05 febrero 2010

Divertimento sobre el profesorado




 

Creo haber oído que la profesión del que enseña es tan dura, pese a lo que la mayoría de la gente cree, que nos volvemos tarumbas en cuanto nos descuidamos. Al parecer, nuestras enfermedades profesionales, algunas no reconocidas, tienen mucho que ver con la dureza del trabajo, siendo la primera de ellas la referida a trastornos psíquicos, del tipo burnt out, o sea, síndrome del quemado, que es depresión más estrés. La depresión pura, curiosamente, va en número de afectados en relación directa a la edad de los educandos o discípulos, o sea, que cuanto más edad tienen ellos, más depresiones tenemos los que les enseñamos: los de educación infantil, poco, y los de universidad mucho. Eso dicen las estadísticas. Otras dolencias se refieren a determinadas actividades físicas: las enfermedades osteo-musculares se dan mucho entre las parvulistas, por razones obvias, y las afecciones de garganta nos afectan a todos más o menos por igual.

Pero esto es sólo un previo. Lo que yo quería contar son simplemente anécdotas de profesores, ya que tanto y tan injsutamente a veces se prodigan las de alumnos. Allá vamos.

Tuve una vez una compañera de una asignatura que no mencionaré, tan extravagante que en muchas ocasiones dio mucho que hablar en el ámbito del instituto. En cierta ocasión, siendo viernes y trabajando ella en el nocturno, encontró un gatito abandonado en la calle, y como no podía llevárselo a su casa, decidió que el mejor sitio era el Departamento de su asignatura. Allí lo dejó todo el fin de semana, con un platito de comida y un poco de agua. El lunes, el jefe del Departamento se encontró con que el gato había tratado de leer a su modo todos los libros que allí había, que los había desparramado y arañado todos, que se había subido por las cortinas, que había hecho sus necesidades en las actas de rigor y que no había manera de sacarlo de allí, todo bufado y maullando como un poseso.

"¿Que no os sabéis los verbos ............... ? No lo puedo soportar", bramaba una compañera mía, y a continuación se metía debajo de la mesa, dejando a los alumnos estupefactos y aplicados a estudiarse los susodichos verbos para que la profesora saliera de su escondite.

"Venga, chicos, que ya tengo la regla", decía un compañero de matemáticas cada mañana cuando había encontrado por fin el adminículo geométrico que le permitía hacer sus dibujos en la pizarra. Los chicos le llamaban "Evax". Naturalmente, cada mañana el delegado se encargaba de esconderla en los sitios más inverosímiles antes de que él llegara. Pura inocencia del colega.

Un día vino un compañero que coordinaba el nocturno a preguntarme si yo podía hacer una selección de poemas eróticos latinos. Bueno, sí, más o menos podía, tras rebuscar en mi biblioteca, mientras iba pensando en las inscripciones pompeyanas y en Catulo. Cuando le entrego algo parecido a lo que me había pedido, le pregunto para qué los quiere. "No son para mí, son para una compañera de Arte que quiere leerlos mientras proyecta una serie de diapositivas sobre esculturas, pero sólo las partes nobles de las esculturas, ya me entiendes". Menos mal que era para adultos. 

En Ceuta hay una fiesta preciosa, la de la Mochila, en la noche de Todos los Santos, en que la gente joven se va al monte en pandilla, con la mochila bien cargada de frutos secos y otras viandas, a pasar la noche junto a una hoguera. Esa tarde, con el pretexto de preparar la mochila, los alumnos se escapaban de la clase del vespertino; al menos eso pasaba cuando yo estaba allí. Viéndolos escaparse a las siete de la tarde, un compañero mío, a punto de jubilarse, con mirada entre admirativa, añorante y censuradora, me dice: "Se van a hartar de f......." Perdonad mi mojigatería, pero es que soy muy pudorosa. Poned el resto de la palabra, teniendo en cuenta que cada dos puntos equivalen a un grafema o letra. 

