03 septiembre 2009

Aprendiendo a dibujar en verano

Vale, soy una vanidosa vergonzosa. Quiero decir que por una parte me da vergüenza enseñar todo lo que he dibujado este verano, y por otra, estoy tan contenta de haberlo hecho, que he llegado a la conclusión de que lo mejor es que muestre sólo aquello que yo creo que ha salido medio bien. Para ser justa diré que las fotos a veces empeoran el dibujo y otras lo mejoran. Pues nada, unas por otras, y cada cual que opine lo que quiera libremente, que para eso estamos.


Este el primero que saco, un bodegón asiático. A mí me agrada porque me recuerda la fina cocina japonesa, pero quizás no es el mejor dibujo.




Este brachichito, aún joven, crece delante de la puerta de la cocina, detrás tiene un bidón que recoge agua de lluvia y aún se ve un áloe viejo tras él. El árbol tiene una protección de plástico negro porque los conejos no perdonan cuando tienen hambre y todo está seco. Hasta repelan los troncos leñosos.





Uno de los entretenimientos preferidos de Marcelo -ahora casi doce años- desde que aprendió a contar, sobre los cinco años, es jugar conmigo a la Oca y al parchís. Por eso hice este dibujo, uno de los primeros, que no salió muy ajustado. Dice el padre de la criatura, a la sazón profesor de dibujo, que está "gracioso". Lo entiendo perfectamente y estoy de acuerdo.






Tengo fama de hacer un buen cuscús. No tanta como dibujante, pero este tayín marroquí al carboncillo no salió mal. Lo de dentro estaba mucho mejor, pero no me dio tiempo a dibujarlo.





Ahora un apunte de flor de geranio con lápices de colores sobre papel gris. tampoco salió mal del todo. El geranio se portó muy bien y se estuvo quieto todo el rato, no como otros, que no saben posar. Por cierto, que yo sí sé, porque lo he practicado toda mi vida, desde muy pequeña, estándome bien quieta para que me sacaran en un dibujo o en un cuadro. También es una habilidad rara.




Este bonito pato hindú que me regaló una amiga hace muchos años también se estuvo bien quieto, porque el pobre es de madera y chapa. Lápices de colores sobre cartulina gris. ¿A que está guapo?



Pues nada, mañana más. Mientras una tenga vanidad, que no falte. Ay, vanidad de vanidades, y todo es vanidad, que dice el Eclesiastés... ¿O es otro libro el que lo dice? Antes hasta me sabía la frase en griego. Cómo se pierden facultades.

17 comentarios:

jordim dijo...

buenos dibujos, sigue en ello..

Rubén dijo...

Oye, que digo yo que la madre de Marta también dibuja (acuarelas, sobre todo), y que las dos sois unas artistazas. No es cariño, es pura justicia. Bonitos, bonitos.

Clares dijo...

Muchas gracias, amigos. No sabéis cómo halagáis mi vanidad. Pero eso no es lo importante, sino que me dais ánimos para seguir aprendiendo.

Rubén, no sabía que la madre de Marta era acuarelista. Me encantaría ver cosas hechas por ella.

Leandro dijo...

En la escala de dificultad, el dibujo y la pintura están muy por encima de la escritura. Cualquiera junta tres palabras de mala manera. Así que yo lo veo todo de bien para arriba. No obstante, me quedo con el pato. Y con los cubiletes y las fichas; ese dibujo parece tener una historia detrás

supersalvajuan dijo...

¿Los asiáticos no eran cafés?

Clares dijo...

Jo, supersalva, eres prosaico de verdad. Sí, los asiáticos son cafés, pero hay más cosas asiáticas. Si probaras el sake, verías tú.

A mí me parecen ambas cosas igual de difíciles. De mala manera, cualquiera, claro, pero bien, poca gente. Y no te digo nada de la excelencia. Expresarse es fácil, que los demás lo acepten y disfruten con ello, cuestión de técnica y de arte.

PMM dijo...

Muy bonitos,y nada de vanidad. Sigue enseñando tus obras, los artistas necesitan exponer.

alfonso dijo...

si los enseñas es por que sientes orgullo por ellos, asi que animo, eres valiente por ponerte a pintar

Matapollos dijo...

¡Qué bonitos!
Los tres primeros ¿son carboncillos o lápices?
Si son carboncillos te has ido a lo difícil, mucho más difícil dibujar esos objetos con esta técnica que copiar un torso o un busto de escayola, no me extraña que tengas que llamarles cabroncillos.
Te han quedado muy bien y el pato es una chulada.

