28 noviembre 2008

Escuela laica: Fernando Pastor






Ayer recibí un correo en el que se me pedía que escribiera un mensaje de apoyo para Fernando Pastor, el padre de una alumna de un colegio público de Valladolid, al que una sentencia ha dado la razón sobre la retirada de los símbolos religiosos de los centros de enseñanza públicos. Naturalmente lo hice. Me contaban que el hombre estaba sufriendo el acoso de las familias cristianas del centro al que acude su hija, instigados por la directora. Me lo creo, sobre todo, después de ver una patética foto en la que una madre sostenía una cartulina verde pistacho en la que había escrito una reparandoria repelente acerca de que Fernando Pastor había acabado con el Belén, con la Semana Santa y con no sé cuántas cosas más. No sé si decía algo también de los cerros de Úbeda. Había partes de la pancartita susodicha que eran ilegibles porque esta señora, de gesto malencarado, no debe de tener mucha idea de marketing, comunicación y diseño gráfico. Lo que sí tendrá es una magnífica preparación en intolerancia y fanatismo, además de haber hecho un máster en la Cope.


Mameluco, un magnifico blogger, al que remito para un agudo y personal análisis del asunto, así como Fernando Manero, paisano del otro Fernando, también hizo su correspondiente entrada de apoyo y explicación. Creo que es bueno que haya testimonios de apoyo a este hombre que no ha hecho sino defender los principios democráticos más elementales. Ya sabemos que la derecha, en apoyo de la Iglesia y de una sociedad rancia y retrógrada, no se corta un pelo en denostar lo que es de todos, lo público, aquello que compartimos.

Para que echéis una sonrisa, os cuento una anécdota de un ilustre murciano. En la transición le echaron los tejos desde un partido de derechas (quién será, será) diciéndole como cosa buena que eran demócratas-cristianos. Él les dio calabazas con la siguiente frase: "El día que yo sea cristiano y ustedes sean demócratas, hablaremos". Pues eso, que estos siguen sin ser demócratas. Y creo que tampoco cristianos en su primitiva acepción, porque no es de tales lo que están haciendo con Fernando Pastor.


Todas las personas que estamos por un país laico -vamos a dejarnos ya de tonterías de aconfesionalismo y otros eufemismos gazmoños-, por un espacio público libre de signos religiosos que no todos compartimos, por una ESCUELA PÚBLICA, DEMOCRÁTICA, PARTICIPATIVA Y LAICA, tendríamos que hacer una declaración de apoyo a Fernando Pastor, que está siendo acosado y maltratado por la comunidad escolar del centro de enseñanza de su hija.

17 comentarios:

supersalvajuan dijo...

Escuela de verdad, no lo que tenemos ahora. Todo es mentira.

Diego Jiménez dijo...

Amiga Fuensanta, yo también le he remitido a Fernando un mensaje de apoyo.

Creo que en este país levemente aconfesional, que no laico, hay que ir dando pasos decididos hacia la plena laicidad del Estado. Hace unos meses, y a instancias de nuestro común amigo Lillo, impartí una charla en la Casa de la Cultura de Yecla sobre las relaciones Iglesia-Estado en España, rastreando las distintas constituciones habidas en este país, desde la "Pepa", la gaditana de 1812 y concluyendo con los Acuerdos preconstitucionales con el Vaticano de 1976 y 1979.

El acto, en el que Vicente Palao presentaba su libro de artículos "Articulario", registró una notable presencia de público, que llenó el salón de actos.

Por ello creo que deberíamos de prodigarnos más en la denuncia de esta asfixiante y anacrónica situación de privilegios de la Iglesia católica en España. Con charlas, artículos, con el "boca a boca"...todos los medios sosn válidos para ir caminando hacia otro tipo de sociedad más laica y, por ende, más tolerante.

Joselu dijo...

