03 abril 2009

CALIGRAFÍA

Mi abuelo paterno, Alejandro Muñoz Furió, era pendolista, una profesión que quizás haya desaparecido ya o esté a punto de hacerlo. También se llamaban estos profesionales anticuados peritos calígrafos, y su oficio era escribir, más bien transcribir, documentos, adaptando el tipo de letra al fin del escrito. Eso quiere decir que dominaba a la perfección la caligrafía y podía dibujar las letras en los estilos más diversos. Ejercía su oficio como escribano del Ayuntamiento de Lorca y nunca se hizo rico con esto, sino que más bien pasó muchas estrecheces. Eso sí, tenía mucha fama por su hermosa letra.
No sé si habré heredado algo de aquella habilidad de mi abuelo, al que no pude conocer, pues murió cuando mi padre tenía ocho años. Algo de herencia habrá, porque mi letra ha sido siempre muy alabada entre propios y extraños. Gusta, seguramente, no por la perfección de los trazos, sino por su ritmo mantenido, la inclinación equilibrada, el tamaño menudo y el dibujo amable y redondeado.

Hace unos meses, la gente del curso de Tai Chi le hicimos un regalo al maestro Won, coreano él. Le regalamos un atril de caoba, objeto occidental donde los haya, cuyo uso tuvimos que explicarle. Con el atril venía una dedicatoria escrita en un escogido papel y doblada con delicadeza. Mis compañeros me encargaron a mí la escritura de la dedicatoria, un poco intuitivamente, pues nadie conoce allí mi letra. Yo me tomé el encargo con mucha seriedad. Copié lo mejor que pude un breve texto de María Zambrano sobre la relación entre maestro y discípulo. Cuando el maestro Won la desplegó, además de emocionarse, preguntó quién lo había escrito.

Como buenos occidentales, nosotros le dijimos que era de María Zambrano, pero él no preguntaba por la autoría intelectual, sino quién lo había escrito de su mano. Le dijeron que había sido yo. Nunca olvidaré su mirada de comprensión o no sé qué más cosas, porque es hombre esfíngico. Creo intuir que desde entonces me mira como con respeto. Olvidé decirle que de niña, por obigación, y luego de joven y adulta, por afición y gusto, había hecho muchos ejercicios de caligrafía en diferentes letras, y que, quizás también tenía algo que ver la herencia de mi abuelo paterno.




Podría haber añadido que el Cinéfilo es un buen calígrafo y que juntos hemos estudiado a menudo los trazos escritos. Él más aún que yo. Ahora aprende caligrafía china. "La felicidad es como el mar del Este" es su último trabajo de aprendizaje. Fascinante.



Como las palabras del la Novela de Genji, que a menudo se refieren al juicio sobre la caligragía de sus personajes.


"Como es natural, la caligrafía y la elegancia con que había sido doblada la carta asombraron a la anciana".

"La escribió con una letra grande e infantil que hizo las delicias de las criadas. Tanto les gustó que obligaron a la niña a copiarla en su álbum de poemas sin cambiar un solo trazo".

23 comentarios:

Leandro dijo...

Ahora, los peritos calígrafos trabajan con la letra de los demás

Miguel Ángel dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Miguel Ángel dijo...

Ende luego, Clares, cada vez me sorprendes más, gratamente, por supuesto. Porque, yo, probe de mí, tengo asociado a la caligrafía aquellos borrones tan goooordossss que se me caían inevitable e impepinablemente cuando más me esmeraba, la lengua de lateral superponiéndose al labio superior, tratando de afinar el trazo ajustándolo al modelo en la parte superior de la página, incluso cuando recubría la silueta que destacaba sobre el mismo renglón, dos líneas paralelas horizontales. (De ahí debe venir lo de los renglones torcidos de Dios, bueno eso no, lo otro: Dios escribe derecho sobre renglones torcidos, eso es).
Nada. El borrón llegaba. Y cuando no, era el compañero de mesa, ¡oye tú que no te pases, que aquí está la línea!, mi hermano, mi madre, una mosca en la nariz, yo qué se, y la mano daba un brusco respingo y el trazo se quebraba y ya estaba ahí la “laborada”.

De mayor, a base de tomar apuntes, fui corrigiendo mi escritura hacia una casi línea continua, indescifrable incluso para mí, que luego tenía que traducir con harto trabajo y deducción matemática, por aproximación: aquí tendría que decir…, parece que pone…, luego seguro que es… Y así.