Eusebio dijo...

Muy bien, Clares, me gustan.
Si tuviera que elegir uno, me quedaría con el tayin.
Un abrazo.

Fernando Manero dijo...

Ni vanidosa ni vergonzosa. Sincera y franca, como siempre. Con la verdad por delante y dando a conocer tus habilidades que son muchas. Sinceramente, me gustan mucho tus dibujos a lápiz. Captas bien la perspectiva, el volumen, las sombras y el engarce entre las figuras. La de las piezas del cuscús, que yo también bordo (el condumio, no las piezas) me parece clavada. Veo que en el color te autolimitas mucho y prima la prudencia de los motivos y los colores sobre la audacia en acometer trabajos de más enjudia. Mas todo llegará. Hay talento, sensibilidad, buen gusto y criterio estético. Has heredado el talento de tu padre. En otoño, y con el fin de atender un compromiso en Almería, pasaré por Yecla y Jumilla y trataré de ver su obra.Un abrazo

Clares dijo...

Hola, Matapollos. Los tres primeros son lápices de grafito. Sólo es carboncillo el tayín. Pondré más carboncillos, aunque es la técnica más difícil, para mí al menos.

Gracias, Eusebio. A mí también me gusta mucho el tayín, dibujado y cocinado, claro.

Claro que sí, Alfonso, estoy orgullosa, no tanto del resultado como del trabajo que he hecho todo el verano.

Fernando, de momento soy una aprendiza. Cuando tenga más experiencia, me lanzaré a inventar y crear de otro modo. Por cierto, en Yecla puedes ver las pinturas de la Basílica. Te recomiendo que hables con Liborio, el director de la Casa de la Cultura, que te puede orientar muy bien. En Jumilla, sube al monasterio de Santa Ana, que aparte de ser un sitio precioso, tiene pinturas de mi padre.

Miguel Ángel dijo...

"Mataiotes mataiotetos, kai panta mataiotes" (Eclesiastés 1,2).

Así me lo enseñaron, al menos.

Pero aquí no cuadra, aunque en pintura la historia recuerde genios plenos de arrogancia y vanidad.

Me gustan todos, y me cuesta resaltar alguno.

Resultaron todos muy tranquilos, por lo que veo, y tal vez el geranio pudiera haberse mostrado más inquieto e impaciente; pero las fichas del parchís, ¿no me dirás que se movieron?

Por cierto, una pregunta: ¿Tienes sanos los geranios? Los míos, que son nuevos, están podridos por dentro de una cosa negra como si fuera carbón. Se come el tronco, y no han vuelto a florecer. ¿Será la contaminación?

Espero el resto del trabajo veraniego.

Clares dijo...

En efecto, Miguel Ángel, así era en griego, y en efecto, como tú me dices, es del Eclasiastés. Menos mal que no estoy tan confusa como creía. Y claro que tiene relación. Pura vanidad, amigo.
Si, lo de los geranios. Se trata de una polilla africana que no sé cómo ha llegado hasta aquí y que le da carcoma al tallo. La solución es tratarlas como a cualquier polilla, o sea, cerca de tus geranios pones una bolsita de naftalina, y como ahora es difícil de encontrar en estado puro, una cajita de las mismas que se ponen para la ropa cuando las guardas. Cuégalo en algún lugar cercano a los geranios. Ya verás como funciona.

Rosa Cáceres dijo...

De tal palo, tal astilla.
Están estupendos. Pero que muy bien, muy bien, muy bien.
Yo este verano he pintado tres óleos de tema marino. Pero tú...¡madre del amor hermosos! has hecho méritos para una exposición.
cada uno de los dibujos tiene su mérito. Puedes estar orgullosa.

Clares dijo...

Pues sabes, amiga Rosa, que ahora me arrepiento mil veces de no haber estado más en el estudio con mi padre y aceptar sus enseñanzas. Qué inconsciencia. Bueno, pienso que tú me halagas, porque yo no los veo tan bien. Son de aprendiza. Ahora pienso seguir en ello y seguir aprendiendo. ¿Cuándo nos enseñarás esas marinas?

Miguel Ángel dijo...

Gracias, Clares, por la información. Ya este año no tiene solución. Lo tendré en cuenta para la próxima cosecha.