08 enero 2010

Un regalo de Cabopá



Esta preciosa foto me la envió ayer una buena amiga bloguera, Cabopá. Una visita a su blog siempre nos dejará la retina llena de imágenes bellas. Publica unas estupendas fotos y yo me quedo atónita mirándolas. Dice que su cámara es buena, pero yo creo que la buena es ella, en todos los sentidos. Aparte el valor expresivo de la foto, para mí tiene un gran valor sentimental, pues vivimos durante cinco años muy cerca de ese faro que se ve al fondo, que no es otro que el de Cabo de Palos. Esos cinco años cruciales en la infancia de mis hijos transcurrió cerca de allí, y para ellos fue como un paraíso; en esas aguas se bañaron muchas veces y en esa arena jugaron a levantar castillos y hacer hoyos con agua. Muchas gracias, Carmen, por este espléndido regalo.

18 comentarios:

cabopá dijo...

Eres muy buena amiga-bloguera y muy genersoa...
Muchas gracias.
Me gusta compartir y disfrutar con los amigos....
Los puristas de la fotografía diran que está torcida que use el "fotosoch", pero yo ni tengo ni se usarlo...ja,ja,....
Las fotos que hago, salen con la mirada que les pongo...Y esta es de un día de
noviembre con una calma muy especial, un azul azulete mediterráneo que aturdía...
y mi paseo fue un alivio para mí.
Cuando voy al mar vuelvo nueva.
¡¡mañana con frio !!!Mismamente
BESICOS.

Isabel Martínez dijo...

Fantástica la foto de ese lugar tan cercano y querido. Mi felicitación a su autora.
Un beso, amiga Clares.

Clares dijo...

Cabopá, que la generosa eres tú, no se te olvide. Yo sólo hago de altavoz. Gracias, amiga.

¿has visto, Isabel, qué buena gente hay por aquí y que buen gusto tiene esta mujer para las fotos? Un besico para ti también, Isabel.

Clares dijo...

Y no se os olvide a nadie visitar el blog de Yolanda, que tiene un reportaje precioso sobre Las lágrimas de Eros. No os arrepentiréis.

Yolanda dijo...

Clares, muchísimas gracias por recomendar mi blog. Disfruté mucho con la exposición y escribiendo mis impresiones, ahora que aún estoy de vacaciones puedo dedicarme a ello con tiempo. La exposición estará hasta el 31 de enero, así que quizá puedas verla.
Me encantan las fotos de Cabopá, yo ya no suelo hacer fotos, pero el mar me sigue atrayendo como paisaje y como inspiración. En San Sebastián puedo estarme horas viendo las olas en agosto, o la inmensidad de Cantábrico tranquilo, siempre es fascinante. El Mediterráneo es otra cosa, pero igualmente atractivo. En mayo vamos a Benicássim con los chavales, no es precisamente un viaje de placer pero al menos podré pasear por la playa.
Un besazo.

Matapollos dijo...

Las fotos del blog de Cabopá son estupendas precisamente por su naturalidad, porque son reales y al verlas se tiene la sensación de estar en el lugar.
Suelo visitar el blog, con ese mar tan diferente al de Galicia, con toda esa paz... Me encanta.

Y el de Yolanda, que no lo conocía, me ha dejado pasmada con su artículo tan bueno. ¡Menudo paseo por la exposición!

Clares dijo...

Yolanda, es que me ha encantado la exposicion, pero sobre todo la selección de fotos que tú has hecho y el modo de reseñar los temas. Ya ves que son muchas las mujeres creativas y con ganas de comunicar cosas.

Matapollos, cuánto me alegro de que te hayan gustado mis recomendaciones. Siempre es un placer presentar amigas, aunque veo que en el caso de Cabopá ya os conocíais.

Rubén dijo...

Qué belleza y qué serenidad. Da paz mirar esa imagen

Clares dijo...

Por eso la he puesto, porque es un alarde de calma, de serenidad, y lo claro que está todo, con sus olas detenidas de pronto por la cámara. Rubén, ¿has visto la exposición de Yolanda? No te la pierdas.

Rubén dijo...

Ay, hija, siempre voy perdido. Con esto de vivir en Molina... Dame datos sobre lugar

Clares dijo...

Lo tienes enlazado una entrada más abajo en mi propio blog. Se llama Las lágrimas de Eros y es un reportaje sobre la exposición de la Thyssen, pero menudas fotos y menudos comentarios, un reportaje completo. Que no me refería a una exposición de verdad, sino a una virtual. No te preocupes que mientras no vivas en la Molina virtual, también llamada psicológica, no pasa nada.

Rubén dijo...

Jajajajaja. Zenkiú

Miguel Ángel dijo...

Como soy de tierra adentro, el mar siempre me produce como un mareo, tal mismo que si me hubiera pasado de copas y todo estuviera fuera de la vertical.

Ese faro lo he visitado justo al pie. Y al mirarlo ahora de lejos, resulta que me parece mucho más alto. Y aunque estoy en la orilla y en tierra firme no dejo de sentirme a bordo de algo que se balancea y me conturba.

No es serenidad lo que a mí me transmite, pero tampoco desasosiego. Es como una especie de… cosa rara, un no sé qué extraño. Nada grave, pero no es seguridad, ciertamente, ni apoyo firme. No es que piense que se va a caer el monolito iluminante, no; el que se podría caer soy yo mismo.

Pero tranquis, que enseguida meto los pies en el agua y se me pasa. Seguro.

Es gracioso, pero a mí las olas mansas que besan la arena de la playa me hacen cosquillas en los pies, y como mueve la arena de debajo, tengo que meterme enseguida dentro del agua para estar a cobijo.

Lo dicho, soy un pez de tierra seca.

Clares dijo...

Hola, Miguel Ángel, hombre de tierra firme. Te debe de pasar a ti con el mar como a mí con la nieve, que me da un mareo enorme. Ahora seguramente nos iremos al campo, que dicen que va a nevar y no queremos perdernos el milagro.

Joselu dijo...

Cómo me hubiera gustado nacer junto al mar y verlo cada día infinito y azul frente a mi ventana. Añoro la vista del mar, me enamora, me hechiza, me hace concebir otros horizontes y me sugiere el misterio y me serena. Una hermosa foto y una excelente amiga. Un cordial saludo.

Clares dijo...

Pues ya ves, Joselu, lo mismico me pasa a mí. Yo nací cerca y supongo que lo vi a muy temprana edad, porque no tengo recuerdo de haberlo visto por primera vez, pero propiamente a su orilla no nací, y mira que me gusta, como a ti, verlo cada mañana, experiencia que tuve cuando viví muy cerca de Cabo de Palos y cuando viví en Ceuta, que me bajaba al instituto cada mañana viendo el Estrecho. No te imaginas cómo echo de menos esa experiencia cotidiana.

Pilar dijo...

MIl recuerdos pasados y recientes. Cabo de Palos es delicioso en invierno, en ese estado de medio jubilación que vive todo el mundo y en el que interviene tanto la mirada al mar.

Rosa Cáceres dijo...

¡Qué foto! cabopá es genial con la cámara. Si es que se ve el movimiento de las olas mansas y se oye el rumor que producen al besar la arena de la orilla...