...

Clares, acabo de aterrizar en Bolonia y me encuentro paseando por Toledo, es más, por sus entrañas. Que conexiones imprevisibles tiene este mundo de la literatura. Me gusta el relato, me intrigan las historias de las ciudades, me animan a visitarlas. Cada ciudad una historia y los libros llenos de ciudades.
Saludos de un murciano en peregrinaje. Quisque

Joselu dijo...

Me quiero imaginar la escena oída y vista desde la imaginación del niño (preadolescente)pero me temo que a los niños de ahora con las videoconsolas, el mundo informático y el manga poco lugar queda para el misterio que se percibió en otros tiempos.

Pilar dijo...

Me hace gracias eso de los "desdichados" que salían.
Qué bonito viaje, pero qué no es bonito para ese equipo?
Muchos besicos, nos vemos pronto

Miguel dijo...

Me ha entrado un poco de ansiedad leyendo tu relato. He estado todo el tiempo esperando que de un momento a otro nos contaras cualquier barbaridad (quiero decir algo de misterio, o de miedo, algo así como que visteis un fantasma o un espectro...) y cuando ya llego al final, veo que no hay final, que esto continúa. Bueno, pues espero el desenlace, que me tienes nerviosillo.

Un abrazo.

cabopá dijo...

¡Madre mía!
Clares, dónde te metes cuando vas a Toledo....
Vamos, no entro yo en la cueva por si acaso,ja,ja. La de veces que yo he estado por ahí y desconocía estos eventos seudoturisticos.....
Ansiosa estoy esperando el final de tan apasionante aventura con "fantasma"incluido..Besicos.
¿Qué tal ha estado la mani? Al final no he podido ir tenía comida con amigos y no he vuelto a tiempo.

Clares dijo...

Ansiedad, amigo Miguel, es lo que yo quería provocar, o sea, que lo he conseguido.¡Bien! Qué ansiedad me produce a mí ahora no poder superar ese estado de ansiedad en que os he dejado. Continuará.

Cabopá, si hubieras llevado un navarro de casi dos metros al lado, seguro que entras, más la botellita de lejía o de licor espirituoso. La manifestación, yo esperaba más. Había gente, unas mil quinientas personas, que la policía local deja en mil, y sí había algo bueno, la fuerza de la gente. Yo me retiré cuando empezaron con el garcía del toro, que a mí me hace más bien poca gracia y ya lo tenía avisado, que de personalismos y defensas de lo indefendible, no quería saber nada.

Isabel Martínez dijo...

Lo que te digo, amiga. Estos toledanos no han cambiado nada, por lo que veo. Ya observarías que las caras del Greco se pasean por sus calles.

Clares dijo...

Totalmente, Isabel. Vas andando y cuando ves un lugareño ya lo has colocado en un cuadro del Greco. Creo que salen poco. Quizás yo tampoco saldría de una ciudad tan hermosa.