Clares, vengo de El País donde he consultado los comentarios relativos a la noticia de que han denegado a Garzón la potestad de investigar el franquismo. He leído comentarios sonrojantes por el odio que exhalaban contra Garzón, contra la democracia, contra el Gobierno, contra los otros. Se dice que las dos Españas siguen existiendo, pero cuando Machado hablaba de las dos Españas se refería a los liberales y a los conservadores. ¡Qué bilis se ve en muchos comentarios sectarios! Todo mi apoyo a Fernando Pastor. No entiendo que en pleno siglo XXI siga habiendo en la escuela pública signos religiosos de un sentido u otro. En Cataluña es impensable. Muchos de los que ganaron la guerra o sus descendientes ideológicos son muy poco cristianos. Recuerdo las palabras de Azaña en plena guerra cuando la República la perdía: Paz, piedad, perdón. Pues lo mismo.

Mameluco dijo...

Jajajajajaja...
Que anécdota más graciosa.

Lo más gracioso (y triste a la vez) es que eso de democracia cristiana en este país es como decía Goucho a lo de inteligencia militar. Términos incompatibles.

JoPo dijo...

YP ME SUMO AL APOYO

tambien recordar ke la iglesia nos es mas ke una secta enorme y actua como tal

Clares dijo...

Realmente, escuela de verdad es lo que haría falta, para toda la gente, incluidos algunos adultos. Toda la razón, super.

Diego, es necesario difundir esta idea, hablarlo, comentarlo, escribirlo y pregonarlo a los cuatro vientos. Hay que revisar el Concordato, hay que sacar la religión de la escuela pública, dejarse ya de monsergas. Oye, y que los líderes de la izquierda no se casen por la iglesia. Que ya nos vale también de caprichitos. Supongo que el muchacho no lo hará por fe religiosa, así que al menos podría haber sido discreto. Por no escandalizar a la militancia.

Joselu, el comentario que Mameluco recoge en su blog de algún foro de estos es lacerante. Se están nutriendo de odio y de bilis negra, como tú dices. Sinceramente, espero que no aumente la gente de esa calaña. Y la iglesia los cultiva cuidadosamente desde sus medios de comunicación.

Sabía que te iba a gustar la anécdota, Mameluco, porque es genial. No estoy muy segura del nombre del autor, pero se lo preguntaré a mi hermano, que lo conocía personalmente. Creo que era un catedrático de la facultad de derecho, una eminencia, y creo que en constitucional o político.

Sí, Jopo, una enorme secta de solterones. No sé cómo les permitimos que mantengan su poder social y nos saquen los dineros para sus juergas místicas. En fin, es lo que hay.

mobesse dijo...

Creo que en las próximas elecciones tendremos que taparnos algo más que las narices para votar al Pesoe. Mejor será no votarlos. Así, si hay sorpresas, sólo serán agradables, y a estar cabreados ya estamos acostumbrados. Pero a ir de pasmo en pasmo no me acostumbro. Estoy harto.

Yo también le he escrito a Fernando Pastor.

Propongo una manifestación multitudinaria contra la iglesia, sin creer (que también es otra cosa que hago a menudo).

Minerva dijo...

Bueno aunque yo vivo al otro lado del charco, jajaja, debo decir que me parece de lo más adecuado que un Colegio público sea laico ... religión y política no deberían combinarse, me parece algo peligroso.

Aunque bueno cada madre o padre es libre de elegir el tipo de educación que quiere para sus hijos, si quieren un colegio católico tambien esta bien (aunque yo no comparto muchas cosas de esta religión),mientras sea regentado con fondos privados, total para eso está la democracia obviamente. Hay algo interesante que mencionas sobre que los padres del colegio de la niña de este hombre que estaba en desacuerdo con que hubieran símbolos cristianos en esa escuela, se ve que contradicen ciertas ideas del cristianismo ... deberían mostrar más respeto por su prójimo aunque no esten deacuerdo con sus ideas, ni que estuvieramos en la inquisición, jajaja.

