09 diciembre 2009

Marcelo y el Greco

No lo anuncié como otras veces, por falta de tiempo, pero es el caso que parte de este largo puente lo he pasado en Toledo, en estrecha comunidad familiar, para entendernos, con un casi adolescente y una pequeñaja de cuatro años, que, cómo no, aparecía misteriosamente en todas las camas, en todas las sillas, por todas partes, siempre presente y mágica, como un duende o un ratoncillo, preguntando dónde estaba la cocina de la habitación, mientras el grandullón de su hermano se quejaba de ella, de Toledo, de sus warhammer abandonados, de sus deberes sin hacer, de todo, menos de la comida y del Greco, que parece que le gusta mucho. Y la prueba está aquí, en esta foto, en la que hace la intención de convertirse en uno de sus retratos, para lo cual le sobra un poco de redondez y de buen color en la cara.


Aquí se puede apreciar el enorme parecido con cualquier cuadro del Greco que ha logrado Marcelo, y, como es consciente de que le sobra un poco de buena vida para lograr la perfección, ha prometido no comer chuches, estudiar un poco más y salir a caminar para perder un poco de lustre y parecerse más a los personajes del ilustre inmigrante griego.
Los padres de este místico muchacho, lo mismo que los abuelos, soportando y disfrutando de la murga del adolescente y persiguiendo a la enana por doquier. Para demostrar su querencia al Greco, hizo unas cuantas fotos él solito de algunos detalles de la Asunción, los que más le impresionaban, a cuyo fin yo misma le presté mi cámara.
Estos fueron los motivos del cuadro que más le gustaron, me parece, porque no hizo ningún comentario al respecto, sólo los fotografió. 





Luego descubrió que el Greco era un inmigrante y que se alquiló -o compró- su casa en un barrio no muy céntrico, en la Judería, donde ya no quedaban judíos porque habían hecho la gracia de echarlos, y esos eran españoles, pero los convirtieron en inmigrantes en el Norte de África y en el Este de Europa, para desgracia suya y vergüenza nuestra. Era el Greco, sin embargo, un inmigrante legal, porque en la época no se hacían distingos, y mira por dónde, por no ponernos pesados con esas cosas, nos encontramos con el Greco y con un tesoro pictórico exquisito para toda nuestra historia posterior. Aunque al fondo de ese callejón está la casa del pintor, no la pudimos ver, porque la tienen en obras, pero nos paseamos por los alerededores.

También hicimos otro descubrimiento importante: que el San Esteban del Entierro del Conde de Orgaz se parecía a él, pero algo mayor y, otra vez, con menos carnes.  El colorcillo de las mejillas sí coincide. Pues algo que tenemos ganados en la carrera de grequización, si es que esa palabra existe, y si no, pues nada, me la acabo de inventar.

Y pensar que de cría a mí me daba miedo la pintura del Greco, y más tarde en mi juventud pensaba que no me gustaba nada, que era algo así como incompatible con las Meninas. Apenas hace unos años empezó a gustarme, a maravillarme, a dejarme suspensa y sin palabras, como adentrándome en otro mundo desconocido. Marcelo me lleva una gran ventaja en esto, porque a él ya le parece de lo más grande.


Mientras tanto, Amaia, la duende, aprovechaba cualquier servilleta de bar, cualquier papelucho que había a mano para dibujar, uno, la casa y la yaya, dos, la casa y las flores, tres, un monstruo, cuatro, una composición abstracta sobre fondo rojo, y cinco, la casa y Marcelo. El sol, siempre presente. Mira que si luego es una greca... porque las casas son algo larguiruchas, la verdad.


17 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Lo que más miedo da son esas calles toledanas estrechas por la noche.

Clares dijo...

Luego te cuento una de miedo de verdad, por esos callejones y barrios misteriosos.

Pilar dijo...

Aún recuerdo la primera vez que vi el Greco, con quince años más o menos. Me senté allí y no me podía levantar de la silla ni quitar los ojos de aquellas pinturas. Me parece por als fotos que sigue la exposición de los cuadros igual de cercana que lo estaba entonces, muy próxima, un lujo que te permite casi oler los barnices. Muchos besos a esos dos enanos, más o menos crecidos, los dos enanos entrañables. Deliciosa Toledo

ernesto51 dijo...

El Greco es un pintor que sorprende y en la infancia y juventud causa un verdadero impacto.

Marcelo, digno nieto de quien es, se ve que aparte de su curiosidad y ansias de conocimiento, lleva en su interior las artes escénicas; sólo hay que contemplar la pose que adopta.

Maravilloso fin de semana rodeado de estas criaaturas. Enhorabuena por ellas.

Rubén dijo...

Dios tendría que hacer el esfuerzo de existir, para que los cuadros del Greco fueron fotografías de sus acólitos.

Clares dijo...

Pilar, ya queda poco y verás a estos dos en todo su esplendor. Este viaje ha sido precioso, esa es la verdad. Lo hemos disfrutado y los hemos disfrutado mucho.

Ya ves, Ernesto, cómo es este muchacho. Ahora está entrando en la adolescencia y tiene ratos muy plastas, pero es una joya de niño. Yo estoy muy orgullosa de él. Gracias por tu enhorabuena.

Es que si existe, no puede prescindir del Greco, que sería algo así como su pintor de cámara (celestial), no fotográfica ni nada de eso.

Mameluco dijo...