Una compañera, sorprendida por el jefe de estudios, cuando se iba media hora antes de terminar su clase, y preguntada por si se encontraba mal, le respondió: "No, me encuentro bien, muy bien, lo que pasa es que ya les he dicho todo lo que tenía que decirles".
Un profesor sordo como una tapia, ve entrar a una alumna que llega tarde a la clase. Le pregunta el motivo de su retraso y la muchacha le contesta que esa noche se había muerto su abuela. El profesor le contesta: "Vale, siéntate y que no vuelva a ocurrir". Este mismo profesor, ante una chica que permanecía de pie, le preguntó por qué no se sentaba. "No tengo silla, profesor". Y él le contesta: "Bueno, tú siéntate y luego hablamos de eso".

Pues nada, estas son unas pocas anécdotas locas de mis treinta y tres años de servicio. Para haber trotado tanto por institutos, y para tantos años, no son muchas, ni todas tan disparatadas, así que ya se ve que no estamos tan locos, aunque algunos sí sordos. La mayoría tenemos demostrada una templanza y una salud mental a prueba de bomba, qué de bomba, de adolescencia y otras edades no menos peligrosas.






34 comentarios:

Matapollos dijo...

Pues mala pinta no tiene esa actividad de los poemas eróticos latinos y las partes pudendas de las esculturas, la veo muy cuerda. El problema lo tienen los alumnos con todas sus hormonas y esas cosas...
Sí que tiene gracia. La mitad de mi familia se dedican a la enseñanza y la otra mitad a la psiquiatría... los unos viven de los otros.
Les paso el artículo a todos ellos.

Clares dijo...

jajaja, Matapollos, como eran para alumnos del nocturno, que eran todos mayores, aparte las hormonas de cada uno, la actividad perdía fuelle. Pero yo me quedé con los ojos a cuadros. Pasan muchas cosas en un instituto.

Leandro dijo...

Bueno, parafraseando al maestro Krahe, es que no todo va a ser f.... Díselo a tu compañero el de Ceuta, y perdone usted también mi mojigatería como yo le he perdonado la suya. Amén

felicitaslaura dijo...

¡Qué risa Clares! me has hecho disfrutar un buen rato.
En la sanidad también hay algunas buenas.

Hospital La Fe de Valencia,servicio de Urgencias 4 de la madrugada lleno hasta la bandera, entra un señor sesentón con su perrito en brazos y pide ser atendido porque está mal, el celador le dice que el perro no puede entrar, el dice que quien está enfermo es el perro , ¡ pero hombre! le tendrá que atender el veterinario, el señor monta en cólera y se monta un follón, sale una enfermera graciosísima y pregunta ¿ pero a ver que edad tiene su perrito? 7 meses contesta el señor, ¡ah! entonces está claro tiene que ir usted a Pediatría. El señor se fue tan contento por la solución que le dio la enfermera.

Besos y mucha, muchisssssisima paciencia.

Rubén dijo...

Que Dios te bendiga el buen ratico que me has hecho pasar, jodía.

Miguel Ángel dijo...

Menudo lío gatuno nos cuentas. Tiene gracia ahora, pero entonces seguro que no haría ni pizca.
Y la regla la tenían los profes en mi infancia para darnos en los nudillos; menuda risa.
Profesora no tuve hasta ya mayor, en la civil, dándome Teoría Económica. Extremeña y seria como ella sola, su ídolo era John Maynard Keynes, y nos lo recordaba continuamente. Pero de reír, nada. Y de meterse bajo a mesa, menos.
Eróticos los chistes entre el alumnado, porque había que guardar las distancias y también las formas. Y cuando me tocó a mí ser de la otra banda, a más de un compañero/compañera tuve que guardar la espalda.
De entre el clero también hay anécdotas jugosas y todas son del dominio público. Pero a mí las que me han quedado más bien recuerdan las historias de Peppone y don Camilo, aunque no las hubiera firmado Giovanni Guareschi. Historias de pueblo que, ahora producen risa, pero entonces más bien no.