Olvidé hace ya años lo de los apuntes y tal, y he vuelto a mi escritura nativa, o sea, como cuando pequeño, pero en peor.

Ahora bien, tengo una prima por parte de madre que lo hace de auténtica maravilla. Le encargan cosas en la uni y cuando ponen mercadillos medievales ella va y pone un chiringuito donde escribe cartas de amor y requiebro dedicadas y todo.

Oye, tú, qué bien que escribas tan bien. Pon una fotocopia en castellano, para que apreciemos. Por fa.

¡Cacharro traidor! Tuve que borrar y volver a escribir, porque no está bien poner "faltas de ortografía" en un post sobre la caligrafía y, si antes me pidió "corbam", ahora me exige "blityped". ¿Tú te crees?

Clares dijo...

No sé, Miguel Ángel, así por el ordenador parece que tienes buena letra, una times roman de lo más regular, jajaja

Prometo subir ejemplo de letra personal para que veas, que ya digo que no es que escriba bien, es que la gente "flipa" de la regularidad y ritmo. Desde luego, no es como la caligrafía china del cinéfilo, que es una cosa para ver, como puedes comprobar.
Lo de tu prima me encanta, porque eso quiere decir que no se ha perdido el oficio, aunque esté en reserva para títulos especiales y para mercadillos.
A mí la caligrafia me encanta. Ahora la tengo un poco abandonada, como otra de mis aficiones, la botánica, pero ya volveré a ello, en cuanto alcance el nirvana, que va a ser pronto.
Lo de los palabrejos de verificación tiene una gracia que pa qué... de vez en cuando sale cada cosa.

Clares dijo...

Eso es lo que pasa, Leandro, pero ya ves que en un rincón queda aún el oficio por si acaso.

Miguel Ángel dijo...

¡Acertaste!
Times corriente, cualquier tamaño hasta 12, bueno también 14, pero sólo hasta ahí.

Pero este cacharro siempre tira para courier, y hay que estar traduciendo para que se ponga como tiene que ponerse.

Y va y me pide, fíjate: reakeri

Pues fallé, y ahora dice que escriba: tonessec. Aquí, ni me aventuro…

¿Será maorí? ¿Será vasco? ¿Será, será…?

Mameluco dijo...

Recuerdo que en 3º de BUP, mi profesor de filosofía me puso la nota del examen (sacaba buenas notas en esa asignatura) y al lado la frase: Un tío tan grande y con una letra tan fea... . Hoy no he mejorado mucho, pero puedo hacer letras bonitas, porque me la imagino como si fueran dibujos y ya está. Porque dibujar con más o menos soltura, si que sé.

Tanto mi padre como mi abuelo, ambos tipógrafos, tienen buenas letras. Yo le debí salir torcío.
Eso si, tengo que escribir con pluma estilográfica, si no me salr un mojón que pa qué.

Clares dijo...

Mameluco, tu profesor de filosofía era un capullico, a no ser que te lo dijera con mucho cariño. En estos tiempos que vivimos, las letras no son bonitas ni feas, son personales, y en todo caso, pueden resultar poco formadas, poco trabajadas o estrafalarias, según personalidad del ejecutante. Es importante que sea legible y que tenga ritmo. Prometo muestra, ya digo. Si quieres que te diga la verdad, lo que me da envidia de ti, aparte otras flores que te adornan, es que vengas de una familia de tipógrafos. Qué maravilla. En Cehegín, mi abuela vivía enfrente de una imprenta, que también vendía papelería, y mi ilusión era que me abuela me mandara a comprar lo que hacía falta en la central de teléfonos, porque el olor y el ruido de las máquinas me fascinaba. Y las batas grises de los tipógrafos. Uf, qué recuerdos.

cabopá dijo...

Cómo me gusta esta entrada.En mi primera escolaridad yo hacía "palotes",después "muestra"lamaestra escribía una frase y renglón a renglón la copiabamos;más tarde llegaron los cuadernos de caligrafía.Para entonces yo tenía una letra estupenda. Pasaron los años y mis apuntes eran (perdón por la inmodestia)fotocopiados por gran parte de la clase parecía la escribana del aula. Hoy mi letra sigue teniendo buena salud. De las cosas que han ido desapareciendo de Murcia echo de menos "La Gráfica" pasar por su puerta, oir el sonido de la linotipia y oler aquel aroma que te seguía durante algún tiempo era como algo mágico. Besicos.

