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21 diciembre 2012

Feliz Navidad con Los Auroros

Campana de Auroros

Tuvimos la suerte de acompañar a una campana de Auroros en todo su recorrido por el Rincón de Seca y pueblos cercanos, hace ya bastantes años y gracias a un amigo que formaba parte de esa campana, Antoñico Orenes, amigo muy entrañable. Fue un hermoso regalo en aquel momento y sigue siéndolo para la memoria. Verdaderamente era impresionante escucharlos en la oscuridad de la Huerta, por aquellas sendas húmedas y silenciosas, a la luz de un farol. Si alguien quiere escuchar La Correlativa solo tiene que pinchar en el enlace del nombre, porque esto que se escucha es muy parecido a lo que nosotros escuchamos aquella noche, y semejante a todos los coros de hombres de carácter religioso   de la ribera mediterránea . 
El cuadro, obra del pintor murciano Manuel Muñoz Barberán, que era mi padre, nos trae el ambiente del coro de hombres que son los Auroros. Casi todos son mayores, pero llevan a sus nietecillos para que se "enseñen" a ser auroros y sobre todo para que tomen amor y afición a la tradición de serlo. A veces llevan violines y otros instrumentos de cuerda o percusión, creo que sólo en Navidad o en ciertas festividades, pero sus cantos son en su mayoría "a capella". Impresionantes, ancestrales, profundos. 

Y con esto, deseo a todo el mundo una 

FELIZ NAVIDAD.

26 febrero 2010

Concurso: ¿Qué pintan las mujeres?

1. La partida de ajedrez. 

 
2. Frutas y hortalizas

3. El baño de la niña

 
4. Madre e hijo

 
5. Labores femeninas
Propongo este pequeño concurso, ahora que estamos a una semana del día de la Mujer. Estos cinco cuadros fueron pintados por mujeres. No están demasiado reconocidas, porque fueron mujeres que invadieron un espacio reservado a los hombres, como casi todos los espacios, por otra parte. Pintaron temas variados, pero sobresalen siempre los retratos -un interés grande por los seres humanos-, otras mujeres realizando sus tareas -estaban en el ámbito de lo privado-, y motivos cotidianos, como los bodegones. A ver cuántos cuadros pueden ser identificados. No sé qué premio habrá, ya lo pensaré, pero prometo poner toda la información que tenga sobre estas pintoras, o al menos el enlace donde se pueda saber más sobre ellas. Buen fin de semana a todo el mundo.

09 diciembre 2009

Marcelo y el Greco

No lo anuncié como otras veces, por falta de tiempo, pero es el caso que parte de este largo puente lo he pasado en Toledo, en estrecha comunidad familiar, para entendernos, con un casi adolescente y una pequeñaja de cuatro años, que, cómo no, aparecía misteriosamente en todas las camas, en todas las sillas, por todas partes, siempre presente y mágica, como un duende o un ratoncillo, preguntando dónde estaba la cocina de la habitación, mientras el grandullón de su hermano se quejaba de ella, de Toledo, de sus warhammer abandonados, de sus deberes sin hacer, de todo, menos de la comida y del Greco, que parece que le gusta mucho. Y la prueba está aquí, en esta foto, en la que hace la intención de convertirse en uno de sus retratos, para lo cual le sobra un poco de redondez y de buen color en la cara.


Aquí se puede apreciar el enorme parecido con cualquier cuadro del Greco que ha logrado Marcelo, y, como es consciente de que le sobra un poco de buena vida para lograr la perfección, ha prometido no comer chuches, estudiar un poco más y salir a caminar para perder un poco de lustre y parecerse más a los personajes del ilustre inmigrante griego.
Los padres de este místico muchacho, lo mismo que los abuelos, soportando y disfrutando de la murga del adolescente y persiguiendo a la enana por doquier. Para demostrar su querencia al Greco, hizo unas cuantas fotos él solito de algunos detalles de la Asunción, los que más le impresionaban, a cuyo fin yo misma le presté mi cámara.
Estos fueron los motivos del cuadro que más le gustaron, me parece, porque no hizo ningún comentario al respecto, sólo los fotografió. 





Luego descubrió que el Greco era un inmigrante y que se alquiló -o compró- su casa en un barrio no muy céntrico, en la Judería, donde ya no quedaban judíos porque habían hecho la gracia de echarlos, y esos eran españoles, pero los convirtieron en inmigrantes en el Norte de África y en el Este de Europa, para desgracia suya y vergüenza nuestra. Era el Greco, sin embargo, un inmigrante legal, porque en la época no se hacían distingos, y mira por dónde, por no ponernos pesados con esas cosas, nos encontramos con el Greco y con un tesoro pictórico exquisito para toda nuestra historia posterior. Aunque al fondo de ese callejón está la casa del pintor, no la pudimos ver, porque la tienen en obras, pero nos paseamos por los alerededores.

