27 enero 2010

El otro Jorge Manrique





Un capricho mío en poesía es el otro Jorge Manrique. Siempre que se vaya a un manual de literatura, por extenso que sea, y se busque Jorge Manrique en sus páginas, se encontrará que hay en realidad registrados dos poetas. Al uno se le nombra y no se dice más. Del otro se hace un extenso estudio. Incluso se dice que este poeta ni se nombraría y habría quedado para siempre en la penumbra si no fuera por la aparición del otro. Un poeta, del que dicen que es adocenado, que sigue la línea de la poesía amorosa y burlesca de los Cancioneros de la corte de los Reyes Católicos, y un poeta excelso que escribe las Coplas a la muerte de su padre.  Yo siempre creí en esa dos seres que convivían en Jorge Manrique, pues lo decían todos los más sabios del lugar. Hasta que entendí algo: que no puede ser. Que si el hombre era bueno, era bueno para todo, incluso como poeta de Cancionero. Así que me fui al Cancionero y miré. Reconocí que en las formas era un poco retorcidillo, como solían serlo estos poetas cortesanos que necesitaban lucirse ante las damas y hacer rabiar a los demás poetas con sus juegos de ingenio formal; pero también reconocí que era el mismo poeta de las Coplas, o al menos uno muy parecido. Mi idea no es científica, es intuitiva y caprichosa.



Incluso descubrí un poeta que parecía un romántico desesperado, pues con los convencionalismos formales de aquella poesía cortesana, expresaba un dolor íntimo, unas contradicciones y desazones ante el mundo, y un amor a Thanatos, que no encontraba en otros poetas de su mismo estilo. De modo que seleccioné algunos para mi cuaderno. Le llamé "el otro Jorge Manrique".
Aquí dejo algunos de esos poemas doloridos en su fondo. Por cierto, que lo mismo que a Garcilaso, que se lanzó al asalto de una fortaleza sin ninguna protección, a este poeta soldado lo considero un suicida encubierto. Me solían decir que los escritores españoles, quitando a Larra y a Ganívet, no tenían a bien suicidarse, como es más común en otros países, pero nunca contaron a Garcilaso y a Jorge Manrique entre los suicidas. No podían por sus principios suicidarse directamente,  pero sí podían realizar hazañas temerarias e inútiles de las que ellos sabían que saldrían con los pies por delante, y eso es lo que hicieron. Ambos tienen mucho en común, a pesar de las apariencias, pero sobre todo esa desazón íntima ante la vida, ese malestar continuo que los marca como melancólicos. Y suicidas encubiertos.

"...el capitán don Jorge Manrique se metió con tanta osadía entre los enemigos, que por no ser visto de los suyos, para que fuera socorrido, le firieron de muchos golpes, é murió peleando cerca de las puertas del castillo de Garci Muñoz". (Crónica de Hernando del Pulgar)

SIN DIOS, SIN VOS Y SIN MÍ

(Una versión ligeramente modernizada)

Yo soy quien libre me vi,
yo, quien pudiera olvidaros;
yo soy el que por amaros
estoy, desque os conocí,
sin Dios, sin vos y sin mí.

Sin Dios, porque a vos adoro;
sin vos, pues no me queréis;
pues sin mí ya está de coro
que vos sois quien me tenéis.

Así que triste nací,
pues que pudiera olvidaros;
yo soy el que por amaros
estoy, desque os conocí,
sin Dios, sin vos y sin mí.

CANCIÓN

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida,
que eres tú sola el remedio.

Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
y con tu venida espero
no tener vida conmigo.

NI MIENTO NI ME ARREPIENTO

Ni miento ni me arrepiento
ni digo ni me desdigo,
ni estoy triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venzo ni porfío,
ni espero ni desespero.

Conmigo sólo contiendo
en una fuerte contienda,
y no hallo quien me entienda,
ni yo tampoco me entiendo.
Entiendo y soy lo que quiero,
mas no entiendo lo que quiera
quien quiere siempreque muera
sin querer creer que muero.