Por cierto, dejé una respuesta para ti en mi blog ;), como adelanto diré que te agradezco bastante el par de puntualizaciones que diste sobre lo que publiqué.

Besitos

Clares dijo...

Mobesse, supongo que sería algo estupendo hacer una gran manifestación contra la intervención de la iglesia en la vida pública, contra la enseñanza religiosa, contra el Concordato, pero ¿crees que sería una gran manifestación? Las inquietudes que los que aqui escribimos manifestamos no son tan compartidas. Pena.

Minerva, esto es aquí, y allí, y en el otro sitio, allí donde la iglesia católica se asienta, hay fanatismo, lo cultivan, lo utilizan. Nos quejamos del fanatismo musulmán, y me río yo de los de nuestro lado. Quizás no hacen más fechorías porque no pueden. Cuando podían, se hartaron.

ernesto51 dijo...

Por supuesto todo mi apoyo a Fernando Pastor, a una escuela libre, independiente y laica, a la denuncia de las manipulaviones sectarias de la Iglesia y a favor del laicismo.

Clares dijo...

Estamos en lo mismo, Ernesto. Es muy difícil luchar contra esto, y no somos tanta gente con esa visión, pero mientras se pueda hay que denunciar una y otra vez, hablarlo y difundir la idea de una escuela laica, como dice Diego y todos los que por aquí os pasáis. Un abrazo.

Leandro dijo...

Yo soy cristiano. No un buen cristiano, pero mira, es lo que hay. No doy para más.

Yo no impongo mi religión a nadie. Es más, ni siquiera la recomiendo. Me limito a tratar de vivirla sin hacer daño a los que me rodean. No sé si lo consigo, pero lo intento.

Yo creo que la educación pública debe ser laica. Pero yo no quiero una educación laica para mis hijos, y por eso no los llevo a un colegio público. Me dicen algunos amigos y conocidos que la enseñanza pública no funciona bien, y que por eso ellos llevan a sus hijos a colegios privados. Yo me limito a decirles que no hay escuela perfecta; todos los colegios, los públicos y los privados, tienen deficiencias. Y como sabéis muchos de los que participáis aquí por vuestra condición de docentes, las deficiencias en la enseñanza siempre son magnificadas y se sacan de quicio. La elección entre enseñanza pública y privada no puede ser una huida. Debe responder a otros motivos de mayor calado. Yo no creo que el colegio de mis hijos sea perfecto, ni siquiera muy bueno. Hay bastantes cosas de él que no me gustan, pero lo mismo, o más, me ocurriría en cualquier otro colegio. Y la educación de los niños no es sólo el colegio, también es su casa, su familia, su padre, su madre, su entorno. Y ahí es donde yo trato de corregir lo que no me gusta de la escuela. Un colegio son varios cientos de alumnos; no puede ser perfecto para todos, ni para todas sus familias.

Como decía, yo no quiero una enseñanza laica para mis hijos, y por eso están matriculados en un colegio privado. Supone un esfuerzo económico. Yo no viajo y no tengo un coche de lujo. Soy un hombre, y como tal, una mente simple, así que me gustaría viajar, ver mundo y tener un descapotable. Y creo que si descontase de mis gastos fijos los recibos del colegio me lo podría permitir, aunque fuese a plazos. Pero hay que elegir. Y el caso es que no vivo mal. Pago mis deudas y tengo lo necesario para pasar por este mundo con cierta comodidad. Claro que no viajo y me apaño con un Ford de ocho años. Es igual, no me quejo. Hay mucha gente que lo pasa mucho peor. Me pregunto qué ocurrirá cuando el colegio de mis hijos deje de estar concertado, porque doy por hecho que eso ocurrirá mañana o pasado mañana, y me contesto que bueno, que qué se le va hacer, habrá que hacer un esfuerzo suplementario.