También hicimos otro descubrimiento importante: que el San Esteban del Entierro del Conde de Orgaz se parecía a él, pero algo mayor y, otra vez, con menos carnes.  El colorcillo de las mejillas sí coincide. Pues algo que tenemos ganados en la carrera de grequización, si es que esa palabra existe, y si no, pues nada, me la acabo de inventar.

Y pensar que de cría a mí me daba miedo la pintura del Greco, y más tarde en mi juventud pensaba que no me gustaba nada, que era algo así como incompatible con las Meninas. Apenas hace unos años empezó a gustarme, a maravillarme, a dejarme suspensa y sin palabras, como adentrándome en otro mundo desconocido. Marcelo me lleva una gran ventaja en esto, porque a él ya le parece de lo más grande.


Mientras tanto, Amaia, la duende, aprovechaba cualquier servilleta de bar, cualquier papelucho que había a mano para dibujar, uno, la casa y la yaya, dos, la casa y las flores, tres, un monstruo, cuatro, una composición abstracta sobre fondo rojo, y cinco, la casa y Marcelo. El sol, siempre presente. Mira que si luego es una greca... porque las casas son algo larguiruchas, la verdad.


27 noviembre 2009

La Casa: Taller de Arte Experimental


Hace unos meses mi amigo y compañero Manuel Delgado, pintor excelente y profesor de Arte, tanto en el IES Floridablanca como en la Facultad de Bellas Artes de Murcia, me pidió un favor muy especial: que escribiera un texto sobre un tema determinado, La Casa. La finalidad de este texto era aparecer en un catálogo también muy especial. Manolo lleva muchos años ya impartiendo un taller de Arte a un grupo de personas, la mayoría de ellas mujeres, en Puente Tocinos. En el curso pasado tomaron como tema de trabajo precisamente éste, La Casa. No recuerdo en qué momento me senté a escribirlo, ni cómo me surgió la idea. No fui demasiado consciente de lo que hacía, y a lo mejor por eso el texto ha sido tan apreciado.
Tuve un rato de conversación con las autoras de la exposición en La Nave de Puente Tocinos, en el mes de octubre, junto con Elisa, una pintora que me encanta, como artista y como persona. Fue un acto muy agradable e intimista: hablábamos de las relaciones entre las diferentes artes.




Anoche fue la inauguración de la exposición, ampliada, en el espacio de exposiciones de las Casas Consistoriales de Mazarrón. La casa consistorial es una maravilla del Modernismo, y el espacio habilitado para exposiciones temporales, casi mágico. Las pinturas y grabados lucían allí de una manera muy especial. Leí el texto en voz alta, y una vez más comprobé que un texto puesto en la voz humana crea fascinación entre los oyentes, atrapa, embelesa. Recibí muchas felicitaciones inmerecidas. Las que de verdad merecían felicitaciones eran las autoras (muchas) y los autores (unos pocos) de la exposición colectiva. Un catálogo es algo muy limitado, y puedo asegurar que había allí verdaderas joyas artísticas. La gente que las hace es gente del pueblo, mujeres y hombres que gustan de la pintura y el dibujo como forma de expresión personal, incluso con razonables aspiraciones artísticas.


Copio a continuación el texto del catálogo.

