21 octubre 2010

Un día otoñal

Con mi abuela Bibiana.

Con mi abuela María.

El fotógrafo amigo hizo esta composición.

Chinorra era yo por entonces.

Mi debut en el teatro, en el Concha Segura de Yecla.

¡Qué cosas!

¡Qué risa!

Amantes de los libros. 
Consecuencias de ese gran amor por los libros, 
ya se contarán otro día.

 Con Carmencita en el parque de Yecla.
Carmencita murió un año después. 
Podría haber sido ella la superviviente a esta foto, 
pero fui yo, y esto no me alegra, sólo me hace pensar
en el destino insoslayable. (Y, por supuesto, como diría Lady Murasaki, en la impermanencia del ser).

Hoy me permito un poco de melancolía, con un tinte ligero de gozo, más unas gotas de vanidad. Son unas pocas fotos, pero muy antiguas. Tienen todas entre cincuenta y ocho y cincuenta y cinco años. Esos tres años, quitando el hecho de convertirme en una princesa destronada a la temprana edad de once meses y medio, fui muy feliz, tanto como no he vuelto a ser nunca más. Ah, la infancia, el primer y único paraíso. El verdadero jardín.

Y otro día hablaremos del gobierno, que hoy estoy melancólica y feliz. Que nada me estropee el día.

22 comentarios:

cabopá dijo...

¡Ohhh,qué cosica!
Pero que rebonica y salá...Doña Clares en su infancia de antesdeayer....
Son las fotos la imagen del recuerdo,de la memoria, incluso de la melancolía...
Besicos

Joselu dijo...

Me alegra tu infancia feliz y esa percepción de la misma como paraíso y jardín. ¡Que maravilla! La foto con Carmencita está llena de misterio. Tú sólo la recordarás por esta fotografía (no creo que recuerdes aquel tiempo) y está a tu lado siendo importante para ti en aquellos momentos de juegos compartidos. Esta idea me contagia de tristeza. Cuando hago una fotografía me doy cuenta de que es un ejercicio metafísico, como la de aquel fotografo que hizo esta foto (que probablemente ya no esté por aquí)y dejo constancia de un instante y de unas vidas que tenían destinos distintos,pero en aquel momento eran iguales en todo.

Mi infancia no fue feliz. Pero he llegado a pensar que quizás fue una suerte. Vivir un infierno cuando eres niño te da una perspectiva distinta de muchas cosas. No sé si cambiaría, si pudiera, dicha infancia por otra diferente más dichosa. Es extraño.

Saludos.

Miguel Ángel dijo...

¡Qué va, mujer! ¿Cómo consideras otoñal este día en que celebras tu cumple? Lo que pasa es que te ha pasado un buen rato mirando fotos antiguas, y como todas son en gris, te ha invadido ese color y te has dejado prender.

Pero yo te invito a mirar esa otra foto que tienes puesta en tu perfil, o aquella otra que hace tiempo mantuviste siquiera un momento para que te conociéramos en el físico. Y yo, no me mires que me pongo colorao, me atreví a piropearte. Pensaba que eras de mi edad, y ya vi que no, que me ganas en juventud, y en donosura, y en alegría, y en saber bien hacer.

Venga, Fuensanta, deja la añoranza para mañana, que hoy estás de fiesta. Y además tienes un jardín bien hermoso.

Superwoman dijo...

Gracias por compartir un tesoro tan grande con nosotros... me encantan las fotos antiguas.
Yo no recuerdo haber tenido una infancia especialmente feliz, pero es que cometí el imperdonable error de nacer demasiado adulta... menos mal que con la edad lo estoy remediando :D
Un supersaludo

Rubén dijo...

La melancolía también puede ser una forma vicaria de la felicidad. Y con lo que te queremos tus amigos y lo que hemos disfrutado con estas imágenes, ¡quita penas! Besísimos

supersalvajuan dijo...

Esto es una recopilación y lo demás son tonterías.

Thornton dijo...

El otoño sigue haciendo estragos. Todo son recuerdos.

Decía Cernuda que no quería recordar, que todo es triste al volver. Tal vez tenga razón.

Me gusta eso que dices, estás melancólica y feliz. Que tengas un feliz fin de semana.

Besos.

Isabel Martínez Barquero dijo...

Me ha gustado compartir contigo esas fotos.
Me he emocionado con la última.

Un besico grande, Clares, muy grande y reitero felicitaciones cumpleañeras.

Leandro dijo...