A mí me parece perfecto que la educación pública sea laica. Pero no me gusta escuchar a la Ministra de Educación del Gobierno de mi país, que debería ser el Gobierno de todos, decir que los símbolos de mi religión agreden. Yo nunca me he sentido agredido por un Crucifijo, ni por la Estrella de David, ni por la Media Luna, ni por los Reyes Magos. Yo sólo me siento agredido por los individuos que los esgrimen de forma agresiva, por quienes los utilizan como armas. Individuos de esa especie se pueden encontrar en todas las confesiones religiosas y credos políticos, pero no todos los que las profesamos o los que militáis somos así, ni siquiera la mayoría. Sólo lo son una minoría, pero hacen mucho ruido e inducen a confusión. No todos los cristianos somos fundamentalistas, como no todos los musulmanes son terroristas islámicos, ni todos los comunistas son estalinistas, ni todos los socialistas son como Roldán, ni todos los americanos son como el presidente Bush. Gracias a Dios.

Yo, como cristiano, me encuentro cómodo en esta sociedad libre (o relativamente libre) cuyas reglas del juego nos permiten a todos vivir y actuar según nuestras creencias y convicciones, con la única limitación de respetar las de los demás.

Pero, de un tiempo a esta parte, me da la sensación de que tengo que ir por la vida pidiendo perdón. Entro habitualmente a un sitio como éste, donde suele intervenir gente civilizada y pensante (o así lo he dado por hecho siempre), y leo que el cristianismo se equipara con la intolerancia y el fanatismo, que democracia y cristiano son términos incompatibles, que la Iglesia a la que pertenezco es una secta enorme, una enorme secta de solterones. Se proponen manifestaciones multitudinarias contra esa misma Iglesia y contra la enseñanza religiosa que yo pretendo dar a mis hijos. Leo que donde la Iglesia católica se asienta hay fanatismo, que lo utilizan, que lo cultivan y que no hacen más fechorías porque no pueden. ¿Debo sentirme agredido yo? Se propone apartar a la Iglesia de cualquier intervención en la vida pública, y sin embargo, cualquier colectivo puede intervenir en esa misma vida pública a través de sus organizaciones representativas: los docentes, los trabajadores, los empresarios, los actores, los escritores y los pirotécnicos… ¿y los cristianos no? Es cierto que nos representa lo más conservador y ultramontano del cristianismo. Esto es algo que suele ocurrir en casi todas las grandes organizaciones: a la cúspide no va precisamente lo más rompedor. Y cuando el ambiente es de conflicto, eso se agudiza. Pero no todos los miembros de la jerarquía católica son iguales. En Murcia, precisamente, no hace mucho tiempo que tuvimos un Obispo que era un modelo de convivencia y tolerancia. Y Obispos de este corte los podéis encontrar todavía en muchos países de América y África. Y cabrones, por supuesto, cabrones también podéis encontrar. Todo depende de qué es lo que vayáis buscando.

Por lo demás, los cristianos sólo somos personas. Entre nosotros los hay buenos, malos y mediopensionistas, hijoputas y hermanas de la caridad, honestos y ladrones, egoístas y generosos. Y sobre todo, entre nosotros lo que abunda es la gente corriente y moliente, que acierta poco y se equivoca mucho. Como en todas partes. Como entre los agnósticos, los ateos, los de izquierdas, los de derechas, los homosexuales, los hombres, las mujeres, los profesores, los escritores, los jueces y los motoristas. La única excepción a esta regla son los árbitros, que ya sabemos de sobra que «todos son honrados y sólo pitan lo que ven». Y no es del todo extraño que muchos de esos cristianos de a pie, sobre todo la inmensa mayoría que no hace daño a nadie, se sienta atacada.

Cuentan que Chesterton, a quienes le preguntaban por su conversión al catolicismo, les explicaba que todo empezó un domingo en el que, paseando por Londres, entró en una iglesia católica por curiosidad. Escuchó durante un rato el sermón que estaba largando el cura, y salió convencido de que una organización que tenía al frente sujetos como aquél diciendo cosas como aquéllas, y había sobrevivido durante casi dos mil años, forzosamente debía tener algo sobrenatural detrás. Pues eso.