Si alguna vez, en la noche, piensas que querrías volver a casa, mira qué casa es esa a la que deseas regresar. Pues bien sabes que no te es permitido por tu misma naturaleza, si eres lo que eres sin poder evitarlo. Mientras tanto, verás en tu imaginación los rectángulos blancos que dejaron los cuadros al ser retirados de la última casa de la que te fuiste y volverás a sentir la melancolía del abandono. Quizás veas ese sillón de orejas tapizado en recia cretona floreada que tan amorosamente te acogía con sus brazos de crin. No dejarás de recordar la mesa de camilla del invierno, sin piedad sustituida por la moderna mesita de cristal, y si te dejas llevar, traerás a la memoria ese reposo sensualen la música de cierto artista vienés al volver de un día ajetreado; incluso puede ser que mentalmente hagas el acopio de aquel olor caliente de la cocina, donde los azulejos se empañaban con el vapor de una olla bullente. Todo eso vendrá a tu imaginación y a tu recuerdo, pero tú sabes que tu casa no es un habitáculo con un suelo que pisar y un techo por encima de tus pensamientos, y que ni siquiera es los muebles con que se va llenando, con la justificada excusa de que son necesarios, ni aún las personas que la habitan, ni los objetos que terminan por amarse como parte del tiempo vital; ni siquiera los olores cálidos, ni la música encantadora de ningún artista.
Si piensas en volver a casa, toma tus lápices de colores y una hoja de un cuaderno escolar, preferentemente de dos rayas. Apoya la barbilla en tu mano y sóplate el molesto flequillo que siempre se te viene a los ojos, saca la punta de la lengua por un lado y muérdela un poco, suavemente. Concénrate, que tu tarea no es cualquier cosa fácil. Haz, como buenamente puedas, un cuadrado bien recto y ponle encima un triángulo que quede bien sentado; pinta ese triángulo de rojo vivo y no dejes de ponerle un pequeño rectángulo a un lado, del que brotará una línea rizada. Ahora recuerda que debes dibujar dos cuadraditos azules con un marco verde y una sencilla cruz que los divida en cuatro; traza, en el centro y bajo ellos, un rectángulo pequeño y lo redondeas por arriba; mejor lo pintas de color chocolate y le dibujas un pequeño pomo negro; un poco de hierba fresca abajo quedará bien con trazos serrados en verde. Dibuja a aun lado un tronco marrón y una buena copa redonda y verde. No olvides hacer tres círculos de rojo lozano. A lo mejor te gustaría que un sencillo pájaro, como dos cejas juntas en el ceño fruncido de la pregunta, volara por encima, cerca de una nube muy blanca y muy rizada, y si allí ha de ser siempre de día, harás un círculo coronado de rayos amarillos, con ojos y labios amigables. Sonríe y escribe debajo tu nombre en torpes mayúsculas. Entonces podrás decir que has vuelto a casa, a la única casa que tenemos.



13 octubre 2009

Artemisia Gentileschi



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Artemisia Gentileschi

(1593-1653)

Artemisia Gentileschi es considerada la primera artista plástica conocida que vivió de su pintura; por ello ha encontrado su lugar en la Historia del Arte, a pesar de la dificultad que ha supuesto para las mujeres a lo largo de los siglos. Con anterioridad hubo otras mujeres pintoras, como Sofonisba Anguissola (que pintó en España, por cierto) y Lavinia Fontana en el S. XVI, y se sabe igualmente de la existencia de mujeres pintoras en la Grecia clásica, como Helena la Egipcia, pero en todos los casos actuaban más como artistas circunstanciales y no como profesionales que vivían de este trabajo. No es éste el caso de Artemisia Gentileschi, que pudo ganarse la vida con su trabajo artístico y recibió encargos en igualdad de condiciones con los hombres pintores de su época.

Artemisia nació en Roma y era hija del pintor Orazio Gentileschi. Su padre se mostró dispuesto a enseñar a su hija el oficio sin importarle su condición de mujer; recibió de él una formación sólida y completa. Como seguidor de Caravaggio, hizo también de su hija Artemisia seguidora de este pintor barroco, de modo que se verá influenciada por la obra del maestro tenebrista, si bien en ella este estilo toma otros matices y otros significados.

Fue su mismo padre quien la animó a recibir enseñanzas del pintor Agostino Tassi, amigo y colaborador suyo. Pero precisamente esta relación marcará negativamente su vida, pues cuando Artemisia sólo contaba 19 años su propio padre denunció a Tomassi por violar a su hija. Esta denuncia no resolvió el problema -tras una denuncia se solía arreglar un matrimonio de reparación, o sea, se casaba a la chica con el violador-, sino que el asunto fue a parar a los tribunales, donde Artemisia fue incluso torturada para confirmar su denuncia.Solía ocurrir que las mujeres que acusaban a un hombre de una violación eran sometidas a tortura para comprobar que decían la verdad, lo cual era una estupenda medida disuasoria de la denuncia. Finalmente su maestro fue condenado a un año de prisión y al exilio, pero el asunto afectó profundamente a Artemisia, que para huir de aquella situación al poco tiempo decidió casarse con un rico florentino, pues la violación tenía como única reparación social el matrimonio o el convento.

No dejó de pintar por ello, siempre animada por su padre y por su fuerte personalidad creativa. Su estilo siguió la línea marcada por la influencia de Caravaggio, de la que el mejor ejemplo es el magnífico cuadro de Judith decapitando a Holofornes, en el que algunos especialistas han querido ver una muestra del resarcimiento contra el sexo masculino después de la humillación que había vivido.

El resto de su vida siguió pintando realizando importantes encargos en Roma, Nápoles, Génova e incluso en Inglaterra, adonde acudió para ayudar a su padre en la tarea de pintar los techos de la Casa de la Reina en Greenwich. En Inglaterra permaneció algún tiempo, incluso después de la muerte de su padre, hasta que finalmente regresó a Nápoles, donde moriría a los sesenta años.