Ahora a ver qué decís, si merece seguir este capricho en mi cuaderno o no. Digo que su lenguaje y sus formas están demasiado tocadas por la época y las modas, pero que hay un fondo, un algo de dramático, una melancolía que acepta a veces y a veces le hace rebelarse, que me sigue gustando. Si al menos con la elección de estos poemas, desvelo algo de lo que he sido y quizás de lo que sigo siendo, quizás merezca la pena.

19 comentarios:

Eme dijo...

Ni miento ni me arrepiento podría llamarse indiferencia.
1 Besico!

Thornton dijo...

Yo también digo como Machado: "entre los poetas míos tiene Manrique un altar"
Ya sabéis que "Ni miento ni me arrepiento" figuraba en su estandarte, era su Mote.
Yo también te hago un regalo manriqueño:

"d'amores desamparado,
d'amores, que no d'amor."

Clares dijo...

Yo, Eme, más bien pienso que era una afirmación ética de su propia personalidad, pues como dice Thorton, era el mote o lema que había elegido para su escudo.

thorton, ahí lo tenemos, de los más grandes. También en eso coincidimos, y con Machado, menudo lujo. Esos dos versos son una joya verdadera. Para sentir y pensar un buen rato, por el contraste entre un simple plural y un singular. Maravilla de la poesía.

Fernando Manero dijo...

A admirar me limito tamaña erudición, que es sabiduría grande, amén de mucho tesón. Comprender las sutilezas de tan grande vate es ejercicio de facundia, de nobleza e interés. Admiro mucho al de Nava, de Paredes por más señas, que refulge mientras lava, aunque sea en almadreñas. ¿Es poeta duplicado o dos poetas tal vez? cualquiera que es aplicado lo sabría comprender. El talento es lo que importa y el hacerlo con esmero; da lo mismo en plan excelso o a través del Cancionero. Y en cuanto a Clares, pardiez, cuanta sapiencia acostumbra, que sabe de tantas cosas que con todas nos deslumbra.

PMM dijo...

Salvados también, Clares.
"No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio
porque todo ha de pasar
por tal manera"
Todo hay que verlo en su contexto ¿no?

Miguel Ángel dijo...

¡Cielos! ¿Es el mismo o ahora son dos? Sólo sabía del mío, de mi paisano de Campos, en Palencia por más señas. Si ahora resulta que hay otro, ¿dónde estaba que nada sabía de él?

Alucinado me tienes, Clares; cada día descubro que se ahonda más y más el pozo de mi ignorancia.

Y para más inri resulta que el buen Manrique puede ser también de Segura de la Sierra, por tierras del sur, en Jaén mismamente.

Como dijera el otro, “tarde te conocí, tarde viniste”.

¡Qué conchos, más vale tarde que nunca!

Sea de aquí o de allá, ese Jorge Manrique, me parece ¡genial!

[Advierto que no se me ha ocurrido, ni he sabido escribir otra cosa, tras el post de Clares y el comentario de Fernando. Y notad que no me da vergüenza. ¡Qué atrevida –y qué pedante también- es la ignorancia, rediez!]

Isabel Martínez dijo...

Me encantó.

Rendida quedé,como siempre quedo,
ante tamaño poeta, un gran desconocido que merece la justicia que le haces. Si nos fijamos bien, anticipa en su dolor y sus paradojas a los grandes místicos posteriores (ay, mi San Juan).

Esos versos merecen tu libreta y estar en ella como oro en paño. Lo grande y hondo nunca sobra y tiene la ventaja de que nunca ocupa mucho espacio.

Y sí, queridísima Clares, como Garcilaso, dos locos de la guerra, dos románticos antes del Romanticismo, desnortados en su tiempo y suicidas en el campo de batalla.

Cada vez te quiero más, qué caray. Venir aquí es un auténtico disfrute.

Clares dijo...

Pero Fernando, menudas coplas te has marcado. Como se nota que eres de por alli mismo que el poeta. No tienes límite en tu exuberancia escritora. Me he pasado un buen ratico leyendo tu rimado comentario, que es algo que no está al alcance de cualquiera.

Clares dijo...

Claro, PMM, es que eso que citas es del bueno, el que aprecian todos los manuales de literatura. Esos están salvados de antemano. Y estos, siguiendo tu buen consejo, ya también. Besicos, galleguica.

Clares dijo...