En todos los sitios cuecen habas, Clares. Pero las que tú nos has aderezado resultan bastante sabrosas.

Clares dijo...

Leandro, muchas gracias por esta canción genial y divertida. Es estupenda, y no la conocía. La pongo entre mis favoritas.

Laura, lo que dice Miguel Ángel, que en todas partes cuecen habas, y en la mía a calderadas. Algunas amigas de la sanidad me han contado cosas divertidísimas, pero la tuya es de mucha risa, además de tierna.

Clares dijo...

Pues si he conseguido que te rieras y pasaras un buen rato, cuánto me alegro, Rubén, que no todo van a ser penurias y pesares. Los compañeros también proporcionan algunos ratos de diversión.

Clares dijo...

Anda, Miguel Ángel, un día de estos podrías contar alguna de clŕigos, que tienen su miga y su gracia. Cuánto se disfruta cuando se es alumno, pero si le encuentras su punto, también de profesor te puedes pasar buenos ratos.

Clares dijo...

De joven leí algunas de don Camilo, que eran muy divertidas, y me imagino que con un montón de historias tomadas de la realidad. Sin embargo, mi cura literario preferido es el padre Brown, por su inteligencia y sagacidad, además de la socarronería irlandesa.

Isabel Martínez dijo...

Te agradezco estas buenas risas, amiga Clares.

alfonso dijo...

es bonito recordar las cosas graciosas que te han pasado en el curro, en fin, me has hecho pasar un buen rato
gracias

Clares dijo...

Amiga Isabel, hay que reírse, y cuanto más mejor, que es terapia vital pura. De nada.


Tú, Alfonso, también nos ofreces de vez en cuando algunas anécdotas muy divertidas. Yo me he reído mucho en tu blog, pero que mucho.

Don Segismundo de Valonsadero y Medinaceli dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
PMM dijo...

Ya me he reido un rato por hoy, Clares. Mi talón de Aquiles es la garganta, por ahora no me ha dado por la depresión, aunque quizá sea porque ya me he pasado al lado de la locura y entonces no me entero.
Biquiños

supersalvajuan dijo...

Alegría, alegría!!!

Pilar dijo...

El ot´ro día entré de gusrdia a un primero de la ESO, dije exactamente. Buenos días. Se oyó inmediatamente: Señorita ¿es quee res argentina? (¡?) jajajajajaj, me dio una risa que no podía parar, me apreci´ço el mejor chiste del mundo.
Me choca eso que dices sobre la relación edad de alumnado y depresión. Quizás tenga mucho que ver con las expectativas que los porfesores-oras tienen sobre su propio discurso. Hay quien piensa que lo que lleva pensando en tantos años va a ser recibido con devoción por un grupo que cada hora cambia de discurso, que tiene mucha menos edad y que, sin duda, no sabe nada, pues claro, o sabe poco, pues claro. De otro lado, cuestiones realiconadas con cómo la pequeña sociedad qu es la familia le ha enseñado a hablar y a escuchar, a oír con respeto, a querer aprender. Curiosamente los hijos-as de docentes suelen ser insoportables en clase. Y es que se han criado entre valoraciones de la enseñanza negativas, críticas a los profesores compañeros, sobre los alumnos, comentarios sobre las evaluaciones, etc. Muchos son los aspectos que tienen que ver con este tema, grave, otro importante es el alejamiento que se va pronunciando con los años entre alumnado y docentes. Y tantas cosas, niña. Muchos besos

Yolanda dijo...