Su obra es abundante, pero entre sus pinturas más destacadas habría que señalar “Susana y los viejos” de 1610, conservado en la Colección Schönborn, en Pommersfelden: Judith decapitando a Holofernes” realizada entre el 1614 y el 1620, y que puede contemplarse en la galería de los Uffizi en Florenci, y su famosa Alegoría de la pintura” de entre 1620 y 1630, conservada en el Museo de Tessé. Le Mans, en la que ella misma se autorretrata en actitud de pintar, aunque en una postura forzada que da al cuadro un carácter más teatral y exaltado, típicamente barroco.


He traído aquí la biografía de esta sorprendente artista porque leí hace poco un impresionante libro, una exquisita novela, una de los relatos más sensibles que he leído en mi vida. Su autora, Anna Banti, cuyo nombre es seudónimo de Lucia Lopresti, escribió este libro antes de la Segunda Guerra Mundial y perdió su manuscrito en el bombardeo de Florencia, con lo cual, acabada la guerra, se vio obligada a reconstruirlo, pero en ese momento incluyó en el relato su desoladora visión de lo que había visto en aquellos trágicos momentos. La conjunción de la vida de Artemisia, con todos sus tintes dramáticos, y el dolor de la escritora por la guerra, forman un delicado tapiz femenino. Artemisia Gentileschi era una desconocida, o al menos una olvidada, hasta que fue rescatada para la historia del Arte por Longhi, el gran especialista en arte barroco, casado con la que se llamaría para las letras Anna Banti. Merece la pena ver la pintura de Artemisia y merece la pena este precioso homenaje a su arte y a su valentía.

En la galería de los Uffizi me la encontré hace dos años y leí este libro con el gran placer de una recuperación, para mi historia personal y para la historia oculta de las mujeres de todo el mundo y de muchos siglos.


01 junio 2009

Un enlace precioso sobre pintura china


No es ilustración de lo que se puede ver en este enlace, pero sí una muestra de que el arte chino no decae. Esta imagen de cómic manga es de la joven ilustradora Guo-Guo. El enlace que ofrezco me lo ha enviado un amigo y me ha encantado su buen gusto y la recreación histórica que se hace sobre una célebre pintura china, conservada en el Museo de Shangai.

Este cuadro fue realizado entre 1085-1145, durante la Dinastia de la Cancion Del Norte. Fue restaurada durante la Dinastia Qing. Mide 5,28 m de ancho y 24,8 cm de alto.

Esta considerado como uno de los Grandes Tesoros de China y ha sido expuesto en el Museo de Arte de Hong-Kong el año pasado


31 marzo 2009

Dos viejos amigos, unos ángeles y unos nazarenos


Estos días, y con muy poca diferencia, se han inaugurado en Murcia dos exposiciones. Los pintores eran dos viejos amigos de juventud, amistad que mantuvieron a lo largo de toda su vida, hasta la muerte de uno de ellos y un poco más a través de la familia.
En el Palacio del Almudí,
José Antonio Molina Sánchez, longevo y lúcido, inaugura una exposición sobre el gran tema de su pintura, los ángeles, y en una pequeña pero bien montada sala que ha abierto el Museo Salzillo, Muñoz Barberán inaugura otra sobre uno de sus temas más queridos, las procesiones de Semana Santa. La comisaria de la exposición ha sido Pilar Muñoz, hija del pintor, y el resultado no ha podido ser más afortunado. Y no lo digo porque sea mi hermana ni la propietaria de un espacio digital estupendo, sino porque es la pura verdad. Desde el emotivo detalle de una vitrina a la entrada donde se exponen dos jarras murcianas de pinceles usados por el pintor y su maleta de pinturas, cuya tapa está decorada con un precioso paisaje de Lorca, hasta la selección de óleos, acuarelas y bocetos, pasando por una muestra de Muñoz Barberán como cartelista, todo está perfectamente cuidado.
De Molina Sánchez, sólo puedo decir que es un pintor refinado y sensible. Para mí, por otra parte, es algo más que un pintor. Es una figura de mi infancia, entrañable y querida. Recuerdo sus visitas a mi casa cuando yo era niña y que lo primero que le pedíamos al entrar, antes incluso de saludarlo y darle un beso era: "Haznos el pajarico" y entonces él abocinaba los labios, se los cubría con una mano y piaba tal que un gorrión mañanero de la huerta, de allí mismo donde tenía su hermosa casa en Murcia, donde tenía su estudio y de donde salían casi volando todos esos bellos ángeles de su pincel.
Mi padre, su gran amigo, sentía una enorme debilidad por las procesiones de Semana Santa, no en vano era lorquino y blanco. Cuando vino a Murcia, trasladó esa pasión -y nunca mejor dicho- a las de la ciudad que lo acogió como a un hijo. Formaba parte de su interés por el pueblo y todas sus manifestaciones folklóricas. Muchos Viernes Santos, al escucharse los primeros lamentos de las trompetas de escarnio y de los tambores de burla, se levantaba para acercarse a la Iglesia de los Salzillos a ver salir la procesión y a dibujar apuntes, que luego transformaba en cuadros de amanecer murciano. Por eso la exposición se llama muy acertadamente "Pasión y memoria".
Quizás este año me anime y me acerque yo también a rememorar amaneceres.
No puedo evitarlo, he querido saber qué harían las Cofradías murcianas con la cosa de los lacitos blancos. Busco y encuentro que han renunciado a ellos. Explicación ociosa y oficiosa, mía particular: no sabían dónde ponérselos, porque ya de por sí el traje de nazareno y de estante o andero lleva lacitos blancas por doquier, medias de repizco, o sea, bien caladas y bordadas, ligas con escarapelas, y otros adornos extraños que asombran a los foráneos. Bajo la túnica remangada, llevan enaguas con puntillas almidonadas. El buche que abulta la túnica morada va llena de caramelos, habas tiernas, huevos duros y monas de pascua. Dicen que antiguamente recorrían la Huerta con los pasos y que tenían que llevar provisiones para el recorrido, las que luego compartían con los que se asomaban a verlos pasar o los acompañaban. Un obispo intentó que nuestros nazarenos no fueran repartiendo habas, huevos y monas, además de caramelos, pero se le formó el pitote, con toda la razón.

