08 febrero 2010

Una historia terrible del siglo XIX


El abuelo de mi abuela Bibiana, que era la madre de mi padre, es decir, mi tatarabuelo, era el Presidente del Colegio de Abogados de Lorca, el mismo que firmó aquel mensaje de tranquilidad al pueblo lorquino con motivo de la llegada de la Primera República. Se llamaba el hombre don Carlos María Barberán, y era carlista, como su propio nombre indica. Un rancio, vamos. Nada más que hay que decir que fue uno de los fundadores del Paso Azul, y de todos  sus desfiles bíblicos-pasionales-históricos, Cleopatra incluida, que no sé yo muy bien qué tiene que ver con la Semana Santa. Algunas historias de este prohombre lorquino son dignas de ser contadas, pero hay una, que transmitió a mi abuela, y que pasó de mi abuela a mi padre, y de mi padre a mí, que me ha venido a la memoria con una entrada estremecedora que ha hecho mluz en su blog "Cuentos de bolsillo".


Mi tatarabuelo acudía a una tertulia en un café de la calle Corredera con otros caballeros de la ciudad de Lorca, a la que se acercaba también el Cura de San Patricio, que es, como se sabe, un templo barroco magnífico. Allí se pasaban unos buenos ratos hablando de lo humano y de lo divino, y ninguna tarde faltaba ningún contertulio, como no fuera que estuviera enfermo, lo que los demás ya sabían, porque si ahora Lorca no es una ciudad muy grande, entonces sería propiamente un pueblo.


Pues bien, una tarde no fue el Cura, sin previo aviso y sin que nadie supiera la causa. Los amigos se amoscaron un poco, porque no era él de faltar ni a sus obligaciones ni a sus devociones. Pensaron que quizás le había surgido alguna obligación o devoción más importante que acudir al café. Pronto les llegó la noticia de que el Cura estaba malo. Por la tarde, después de estar un rato de cháchara en su tertulia, dos que estaban desocupados esa tarde, uno de los cuales era don Carlos María, decidieron hacer una visita en la parroquial al Cura, cumpliendo un deber cristiano y de amistad, que ellos eran muy analíticos para estas cosas y sabían muy bien distinguir los diferentes intereses. Para allá que se fueron y los recibió el Ama, que no había cura entonces, y menos aún si era de San Patricio, que no tuviera un ama gorda y bien criada que lo cuidara. Les dijo que el señor Cura no estaba para ver a nadie, que tenía unas fiebres y un pasmo, que no sabía ni de qué podía ser, como no fuera que se había enfriado dos noches atrás cuando salió él sólo a dar la extremaunción a un moribundo. Los caballeros dejaron una atenta tarjeta deseando que se restableciera pronto y se marcharon. Mi tatarabuelo, mientras tanto, se quedó pensando, pensando, hasta que se le ocurrió una idea; le preguntó al otro caballero que iba con él si sabía de alguien que hubiera muerto en Lorca hacía dos noches. Pues no, que se supiera, no había muerto nadie. Pensaron que sería en el campo, pero esto tampoco les convenció, que el campo tendría sus curas y no iban a ir a buscar al de San Patricio. La verdad es que no sabían qué había puesto al Cura con fiebre y pasmado. Lo de pasmado era lo que más les preocupaba. ¿Por qué se iba a pasmar un hombre que estaba ya curado de espanto, siendo como era el cura más viejo de toda la ciudad? Algo grave tenía que haberle ocurrido. Lo cual mi tatarabuelo averiguó al día siguiente. No se sabe si por ser el más curioso o el más amigo del Cura, fue él quien recibió la terrible confidencia. Mañana sigo, que ahora tengo que trabajar un poco y dormir otro poco.

18 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Oye, Fuensanta, no me dejes en ascuas. Solución ya, pijo!!!

LADRAR A LA LUNA dijo...

Estoy deseando que llegue mañana.

Mameluco dijo...

Que excusas más banales para mantener el misterio...jajaja... dormir es importante, pero trabajar...

Miguel Ángel dijo...

¿Por qué escribes cura con minúscula? Entiendo que habrá sido un despiste, porque las otras seis veces lo escribiste correctamente: Cura.

Así, pues, mañana te emplazo para que nos digas alto y claro qué mal fario le ocurrió el sr. Cura, para postrarle en el lecho y hacerle faltar a cita tan inexcusable.

Que tengas que dormir, lo entiendo. Pero el trabajo no me sirve como argucia dispersora. ¡Tú verás!