Paul Auster en Por qué escribir, y luego Justo Navarro en el prólogo a El cuaderno rojo, del propio Paul Auster (El cazador de coincidencias, se titula ese maravilloso prólogo), nos cuentan algo estremecedor sobre la imperceptible línea del destino que separa a los que sobreviven de los que no, y sobre la importancia que eso puede tener a veces en la vida de los primeros.

Y ojo con la melancolía, que como dice mi amigo José Enrique, músico, es la hermana guapa de la tristeza. Y precisamente por eso, por guapa, mucho más peligrosa

Ernesto dijo...

Gracias por las fotografías, es emocionante volver la mirada al pasado y redescubrirnos en la infancia. Como se dice en tu tierre, "mu rebonica".

Feliz cumpleaños y un besazo enorme.

Toni Sagrel dijo...

Bonitas fotos, Fuensanta.

El blanco y negro siempre ha sido muy especial. Se ha distinguido por su elegancia, por ese "detrás de"; porque detrás, existe la imaginación, el color.

Sin melancolías, pero a pesar de tanta tecnologia y tantísima virtualidad, nuestra escritura continúa siendo en blanco y negro.


El destino, es el desconocimiento. A veces, es lo queremos; otras, lo que podemos. Casi siempre, lo que nos dejan.
Lo esperadamente inesperado.

Un abrazo republicano.

PMM dijo...

Bonitos recuerdos. Yo tuve una infancia feliz, llena de cariño y amor, de momentos de ternura que me gusta recordar a menudo, y las fotos me sireven para trasladarme a esa época.

Mameluco dijo...

La infancia es la patria del hombre (siguiendo con la redundancia derivada de la igualdad de oportunidad entre ambos sexos) y de la mujer.
Mameluco

Lo decía Rilke, pero lo he dicho tantas veces que me lo adjudico yo. ¡Chúpate esa, alemán!

La foto estilo querubín de las tres cabecillas no tiene precio.

Mameluco dijo...

Ah, y por cierto, como soy así de tontico la felicité por su cumple en los comentarios de mi blog... y consideré que ya estaba cumplido. Craso error. No tiene usted porque mirar mi blog todos los días. Pero bueno, me remito allí que estaba dentro del tiempo reglamentario, jejeje...

Pilar dijo...

Para mí, puesto que son fotos conocidas, mi extrañeza al verlas aquí añadiendo melancolía a esta tarde de lluvia. Buen fin de semana, a descansar. Qué bonita es la infancia, siempre.

Fernando Manero dijo...

Seguro que has tenido en la vida momentos muy felices, más incluso que en la infancia, etapa de la vida que se tiende a mitificar y que en aquellos años, que son también los que yo viví, presentaba perfiles que han quedado en olvido y por los que no hay que sentir demasiada nostalgia. Con todo,son muy agradable estas evocaciones, que recuerdan como eras y te permitan valorar el tiempo vivido. Retrotraerse al pasado nos hace sentir mejor el presente y darnos cuenta de que, pese a todo, hemos sobrevivido y vivido para contarlo. Un abrazo

Juan Serrano dijo...

Menos mal que leí los anteriores comentarios, sino yo hubiese dicho lo mismo, sobre todo aquello de que nuestra patria es la niñez. Y siguiendo con el derroche ilustrado, añado eso de la dulce nostalgia, y que el texto son los primeros años, el resto: el contexto y el comentario. Y en cuanto a ese parque de las palomas que hay enfrente de lo que antaño fue el colegio, hoy instituto, aún su zurear endulza después de tantos años mis oídos.

alfonso dijo...

me pongo melancolico contigo
un abrazo

Matapollos dijo...

La infancia puede ser muy breve pero la niñez, no tanto... eso ya depende de cada uno.
A mi me sigue gustando ponerme chinorra de vez en cuando.
Feliz Otoño.

Miguel dijo...

Preciosas y entrañables fotos. Hablan de nostalgia, de tristezas remotas, de añoranzas, de felicidad... de magia, de esa magia que nos da el pasado cuando lo soñamos. Me ha gustado.

Un beso.

Yolanda dijo...

Qué curioso, yo tengo unas fotos muy parecidas, es lo que tiene ser de la misma añada, más o menos... Mi abuela y la tuya parecen hermanas, serias, enlutadas ya desde muy jóvenes, en contraste con los abriguitos blancos de las nietas. Eran otros tiempos, nuestra infancia, de hace tres días, como quien dice, y, sin embargo, cómo hemos cambiado... Será verdad que el otoño provoca a tarición la melancolía, te pilla desprevenido, como dice Serrat: "Son aquellas pequeñas cosas/ que nos dejó un tiempo de rosas/ en un rincón, en un papel o en un cajón..."
Un beso.

lenika dijo...

Fuensanta... me ha encantado tu post de hoy...