18 marzo 2009

Ya sé quién sabe de orejas: Just Nicolás

"El hombre del cordero"
de Just Nicolás

"Saber escuchar"
de Just Nicolás

Despues de publicar mi concurso de orejas, recibí una preciosa sorpresa. El pintor Just Nicolás me enviaba estos dos magníficos cuadros, en los que las orejas, la escucha, la atención, eran el motivo, desarrollado, como es propio en él, con una gran originalidad de estilo y con una ternura inigualable. Es lo que me gusta de su pintura, entre otras cosas. Que hay un enorme amor a los seres en ella; se nota en cada pincelada y en cada luz. Muchísimas gracias, Just, maestro, por estas imágenes tan bellas. No me lo esperaba en absoluto y no tengo palabras para agradecerte una atención tan inmerecida con mi persona. Espero que no te moleste que las comparta con este barrio de buena gente.

Como voy a desvanecerme de un momento a otro, doy las soluciones, que ya es casi inútil, pues entre todos las disteis ya, pero tengo que nombrar a la gente que vino a mirar y a decir lo que sabía, o incluso lo que no sabía, que es lo bueno de esto.

Por supuesto, una vez más, UN PROFE CUALQUIERA se alzó con el premio mayor. Las mejores orejas para él, y no de burro, ¿eh? Siempre se las apaña él para ganar en directo o por lazos familiares, pues aún me acuerdo de cuando ganó la abuela de su esposa, que era tuerta, pero muy atractiva.

MIGUEL ÁNGEL, ERNESTO, JOSELU, CABOPA, MINERVA... hicieron después lo que pudieron, que no es poco, pues es gente de mucho peso bloguero.

ALFA79 también participó con su comentario, y quedó bien, la verdad. ¿Y qué decir de FERNANDO MANERO, cuya cultura y buen escribir no tiene final?

PMM y MIGUEL no estaban mucho por las orejas, pero creo que se convencieron de que eran una parte muy significativa de nuestra anatomía. Tampoco RAMÓN sabía mucho de orejas, pero sabía quién era Dumbo, que ya es algo.

SUPERWOMAN trajo las fotos de su nena, cuyas orejicas eran originales y heredadas, creo que como las de todos en este mundo. Gracias, SW. Y PILAR, válgame, llegó un poco tarde. Bueno, un premio de consolación (es que esta vez no valían los enchufes, a la próxima ya lo convoco yo para que valgan).

Espero que esos dos cuadros sean de vuestro agrado. A mí me tienen enamorada. Una vez más, gracias Just por tu arte.

Buen fin de semana, y quien tenga puente, que lo disfrute mucho y luego nos cuente.

13 marzo 2009

¿Quién sabe de orejas?


1. La gran oreja, o sea, el orejón, pero no de albaricoque, sino de abricot, que le gustaban al pintor esas frutas y otras.

2. Oreja tropical y exótica, para llevársela a una isla lejana.

3. Una oreja dispuesta a escuchar, intelectual y creativa, muy de vanguardia.

4. Qué oreja y qué todo lo demás. Qué descansada oreja, si no fuera que el pintor no paraba de calentársela para conseguir sus fines no santos.