¡Yo quiero disfrazarme de personaje del Greco!
El griego, aparte de tener un nombre raruzco tenía defectos en la vista o en la percepción que hacen que sus figuras se pareciesen a Pau Gasol, pero mola. A mi de niño me gustaba el Greco -más que ahora-. Es muy siniestro. Pero que quiere que le diga que usted ya no sepa...

El arte en servilleta me gusta mucho más que el Greco, desde luego, porque en eso soy un maestro, ahahaha....

Clares dijo...

Mameluco, qué alegría verte por aquí, pero también me da alegría no verte, lo cual quiere decir que estás a lo tuyo, ya sabes. Creo que para personaje del Greco tienes que seguir el plan Marcelo: poco comer, mucho moverte y sstudiar más que Nebrija. Tú verás. Pero, ya sabes, fotoshop hace milagros.

Joselu dijo...

Toledo es crisol de culturas, centro geográfico de España, capital natural por su pasado y su resplandor cultural quizás excesivo y por ello la corte se afincó en Valladolid y luego en Madrid. Sólo una vez he visitado Toledo, en 1991 y me gustó perderme en el dédalo de calles sin rumbo fijo. Viajaba solo y era otoño. Leía en una pensión hasta altas horas de la madrugada Guerra y paz. Por la mañana visitaba la casa del Greco y su pintura me maravilló. También creo recordar que fui a ver una espléndida sinagoga, Santa María la Blanca. Toledo es un símbolo del pasado de este país, cargadito de cultura, pero orillado por su pasado de las nuevas corrientes que recorren el mundo. Uno se ve arrollado por ese poso de los siglos recorriendo sus calles. Hay una novela preciosa de Galdós, poco conocida, titulada Ángel Guerra que transcurre en Toledo a diferencia de la mayoría de sus obras que lo son en Madrid. Me alegro de tu interesante fin de semana con adolescente inquieto y curioso. Me ha gustado tu evocación del Greco como inmigrante. Un cordial saludo.

Fernando Manero dijo...

Hay que llevar a loos niños a Toledo, para que se empapen de su misterio, de sus calles, de su embrujo, de esas perspectivas únicas, de esas piedras que lo dicen todo. Y, por supuesto, de El Greco, que todo lo invade y que aporta a la ciudad esa magia que tanto ayuda a fortalecer la imaginación y la creatividad. Cuesta entenderlo, pero, cuando se entiende, ya no es posible desprenderse de él. Cautiva, emociona, provoca y anima a la especulación más desbordante. Jamás olvidarán su experiencia toledana.

Clares dijo...

Veo, Fernando y Joselu, que a vosotros os entusiasma más el Greco que el arte de servilleta de bar. Fijaros que lo segundo es mucho más moderno, es casi futuro, pues la autora tiene cuatro años. Pero, bueno, no os riño, que a mí me gustan las dos cosas. Y claro que hay que llevar a los niños a Toledo, y a Roma, y a Sevilla, a donde vayan los adultos, pues de algún modo se van empapando de vivencias y de visiones, de ambientes.
A mí de cría el Greco me daba miedo y de joven pensaba que era un tipo extraño, en la idea de que había que elegir, o Velázquez o el Greco, lo cual no es sino una tontuna de juventud. Ahora soy una admiradora suya.

Leandro dijo...

¿Dejan fotografiar los cuadros ahora? ¿Sigue sólo el Conde de Orgaz? ¿Estuvistéis en San Juan de los Reyes? ¿Les enseñaste la fusión de técnicas artísticas en la linterna de la catedral? En primavera vuelvo, esta vez con mis hijos. Veinticinco años habrán pasado desde la última vez

Laura dijo...

Clares, el llamado bachillerato superior de mi época lo hice en Madrid en el Instituto Isabel la Católica, teníamos una profesora de arte fantástica, los miércoles nos subía a un autobus y¡ a Toledo!, nos hizo amar el arte,el Hospital Tavera, las Sinagogas del Tránsito y Sta. Mª la Blanca, la Catedral y su coro, también fuimos a Illescas, en fin con nuestra sillita plegable nos empapábamos de esa maravillosa ciudad. Me acuerdo muchas veces de esa profesora, de su pasión por la enseñanza y por la vida en general, aprendí mucho con ella.
Me ha gustado mucho ver los dibujos de la peque, es muy importante el sol pero mucho más la chimenea y el humo que sale de dentro, enamorada como estás de los libros hay uno muy interesante, " El secreto mundo de los dibujos", Gregg M. Furth, editorial Luciérnaga, es muy interesante. Un abrazo

Eme dijo...

Me alegro de que te lo pasaras tan bien. Un besico!

mluz dijo...

jaja, me ha encantado esta entrada, de verdad. ¿para cuándo un blog de este estudioso del arte y fotógrafo en ciernes? (muy bonita la foto de la calle). A todos nos vendría bien redescubrir de vez en cuando a algún pintor de la mano de un niño.

Clares dijo...

Sí, leandro, en el museo de Santa Cruz dejan hacer fotos sin flash. La cabeza de San Esteban es escaneada de una postal.

Oye, Laura, pues muchas gracias por la recomendación del libro, que voy a ver si lo encuentro. No me había fijado en la importancia del humo en las casas; supongo que querrá decir que hay vida y calor, que hay alimento y cariño, y como la casa es la figura de la madre, pues le diré a mi hija que va muy bien con la pequeña.

Clares dijo...

Gracias, Eme, sí que lo pasamos bien todos.

mluz, llevo doce años redescubriendo cosas con Marcelo. Es mi joya y mi pasión de abuela, pero el chico lo merece.Dibuja muy bien, ya mostraré alguna vez cosas suyas.