Juan Martín Serrano dijo...

La impaciencia lectora nos hace adelantarnos a lo escrito con suposiciones tal vez aventureras. Y como despertaste tanto la curiosidad echo a volar mi imaginación y no me corto en decir que si fue "terrible" esta historia no pudo ser, como me pide el olfato, que el cura fuera pillado in fraganti (con el culo al aire) en amores prohibidos y en carrera por un marido cornuto en una helada alborada. Y tuvo que ser otra la razón que intrigado aguardo en tu próxima entrega.

Clares dijo...

Paciencia, caballeros, que todo saldrá a la luz y se sabrá el terrible caso.
En efecto, Juan, y de paso bienvenido, el pobre Cura era inocente como una criatura, como se demostrará más adelante.

Miguel Ángel, yo Cura lo pongo siempre com mayúsculas, por una razín que en otra entrada ya contaré, pero es que ahí donde tú dices era un nombre común, de lo más corriente. Ya ves que cuando hablo del de San Patricio lo pongo siempre con mayúsculas.

Clares dijo...

Veo que el sector juvenil se impacienta mucho. Os he engañado, en realidad esto es un ejercicio para que aprendáis a tener espera. Esta tarde, continuación.

Fernando Manero dijo...

Para empezar, nada de rancio tenía tu señor tatarabuelo, sino todo lo contrario. Calmó al personal cuando llegó la República e impulsó una Semana Santa bíblica con figuras que dan variedad y alegria a la muestra, harto henchida de dolores, sangres y angustias. Ver a Nabucodonor, a los babilonios y compañía en las procesiones, que yo las he visto hace años, es divertido, ocurrente y da imagen que alivia y entretiene. Y en cuanto a lo del Cura, ay Señor, las posibilidades son tan varias como el margen de maniobra de que disponian los presbíteros para hacer con libertad lo que les diera la gana. Asegurada la discreción y complicidad de las Amas, todo es posible en Lorca, aunque me inclino a pensar que algo inconfensable habia en esa desaparición imprevista, que el abuelo de Bibiana captó enseguida, aunque mantuvo a los contertulios en el secreto camuflado por las fiebres y el pasmo. Tras el nudo, atentos estamos al desenlace.

Clares dijo...

La verdad. Fernando, que las procesiones de Lorca son un espectáculo de lo más interesante. En mi casa, y a pesar del tatarabuelo, somos todos blancos, o sea, de San Juan, con su gallina. Más adelante contaré lo que yo sé de esto.

Isabel Martínez dijo...

Por favor, sigue, que estoy interesadísima de lo que ocurrió con el buen cura de la Colegiata, aunque venga de boca de uno de los ideadores del paso azul (es que soy blanca, como tú; y mi madre es azul).

Laura dijo...

Ya me has dejado con la miel en los labios.

Apúrate, que hay prisa por chismorrear.

Besos

Joselu dijo...

Me ha gustado esa expresión tan desusada de "se amoscaron". En tu lenguaje se deslizan a veces voces llenas de la pátina del pasado pero elegantes y bien traídas. Participo de la general impaciencia, pero me siento en el banco y espero sosegadamente la continuación.

Clares dijo...

Bueno, pues ya falta poco para que prosiga con mi relato, así que no os "amosquéis", jajaja. Joselu, es que aquellos caballeros no se mosqueaban, se amoscaban. La historia no era para menos. Ya verás.

Ya voy, Laura. Te va a encantar y te va a horrorizar.

Clares dijo...

isabel, que eres una lorquina blanca, como yo. Qué ilusión, otra coincidencia. Ya ves que si no coincidimos en lo de Cortázar no tiene importancia, como tú dices, para gusto los colores.

Leandro dijo...

Como nombre común que es, cura lleva minúscula inicial, creo yo. Lo mismo que médico, maestro, farmacéutico o abogado

Ernesto dijo...

grrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!

Me tienes en ascuas! Va a ser cierto que estás probando nuestra paciencia; y uno, que ya la tiene curtida con la sanidad pública de doña Espe "la malsonante" pues tendrá que esperar. jajajaja

Muy bueno el relato y la información histórica que nos das.

Abrazo.

Pilar dijo...

Clares, no te ofrezcas al visir, no te falle la memoria!
Ministerio de sanidad, gobierno de ex-paño

Clares dijo...

Pilar, el principe Shariar ya estaba durmiendo. jejeje