5. Se las acababa de lavar, porque no daba crédito a sus orejas cuando oyó lo que el Rey pretendia.


6. Sus enemigos, que tuvo muchos, lo representaron a veces con orejas de burro, de pura envidia por haber inspirado al anónimo autor de Lázaro de Tormes.

7. Aquí iba la oreja de Van Gogh, pero por más que la he buscado en google images, no aparece. ¿Por dónde estará?


Me parece a mi que lo que menos conoce cada persona de su cuerpo son las orejas, porque yo tengo comprobado lo difícil que es mirárselas, porque no las tenemos hacia arriba y bien altas, como algunos animales, sino a cada lado de la cara y bien lejos de la mirada. Las caras de misterio que se ponen cuando alguien pretende mirarse, así como al soslayo, las orejas, una después de la otra.

Realmente son una maravilla de diseño, con múltiples posibilidades de realización. Las hay preciosas y horribles, grandes y pequeñas, redondas como un caracolillo y alargadas, huesudas y carnosas, con mucho reborde y con reborde rizado. Yo particularmente tengo algo secreto que las hace originales, un huesecillo puntiagudo y diminuto en el dorso, que sólo se distingue al tacto, creo, porque no he podido nunca vérmelo. Es herencia paterna. Si cometo algún desmán, ya sé cómo descubrirán que ha sido mi oreja. Aunque para entonces y presa de mis remordimientos de conciencia, me habré ido a León por lo menos, y estaré en este hostal de auditivo nombre esperando que venga Sherlock Holmes a detenerme y darme un tirón de orejas.

Habrá aquí quien sepa de por qué las tenemos a los lados de la cabeza y por qué tienen esa forma de concha marina, y además por qué no las podemos mover como la mayoría de los animales, aunque si nos empeñamos, podemos conseguirlo, tal como se explica en esta página. También habrá quien sepa hacer una receta estupenda que se llama orejas de carnaval -también existen las orejas de fraile-, pues quien sepa algo mejor que ese dulce carnavalero, que lo cuente.

Y que nadie sufra, que tener las orejas de soplillo ya no es problema, que ahora te las dejan de soplete en un momento con una bonita, sencilla y escasamente dolorosa otoplastia.

Pero mientras tanto, aquí dejo unas cuantas célebres orejas para ver quien sabe de quién son y el pintor que se tomó la molestia de pintarlas, con todas las revueltas que tienen y lo difíciles que son.

09 febrero 2009

Dona del Ventall de Just NIcolás

Suelo visitar un blog curioso, mantenido por dos personas. Sé poco de ellos, pero me caen bien. Conjeturo que uno, Quicus Magnificus, está en Madrid, y el otro, Dave Newaza, en Baleares. No sé mucho más. Creo que tienen cierta amistad, no sé cuánta, con Oshimatoti, pero ya digo, todo son conjeturas. Y así se deben quedar, porque uno de los encantos del blog y sus barrios es a veces la posibilidad de conjeturar.
Pues bien, hace unos meses publicaron -creo que fue Dave, también por conjeturas, una entrada sobre un pintor catalán, Just Nicolás. A mí me gustó su pintura, y comenté algo al respecto: dije que me parecía muy bueno, sólo eso, pero dejé caer que era hija de un pintor y que eso, aunque no me daba un mayor gusto, me proporcionaba cierto criterio. También envidié a quien pudiera comprar alguna obra suya. Y nada más.
Al cabo de cierto tiempo, recibo un correo cuyo título era "Olor a pintura". Sólo con eso ya me mandó a los sucesivos estudios de pintor que he ido conociendo a lo largo de mi vida: el que estaba en la casa familiar, el que hubo en un desván de la Iglesia de San Antolín, el de la casa de Sangonera la Seca, el de la casa de los Peligros en el Puente Viejo. Todos con algo común: el olor a pintura. Y añadiría más: a barniz, tan aromático, a cola de conejo cociéndose en un infiernillo, a esencia de trementina, a aceite de linaza, untuoso y antiguo, al bronco aguarrás, a óleo fresco, a maderas viejas. A tabaco negro, a leña quemada en la estufa y a café algunas veces. Pero si tuviera que resumir todos esos olores juntos en uno solo, diría: "Olor a pintura". Aquel título sólo lo podía poner un pintor que supiera que la persona que lo iba a recibir entendería perfectamente la secuencia. En ese correo Just Nicolás me daba las gracias por mi comentario y me adjuntaba una fotografía de ese cuadro que se puede ver aquí. Lo he tenido en mi escritorio, atesorándolo. Luego lo puse de fondo de escritorio. Después lo pasé al blog como un regalo espléndido del pintor. Y ahora cuento la historia. Oshimatoti, ahí lo tienes. He ido guardándolo, por timidez, por no sé qué, algo que da cuando alguien con su generosidad te ha tocado fibras sensibles, pero al final sale y así ya se puede saber la historia de ese cuadro en mi espacio, y por qué digo que es un regalo de Jus Nicolás. Se puede ver una buena colección de fotos en el enlace primero en que aparece su nombre. Gracias, Just, por este inmerecido y bonito regalo.