Clares, hay que ver cuánto juego da esta profesión nuestra... El lado optimista son las muchas anécdotas que todos podemos contar; el lado oscuro son los malos ratos que pasamos "gracias" a alumnos, padres y autoridades (in)competentes, las depresiones, las bajas por estrés, afonías y otras dolencias, el desgaste que supone "escribir en el agua", comprobar que muchas veces nuestro esfuerzo no es recompensado en la misma medida, saber que somos criticados y vilipendiados por cualquiera que no ha tocado una tiza en su vida... Ayer mismo oí por la radio las doce propuestas de un ....... (no sé qué adjetivo colocrle) para salir de la crisis y la primera era nada más y nada menos que la puesta en marcha inmediata del cheque escolar. ¿Pero de qué va ese tío? Del resto de las propuestas, mejor ni hablar. ¿Qué tiene la educación que todos los partidos quieren promulgar una ley eductiva que se amolde a sus propósitos? Y cuando están en el poder se olvidan de lo principal: la puesta en marcha con la consiguiente financiación. Ahí fallan todos. A los docentes nos exigen todo, pero sin medios. Bastnte les importamos... A pesar de todo, gracias por tus anécdotas. Son muy graciosas y representativas de lo que ocurre en tantas aulas.
Un beso.

Joselu dijo...

Ya es bastante que con treinta y tres años a cuestas sigas tan radiante y positiva. No es frecuente. Estás en un sitio privilegiado y tu espíritu lo tiene que notar. Es una fortuna ser profesora de alumnos de Artes escénicas. ¡Qué maravilla! Las anécdotas que me vienen a mí a la cabeza creo que no son publicables. Las dejaremos en un rincón discreto. Un cordial saludo.

Mameluco dijo...

Que no vuelva a ocurrir...jajajajajaja

Alfa79 dijo...

Muy buenas las anécdotas que nos has contado. Seguro que tendrás muchísimas más guardadadas en el tintero.

Lo que seguro -y según mi humilde apreciación- ha debido de cambiar en tus últimos treinta y tres años de docencia, es la relación y trato entre profesores y alumnos. Sobre todo, en perjuicio de los docentes.
Y es que, alumnos pequeños, problemas pequeños. Alumnos mayores, problemas bastante mayores.

De todas formas, la ansiedad y la depresión son enfermedades que afectan a todos los colectivos laborales. De hecho, los psicólogos cuentan con estudios fehacientes en donde más del 50 % de la población ha sufrido algún tipo de trastorno psico-físico y a lo largo de su vida laboral.

Por cierto, ¿ a quién se le ocurre dejar un gato callejero encerrado en un habitáculo o habitación llena de papeles y otros enseres ?
Yo tengo cuatro gatas, aunque afortuanadamente, muy bien "educadas".

Saludos republicanos. Toni Sagrel.

encarna dijo...

Qué bueno, Fuensanta. Reír, reír comiendo burritos y leyendo lo que escribes.
Espero que este comentario no dé la vuelta al mundo para llegar a tu blog/web.

cabopá dijo...

Me he reído un montón, sobre con la amiga de los gatos, imaginando el despacho y a los gatos leyendo..
con el profe-evax y la anécdota de los poemas eroticos no tiene desperdicio....ja,ja.
Gracias Clares por compartir.
Besicos.

Clares dijo...

Encarna, te comunica para buen proceder que este comentario no ha aparecido en mi blog, sino en una página web del Paraguay, pero yo lo he copiado y lo he puesto donde tenía que estar. Jajajaja, amiga mía, eres genial.

Clares dijo...

No creas, Joselu, cuando estaba en sitios menos privilegiados, también me reía de lo lindo, y bueno, a lo mejor no estaba tan radiante, pero era también feliz con mi trabajo. Lo único que me molestaba mucho era tener que coger el coche para ir a trabajar.

PMM. si te has reído y lo has pasado bien, ese era mi propósito, que para el fin de semana, lo mejor es echar unas risas.

Clares dijo...

Cabopá, sí que tengo algunas más que te encantarían. Siempre hay diversión si se busca bien. Y me alegro mucho de que te hayan divertido estas anécdotas de profesores. Pero no creas que todos somos así, la mayoría somos sensatos y formales.

Fernando Manero dijo...