Clares dijo...

Leandro, creo que fundamentalmente eres un hombre honesto, sincero y coherente. Desearía que leyeras esta contestación, espero que lo hagas. Por suuesto que no tienes que disculparte de nada, menos aún de ser creyente. En algún modo, todos somos creyentes, pero no todos somos creyentes en un Dios, y tampoco en una iglesia, a la que yo llamé club de solterones, porque, tal como está la cosa hoy en día, tienen que influir, desde su soltería e ignorancia, en la vida sexual de los demás, y no sólo en la de sus seguidores, que deberían obedecer las normas a las que se han adscrito, sino en la del resto de la sociedad, que indudablemente no tienen por qué seguir ni esas normas ni esas creencias.
Vamos a ver, yo no pongo cortapisas a nadie en sus comentarios, no modero, no intervengo más que para contestar uno a uno, por cortesía y porque me interesan los pensamientos expresados por los demás. Fíjate que alguien proponía una manifestación contra la iglesia, y yo maticé, que no podía ser contra la iglesia, sino contra su intervención continua en la vida pública, su mantenimiento con dinero público, que no es sólo tuyo, sino también mío, y de todos. ¿Mantenemos a otros credos del mismo modo? ¿Subvencionamos las mezquitas y las sinagogas, ponemos dinero para profesores de esas religiones? Por otra parte, no te preocupes, porque en la enseñanza pública no hay laicismo, desde el momento en que ss dan clases de religión y no se impide que nadie acuda con los signos religiosos que le dé la gana. No obstante, si tú prefieres que tus hijos tengan una educación religiosa a fondo, completa, con todas sus condiciones, haces muy bien. Tampoco tienes que apurarte, tal y como están las cosas, los conciertos crecen, no decrecen, ni hay ninguna perspectiva de que desaparezcan.
En una cosa estoy de acuerdo contigo en que lo importante de verdad está en la familia, en el entorno, en los amigos. Y en las iglesias, claro. Ahí cada cual es muy libre de creer, no creer, de educar de este modo o del otro. En la enseñanza, sencillamente, se trata de transmitir conocimientos científicos en la medida que sea posible. Las actitudes actuales de la iglesia católica parecen no ir por ahí. Yo no querría para mis hijos una educación represiva, culpabilizadora, donde les convenza de que el creacionismo es la verdad de la buena. Lo siento, ahí no puedo estar de acuerdo.
Y lo de las fechorías, perdona, Leandro, pero cuando la iglesia ha tenido poder ha hecho de todo, desde quemar gente hasta provocar guerras. Acuérdate sólo de los cátaros, por ejemplo. Algún día haré un post a propósito de este asunto tan tenebroso. Y no digamos nada del papel que la iglesia ha hecho respecto de las mujeres. Al fin y al cabo, es un poder temporal, pero amparado en lo espiritual.
No obstante todo esto, si te sientes ofendido, lo siento mucho. Creo que no era la intención de nadie. Lo mismo que tú puedes dar tu opinión libremente, los demás hacemos lo propio. Es cuestión de ser tolerantes unos con otros. Yo tengo a honra relacionarme sin problemas con toda clase de personas, y concretamente tengo amigos creyentes y católicos. En cuestiones de derechos humanos, por ejemplo, estamos de acuerdo. Coincidirás conmigo en que acosar a una niña por las acciones de su padre, no es muy cristiano, ni tampoco al hombre mismo que defendió sus convicciones y los derechos que le dan las leyes.

mobesse dijo...