30 diciembre 2008

Os doy pie



1. Los pies de una diosa de la belleza que volvió loco a un veneciano.




2. Míticos, ofídicos y selváticos pies.




3. Los pies de una gran matriarca.



4. Unos pies muy fríos.


5. Todos los pies, incluidos los del vicario.

5. Inocentes, juguetones y remojados pies, y algo más arriba.


6. Los pies más coquetamente calzados son los olímpicos.


Me fascinan los pies humanos. Bien pensado, aparte de los pies de medir, los pies de lámpara y otras cuantas vulgares metáforas más, los pies nada más que pueden ser humanos; si no lo son, se llaman de otro modo, pezuñas, patas, garras. Dicen que los hay de varias clases, a cuál con un nombre más sugerente: pie griego, pie egipcio, pie polinesio. Y si nos empeñáramos, con mucha observación y estudio, encontraríamos aún más clases de ese precioso elemento anatómico que soporta nuestro peso. Tan bello es el pie, que la mayoría de los pintores han decidido plasmarlo descalzo, a la vista la exquisita delicadeza de cada huesecillo, las precisas formas de su musculatura, la redondez de los talones y la insinuación frutal de los tobillos. Tampoco han faltado artistas que han buscado la ocasión de pintar las muy diversas formas que los humanos hemos encontrado de poder patear el mundo, pues nuestros pies son delicados, forrándolos de cueros y telas diferentes según necesidades, así que en la pintura encontramos calígulas, toscas abarcas, sandalias, botas, botines, chapines, coturnos y polainas.
Por todo lo dicho, os presento este tranquilo concurso de amigos, para que os lo toméis con calma, miréis las preciosidades de pies que os dejo y averigüéis, si podéis y tenéis ganas, de quienes son y quienes fueron los artistas que los pintaron. También habrá bonito premio simbólico para los que más acierten, o en su caso, para los más ingeniosos. Ya veremos cómo se me da el diseño esta vez. Un entretenimiento como otro cualquiera para terminar este año, el cual os deseo lleno de felicidad, de paz y de alegría.
Si aún queda tiempo y un poco de gana, se puede ir a este enlace, a leer un cuento de la colección "Mixtura", llamado "El Zapatero", donde se manifiesta claramente mi gusto por los pies y los zapatos, a ver si alguien se había creído que iba a ser un artículo de crítica política, que yo no tengo ninguna culpa de que algunas personas tengan esos apellidos de oficio.

24 noviembre 2008

25 de noviembre: Artemisia Gentileschi


Mañana es 25 de noviembre, día mundial para la erradicación de la violencia contra las mujeres. Para decirlo sucinta y claramente, tal violencia no es puntual ni ocasional, sino que se trata de una violencia estructural. No se puede dominar y controlar a la mitad de la población mundial sin ejercer violencia, sea en forma civilizada, sutil, cultural, sea recurriendo a la violencia física cuando se considere necesario.

He traído aquí a esta pintora del siglo XVII porque fue una víctima de la sociedad patriarcal, que tan sólo salió adelante y vivió con fortaleza y creando gracias a su enorme energía y fuerza personal, y a que utilizó su arte como forma de superación de su dolor.

Artemisia Gentileschi nació en Roma en 1593, hija del pintor Orazio Gentileschi, que no tuvo inconveniente en educar a su hija y prepararla como pintora. Tan atento estaba y tan admirado de las facultades artísticas de su hija Artemisia, que la mandó a estudiar con el pintor y amigo suyo Agostino Tassi, el cual la violó, cuando la joven pintora tenía unos dieciocho años. Tanto su padre como ella decidieron denunciar al pintor por violación. Artemisia fue torturada salvajemente para que dijera la verdad acerca del suceso. Aunque su agresor fue finalmente condenado, Artemisia nunca olvidó aquello -naturalmente, ¿quién podría olvidarlo?- y la violación, la humillación ante los tribunales, que sólo mediante declaración hecha bajo tortura podía creer a una joven violada, influyó tremendamente en su pintura posterior. Tenebrista por influencia de Caravaggio, su pintura es sin embargo más suave y menos contrastada, pero sus temas aluden inevitablemente a la violencia, esta, por gracia del arte, dirigida hacia los hombres, como en el célebre cuadro "Judith y Holofernes", conservado en la Galería de los Uffizzi de Florencia, y otras versiones del mismo tema.