ES impresionante tu capacidad para recordar con todo detalle tantos hechos y anécdotas, que dan idea de hasta dónde puede llegar ese mundo de la enseñanza donde se da casi de todo. Deberías ordenarlas y quizá darlas a conocer. Aunque se corre el riesgo de resaltar las rarezas de un oficio en el que, como en todos, pueden suceder las cosas más inverosímiles, acentuadas en este caso por la gran resonancia que tiene el arte de enseñar y que no pasa desapercibido a quien lo observe. Tiene gracia en ocasiones pero en otras asusta y preocupa un poco. Y sobre todo revela el dificil equilibrio que el profesor debe hacer para afrontar con solvencia el dificil reto de educar a un grupo de alumnos variopinto dia tras día, y en una etapa complicada de la vida. Ninguna profesion tiene ante sí tan enorme factor de desestabilización emocional, por más que a veces pueda deparar grandes satisfacciones, no siempre reconocidas.

Superwoman dijo...

Tu pudorosa y tu companyero un tanto carca porque esa expresion ya no se usa desde la Guerra del 14 ;)
Tengo otra, desde el otro lado, mi mejor amiga era hija de uno de los profesores y un dia que llegabamos a clase creia que a tiempo, la chica entra delante de mi dejando la puerta abierta de par en par y yo la sigo bramando: "Que pasa, que en tu casa no te han ensenyado a cerrar puertas". Como os podeis imaginar, tocaba clase con su senyor padre que me miraba con cara de guasa desde la tarima, menos mal que era una repelente de sobresalientes.

Un supersaludo

Clares dijo...

No creas, SW, yo la oigo a menudo en ambientes de confianza. Esa metedura de pata que tú tuviste es muy graciosa. De esas tengo yo unas cuantas, pero ya las contaré poco a poco. Besicos

Fernando, siempre me da un poco de miedo sacar a relucir los defectos del profesorado por eso mismo que tú dices, pero en esta ocasión eran casos excepcionales y muy especiales, más para reírse que para preocuparse. Y es cierto, esta profesión es dura psicológicamente, de ahí el cansancio y las enfermedades profesionales que nos pueden aquejar.

ernesto51 dijo...

Genial empiece de semana, he pasado un rato feliz y sonriente. Las anécdotas muy buenas y la canción de Krahe que ha ofrecido Leandro ponen la banda sonora ideal al relato.

Buena semana.

Antonio Parra Sanz dijo...

Qué buenas las anécdotas, pero seguro que te guardas algunas más, que haber trotado por muchos centros te habrá regalado un buen muestrario de barbaridades y durezas de rostro docente.

Clares dijo...

¿Has visto, Ernesto, qué canción más graciosa? Me estuve riendo mucho, y hoy he vuelto a oírla, y es genial. Hay que empezar la semana con la sonrisa puesta.

Clares dijo...

Antonio, bienvenido a mi blog, me encanta leerte por aquí. Sí que guardo algunas más, pero si las cuento todas, ¿qué voy a dejar para cuando sea vieja?

Miguel dijo...

Muy divertidas las anécdotas. Yo, si hago memoria también me acuerdo de algunas, pero sólo te contaré la última que ma ha pasado. Te aseguro que es la primera vez que me pasa. Y espero que sea la última. Pues resulta que el año pasado las vacaciones de navidad en secundaria acabaron el día 7 de enero. Y curiosamente, en primaria acabaron el 8 de enero. Como mi mujer es maestra de primaria, me lié y me pensé que, como siempre, volvíamos el mismo día. Así que yo, el día siete no fui al instituto. Cuando volví el día ocho, el director, muy serio, me preguntó: ¿cómo te encuentras? y yo, que muy bien, de maravilla, que estas vaciones me habían sentado estupendamente. Y él, más serio aún, me dijo, no, si lo digo porque como ayer no viniste... y yo voy y me echo a reir, siguiéndole la broma. Pero no era una broma. Cuando me enseñó el parte de guardias y me vi que yo figuraba allí pensé aquello de "tierra trágame". Despues nos reímos los dos.

Un abrazo.