Decir que un crucifijo ofende es una soberana tontería, si tomamos las palabras al pie de la letra. Por otra parte hay que ser creyente, creyente dolido, si se quiere, pero creyente al fin y al cabo, en el poder de la cruz. A mi no me ofende, como no me ofende un trozo de madera o de metal o de lo que sea. Lo que sí nos altera son los recuerdos que a cada uno nos pueda traer. Recuerdos lejanos y no tan lejanos, porque la intransigencia y la actitud beligerante, provocadora diría yo, de la Curia seguida de algunos cristianos extremistas es de ayer mismo.

En cuanto a la libertad de enseñanza habría mucho que hablar. ¿Una escuela privada de ideario nazi? ¿Una escuela de una religión X que enseñe a las niñas la sumisión al varón y admita actitudes y conductas antidemocráticas? ¿Son los padres libres de retirar a sus hijos de la escuela y educarlos ellos mismos egún sus creencias y métodos?

Por otra parte, me río yo de las escuelas cristianas. Ojalá las hubiera; enseñarían a los chicos a no distinguir entre ricos y pobres, por no citar más que un principio. Desengañémonos. Hay escuelas de ricos y escuelas públicas, en las que "pública" cada vez más quiere decir asistencial, como en los ya desaparecidos "hospitales públicos" Lo público se está desprestigiando gracias a todos, desde el gobierno hasta el último maestro.

Yo creí que muerto Franco se acabaría la rabia. Pero veo que no. Hay muchos que estamos ya harticos. El capitalismo a todo meter; los que tengan muertos rojos por ahí tiraos, a callar y a olvidar; los obispos con su cope, mas bravos cada día; los socialistas protegiendo a los bancos e inhibiéndose respetuosamente en los manejos financieros que terminamos pagando todos.

Luego, la culpa de todo la tiene un simple crucifijo que no se metido con nadie y, lo que es peor, algunas almas buenas y sencillas que se sienten abochornadas.

Qué le vamos a hacer. Así están las cosas.

Leandro dijo...

No soy especialmente honesto, sincero ni coherente. Créeme. Es muy probable que en otras cosas me equivoque, pero en este punto concreto sé de lo que hablo. Soy del montón, y como todos los que somos del montón, tengo momentos para todo. También para las mentiras y la incoherencia. Ya dije que ni siquiera era un buen cristiano. Como el común de los mortales, trato de ir tirando sin ser del todo mala gente. Lo dicho: esto es lo que hay, no doy para más.

No estoy afectado, ni me siento ofendido. Doy mi punto de vista sobre esta cuestión. Y puntualizo que las minorías ruidosas, de cualquier clase y color, pueden motivar que mucha gente se sienta ofendida y atacada. Y sugiero que no nos dejemos llevar por ellas a la hora de hablar ni de actuar. Los precedentes en ese sentido no son buenos.

Coincido en que la Iglesia no debe mantenerse con dinero público. La debemos mantener los católicos. Es más, sólo los católicos que estén interesados en mantenerla. Esa será, además, la forma de saber qué Iglesia queremos tener, pero de verdad, rascándonos el bolsillo. Probablemente será un Iglesia más modesta, moderada y de andar por casa. Con una salvedad: creo que los fondos públicos sí deben utilizarse para el mantenimiento de un patrimonio artístico y arquitectónico que redunda en beneficio de la mayoría, no sólo de los católicos. No sé cuál sería la fórmula adecuada, pero en ese caso creo que sí está justificado el uso del dinero público.

No estoy de acuerdo en que la educación consista sólo en transmitir conocimientos científicos. Creo que la educación es, además y sobre todo, la transmisión de valores cívicos y éticos. Y para el que así lo quiera, también religiosos. Si no, nos sobraría no sólo la clase de religión; también la ética, la educación para la ciudadanía, y si me apuran, una parte importante de la filosofía.

