16 mayo 2008

Monjes tibetanos en Murcia










Ayer tarde nuestro amigo Lorenzo Baños nos avisa de un acontecimiento en Murcia que, por nuestro persistente aislamiento, nos íbamos a perder como unos tontos. Venían unos monjes tibetanos con su espectáculo místico folklórico a Murcia, dentro del Festival de las Tres Culturas. Un festival que lleva ya varios años de andadura y que proporciona una de las pocas ocasiones en esta ciudad de asistir a eventos interesantes y de calidad; además, el festival se predica "por la tolerancia", lo que parece muy conveniente cayendo la que que está cayendo. Me parece muy bien que nuestro Ayuntamiento haga estas cosas, y que siga por muchos años haciéndolas, le toque a quien le toque, pero que añada otros trabajos también a pie de obra por el respeto y la tolerancia en el día a día.
El caso es que al salir del tai chi -muy propio-, vestidos de kung fu o algo parecido, directamente, con el ritmo que da ejercicio tan oriental, nos vamos al Claustro de la Merced y vemos, oimos, sentimos, este precioso espectáculo entre lo religioso y lo folklórico, como ya he dicho.
Las fotos son de Lorenzo, nuestro buen amigo, porque nosotros no llevábamos cámara. Gracias, Lorenzo, por enviarlas.

En mi cuaderno de notas diarias, escribí:

"Tres cosas muy hermosas pude ver. Una fue una danza ritual de ciervos; dos monjes con enormes máscaras de ciervos imitaban la lucha de estos animales al son de las trompetas broncas. Era algo a la vez muy primitivo y muy sofisticado. Otra danza impresionante que el presentador llamó algo así como "el amo del cementerio" era, sin embargo, no tan macabro como se podía esperar, pues resultaba cómico, burlesco, como una danza de la muerte. Dos monjes con máscaras de calaveras danzaban jocosamente. Lo que más gracia me hizo fueron sus manos, enguantadas en rojo, con unos largos dedos colgantes que imitaban los huesos descarnados. Sin embargo, lo más hermoso, a mi parecer, fueron unas oraciones cantadas, con esas voces profundas, que no se saben de dónde salen, pues apenas mueven la boca ni hacen ningún gesto, por cuatro monjes sentados, con sus túnicas amplias azafranadas y unos curiosos gorros ceremoniales, como mitras cuádruples; se interrumpía el cántico para tocar unas flautas sordas hechas con huesos humanos y otras veces para hacer sonar esos tamborcillos de doble mazo que se golpean volviéndolos a un lado y a otro".





2 comentarios:

salvajuan fernandez dijo...

Me parece un poco tocomocho. O no. No lo sé. Siempre me inspiran desconfianza.

Clares dijo...

Pues a lo mejor sí, pero es que a mí me gusta todo tipo de música, alguna por pura sensación directa. Fueron preciosas las danzas rituales. Había una cosa impresionante: las voces que no se sabía de dónde salían, no movían un músculo y sonaban profundas, con extrañas armonías.