Matapollos dijo...

Cuando escucho la palabra “caligrafía”, inmediatamente viene a mi cabeza el recuerdo de unas cuartillas que nos daban en el colegio de monjas para copiar en las primeras horas de las clases por la tarde.
Estaban escritas a pluma en papel rayado, viejo, con una tinta azul oscura, descolorida y una letra impecable. Después llegaron los Cuadernillos Rubio, pero ya no era lo mismo. Aquellas cuartillas daban mucho pie a la imaginación…
Es un recuerdo agradable.
Sigo manteniendo la querencia por la buena caligrafía y todavía disfruto copiando poesías y letras de canciones, escribiendo siempre con alguna de mis plumas o portaminas, nada de bolígrafos.
Ni siquiera en la Facultad pude perder las formas. No sé bien cómo pero, al contrario que les ocurrió a muchos compañeros, siempre fui capaz de tomar los apuntes muy deprisa y con buena letra.(También para mí era de mucho orgullo que todos me los pidiesen).
Supongo que, en la enseñanza actual, con el futuro escrito en pantallas, todo esto debe sonar a chino.

Minerva dijo...

Mi letra al menos se entiende, aunque es pequeña :D, nunca me han dicho que la tengo extraordinaria, aunque tampoco me han dicho que la tengo horrible, jajaja.

Yo llevaba cursos de caligrafia cuando estaba en 1er y 2do año de primaria me acuerdo que escribía con letra corrida y en secundaria la cambié a letra tipo imprenta y hasta ahora la mantengo ya no me acostumbro a escribir con letra corrida.

Y ahora parece que la gente escribe menos a mano con esta cuestión de las computadoras y los celulares ... y los cambios en las letras de algunas palabras, jajaja, quien sabe como terminaremos dentro de unos años.

Ojalá algún dia podamos ver una foto de algo escrito de tu puño y letra ;).

Besitos

Víctor Manuel dijo...

Qué agradable leer esto. Yo fui aprendiz de pendolista en mi niñez. Me gané algún dinerito llenando diplomas a tinta y pluma -- y, luego, llegué a Estados Unidos y usé por primera vez --en una Macintosh-- un programa que se llamaba Microsoft Word. Al ver las "fuentes" de letras disponibles --que para entonces eran unas pocas, pero prometían-- supe que aquel era el fin del pendolismo.

Superwoman dijo...

Mi experiencia es que los orientales dan mucha importancia a la buena presentacion... eso incluye la caligrafia, que no deja de ser un arte... yo he tenido la desgracia de haber nacido ya en la era de los ordenadores y tener una severa descoordinacion que me impide realizar trabajos manuales a la satisfaccion de un alto estandar (vamos, que soy lo que se llama un pato y me consuelo pensando que de todo tiene que haber en la viña).
Un supersaludo

Ramón de Mielina dijo...

o sea que sería casi imposible que la letra de tu abuelo nos dijera nada de su personalidad...

Joselu dijo...

Durante un tiempo me carteé con una amiga indonesia. Yo había aprendido unas nociones bastante interesantes de esa lengua. Ella me enviaba unas cartas escritas con una extraordinaria caligrafía y luego la carta estaba doblada en varios pliegues, que yo llamaría artísticos, con auténtico primor. Yo le contestaba sin pliegues, con desembarazo y espontaneidad (tanto en la forma como en el fondo). El resultado era típicamente occidental. Pienso que para los orientales es esencial la disciplina en todos los órdenes como símbolo de educación del carácter, y de un enorme respeto por todo lo que se hace, que se convierte en ritual, sea escribir, la ceremonia del té, los saludos, la educación en general... Cuando entro en clase veo la tendencia a la dispersión, las mesas desordenadas, el suelo lleno de papeles y otras cosas, y luego veo sus letras en general caóticas (de la ortografía no digo nada -ésta también es un arte-), me viene a la mente que esa ritualidad del oriente, ese respeto a las formas, a la caligrafía entre ellas, les hacen mucho más firmes y seguros en la existencia. Tarde o temprano, el futuro será del oriente, porque además han sabido asimilar todo el occidente, pero a la vez siguen siendo profundos. Un saludo desde Galicia. Felices días.

La del Planeta dijo...