Miguel Ángel, no te quejarás, que tenías un paisano ilustre, y ahora tienes dos. Lo único que veo es que hay diferencias grandes entre tú y tu paisano, que este era bastante tristón y desesperado, mientras que tú eres de una vitalidad imparable. ¿No seŕia del frío que pasaba el pobre por aquellos páramos, dentro de esos castillotes helados? Habrá que plantearlo.

Clares dijo...

Isabel, tú me halagas demasiado y eso no es bueno, que me puedo poner muy tontica. Yo os ofrezco mis poetas, mejor dicho, mis poemas más queridos, y aún me quedan algunos en el cuaderno, así que os voy a dar unas pocas sesiones de poetas, que ya que esa fue la "gracia que no quiso darme el cielo", disfrutaré de aquellos que sí fueron agraciados con ella, entre esas personas, tú misma. Yo también te estoy tomando mucho cariño con el roce este de los teclados, y no puede pasar mucho tiempo antes de que nos conozcamos, porque Thorton tenía toda la razón, estábamos condenadas -felizmente condenadas- a ser amigas.

Joselu dijo...

¡Qué hermoso el castellano antiguo! Y eso que la poesía todavía no se había suavizado por el dolce still nuovo y Petrarca. Manrique puede ser que no destaque por estos versos, pero no dejan de ser muy afortunados. Pero es recordado por esos 480 versos que escribió en estado de gracia. Lástima que el castellano medieval haya desaparecido de los planes de estudios. De todas maneras sería críptico para nuestras criaturicas. Un cordial saludo.

Rubén dijo...

Yo leí algunos poemas de Jorge Manrique (que me gustaron) en una antología que sacaron en Taurus allá por el Pleistoceno, cuando yo estudiaba Filología (lo de "estudiar Filología" me da risa aún; no tanta como "estudiar Teología", pero casi). Recuerdo que abusaba de las metáforas bélicas, eso sí. Pero me dejó buen sabor de ojos.

Clares dijo...

Yo creo que el castellano antiguo nunca estuvo en los planes de estudios que no fueran los de Filología, como dice Rubén, pues ¿a qué castellano antiguo nos referiríamos? ¿Al del Poema de Mío Cid, al de Alfonso X, al del Marqués? Yo tampoco lo creo necesario, por otra parte. Y que esto sería incomprensible para nuestras criaturas, es normal, también lo era para mí a esa edad, y no por el castellano antiguo, sino por el pensamiento que hay detrás.

encarna dijo...

Puede ser incomprensible para nuestras criaturas, pero no estaría mal que llevaran a Manrique en su mochila para cuando "despierten".

Clares dijo...

Qué bien, Encarna, oír tu voz aquí, que sé que eres visitante silenciosa. Sí que deberian llevar a Manrique en la mochila, pero hay dos cosas que no podemos pretender: una es que comprendan estos poemas precisamente, aunque alguno, por ejemplo, el último, a cierta edad puede analizarse, y otra es que sepan castellano antiguo. Sí pueden leer y comprender y guardar para su vida muy buena parte de las Coplas, y nosotros podemos hacer muchas cosas para que las entiendan y las disfruten. Lo que quiero decir es que las Coplas son universales y comprensibles, incluso para críos, pero no la poesía de Cancionero. Con esfuerzo podrían pillar algo, pero ¿merece la pena? Yo no leí esta poesía hasta bien grandecica.

Rosario dijo...

HE ENTRADO POR PRIMERA VEZ EN TU BLOG, ME GUSTA MUCHO, VEO QUE TIENES UNA HIJA DEPORTISTA ESTUPENDA Y GUAPA, LA MEJOR.
ME UNO A TU EQUIPO DE SEGUIDORAS.

Un abrazo fuerte desde mi librillo.

Clares dijo...

Rosario, me alegro mucho de que te guste mi blog, lo hago con ilusión y con mucho cariño por toda la gente que me visita y que ya es amiga. La verdad es que estoy bien contenta de mi hija, y de mis nietos también, y de mi yerno, que es estupendo. Luego te visito y vamos pegando la hebra. Un abrazo.

Hoteles Santa Marta dijo...

No queda duda del gran poeta que es, las grandes inspiraciones que nos transmite por que logra efectivamente transmitir lo que busca expresar.