Libertad de enseñanza, con límites. Por supuesto. Los que establece la Constitución, que es el mínimo ético que hemos establecido para convivir. Te aseguro que mis hijos no aprenden la sumisión de la mujer al varón; tendrías que conocer a mi hija. Creo que no es de recibo situar en el mismo plano un hipotético colegio privado de ideario nazi con una escuela cristiana. Por otra parte, es legítimo reírse de los colegios religiosos. Son un saco de errores e incongruencias. Y es lógico. Al fin y al cabo, sólo son personas lo que tienen al frente, con sus propios errores e incongruencias. Imagino que eso no ocurre en la enseñanza pública, pero no la conozco muy a fondo, debo reconocerlo. Aún así, y desde mi escaso conocimiento del terreno, me atrevería a decir que no hay una sola enseñanza pública, que no es la misma enseñanza pública la que reciben los alumnos de los IES Alfonso X, Floridablanca o Cascales, por citar tres ejemplos de centros que tienen fama de funcionar muy bien, que la que reciben los alumnos de otros centros ubicados en otros barrios o en otros núcleos de población. Tal vez éste, si es que existe, debería ser el primer problema a solucionar en la enseñanza pública.

Yo tampoco quiero para mis hijos una educación represiva, culpabilizadora ni oscurantista. Y no se la doy. Ya dije que no me gustan muchas de las cosas que aprenden en el colegio, y ésas las matizo o las corrijo, según proceda, en casa. Estoy convencido, además, de que eso me ocurriría en cualquier escuela del mundo. Mis hijos no creen que Dios creo el mundo en seis días y al séptimo descansó (aunque a veces lo parezca, como dicen por ahí), ni que la mujer se hizo con una costilla del hombre. Desde muy pequeños conocen esos relatos, y desde muy pequeños saben que son relatos de naturaleza mítica, no verdades científicas. Les expliqué, de paso y en la medida de mis posibilidades, qué es un mito y por qué han existido a lo largo de la historia. Mis hijos, que tienen doce y diez años, conocen la importancia de las relaciones sexuales (que no de la reproducción), saben en que consisten y cuál es el papel que juegan los sentimientos. Les falta la práctica, quiero pensar. Hace ya tiempo que saben lo que es un preservativo, cómo se usa y para qué sirve. Y, dicho sea de paso, me sorprende que preocupe tanto lo que la jerarquía de la Iglesia Católica predica en materia sexual. Ni siquiera la mayoría de los católicos nos lo tomamos muy en serio.

Es muy cierto que la Iglesia Católica ha cometido y abanderado atrocidades a lo largo de la historia. El comunismo, cuando estuvo en el poder, masacró centenares de millones de personas en Europa y Asia a lo largo del siglo XX. La Revolución francesa, germen de las ideas democráticas en el mundo moderno, hizo rodar cabezas y convocaba a hombres, mujeres y niños en las plazas públicas para presenciar las ejecuciones de primera mano. El pueblo romano pasaba los domingos por la tarde viendo cómo los leones se comían al personal en la arena del circo. Los egipcios esclavizaron pueblos enteros para construir las tumbas de sus reyes, esas que hoy nos gusta tanto visitar y fotografiar. El estado español masacró a los indígenas en Sudamérica, amén de expulsar a los judíos de su territorio e incautar todos sus bienes. El Imperio británico ha usado y abusado hasta anteayer de medio mundo. El estado alemán propició la mayor masacre en cómputo de vidas humanas de la historia de la humanidad. Y los hunos. Y el imperio otomano. Y Alejandro Magno. Y tantos otros. Casi siempre con el silencio cómplice o ignorante de la mayoría. Podemos hacer todos los juicios históricos que queramos. Pero si trasponemos responsabilidades a día de hoy, nos tendríamos que borrar prácticamente de todo. Yo no responsabilizo a nadie de lo que hicieron sus antepasados, y sólo espero que no se me responsabilice a mí de la masacre de los cátaros. Y aunque a todos los presentes nos cae entre mal y muy mal, creo que Rouco Varela tampoco tuvo ninguna responsabilidad personal en el asunto. Creo, digo

Clares dijo...