Nunca olvidaré los cuadernos Rubio.
A mi me decían que tenía letra de maestra de escuela, supongo que eso era bueno.
La verdad es que con las máquinas se pierde la práctica y cuando toca escribir a mano hay que ponerle empeño.

el brazo de cervantes dijo...

¿y qué me dices de la habilidad de tu abuela materna con el ganchillo?
A ver si has ido recogiendo genes de por allí y por allá ... me acuerdo perfectamente de sus pulcras y cuidadosas manos.

Miguel dijo...

La "buena letra" es un don o un arte que dice mucho de quien lo escibe. Evidentemente, un/a grafólogo/a lo explicaría mucho mejor que yo. Pero yo creo que cuando tengo en mis manos unas frases manuscritas, tengo algo en mis manos de la personalidad intangible de esa persona. Por eso cuando esa caligrafía es excelsa mis sentidos se ponen alerta. Se extasian y pasan admirar a la persona que lo ha escrito. Pero cuando la escritura es fea o caótica, me pasa al revés. Dicen que la cara es el espejo del alma, y yo añado que la escritura también.

Un saludo

Pilar dijo...

Y una vez me contó que le dijo pade a hijo: Ten buena letra, con eso irás donde quieras.
Algo de razón tenía.
QUé bonitas historias

Miguel Ángel dijo...

Voy a pensármelo eso de escribir de cualquier manera, que no es plan que me saquen de ello un estudio de mi mala estructura personal, mi mal carácter, ni desorden lúdico mental, en fin, que quiero dar una apariencia de notabilidad y buena educación.

Ya mismo me pongo a hacer caligrafía, sacando o no la lengua. Y como ya de borrones no hay peligro, lo haré con más tranquilidad.

Por cierto, Clares, qué será. Me gusta escribir con lapicero. Generalmente me ofrecen bolígrafo. Pero en los libros oficinales uso "exclusivamente" estilográfica. Y digo yo: ¿Por qué será? Hay algo en mi subsconciente que aún no ha dado la cara.

Clares dijo...

He estado en el campo todos estos días, y ya veo que no me abandonáis nunca, mis amigos cibernéticos. Hoy he venido a la ciudad a la peluquería, que llevaba unos pelos infames... Eso decimos las mujeres cuando pasa un tiempo sin ir a la peluquería, pero la verdad es que llevamos los pelos de siempre, pocos o muchos y cada uno en su sitio del cuero cabelludo. Ya he vuelto, más que de arreglarme, de ver si tenía arreglo, y leo vuestros comentarios. Veo que todos tenéis aprecio por la buena escritura, y que irremediablemente remite a la infancia o a rasgos de la personalidad propia. Y así es. Me ha parecido curioso que Víctor Manuel haya tenido esa profesión, pero yo no sería tan pesimista. Creo que la gente, cuando algo tiende a desaparecer, se ocupa más de ello y lo refina, lo aprecia como un arte exquisito. Pasa con el bordado artesano y con otras técnicas, como la cestería, que podrían darse por acabadas, y que sin embargo son apreciadas. La escritura, creo yo, más aún, porque es, como decís, espejo del alma.
Tenéis una página de mi diario en las imágenes laterales. Es letra cursiva, corriente, sin interés por hacerla bien. Lo otro es una copia de un fragmento del Libro de los Muertos, que encabeza un diario mío. Tampoco está hecho para lucirse, sino para conservarse, pues los versos son una maravilla.
Ahora os visitaré a todos los que pueda y ya os deseo feliz pascua. Un abrazo

Oshimatoti dijo...

Vaya lujazo, leerte a ti, y descubrir una parte de la historia de todos...
Estos oficios y su esencia se pierden entre tecnologia y burócratas...
Por suerte nos queda la memoria para no olvidar a aquellos que significan algo en nuestra vida...
Besotes!

PMM dijo...

Mi letra es buena y equilibrada. La culpa: tanta copia en el colegio y sobre todo "Los cuadernillos de Rubio". Miles de cuadernillos de Rubio. Tuve una profesora en parvulitos y en primero de EGB que no perdonaba una. Los trazos tenían que ser tan perfectos como la muestra, si no, a repetir, una y otra vez. me gustaa escribir, pero odiaba aquellas espirales interminables, porque en algún momento me temblaba el pulso, y ya no valía. Ahora, mi letra a pesar del paso por la facultad, sigue siendo legible y estéticamente apreciada por los demás.