Artemisia siguió pintando, incansablemente; se casó con un rico florentino y viajó por Europa realizando encargos, a veces junto a su padre, como el gabinete de la reina en Greenwich, en Inglaterra. Vivió siempre de su trabajo como artista. Quizás es la primera mujer de la historia con dedicación absoluta a la pintura, de la cual hizo una profesión auténtica. Murió a los sesenta años.

La violencia masculina no pudo con su arte ni con su persona. Su violación, imaginamos, fue un suceso culminante en la cantidad de humillaciones que debió de sufrir por ser mujer en un mundo artístico dominado por hombres. Hoy es un buen día para recordarla. Ojalá llegue un día en que la violencia contra las mujeres no exista, sencillamente porque seamos iguales, estructuralmente iguales, con las mismas oportunidades y posibilidades vitales. Ojalá todas las Artemisias futuras, nazcan donde nazcan, puedan desarrollar su arte sin la violencia que condicione los temas que elijan para sus pinturas.

25 abril 2008

China en dibujos sin firmar















Estos dibujos de pequeño formato aparecieron entre las cosas de mi padre. No están firmados, y seguramente los hizo por entretenerse, como un capricho, o quizás para inspirar a los del Centro Chino del Entierro de la Sardina. Mera suposición. Yo, que soy tan aficionada al Oriente, los recogí, con el permiso de mis hermanos, y aquí están. Me parecen curiosos, porque mi padre jamás estuvo muy interesado en lo oriental. Sólo una vez recuerdo que unos pintores franceses que visitaron Murcia, y con los cuales fuimos a comer mi padre y yo al restaurante de Raimundo, le mostraron unos pinceles de tinta china y la técnica con la que se usaban. Creo que se quedó extrañado y fascinado por aquello. En otra ocasión, viendo una revista de arte que presentaba pinturas chinas y japonesas de estilo zen, nos comentó que aquello era algo diferente y que le maravillaba. Sin embargo, estos dibujos son mero exotismo y gusto por lo extraño. Me parece que un simple divertimento.

06 marzo 2008

Un gouache de Muñoz Barberán


En el 2001 mi padre expuso en la galería Thais de Lorca, que era y es aún de unos muy apreciados amigos suyos, Paco Fernández Salvador y Paquita, su esposa. En el catálogo figuraba este gouache alegre y ligero que he recuperado en imagen. El original estará, me imagino, en la casa de algún afortunado cliente de la galería. Me gusta también lo que mi padre escribió entonces para el catálogo, así que lo transcribo aquí.

"He buscado mis viejas fotografías lorquinas de Semana Santa en los primeros años del XX, que también son mis años primeros. En algunas de ellas aparezco yo mismo. Según esas viejas fotografías he pintado.
Si hubiera hecho algo sin ayuda de esas fotografías, el resultado habría sido falso surrealismo, y aún así contando con ellas a veces aparece algo surrealista. Me gustaría interpretar bien a los demonios azules y a los recién afeitados ángeles blancos. Azules y blancos aparecen en estas pequeñas obras que, lo diré, están realizadas sobre tabillas preparadas con Geso, abocetadas con acrílicos y acabadas con pastel, lápices de colores y acuarela, según se me ocurría. Fijadas con barniz de óleo, eso sí.
Los Azules están con sus triunfos del Cristianismo, con su trono de la Virgen de los Dolores; los Blancos con su trono y palio de la Amargura y con sus auténticas glorias o visiones de San Juan.
También -¿cómo no, si pinto en Águilas?- aparece Águilas con sus animadas playas, siempre las de poniente. En estos cuadros está igualmente Lorca, la ciudad y los alrededores, si ha podido ser, con apuntes viejos, pues siendo de mi juventud son ya irremediablemente viejos. Está mi estudio de Sangonera y su entorno inmediato con juguetes de mis nietos.
Diré que esta muestra es una especie de confesión de mis debilidades o preferencias. Un pintor, al dejar la niñez y la juventud, abandona todas las inclinaciones de aquellos años de aprendizaje para buscar en la madurez de los que han ido por delante. Sobre todo en la de unos pocos que sirvieron esencialmente a la pintura y, por qué no decirlo, también en la de los que llegaron empujados por los grandes negocios, e incluso en la de otros que se ayudaron de una ccrítica servil. Todos llegaron y en su obra siempre habrá motivos para el elogio. Son esas preferencias las que, sin más consideraciones, se aglutinan en estas obras pequeñas que he pretendido densas en su contenido".