Todo lo que dices es sensato, y desde luego, demuestra que eres un cristiano algo alejado de las actitudes que mantiene la iglesia católica española oficial. Sé que existe otra gente, de hecho los conozco y los respeto, incluso los admiro, pero no me digas que el discurso normal es ese. Y los católicos no son minoría, aunque tú lo creas. En todos sus matices, son muchos más que los deístas y ateos, porque también hay que tener valentía y muchos pr¡ncipios para ser ateo, cuando se está completamente convencido de ello, lo creas o no.
El problema de las tropelías pasadas de la Iglesia está en que las cometió la Iglesia. un poder temporal ya sabemos que echará mano de la violencia para imponerse, pero esto es algo que no se debería esperar de una religión. Ni a ti, ni al cristiano de a pie, ni a las personas sensatas que tienen una religión se les puede acusar de los crímenes de su religión en el pasado. Desde luego que no. Pero sí a la jerarquuia eclesiástica que siembra el odio. Vete al post de Mameluco y lee lo que dice un "cristiano" en un foro, a propósito de Fernando Pastor. Ya sé que será un fanático, como los hay en todas las religiones y creencias, pero mira que eso es lo que se está sembrando, no las actitudes conciliadoras que tú propones y las que oigo a otras personas, que estas sí, son minoría.
En fin, Leandro, la discusión es larga, y merece que la propongamos con más tiempo y calma. Quizás la plantee, porque es un debate que podría propiciar el encuentro entre creyentes y no creyentes desde la inteligencia y la sensatez.
Lo que sí sé es que mi juventud no me la va a compensar una iglesia gracias a la cual fui mucho más infeliz de lo que la vida en sí ya te proporciona. No puedo olvidarlo, eso no. Y no quiero lo mismo para los jóvenes de ahora.
Del asunto de la escuela pública y concertada, ya hablaremos también. Es un tema apasionante, pero creo, Leandro, que los partidarios de la escuela pública vamos llevando las de perder.

Leandro dijo...

El discurso normal de los católicos consiste en relativizar el discurso oficial y no tomárselo muy a pecho, que se pasan muy malos ratos. Hay excepciones, claro. Hay quien vive el cristianismo de verdad; éstos son los mejores, pero son muy pocos y, por lo general, andan por el mundo haciendo cosas que merecen la pena. No es fácil encontrarlos en los bares. Una pena. Y también hay quien sigue a pies juntillas el discurso del miedo, que tanto daño ha hecho y hace. Yo lo conozco bien y no lo quiero para mí ni para los míos. Pero créeme, la inmensa mayoría no nos tomamos las cosas tan en serio. El problema aparece cuando todos entramos en el mismo saco y aparecemos como destinatarios de ciertos mensajes. Entonces, muchos de los de a pie se sienten aludidos sin comerlo ni beberlo, y tienden a enrocarse. Algo que probablemente no harían en otras circunstancias.

He visto la cita a la que te refieres en el blog de Mameluco. Y francamente, todavía estoy sorprendido de que alguien que no sea tan burro como el que lo ha escrito pueda pensar que esa es una actitud mayoritaria entre los cristianos. Para mí no tiene más valor que el de una anécdota desagradable y ridícula.

También he leído el artículo Fernando Crucificado, enlazado desde ese mismo blog, al que nadie se refiere por aquí. Admirable, de verdad. Eso es ser un buen cristiano. Pero no hay que engañarse, también esa es una actitud minoritaria. La mayoría de los cristianos, insisto, no nos tomamos las cosas tan en serio. No sacamos pancartas, no acosamos a otros padres ni a sus hijos y nos da un poco igual que haya o no un crucifijo en el aula. Eso sí, no perdonamos el puente de la Purísima, ni el de Semana Santa, ni las fiestas de Navidad. Como todo hijo de vecino. Lo dicho: gente corriente, esforzada, con sus miserias y algunas virtudes, tratando de sacar sus vidas adelante. Que no es poco